miércoles, 30 de noviembre de 2016

“Los negros aportaron a la colonización de Misiones tanto como los europeos”

“Los negros aportaron a la colonización de Misiones tanto como los europeos”, asevera la historiadora Patricia Salas, que hace un año y medio persigue la huella afro en la constitución identitaria de la región.




Esta afirmación obliga a andar por los caminos invisibilizados de una historia “negra” silenciada, robada y sustituida por un orgulloso pasado “blanco”; un desafío que la docente asumió en colaboración con el profesor Esteban Snihur.

“Sabemos que es un tema que puede generar polémica y voces a favor y en contra, que fue tabú por siglos, pero es un desafío que hay que asumir para conocer la verdad completa de nuestro origen. La presencia afro en nuestra provincia y su legado hasta la actualidad es innegable y es hora de hablar de ello, de aceptar a esa Misiones negra que tiene mucha sabiduría para dar”, dijo Salas.

Y agregó: “Misiones aparece como un escenario donde los actores protagónicos son los guaraníes, las misiones jesuítico guaraníes y los colonizadores europeos que desde finales del siglo XIX son presentados como los que definieron la impronta cultural, social y productiva del territorio. Pero en Misiones, como en el país, hubo comunidades de afrodescendientes que tuvieron pleno desarrollo durante el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Develar la historia de estos grupos es todo un desafío intelectual, porque implica en principio que su existencia sea reconocida, aceptada y fundamentalmente que se reconozca la intencionalidad manifiesta que impuso su invisibilización y negación histórica”.

Su convicción está respaldada por un trabajo de investigación que echa luz sobre este pasado oculto cuyo conocimiento está aún en ciernes. El resultado de este estudio será presentado por la autora en las Jornadas del Grupo de Estudios Afrolatinoamericanos (Geala), en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, el año próximo.

Antes, la profesora compartió  con El Territorio parte de este material. 

El proyecto de investigación está centrado en una primera etapa en el sudeste de Misiones, en un espacio comprendido entre la Sierra de San José y la Sierra del Imán, zona en la que los grupos de afrodescedientes brasileños habían logrado asentarse en comunidades organizadas, “hasta que sucumbieron ante el arrollador avance de la colonización agrícola oficial europea de finales del siglo 
XIX”, reseña.

Resalta como fuentes los textos pioneros de la profesora Alba Etorena de Freaza, Los indios y negros en Misiones entre 1869 y 1883 y el material documental de Virgilio Chavannes, quien tuvo contacto con una de las últimas comunidades de afrodescendientes que habitaba en la Sierriña de San José, logrando inclusive fotografiarlos a comienzos del siglo XX.

Describe Salas:
Hoy los testimonios que evidencian la plena vigencia de una historia y una cultura afrodescendiente o negra en Misiones están presentes y se manifiestan en un patrimonio tangible e intangible.

Los afrodescendientes de Misiones reconocen tres orígenes. En una período más remoto, en la época colonial y en que la esclavitud se hallaba en pleno desarrollo en el territorio del Brasil, el fenómeno de la formación de quilombos (comunidades libres de esclavos fugitivos), se aproximó a los límites de los territorios hispano-portugueses.

Entonces el río Uruguay se convirtió en las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX en una línea detrás de la cual podría estar el escape a la condición de esclavo. Sin embargo, la primeras comunidades estables comenzaron a formarse en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870).

Como bien lo señala en su estudio Etorena de Freaza, la fuga de soldados afrobrasileños era cotidiana. El lugar de refugio buscado por estos soldados desertores fue la Sierriña de San José y el paraje conocido como San Juan de la Sierra. Una microrregión que en la segunda mitad del siglo XIX se hallaba en un aislamiento absoluto respecto del resto del territorio.

Los descendientes de estos pobladores pioneros fueron contactados por Don Chavannes a inicios del siglo XX, cuando ya se hallaban mestizados con un grupo mbya de la zona. Fue parte de esta misma comunidad la que se trasladó hasta la zona de San Juan de la Sierra, donde se generó un segundo asentamiento. Se trataba de grupos que se asentaban en la sierra, en las lomadas de tierra roja o en los bajíos de las cuencas de los arroyos, practicaban una agricultura y una ganadería de subsistencia. Hoy dos antiguos cementerios son los testimonios más notables que dejaron esas comunidades.

Posadas fue el otro sitio donde se asentaron pobladores afrodescendientes una vez finalizada la guerra, en un sector ubicado en cercanías del actual Distrito Militar conocido como el regimiento.
La condición de “ser de color” de estos pobladores quedó testimoniada en la documentación oficial de la época, muy especialmente en los registros parroquiales posadeños.

A finales de la década de 1880 y en los primeros años de la de 1890, durante las revueltas que se desarrollaban en el estado de Río Grande do Sul, se produjo la tercera entrada de afrodescendientes: esta vez cruzando el río Uruguay por el paso de Garruchos, el Paso San Isidro, Puerto Azara y el Paso de Itacaruaré.

Estos grupos de afrodescendientes no llegaron a formar comunidades agrícolas, sino que se dispersaron por las estancias o establecimientos agrícolaganaderos como peones y personal de servicio. Nuevamente aquí, como en la Sierriña de San José y en San Juan de la Sierra, el arte fúnebre particular presente en el viejo cementerio de Itacaruaré y del Paso San Isidro testimonia aquel tiempo histórico.

Por todo lo antes expuesto, concluye la historiadora: “Lo investigado y relevado permite que se pueda comenzar a hablar de una ruta de los afrodescendientes en Misiones, de una cultura afrobrasileña profundamente enraizada en nuestra historia. Reconocerla, visualizarla, descubrirla, conlleva un arduo trabajo de búsqueda de fuentes documentales y testimonios materiales y orales”.

Subraya que todo el territorio ofrece testimonios de una riqueza inestimable “que es necesario interpretar y valorar”, como ser el arte funerario de los antiguos cementerios, la arqueología en los sitios de los primitivos asentamientos, el registro de apellidos y familias de descendientes que aún siguen habitando la mismas zonas desde el siglo XIX, el registro de usos y figuras lingüísticas, entre otras huellas.  

Negar hasta olvidar 

La negación de la historicidad de esta cultura afro o negra en Misiones es consecuente con la negación y la invisibilización del rol histórico de la población afrodescendiente en nuestro país y en América en general, argumenta.

“Es que exponer el tema implica atreverse a incursionar en la tragedia humana de la esclavitud vigente por siglos, del racismo y la discriminación. En Misiones, la esclavitud se asimiló a la figura del servidor o del criado en las estancias, las mujeres prestaban servicio en la cocina y los hombres negros hacían el trabajo pesado, todo este universo de producción está poco estudiado”.

Por último, Salas advierte que todo este rico patrimonio está en riesgo, puesto que no hay marco legal que lo que proteja, los antiguos  camposantos están abandonados y en algunos casos, en desuso, por lo que corren riesgo de deterioro y vandalismo. El equipo investigativo de Apóstoles impulsa la declaración del cementerio de San Juan  de la Sierra como patrimonio histórico cultural. “Es imperioso poder realizar trabajos arqueológicos que ayuden a rescatar vestigios de este pasado, contamos con certeza de algunos sitios arqueológicos donde las excavaciones podrían aportar material valiosísimo”, finalizó.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Las achuras, “comida de esclavo” y el aporte Afro a la gastronomía argentina

Las achuras, que representan quizás aquello más característico del asado argentino, son una herencia de la esclavitud. En diálogo con el antropólogo Pablo Cirio, buscamos en la historia los aportes afroargentinos a la comida nacional.



Contaba Jorge Luis Borges que allá por la década del ’20, cuando comenzó a frecuentar a los compadritos de Buenos Aires, que un día al regresar a su casa luego de haber comido con ellos, su madre lo increpó: “¿No habrás comido esas porquerías que comen los esclavos?” Se refería a los chinchulines, mollejas y otras partes de la vaca que la sociedad “bien” no consumía y que, a pesar de que la esclavitud quedó abolida definitivamente con la constitución de 1853 (y que Buenos Aires debió aceptar en 1860), seguía estando en aquellos comienzos del siglo XX asociada a los negros argentinos.

En Buenos Aires el primer ingreso de esclavos fue en 1585, aunque el comercio de seres humanos traídos de África en el actual territorio nacional es anterior. Si tomamos 1860 como fecha final, estamos hablando de al menos 275 años de esclavitud en las provincias del Virreinato del Río de la Plata, sin contar que, como los indemnizados fueron los amos esclavistas pero no así los negros que habían sido víctimas, muchos debieron seguir trabajando en una condición de servidumbre que no difirió mucho de la dominación anterior. Esa servidumbre – antes y después de la abolición – tuvo mucho que ver con la cocina. A partir de la década de 1880 empieza la “moda” de las sirvientas francesas, o al menos europeas, pero antes de eso, era muy común que preparar la comida fuera providencia de los negros.

“Los negros acá tuvieron que hacer todas las comidas para el amo, además de cocerle la ropa, plancharle, todo… hasta trabajo sexual, obviamente no consentido, del que viene mucho del mestizaje actual, muy poco reconocido”, explica Pablo Cirio, antropólogo y Director de la Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afrolatinoamericanos de la Universidad de La Plata. Cirio cuenta que, al tener que hacer tantas tareas al mismo tiempo, se popularizó una cocina de en base a guisos y cocciones lentas, ya que esto permitía a los esclavos desarrollar varias actividades al mismo tiempo. En tantos siglos de cocinar guisos y pucheros, puede suponerse que haya habido aportes a las cocciones y condimentaciones hechas por los negros en nuestro territorio, aunque claro, al ser un tema poco estudiado, no existan grandes evidencias de ello. Sí la hay, sin embargo, de que los eran muy hábiles con los dulces, y ya en la época de Rosas había libertos (o sea, hijos de esclavos que debían pagarle una renta a sus amos) que vendían mazamorra y pastelitos para generar ese ingreso.

Volviendo al asado, en épocas en que no había métodos de conservación de las carnes y con abundancia de vacas para comer, los blancos consumían la carne asada, pero no así las achuras, que se tiraban a la basura. “La tripa gorda, los chinchulines, las mollejas…  todo eso es un aporte de la cultura del desperdicio, de los negros que consumían lo que sus amos desperdiciaban, a la culinaria argentina, y que hoy es como el ABC de la argentinidad”, sostiene Cirio.

Esta puede relacionarse también al caso de Antonio Gonzaga.  Autor de “El Cocinero Práctico Argentino” en 1931, Gonzaga fue un negro correntino que se destacó en alta cocina y que trabajó para el Congreso Nacional y diversos hoteles de lujo.  En sus recetarios hay descriptas muchas técnicas para la preparación del asado, y se lo considera responsable por haber difundido en la alta sociedad porteña el consumo de las achuras, el chorizo o las criadillas, por las que fue célebre. También fue famoso su puchero, otra comida relacionada a las cocinas de esclavos durante la época colonial. E incluso Cirio imagina que quizás las salsas que Gonzaga creaba y bautizaba con nombres de fantasía bien podrían ser antiguas salsas africanas, nombradas al gusto de los blancos.

“Hubo una clase alta negra, de gente muy preparada intelectualmente, como Gonzaga, que todavía existe, y que generalmente ascendió socialmente ya en la época de Rosas a costa de desentenderse de su africanía, abrazando los valores eurocentrados, entre ellos la comida, obviamente.  Eso lo obligaba a vestirse de determinada manera, a no ir a los candombes, a no reproducir nada que no sea de desagrado del blanco, como las lenguas africanas o la religión… muchos empezaron a estudiar abogacía, medicina, y artes plásticas europeas, viajar a Europa para perfeccionarse… y en este caso, bueno, las cocinas”, asevera Cirio. De hecho Gonzaga se describía en los libros como “criollo”, que quiere decir “hijo del país”, pero no como negro.

Sin embargo, y más allá de estos aportes, no puede hablarse propiamente de una cocina afroargentina (ya que, entre esclavitud y pobreza, su cocina se basó más en rescatar desperdicios y comer lo que se pudiera), y ni siquiera ser muy específicos sobre el aporte de esa comunidad a la gastronomía nacional. Junto con la invisibilización de la comunidad afrodescendiente de la argentina (a partir de 1887 se dejó de contar a la población negra en los censos, y se empezó a utilizar el término ambiguo “trigueño”) vino también una falta de estudio sobre sus aportes, en general reducidos a estereotipos coloniales, sin considerar su presencia continua y actual, muchas veces identificada con la pobreza, a la que quedaron relegados quienes mantuvieron su identidad afro, en general puertas adentro, para evitar la discriminación.

Incluso en muchos casos el “blanqueamiento” cultural ha llevado a que muchos afrodescendientes no se perciban como tales. Eso complica, según Cirio, saber cuál es la cantidad actual descendientes de negros que hay en el país. Algunas estimaciones han dicho que son unas 2 millones de personas, o el 4% de la población. Según el censo de 2010 habría 149.493 afrodescendientes en el país, el 0,37% de la población, pero de acuerdo a Cirio, está mal medido: “Porque en primer lugar depende de quién se auto percibe como afrodescendiente, lo que requiere un trabajo de autopercepción previo. Son culturas lastimadas históricamente, como en una época podía ser reconocerse gay”.

sábado, 19 de noviembre de 2016

La familia de Colón podría tener viejas raíces escocesas

Alfonso Enseñat de Villalonga concluye su investigación de 27 años sobre el origen del descubridor de América 

Ni era portugués, ni se apellidaba Colombo, ni era catalán, ni se crió en Baleares. El debate sobre los orígenes de Cristóbal Colón es como el del huevo y la gallina, muchas son las teorías pero pocas las voces que se atreven a darlas por definitivas. Después de 27 años y 330.000 archivos revisados, el experto Alfonso Enseñat de Villalonga ha expuesto una serie de conclusiones que podría cambiar el contenido de miles de enciclopedias.

La principal novedad que aporta este investigador es una genealogía que empezaría en torno al año 770... ¡En Escocia! Después de mucho analizar, y después de ponerse en contacto con casas nobles italianas, Alfono Enseñat de Villalonga ha situado los orígenes más remotos de Cristóbal Colón en los Douglas, un clan de la antigua Escocia. «Si desde Génova nos dan la bendición —vaticina—, van a tener que cambiar muchas enciclopedias del mundo, porque de la genealogía se deriva una historia totalmente distinta de la que se cuenta por ahí».

Según este investigador, todo lo escrito anterior a 1484 (que es cuando se tiene constancia de la llegada de Colón al reino de Castilla) «es totalmente falso».

Históricamente ha existido un vacío biográfico en torno a la figura del navegante que ha favorecido el nacimiento de toda clase de creencias sobre sus orígenes. «Mi intención no es solo explicar la genealogía, sino contar también por qué ha existido un vacío documental tan tremendo. En España todos se dedican a teorizar y yo me he preocupado por buscar sus fallos, sobre todoel del Cristóbal Colón catalán, que es lo más ridículo que hay».

Una de las razones que explicarían este desconocimiento estaría en la propia organización de la sociedad genovesa. Al igual que otros investigadores, la tesis que maneja Enseñat es que Cristóbal Colón nació y se crió en un albergo genovés. Estos albergos tenían banca propia, flota propia y la costumbre de que todos sus habitantes adoptaran el mismo apellido, razón por la cual ha sido casi imposible conocer detalles de la juventud de Colón.
Hallazgo único

Las investigaciones de Alfonso Enseñat le llevaron hasta el Barrio Nobles Colonne, un albergo creado en torno al año 1403 y en el que todos sus miembros fueron adoptando el apellido Colonne para diferenciarse de las demás familias genovesas. En ese clan estarían los orígenes de Cristóbal Colón, pues según las actas que durante años ha revisado Enseñat en el Archivi di Stato di Genova, allí vivió su padre hasta el año 1453. Además, esa documentación le ha dejado un hallazgo único: «Estas actas me han servido para corroborar que Cristóbal Colón nació en el año 1446 y no en el año 1451 como dicen todas las enciclopedias».

Tradicionalmente se ha pensado que Pietro Colón —que así se llamaba originalmente— nació en el seno de una familia humilde en la que su padre se ganaba la vida como tejedor. Nada que ver. Al parecer, los padres del navegante venían de buena familia y dieron a su hijo una educación de élite: a los siete años lo ingresaron en el convento genovés de Santa Maria di Castello para que cursara sus estudios. «Vieron en él una predisposición muy notable hacia la astrología», explica Enseñat de Villalonga. «Se dieron cuenta de que era una persona muy despierta, con ambición de conocimiento y mucha capacidad de asimilar todo lo que se le enseñaba. Pensaron por esa razón mandarle a Pavía, donde había grandes expertos en Astrología».
Cambio de nombre

Sus años en el convento se saldaron con una bagaje cultural amplísimo para la época y un cambio de nombre. Era costumbre entre los clérigos promover un cambio de nombre en aquellos jóvenes que eran «tonsurados» como un paso previo al sacerdocio. En el caso de Colón, Pietro pasó a llamarse Cristóforo, que significa «el que lleva a Cristo». Este cambio de nombre unido a la diversidad familiar de los albergos genoveses tiene mucha culpa de que apenas se conozcan detalles de la vida de Colón previa a su llegada a España.

Según su hijo Hernando, autor de una controvertida biografía sobre el descubridor de América, su padre eligió Cristóforo para emular a San Cristóbal. «San Cristóbal —escribió— tuvo aquel nombre porque pasaba a Cristo por la profundidad de las aguas con tanto peligro», lo que de alguna manera denota la vocación marinera y católica de Cristóbal Colón. «Fue tan observante de las cosas de la religión, que podría tenérsele por profeso», añadió.

A la espera de ver qué ocurre con las averiguaciones de Alfonso Enseñat de Villalonga, son varios los mitos que se ha esforzado en derribar durante los últimos años. Quizá el más llamativo de todos sea el que hace referencia a su aspecto físico, pues la mayor parte de los dibujos y estatuas con las que hemos convivido retratan a un navegante de pelo castaño y media melena. «Los historiadores coetáneos a Cristóbal Colón decían que tenía los ojos azules, el pelo rubio o rojizo, más rojizo que rubio —matiza—, y que tenía la piel pecosa. Eso coincide con una raza completamente distinta, curiosamente con la raza escocesa». Todo parece encajar.

Incógnitas despejadas.

1. Nació antes. Según los papeles analizados por Enseñat de Villalonga, Cristóbal Colón nació en Génova en el año 1446 y no 1451 como apuntan casi todas las enciclopedias.

2. Era pelirrojo. Aunque buena parte de las imágenes y cuadros sobre Colón reflejan un hombre de media melena y pelo castaño, Colón debió ser pelirrojo y tener los ojos claros.

3. Se llamaba Pietro. Su nombre original era el de Pietro, pero adoptó el nombre de Cristóforo en el convento genovés de Santa Maria di Castello, donde recibió una educación elitista.

Fuente: Abc.es

viernes, 18 de noviembre de 2016

Gonzalo de Zárate (Buenos Aires 1650?-1711)

Fue uno de los primeros terratenientes de lo que hoy es el Partido de Zárate, de quién recibe ese nombre. Hijo de Cristóbal de Zárate y Lorenza de Abreu, nació a mediados del siglo XVII (estimo alrededor de 1650) en la ciudad de Buenos Aires.

El lugar de nacimiento ha sido objeto de discusión ya que algunos autores sostenían que su origen era paraguayo. Esta teoría de su nacimiento en el Paraguay estaría basada en la tradición oral recogida por Botta en su libro de “Historia de Zárate”[1], en que en esa época muchos habitantes de Buenos Aires provenían de allí y en que al menos uno de sus hijos (Eusebio) nació en Paraguay. Pruebas muy endebles si las contrastamos con los documentos (testamento y acta de matrimonio[2]) donde manifiesta ser natural de la ciudad de Buenos Aires. Por lo tanto concluimos que  Gonzalo de Zárate nació en la ciudad porteña.

Su padre, Cristóbal de Zárate[3] nacido a principios del siglo XVII, era oriundo de Córdoba, hijo de Gonzalo de Zárate -o de Ávila y Zárate- (nacido a fines del siglo XVI en Córdoba-1641) y de María Bazán de Córdoba (fallecida en 1668). En la segunda década del siglo XVII el humilde caserío que era Buenos Aires se independiza de Paraguay y encabeza una nueva gobernación. Razones estratégicas condujeron a la Corona a establecer una guarnición militar desde 1631 sostenida con un situado (dinero destinado a mantener una fuerza militar) enviado desde el Potosí. Esta plata fresca que llegaba todos los años contribuiría con el movimiento comercial legal e ilegal, y con el crecimiento de Buenos Aires, llegando a desplazar a mediados del siglo XVII como villa más populosa a Asunción del Paraguay. En este contexto, Cristóbal donó (o vendió) sus tierras a su hermano Juan de Ávila y Zárate en 1651 y se traslada a Buenos Aires en busca de mejores oportunidades, desempeñándose  entre 1653 y 1660 como soldado del presidio de Buenos Aires[4]. La madre de Gonzalo, Lorenza de Abreu (o “Abrego”) era probablemente porteña hija de Juan de Abreu, bautizada entre1621-1630[5] en la catedral de Buenos Aires, aunque según Molina en su diccionario, la menciona como hija de Jerónimo de Abreu y bautizada el 15 de marzo de 1623. [6] Tanto Cristóbal como Lorenza estaban fallecidos al momento del testamento de Gonzalo de Zárate (28/2/1707).

Siguiendo los pasos de su padre, Gonzalo de Zárate, siguió la carrera militar en el presidio[7] del fuerte de Buenos Aires llegando a grados de alférez y capitán[8].  Hacia la segunda mitad del siglo XVII se desempeña como oficial en una de las compañías de infantería de la guarnición de Buenos Aires, siendo asignado posteriormente a la vigilancia de las costas del Paraná, para evitar las incursiones extranjeras (principalmente portuguesas), que practicaban regularmente el contrabando[9]. A pesar de su ascendente carrera militar, al igual que la mayoría de la población de la colonia, Gonzalo no sabía escribir[10].

En febrero de 1680 la expedición portuguesa de Manuel de Lobo establece la Colonia del Sacramento frente a Buenos Aires. El gobernador de Buenos Aires, José de Garro, organiza una expedición militar donde participaron milicias locales, del Paraguay, indios guaraníes de las misiones, de Tucumán, Corrientes y Santa Fe. Seguramente, al ser militar, Gonzalo participó en estas acciones que culminaron con el asalto a Colonia el 7 de agosto de 1680, resultando en una victoria para los españoles y el envío de su comandante y resto de la expedición como prisioneros a Buenos Aires. Como dato de color, entre los prisioneros portugueses de la fallida expedición de Lobo probablemente se encontraba Manuel de Olivera, futuro cuñado y vecino del pago de Pesquería.[11]

El 5 de mayo de 1681 se casa con Doña Ana de Sayas o de los Reyes (Buenos Aires 27 de abril de 1664-Pesquería 9 de abril de 1744), hija de Pedro de Sayás Medrano y de Francisca de Bermúdez (o Valero), en la catedral de Buenos Aires[12]. Doña Ana descendía  de los primeros vecinos fundadores de Buenos Aires Pedro de Sayas Espeluca y de Antón de Bermúdez. Fueron testigos de ese casamiento el capitán Manuel Ferreira, Diego Ferreira y doña Isabel de Pasos, con descendencia en San Isidro. La familia de Ana de Sayas tenía tierras en los Pagos de Monte Grande (San Isidro). Esas tierras, junto con la chacra vecina habían sido a principios de ese siglo (1612) del capitán Alonso Díaz Ferreira (o Ferreira de Aguiar)[13]. Tal vez la familia Ferreira vendió parte de sus tierras a la familia Sayas (al abuelo de Ana de Sayas), quedándose con parte del mismo, siendo vecinos y por eso vinculados, o tal vez es mera coincidencia y el nexo entre Gonzalo de Zárate y los Ferreira se deba a que uno de ellos era militar como él. Las mencionadas tierras fueron posteriormente vendidas por Gonzalo de Zárate recién en 1706 a Domingo de Acasusso.

Durante algún tiempo probablemente se trasladó y permaneció junto con su esposa en el Paraguay, lo que explicaría el nacimiento de uno de sus hijos (Eusebio) por 1684 en esa región. Gonzalo tenía un primo en Paraguay llamado Lucas Barrientos, hijo de la hermana de su padre Petronila Ávila y Zárate.

 Hacia finales del siglo XVII decidió  dedicarse a actividades agropecuarias y se estableció en el antiguo Pago de las Palmas (actual Partido de Zárate) al comprar tres suertes de estancia a herederos de Francisco Pérez de Burgos, Sebastián de Orduña y Francisco de Manzanares, quienes habían recibido dichas mercedes de tierras a principio de ese siglo[14]. El 5 de septiembre de 1689 adquirió una suerte de estancia de 3000 varas de frente a Mariana Manzanares que lindaban río arriba con la de la Compañía de Jesús y río abajo con las de Pedro Bustos de Albornoz, por el precio de 500 pesos. Un par de semanas después, el 24 de septiembre de 1689, Zárate pide la posesión legal, siendo otorgada por el juez territorial Miguel Cordovés.  En 1690 compra a Miguel de Morales y Mercado otra estancia lindera, siendo escriturada tiempo después[15]. En agosto de 1691 compra a Pedro Bustos de Albornoz[16] una tercera estancia, constituyendo una unidad de 9000 varas de frente (aproximadamente 7500 metros). Seguramente, al poco tiempo de la compra, pobló las estancias[17]. El 5 de mayo de 1698 participó en la mensura de los campos de su vecino Luis del Águila quien se hallaba en litigio con el capitán Gerónimo Flores. Para esta mensura se nombró a los capitanes Antonio Lobo Sarmiento y Ventura Dávalos Mendoza, en cuya acta de actuación figura la participación de “Don Gonzalo de Zárate y al alférez Francisco de Arancibia, personas prácticas y más capaces de estos parajes”[18]. La actividad principal de la estancia fue la cría de mulas, complementándose con la cría de ovinos, bovinos y la agricultura en menor medida. La cría de mulas era la producción más importante de la campaña bonaerense por entonces. Se criaban hasta el año y luego eran compradas por acopiadores[19] de Córdoba y Tucumán, quienes las vendían al Alto Perú. La agricultura complementó las actividades ganaderas de la familia Zárate[20]. En los primeros años del siglo XVIII, Gonzalo de Zárate proveyó de ovejas a las barracas de la Compañía de Guinea en dos ocasiones para que sirvieran de alimento a los esclavos recién desembarcados.[21] En 1705, tenía 2204 mulas. Al momento de  la muerte de Zárate había 1800 yeguas con sus potros, 14 burros hechores y 400 mulas. Bueyes y arados. Tenía una casa de adobe con puerta y 2 ventanas y corrales sobre la ribera del Paraná, mientras que en los fondos de su propiedad tenía una segunda vivienda (con su puerta y una ventana), sobre el arroyo Pesquería, que se utilizaba en los tiempos de cosecha.

El 20 de agosto de 1706, Gonzalo de Zárate, en representación de su esposa quién había heredados tierras en el Pago de Monte Grande (actual San Isidro), vendió las mismas al capitán Domingo de Acasusso. Comprendía una chacra de 300 varas de frente por legua de fondo[22]. En una fracción de esas tierras Acasusso levantó la primitiva iglesia de San Isidro Labrador. Otra parte de la misma constituyó la histórica quinta de Los Ombúes que perteneció entre otros a Mariquita Sánchez de Thompson, pasando por la misma un sinfín de personajes ilustres de la historia argentina como San Martín y Pueyrredón. Actualmente funciona allí el “Museo, Biblioteca y Archivo Histórico de San Isidro”. La escrituración de estas tierras no se hizo en ese momento, por lo que  el 16 de mayo de 1711 los compradores reclamaron la obtención de  los títulos correspondientes a los herederos de Don Gonzalo, quien ya había fallecido.[23]

Don Gonzalo de Zárate y Doña Ana de Sayas tuvieron 9 hijos, 6 varones y 3 mujeres, aunque sólo 6 llegaron a edad adulta (Gonzalo, Eusebio, Pascual, Bartolomé, José y Gregoria). Fueron hijos de Gonzalo de Zárate y Ana de Sayás o de los Reyes:

  • Gonzalo. (1686-1744). Nació en1686. Aparece censado en la estancia de su madre Ana Sayas en 1726 con 40 años. En 1738 es empadronado en la Pesquería, figurando con rango de capitán. Fallece soltero y sin sucesión en 1744, siendo enterrado el 4 de octubre en San Antonio de Areco[24].
  • Eusebio. (1684-1760/61) Nació en Paraguay en 1684[25]y se casó con una correntina Lorenza Rodríguez de Aldana. No aparece en los censos ni listas de 1726 de la región, por lo que deduzco que permaneció en Paraguay o Corrientes, donde tuvieron al menos un hijo (María de las Nieves). Ya hacia 1732 se encontraba en estos pagos, mencionándose a su mujer (Lorenza Rodríguez de Aldana) como madrina de su sobrina Gregoria Rodríguez[26], hija de Gregoria Zárate y José Rodríguez de la Torre en 1732. Al igual que su hermano Pascual se dedicó a las actividades agropecuarias en las tierras heredadas de sus padres, aunque probablemente con menor suerte. En 1760 era una persona aprobada por la parroquia de San Antonio de Areco para bautizar. El 29/7/1760 bautizó en el “pueblo del Señor de la Exaltación” por necesidad a María Francisca Pérez, hija legítima del lusitano Francisco Pérez y de María Acosta natural y vecina de Cañada de la Cruz. [27] Murió poco después, ya que figura difunto el 28/10/1761 cuando se bautiza a “Juana Francisca, hija natural de Laureana –negra esclava de Eusebio Zárate” en el oratorio de Blas Gelves en el pago de Pesquería.[28]
  • María Josefa. (b. 21/4/1688)[29]. Seguramente no llegó a edad adulta ya que no aparece mencionada en el testamento de Gonzalo de Zárate (1707).
  • Pascual. (n. 2/1/1693-t. 1764) Nació el 2 de enero de 1693, bautizado el 12 de enero de 1693 a los 10 días de vida. Padrinos: Juan Fernández de Quiroz y Luisa de Sosa. Bautizado por necesidad por Juan Leal[30]). Enlazó matrimonio con Petrona Salinas antes de 1726[31], con la que tuvo descendencia. Se dedicó con cierto éxito a actividades agropecuarias, lo que se deduce por los datos aportados en los censos y testamento. En su estancia poseía haciendas de todo tipo, esclavos, peones conchabados y varios agregados con sus familias. En 1748 figura como proveedor de carne para el abasto de la ciudad[32]. Al morir su madre, cumpliendo su deseo, levantó un oratorio en sus tierras consagrado a la Virgen de la Merced. En 1756 Pablo, uno de sus hijos, peticionó ante las autoridades eclesiásticas para la que el oratorio sea público y pueda oficiarse misa. Habilitándose al poco tiempo para dicho fin. Pascual testó el 28 de junio de 1764.


  • Alejandro. Bautizado el 21 de abril de 1700 en Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, “de 1 año de edad, hijo legítimo de alférez Gonzalo de Zárate y de Doña Ana de los Reyes”. Padrinos: Alf. Sebastián Ramos de Castro y Doña Isabel Dolozano[33]. Seguramente falleció muy joven, ya que no figura en el testamento de su padre de 1707.
  • El alférez Sebastián Ramos de Castro fue uno de los primeros propietarios permanente de tierras en la zona de Cañada de la Cruz. En 1672 compró 2 suertes de estancia a Estefanía de Mena y Santa Cruz.[34]



  • Bartolomé. (n. 20/8/1700). Bautizado el 28 de agosto de 1700, a los 8 días de vida. Fue fraile mercedario, actuando en Buenos Aires entre 1734 y 1741 en el convento de San Ramón. En 1745 ocupó el cargo de Procurador General de Redención[35]. En la casa de los Zárate habían diversos objetos litúrgicos[36] que utilizaba Bartolomé al oficiar ceremonias privadas[37]. Su madre, Ana de los Reyes, lo hizo beneficiario en su testamento de una capellanía sobre 400 varas de tierras, nombrando a su hermano Pascual como patrono para garantizar al religioso el goce de los réditos. Murió siendo sacerdote mercedario[38].


  • Rosa o María Rosa (bautizada el  20/10/1702, “de 1 mes y poco más de edad,  hija del alférez Gonzalo de Zárate y Ana de los Reyes”. Padrinos: Capitán  Antonio de Andrade y Doña María de los Reyes)[39]. Aparentemente Rosa falleció muy joven sin descendencia.
  • Gregoria. Nacida por 1704[40]. Fue la única mujer de la familia que llegó a la adultez. Se casó con José Rodríguez de la Torre con el que tuvo numerosa descendencia.[41]
  • José. Nacido el 16 de marzo de 1707 y bautizado el 20 de marzo de 1707, “h.l. del Alferez Don Gonzalo de Zárate y Ana de los Reyes”. Fueron sus padrinos el Capitán Sebastián Delgado y Antonia Cordovés[42].  En 1726 figura en Pesquería donando 1 caballo a las tropas del capitán Frutos de Palafox enviadas para auxilio de Santa Fe.[43] En ese año aparece censado en la estancia de su madre Ana de Sayas, soltero. Posteriormente se mudó a Lujan donde se casó el 1/1/1728 con Ana Rodriguez[44]. Luego de que los pagos de Luján fueron asolados por un malón en 1744, se sumó como capitán de milicias en la zona de la Guardia de Luján, llegando a intimar con el cacique Calelian y por lo que fue nombrado jefe de la excursión a las Salinas[45]. El 11 de mayo de 1746 vende las tierras heredadas de su padre a su primo el capitán Pedro de Olivera. En 1752, Al crearse la compañía de Blandengues [46] “La Valerosa” con asiento en la Guardia de Luján se suma a la misma con el grado de capitán, al mando de dicha compañía junto con el alférez Corro. En 1754 participó en las Guerras Guaraníticas en la Banda Oriental bajo la comandancia de Francisco Bruno de Zavala, permaneciendo por algún tiempo en la zona. En septiembre de 1759 regresó a Buenos Aires con licencia. Se instaló en el Pago de Luján donde tuvo descendencia.


El 28 de febrero de 1707, Gonzalo de Zárate realiza el testamento, beneficiando a sus hijas en “"el tercio y remanente del quinto de todos mis bienes por iguales partes a Gregoria y María Rosa, mis hijas..."[47]. Muere en 1711, siendo amortajado con el hábito de San Francisco[48] y enterrado en la iglesia del convento de los franciscanos de Buenos Aires[49]. Se levantó, entonces, un inventario de los bienes, registrándose 3 arados y entre el ganado 800 ovejas, 1800 yeguas con sus potros, 14 burros hechores, 250 mulas de más de un año y 150 recién nacidas, 40 bueyes, 80 vacas lecheras y 400 vacas de rodeo.[50] Al momento de su muerte tres de los hijos de Don Zárate eran menores de edad, lo que obligó a su viuda a vender 140 mulas y 100 caballos para vestirlos. Al tiempo Ana de Sayas contrae matrimonio con Juan Jimenez García. La partición definitiva de los bienes no se realizó hasta la muerte de Doña Ana en 1744. Las tierras de Gonzalo de Zárate fueron repartidas por sus herederos el 14 de octubre de 1745 de la siguiente manera: para Eusebio 1618 varas de las 9000 que era el total de extensión de las estancias, Gregoria 2218,5 varas; José 1818,5; y Pascual 3344. María Rosa y Gonzalo habían fallecidos y Bartolomé estaba excluido por ser religioso. El único de los herederos que se desprendió de las tierras fue José. El resto de su amplia descendencia permaneció en este rincón que pasó a llamarse "de Zárate".

[1]  Botta, Vicente Raúl. “Historia de Zárate. 1689-1909”. Ed. Diario la Voz de Zárate. Año 2000.

[2] En la compra de tierras a Mariana de Manzanares del 5 de septiembre de 1689 también declara ser “natural de esta Ciudad y Puerto” (de Buenos Aires).

[3] Manzano, Eduardo. “Los Ávila y Zárate”. Boletín N°21 del Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba. Año 1988.

[4]  Boletín 169 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas (IACG).

[5]  Índice de Bautismos del Libro II de la Catedral de Buenos Aires –publicado en el Blog de Aldo Beliera- http://catedraldebuenosaires.blogspot.com.ar/

[6]  Diccionario Biográfico de Buenos Aires, 1580-1720.  Raúl Molina. Academia Nacional de la Historia, Año 2000.

[7] Boletín 169 del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Allí se lo menciona como alférez del Presidio.

[8] En varias de las actas de bautismos de sus hijos figura su rango militar (alférez). Además, muchos de los padrinos de sus hijos tenían rango militar (capitanes y alférez), lo que reafirma que se manejaba en círculos militares.

[9] “Historias de Familias. El Rincón de los Zárate y de otras familias coloniales.” Publicaciones del museo histórico Quinta Jovita y el Archivo histórico de la municipalidad del partido de Zárate. Sergio Robles. Ed. De los cuatro vientos. 2008.

[10] En la venta de tierras de Mariana de Manzanares a Don Gonzalo de Zárate, consta que éste no supo como firmar. También en la mensura de los campos de Luis del Águila de 1698 –vecino-, quien se encontraba en litigio con Gerónimo Flores, Gonzalo de Zárate no firmó porque “dixo no sabere hacerlo”.

[11] Ponencias del Segundo Congreso de Genealogía del Pagos de los Arroyos. Enrique Yarza Rovira. Genealogía de Rosario. Genealogiaderosario.com.ar

[12] Libro de matrimonios, La Merced, ciudad de Buenos Aires. Folio 102. Aquí dice que ambos son “naturales de ésta ciudad”.

[13] Bernardo Lozier Almazán. “Los Ombúes. Historia de una casa y sus moradores”.

[14] El 23 de octubre de 1604 el gobernador Hernandarias otorgó a Francisco Pérez de Burgos (Jerez de la Frontera 1558-Buenos Aires 1616).  Francisco de Manzanares, yerno de este último recibió en merced tierras lindantes a éste el 9 de octubre de 1618. A Sebastián de Orduña, casado con una hija de Francisco de Manzanares, le fue otorgada una estancia el 22 de enero de 1635 por el gobernador Pedro Dávila.

[15] El 4 de junio de 1694, el capitán Miguel de Mercado y Morales, declaró haber vendido 4 años antes una estancia a Gonzalo de Zárate de “media legua de frente y dos de fondo”.

[16] Según Botta, Pedro Bustos de Albornoz vende la estancia “en víspera de ausentarse para Córdoba”. Estas tierras las había adquirido a Leonor de Manzanares (hija de Mariana de Manzanares) y a Antonio Cabral de Caravajal el 6 de febrero de 1688.

[17] Según Botta en algunos documentos figura como morador de la ciudad de Buenos Aires en 1691. En 1698, no quedan dudas que tenía la estancia poblada.

[18] Botta. “Historia de Zárate…”

[19] En su testamento, Gonzalo, admite una deuda con uno de esos acopiadores, José de Arregui por 700 pesos. Había recibido aquel importe “para efecto de que le vendiese las mulas que yerro en mi estancia cada año hasta cumplir la cantidad a precio de 6 reales por cabeza, siendo de dos años”.

[20] “Historias de Familias. El Rincón de los Zárate y de otras familias coloniales.” Publicaciones del museo histórico Quinta Jovita y el Archivo histórico de la municipalidad del partido de Zárate. Sergio Robles. Ed. De los cuatro vientos. 2008.

[21] Birocco, Carlos M. “Cañada de la Cruz. Tierra, producción y vida cotidiana en un partido bonaerense durante la colonia”. Municipalidad de E. de la Cruz. 2003. Pág. 81.

[22] Botta. “Historia de Zárate…”

[23] Robles, Sergio. “Historias de Familias…”

[24] Libro I de entierros de San Antonio de Padua (Areco).

[25] Censo de 1744. Declara ser del Paraguay y tener 60 años, y su mujer dice ser de Corrientes

[26] Libro I de Bautismos de San Antonio de Areco.

[27] Número 466. Aldo Beliera. Archivo Parroquial de la Iglesia de San Antonio de Padua (Areco) Transcripción de las partidas de bautismos del libro 2°, años 1756-1770. Fuentes Documentales. Volumen II. Instituto Argentino de Ciencias Genealogicas.

[28] Número 589. Aldo Beliera. Archivo Parroquial de la Iglesia de San Antonio de Padua (Areco) Transcripción de las partidas de bautismos del libro 2°, años 1756-1770. Fuentes Documentales. Volumen II. Instituto Argentino de Ciencias Genealogicas.

[29] Libro de Bautismos de N. Sra. de la Merced, Buenos Aires. Folio 95

[30] Libro de Bautismos de Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Folio 147

[31] En el censo de 1726, figura en Pesquería, con su mujer Petrona Salinas y una hija.

[32] Botta. “Historia de Zárate…”

[33] Libro de Bautismos de Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Folio 232

[34] Birocco, Carlos María. “Cañada de la Cruz. Tierra, producción y vida cotidiana en un partido bonaerense durante la Colonia”. Municipalidad de Exaltación de la Cruz. 2003. Pág. 51-52.

[35] Robles, Sergio. “Historias de Familias…”

[36] Al momento del fallecimiento de Ana de los Reyes en 1744, en el inventario de los bienes, se registraron un cáliz de plata, vinagreras y un misal.

[37] El 24/9/1742 bautizó en la casa de los Zárate a Mariano Cabrera y Zárate, hijo de su sobrina María de las Nieves –hija de Eusebio Zárate- y de Joaquín Cabrera. (Libro I de Bautismos de San Antonio de Areco)

[38] Libro de Bautismos de Nuestra Señora de la Merced. Folio 243

[39] Base de datos de genealogíafamiliar.net y Libro de Bautismos de Nuestra Señora de la Merced. Folio 279.

[40] En el censo de 1744, dice tener 40 años.

[41] “Historias de Familias. El Rincón de los Zárate y de otras familias coloniales.” Publicaciones del museo histórico Quinta Jovita y el Archivo histórico de la municipalidad del partido de Zárate. Sergio Robles. Ed. De los cuatro vientos. 2008.

[42] Libro de Bautismos de Nuestra Señora de la Merced. Año 1707, Folio 22

[43] Donación de ganado y caballos. 1726.

[44] Boletín N°97 del IACG. Casamientos y Bautsmos de residentes de Luján registrados en los libros de Nuestra Señora de la Merced.

[45] Tabossi, Ricardo. “Historia de la Guardia de Luján durante el período hispano-indiano”. Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires Dr. Ricardo Levene, 1989 

[46] El 27 de julio de 1744 ocurre un gran malón del cacique Calelian sobre la villa de Luján, lo que provoca que el Cabildo decida instalar una guardia permanente en un fortín río arriba (Guardia de Luján –actual Mercedes-). Inicialmente estaba conformada por milicianos forzosos y sin paga, lo que provocaba muchas deserciones. En 1752, se creó la compañía de Blandengues “La valerosa” con asiento en dicha Guardia, los integrantes eran voluntarios y recibían una paga.

[47] Archivo General de la Nación. Sucesión 8821. Testamentaria de Gonzalo de Zárate.

[48] En el siglo XVIII estaba muy extendida la utilización del hábito de San Francisco como mortaja, ya que una indulgencia del Papa Inocencio VII (1523-1534) había concedido la remisión de un tercio de los pecados a los que se sepultasen con dicho hábito.

[49] En su testamento Gonzalo de Zárate pide que sea “amortajado con hábito de Nuestro Padre San Francisco sepultado en su iglesia en la parte y lugar que mis albacea eligieren”. Seguramente cumpliendo con su deseo fue enterrado en la vieja iglesia del convento de San Francisco de la ciudad de Buenos Aires. Garay había cedido en 1583 a la orden franciscana la manzana correspondiente a la limitada por las actuales calles Defensa, Balcarce, Adolfo Alsina y Moreno. En ese sitio se encontraba la primitiva iglesia, hecha de adobe y techo de palma y tejas, que fue reemplazada en 1731 por un nuevo templo. Este segundo templo tenía problemas estructurales, derrumbándose a principios del siglo XIX parte de su fachada y torre, construyéndose luego un tercer templo.

[50] Robles, Sergio Daniel. “Historia de Zárate, desde sus orígenes hasta el año 2000”. Página 50. Editorial “De los cuatro vientos”. Año 2005.

Fuente:
1. GenealogíadeZárate
2. Escudo obtenido de Heráldica Argentina

martes, 15 de noviembre de 2016

Los invasores británicos y la antigua Chacarita

Marqués don Rafael de Sobremonte
Cuando gobernaba el Marqués don Rafael de Sobremonte, llegaron a Buenos Aires invasores británicos con la decisión de apoderarse de estas “provincias de ultramar” de la Corona española. A fines del mes de junio de 1806, los ingleses (corresponde llamarlos británicos, pero usaremos la terminología habitual) desembarcaron cerca de la localidad de Quilmes dirigidos por el general Guillermo Carr Beresford. La escuadra que los traía había partido de la recién conquistada colonia holandesa en El Cabo, al el sur de África y los navíos estaban comandados por el comodoro Home Popham. El virrey Sobremonte no atinó en tales circunstancias a dictar medidas para contener a los invasores y así, los 1500 soldados enemigos pudieron apoderarse del Fuerte y por ende, de la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. Mientras el Virrey se dirigía al interior en procura de ayuda militar, el pueblo se aprestó a reconquistar su ciudad. Españoles y criollos procuraron armarse bajo la dirección de don Santiago de Liniers, un oficial de marina francés bajo las ordenes españolas (ambos países eran entonces aliados contra el enemigo común: Inglaterra). El criollo don Juan Martín de Pueyrredón logró reunir 600 hombres –casi todos paisanos– y enfrentó a los invasores en Perdriel, donde fue derrotado. Liniers tomó entonces el mando general de sus tropas y se trasladó a Colonia (Uruguay), para solicitar ayuda. Al retornar, se reunieron con él los dispersos de Perdriel y se dirigió hacia la ciudad. También se incorporaron pobladores de las afueras, que debieron atravesar lodazales, pues el tiempo era lluvioso. Todas las tropas procuraron concentrarse en los caserones de la Chacarita, que habían construido hacía ya muchos años los jesuitas. Allí los hombres descansaron y se proveyeron de más armamento, incrementado el contingente por la incorporación de labriegos y pobladores de nuestros barrios de hoy. El día 10 de agosto, el capellán, Padre Pedro Larrañaga ofició misa en la capilla, a la que asistieron don Santiago de Liniers, los oficiales, soldados y el vecindario. Luego, el ejército reconquistador avanzó desde la Chacarita hacia los Corrales de Miserere (Plaza Once de Septiembre) para desde allí intentar atacar la Fortaleza (hoy Casa de Gobierno, en la Plaza de Mayo). Liniers intimó la rendición al jefe británico Beresford desde El Retiro, lugar que logró ocupar y entonces se entablaron violentos combates. Finalmente el 12 de agosto de ese año de 1806, los británicos se vieron obligados a rendirse. Su flota permanecía en el Río de la Plata esperando la llegada de refuerzos para volver a atacar la posesión española. En 1807, los refuerzos para el ejército británico ya habían arribado. La fuerza de invasión llegó a contar con 12.000 hombres dirigidos por el general John Whitelocke. Pronto cayó Maldonado, en la otra Banda y enseguida Montevideo; fue inminente el segundo ataque a la ciudad de Buenos Aires. Inicialmente los invasores, lograron derrotar a Liniers, quien debió internarse en la campaña y halló acantonamiento en los caserones de la antigua Chacarita Así informaba Liniers a sus superiores militares:

Mi puesto de reunión era la Chacarita de los Colegiales, pero la oscuridad de la noche me impidió tomarla por el riesgo inminente que tenía de caer en alguna avanzada de los enemigos y esto me hizo determinar a pasarla en una casa en la que tuve la noche más amarga que jamás he sufrido. Al amanecer el día 3 me transporté a la citada Chacarita, donde encontré algunas piezas de artillería de a 11, de la batería de la Recoleta, las que se habían salvado y desde allí marché inmediatamente a la ciudad.

El historiador Alberto M. Salas, dejó esta nota que tomó de documentos del Archivo General de la Nación:

(…) ante el inminente ataque de los ingleses, ya en la Banda Oriental, se pidió al doctor Chorroarín, Rector del Real Colegio de San Carlos, que lo desocupara, para que en el edificio se instalaran soldados, enviando para ello a los alumnos a los campos de la Chacarita. (7 de marzo de 1807.)

El 4 de julio de 1807, la situación en Buenos Aires era dramática: los británicos se aprestaban, pero el pueblo en armas también estaba dispuesto para la defensa… Y en esos momentos llegó un chasqui desde la Chacarita del Real Colegio de San Carlos y anunció a los pobladores que en tal lugar estaba ya listo el ejército, con artillería, soldados y milicianos –entre ellos muchos lugareños de la Chacarita– listos para marchar a defender a Buenos Aires. Pronto se entabló la lucha con los británicos que habían partido de El Retiro y el 5 de julio de 1807, el pueblo de Buenos Aires volvió a derrotar a los invasores.

EL MOJÓN DE LA ARGENTINIDAD

La Chacarita de los Colegiales, como hemos visto, vivió en los años de 1806 y 1807 momentos de gloria. Rindamos homenaje a muchos agricultores y pobladores de estos lugares que lucharon contra los que pretendieron apoderarse de nuestra ciudad. Como recuerdo de tales sucesos, hace pocos años se colocó en la intersección de las calles Corrientes, Forest y Jorge Newbery un monolito llamado Hito de la Argentinidad construido con ladrillos de la Chacra de Márquez. Lo mismo se hizo en otros lugares donde se convocaron o pasaron los pobladores en respuesta al llamado de la ciudad amenazada.

DESDE 1807 HASTA LOS DÍAS DE MAYO DE 1810

Entre 1807 y 1810, es decir, desde el heroico momento en que se encaró la “defensa” de la capital del Virreinato del Río de la Plata, hasta el movimiento revolucionario del 25 de Mayo, hubo calma en la “chacrita” de los antiguos jesuitas y su entorno campesino. Los alumnos del Real Colegio Convictorio Carolino retornaron a sus estudios y volvieron a descansar en las bellas llanuras del oeste, cerca del arroyo Maldonado, –entonces con buenas aguas e incluso peces– praderas feraces, montes de árboles frutales y de sombra y la posibilidad de andar a caballo, sin freno a sus galopes. Pero otros tiempos se avecinaban…

Fuente:
1. Chacarita y Colegiales
2.La antigua Chacarita de los Colegiales – Diego A Del Pino

lunes, 14 de noviembre de 2016

14 de noviembre de 1813 Batalla de Ayohuma

En el día de hoy se cumplen doscientos tres años de la "Batalla de Ayohuma".
Batalla belgraniana, de gran importancia en la Historia Nacional. Sin lugar a dudas significó un punto de inflexión en nuestra Guerra de Independencia.



El 1 de octubre de 1813, el General Manuel Belgrano al mando del Ejército del Norte había sido completamente batido en las Pampas de Vilcapugio. Logró reunir a los dispersos y a los sobrevivientes, sumando a algunas milicias casi sin instrucción. De 3.400 hombres que había podido reunir, apenas 1.000 eran veteranos.

Un mes y trece días después del contraste de Vilcapugio, el General Belgrano decide enfrentar nuevamente al vencedor ejército de Joaquín de la Pezuela.

A media mañana del domingo 14 de noviembre de 1813 dio inicio la Batalla. La artillería realista, de mayor alcance, comenzó a causar grandes estragos entre los patriotas. Belgrano ordena entonces una carga de infantería y caballería la cual es rechazada. Ante el fracaso comenzó el repliegue del Ejército del Norte, el cual dejó en al Campo de Batalla 200 muertos, 200 heridos y 500 prisioneros.
Con los pocos hombres que le quedaban el General Belgrano inició el repliegue hacia el sur ingresando en la actual Provincia de Salta. El 30 de enero de 1814 entrega el mando de las reliquias del Ejército de Norte en manos del General San Martín, su reemplazante.

La Batalla de Ayohuma fue una grave derrota de las tropas patriotas. Fue una derrota decisiva que significó prácticamente la disolución del Ejército del Norte al mando de Belgrano.

Hoy se cumplen 203 años de un hecho de armas luctuoso. Sin embargo sus protagonistas merecen ser rescatados del olvido. Porque aún derrotados, hicieron todo lo que estuvo a su alcance para conseguir un triunfo para las armas de la Patria. La suerte les fue esquiva... pero el sacrificio lo hicieron igual.
Aquellos Héroes de Ayohuma merecen nuestro agradecimiento y reconocimiento eternos, porque con Honor, con Heroísmo y con Patriotismo lucharon por la Libertad e Independencia de su Patria...

¡Gloria y Honor a los Vencidos en Ayohuma a doscientos tres años de su supremo sacrificio!

Fuente: Granaderos Bicentenario

domingo, 13 de noviembre de 2016

Los Avellaneda ignotos y sus parientes Ruiz Huidobro

 Los Avellaneda ignoto y sus parientes Ruiz Huidobro: apuntes sobre la portación del "Don", los parentescos espirituales, y las estrategias sociales de humildes y poderosos en el Tucumán de los s. XVIII y XIX

Por Carlos Escudé, Ph.D. (Yale 1981)

Ensayo de investigación de estructura compleja basado en fuentes primarias, publicado en "Genealogía Familiar" N° 11 (septiembre 2016).

- En la Introducción esbozaremos la inquietud que nos condujo a estas indagaciones.

- En la Parte I, que contiene dos secciones, pasaremos a la espinosa cuestión de las falsificaciones genealógicas. Éstas abundaron en una etapa previa de la historia del género en la Argentina, y parecen haber formado parte de la estrategia de ascenso social de las clases dirigentes.
- En la Parte II, que también contiene dos secciones, delinearemos nuestra metodología. Abordaremos allí la cuestión de las redes de padrinazgos (o parentesco espiritual) como estrategia de defensa social de las clases humildes; y el tema del uso formal, en documentos, del honorífico “don” como indicador de nivel social.

- En la extensa Parte III, que contiene ocho secciones, presentaremos los resultados de la investigación empírica, analizando el descenso social y la posterior estabilización de una rama paralela pero desconocida de Avellanedas. Según surge de la investigación, en los siglos XVIII y XIX una variable central de estos procesos fue la frecuente proliferación de hijos naturales.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Relatos sobre el ataque a Yavi


El jefe español Jerónimo Valdés denominó Acción de Yavi al trágico episodio registrado el 15 de noviembre de 1816, el que abrió el avance de José de la Serna
hacia el sur del ex Virreinato del Río de la Plata.
Sobre el episodio, Valdés escribió:
"Informado La Serna de los partes que había recibido Ramírez de que el Ejército de Belgrano avanzaba por el frente y que la que se suponía su vanguardia ocupaba Yavi, cuyo punto había abandonado la nuestra precipitadamente perdiendo sus equipajes, cabalgaduras, acémilas, etc., dispuso que todas nuestras tropas se reuniesen en Suipacha; posición intermedia y fuerte, en que podían obrar su conjunción y combatir ventajosamente las divisiones de Tarija, Mojo y la que seguía al Cuartel General, que entre todas componían una fuerza de 2400 infantes y 300 caballos, con 12 piezas de montaña. En consecuencia el batallón de Gerona salió para Tupiza, adonde debía llegaren tres días.
El 16 de noviembre marchó el Batallón Chilotes, compañía de Caballería de la Guardia y la artillería que había en aquel punto, en la misma dirección de Tupiza, donde debían llegar al día siguiente. Se comunicaron órdenes a los jefes que operaban en la Provincia de Charcas y en Vallegrande, anunciándoles los movimientos a emprender el Ejército y la necesidad de que aquellas tropas activasen sus operaciones, de modo que en lo que restaba de año quedase sujeta la provincia de Santa Cruz y expeditos para operar por el frente algunos de los batallones ocupados en aquella campaña".

Valdés escribió que el Cuartel General en marcha desde Cotagaita a Tupiza llegó el 17 de noviembre por la tarde, junto al Gerona, Chilotes, la guardia y la artillería.
Durante la marcha La Serna recibió el parte de Olañeta, dirigido a Ramírez de Orosco,
comunicando la derrota de los enemigos en Yavi y Tojo. El 18 llegaron los prisioneros de Yavi.

Tomás de Iriarte escribió que Martín Güemes había destacado 800 hombres al mando del Cnl My Juan José Fernández Campero, secundado por el Cnl Juan José Quesada y que Olañeta los sorprendió en Yavi. La resistencia fue sofocada y tomaron gran cantidad de prisioneros, entre ellos a los jefes del Regimiento.
El español Mendizábal escribió que La Serna salió de Cotagaita y después de recorrer 18 leguas llegó a Tupiza el mismo día con la idea de atacar al enemigo que se decía- venía en número de 6000 efectivos al mando de Belgrano.

Agregó: En el camino se recibieron partes frecuentes de la feliz acción ocurrida en
la vanguardia con los insurgentes al mando del marqués de Tojo y el caudillo Lanza.
Según el realista, todas las tropas se habían unido para atacarlos sabiendo que
Olañeta había sido enviado a Tarija con el batallón de Cazadores y Marquiegui con
una expedición hacia otro punto.

En su relato Iriarte menciona 34 oficiales y Mendizábal 35 prisioneros capturados en Yavi, sobre aproximadamente 800 defensores. Al parecer, ambos
tienen en cuenta a los oficiales y no a la tropa. (En la acción militar siguiente, sobre una partida de cien patriotas atacada en Tojo, los realistas tomaron 90 prisioneros).

Residencia de los Marqueses de Yavi,
hoy Museo Histórico Provincial
Calificando de feliz operación la del 15 de noviembre, Mendizábal expresó que después de ella una partida de cien dragones infernales había llegado a Tojo con
cargas de fusiles, sables y lanzas y el ánimo de entrar a Cinti y reunir la indiada. La partida fue atacada por un batallón de partidarios que los sorprendió, capturó un centenar de hombres y las cargas de armas. Pocos lograron escapar.

Luego del exitoso ataque a Yavi, La Serna se instaló en el lugar y se abocó a preparar su avance hacia Buenos Aires, donde preveía llegar en mayo de 1817.

Fuente: Boletín Güemesiano Noviemnbre 2016

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cuando Venezuela fue colonia alemana durante 18 años

Los alemanes se subieron tarde al carro de la colonización, y en concreto en América del Sur su mayor éxito fue mantener Venezuela como colonia durante apenas 18 años.

Situación de la Provincia de Venezuela
Todo empezó en 1519, cuando Carlos I de España deseaba a toda costa ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un título que tenía que ser ganado mediante elección con los votos de siete príncipes electores: los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, el rey de Bohemia, el Conde Palatino del Rin, el Duque de Sajonia y el marqués de Brandeburgo.

Ello implicaba la necesidad de realizar un campaña que apoyase la candidatura, evidentemente con mucho dinero de por medio, y por ello Carlos, al que no le bastaban las riquezas que llegaban desde la América española, tuvo que pedir grandes cantidades de dinero prestado a banqueros de toda Europa.

Pero con quien más se endeudó fue con dos familias de Augsburgo, una ciudad al sur de Baviera, los Welser y los Fugger, banqueros que dominaron la economía mundial durante buena parte del siglo XVI. Se calcula que la suma debida ascendía a unos 150.000 florines (unos 20 millones de euros de ahora).

Una vez conseguido su objetivo de ser nombrado emperador Carlos se fue haciendo el remolón con el pago de su deuda. Hasta que finalmente en 1528 los Welser, que habían quedado como acreedores del total, le reclamaron el pago íntegro. 

Carlos no pagó pero llegó a un acuerdo con los Welser. Les cedería una parte del Nuevo Mundo para que la explotasen a su gusto, liberados de cualquier clase de impuesto a la corona española. Se les permitía nombrar gobernadores propios, usar a los indios como mano de obra e incluso esclavizarlos, además del permiso para llevarse hasta 4.000 esclavos africanos. Como contrapartida los alemanes se comprometían a fundar dos ciudades y a construir tres fortalezas, desde las cuales, y durante los años que durase la cesión, podían explorar el territorio en busca de oro y riquezas. De todo el oro que encontrasen Carlos se quedaba con un décimo.

El territorio concedido fue la provincia de Venezuela, situada al norte del actual país del mismo nombre, y cuyos límites estaban definidos por el Cabo de la Vela (junto a la actual frontera con Colombia) por el Oeste, y el Cabo de Maracapana por el Este (cerca de la actual ciudad de Barcelona). Varias islas cercanas a la costa quedaban también bajo jurisdicción de los Welser, y el límite sur se dejaba sin especificar.



Se dio como nombre a la colonia el de Klein-Venedig (Pequeña Venecia) y se nombró como primer gobernador a Ambrosio Ehinger, cuya principal misión consistía en encontrar El Dorado. Consigo se llevó a los 4.000 esclavos africanos y a unos 400 mineros alemanes, que le ayudaron a extender el territorio controlado más allá de las fronteras iniciales, por zonas de la actual Colombia.

A él se debe la fundación de Maracaibo en 1529, pero moriría apenas cuatro años más tarde, sin haber logrado acumular las riquezas que los Welser le demandaban. Su sucesor Georg von Speyer tampoco tuvo demasiado éxito y, además, los colonos alemanes pronto empezaron a morir de diversas enfermedades para las que no estaban inmunizados o en emboscadas de los nativos. 

El tercer y último gobernador de la América alemana, Philipp von Hutten continuó las labores de exploración adentrándose al interior del continente. Momento que aprovechó Carlos I para enviar a la capital, Santa Ana de Coro, al conquistador Juan de Carvajal en 1546. Éste esperó pacientemente el regreso de von Hutten, a quien acompañaba Bartolomeo VI Welser, heredero de la banca alemana, que se había unido a la expedición seis años antes. Cuando llegaron a la ciudad fueron inmediatamente ejecutados, dando Carlos I por finalizado así el contrato de arrendamiento de la colonia.

Los alemanes no volverían a conseguir establecer una colonia en América, salvo algunos breves intentos. En 1685 la Compañía Africana de Brandeburgo se haría con el control del comercio de esclavos en la isla de Santo Tomás, en el archipiélago de las Islas Vírgenes. Durante los casi 30 años que mantuvieron el control de la isla allí se celebraron las más grandes subastas de esclavos que el mundo ha conocido.

Otros intentos fallidos fueron el asentamiento en Nueva Curlandia, en Tobago, y en Toco, Trinidad, ninguno de los cuales fructificó y fueron pronto abandonados. La Pequeña Venecia, que duró 18 años, fue el único éxito relativo de la colonización alemana en América.

jueves, 10 de noviembre de 2016

10 de Noviembre - Día de la Tradición

Esta popular celebración se estableció en homenaje al escritor José Hernández, autor del Martín Fierro, una de las obras cumbres de la literatura gauchesca, quien nació el 10 de noviembre de 1834. Su vida, su obra y algunas curiosidades

El «Día de la Tradición» recuerda el nacimiento del escritor y periodista José Hernández, autor de El Gaucho Martín Fierro, poema de género gauchesco que se convirtió en una pieza literaria consagrada del folclore argentino, y fue traducido a numerosos idiomas. La efeméride fue instaurada el 9 de agosto de 1939, con la promulgación de la ley Nº 4756.

José Hernández, su vida
Dn. José Hernández
Nació el 10 de noviembre de 1834, hijo de don Rafael Hernández y de doña Isabel Pueyrredón. Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político.

En 1843, cuando su madre falleció, su padre lo llevó a vivir al campo por recomendación médica. En el entorno campestre tomó contacto con gauchos. Allí conoció sus costumbres, su mentalidad, su lenguaje y su cultura. Aprendió a quererlos, a admirarlos, a comprenderlos, y también a entender sus dificultades en la vida cotidiana.

En marzo de 1857, poco después de fallecer su padre, se instaló en la ciudad de Paraná, donde –el 8 de junio de 1859– contrajo matrimonio con Carolina González del Solar. Tuvieron siete hijos.

Inició su labor periodística en el diario El Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato de Vicente Peñaloza.

Se desempeñó como diputado y, luego, como senador de la provincia de Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La Plata y, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país.

En 1869 fundó el diario El Río de la Plata, en cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario El Eco, de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por adversarios políticos. Colaboró además en los periódicos La Reforma Pacífica, órgano del Partido Reformista; El Argentino, de Paraná, y La Patria, de Montevideo, Uruguay.

En el orden militar actuó en San Gregorio, en El Tala e intervino en las batallas de Pavón y de Cepeda. Luchó además junto a López Jordán en Entre Ríos.

Vivió en Brasil, también en Entre Ríos y Rosario, y en Montevideo (Uruguay). En 1870, al fracasar una revolución, tuvo que volver a Brasil. Dos años después, gracias a una amnistía que frenó la violencia, pudo volver a su país.

El 28 de noviembre de 1872, el diario La República anunció la salida de El gaucho Martín Fierro y, en diciembre, lo editó la imprenta La Pampa.

Su éxito entre los habitantes de la campaña lo llevó, en 1879, a continuarlo con La vuelta de Martín Fierro. En 1881 publicó su obra Instrucción del estanciero.

Falleció el 21 de octubre de 1886 en Buenos Aires, tras sufrir una afección cardíaca.

Fuente: Educ.ar

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Cuando España fue invitada a volver a América

En 1861, cuatro décadas después del triunfo de los movimientos independentistas de Hispanoamérica y cuando Cuba y Puerto Rico eran las dos únicas colonias supervivientes del imperio español en este continente, el presidente dominicano Pedro Santana le propuso al gobierno de España —y éste aceptó— la anexión de la República Dominicana con la categoría de provincia española de ultramar: primera y única vez en la historia americana en que una nación independiente le pedía a su antigua metrópoli que impusiera nuevamente su dominación.

Pedro Santana

Este peculiar episodio se explica un poco por la historia del país donde se produjo: a diferencia de otros territorios hispanoamericanos, Santo Domingo (la parte oriental de la Española) se independizó de España, a fines de 1821, sin que el gobierno colonial opusiera mayor resistencia, antes bien al final de un período de abandono de la que había sido su primera posesión americana, al que también se le ha llamado el de “la España boba”. Al tiempo que esto ocurría, la vecina República de Haití, que hacía poco derrotara a las tropas napoleónicas, concebía extender la dominación haitiana a toda la isla.

La invasión haitiana se consumó en febrero de 1822: apenas tres meses después de proclamada la independencia del también llamado Haití Español, los haitianos francoparlantes controlaban toda la isla y allí se mantuvieron durante 22 años, hasta que una revolución nacionalista estableció la República Dominicana en 1844. Diecisiete años más tarde, el estado del país era tal que el gobierno de Santana, advenido al poder mediante un golpe militar contra un gobierno inepto, empezó a hacer gestiones para obtener la anexión a alguna gran potencia.

Estados Unidos y Francia fueron sus primeras opciones, pero no tuvo éxito, y fue así que Santana inició negociaciones con España, directamente y a través del capitán general de Cuba. En marzo de 1861 se consumó la anexión, sancionada oficialmente por la reina Isabel II y por las cortes españolas. La bandera roja y gualda volvía a ondear de nuevo en Santo Domingo por invitación expresa de las autoridades isleñas. El presidente Santana se convertía, de este modo, en gobernador colonial.

Pero España no regresaba sin condiciones. El gobierno dominicano había pedido que se preservara la libertad individual —bastante menoscabada en las restantes colonias españolas del Caribe- y que no fuera a restablecerse la esclavitud, que todavía regía en aquellas. Asimismo, el carácter jurídico del territorio que se reintegraba a la “madre patria” era de provincia española, con todos los privilegios que esto implicaba. El acuerdo bilateral prescribía también el empleo del mayor número posible de funcionarios civiles y militares dominicanos en el nuevo gobierno español y el reconocimiento de los actos de los gobiernos dominicanos desde el cese de la dominación haitiana hasta la fecha.

Aunque el gobierno español aceptó estas condiciones, en la práctica no tardó en incumplirlas: la mayoría de los funcionarios públicos dominicanos fueron sustituidos por españoles procedentes de Cuba y Puerto Rico; se limitó el libre comercio con impuestos más altos a los barcos no españoles que llegaban a la nueva provincia y se intentó restablecer el monopolio en las exportaciones del tabaco; se produjeron retrasos en el pago de los salarios de los militares dominicanos que servían bajo la bandera española, a quienes además se les humilló al prohibirles que usaran el uniforme de las Fuerzas Armadas españolas. Y si bien no se reinstauró la esclavitud, los funcionarios españoles trataban con abierto desdén a la población dominicana que ya para entonces era mayoritariamente mulata.

Monumento a la Guerra de Restauración de la República Dominicana


Fuente: Yahoo

martes, 8 de noviembre de 2016

Primera Circular. VI Jornadas Nacionales de Historia Social. La Falda- Córdoba (2017).


PRIMERA CIRCULAR
VI JORNADAS NACIONALES DE HISTORIA SOCIAL
17, 18 y19 de mayo de 2017 La Falda – Córdoba

COMITÉ EJECUTIVO

Beatriz Moreira, Silvia Mallo, Fernando Remedi, Silvano Benito, Moya, María José Ortiz Bergia,  María Belén Portelli, Franco Reina, Nicolás Moretti, Inés María Belén Dominguez, Loreta Gianonne.

Estimados colegas. Desde el Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”  (Unidad Asociada al CONICET) y la Red Internacional de Historia Social (asociación de historiadores sociales de Colombia. México. Brasil. Chile y Argentina) estamos organizando para los días 17. 18 y 19 de mayo próximos las VI Jornadas Nacionales de Historia Social, que se desarrollarán en La Falda. Córdoba. El evento se propone avanzar en la comprensión de la dinámica endógena de las sociedades, la organización de sus diferencias internas y el proceso de construcción de los grupos y las identidades sociales en diferentes contextos espaciales y temporales, permitiendo acceder a algunas claves significativas para el ahondamiento y la relectura de la historia social argentina, americana y europea. Además, aspiramos a impulsar el debate sobre la identidad de la historia social, sus desafíos actuales y perspectivas de desarrollo futuro, en un contexto en el cual ella transita una coyuntura paradójica: presenta todavía innumerables vados temáticos, temporales y regionales, pero al mismo tiempo adolece de una creciente balcanización, con cierto descuido, en no pocas ocasiones, del contexto social dentro del cual las acciones humanas adquieren significado. En esta sexta edición buscamos propiciar el debate sobre la necesidad de delinear núcleos integradores, que no sólo permitan superar la atomización y el individualismo culturalista de algunos plantaos, sino también ponderar la importancia de enfoques más integradores para comprender la historia de las sociedades pretéritas.

FUNCIONAMENTO DE LAS JORNADAS

Las jornadas se desarrollarán en doce mesas temáticas dedicadas al análisis de las problemáticas sociales fundamentales vinculadas con la historicidad de las formaciones sociales. Además, está prevista la realización de una mesa redonda a cargo de destacados especialistas en historia social.

Mesa 1 Historiografía, metodología y fuentes de la historia social

Mesa 2 Sociedades americanas coloniales

Mesa 3 Iglesia y religiosidad

Mesa 4 Familias, mujeres y género

Mesa 5 Justicia, delito y violencia

Mesa 6 Cuestión social, sociedad civil y Estado

Mesa 7 Grupos sociales (siglos XIX/XX): prácticas, representaciones e identidades

Mesa 8 El mundo de los trabajadores: espacios, actores, cultura y conflictos

Mesa 9 Historia social del pasado reciente

Mesa 10 Actores, prácticas y relaciones sociales en el mundo rural

Mesa 11 Sociedad y cultura en el mundo antiguo y medieval

Mesa 12 Sociabilidades, redes sociales y políticas en la Argentina (siglos XIX/XX)

PRESENTACIÓN Y ADMISIÓN DE LOS TRABAJOS

Los resúmenes y las ponencias presentados serán formal y académicamente evaluados. Los organizadores y los coordinadores podrán reorientar los resúmenes y las ponencias presentadas a la mesa que consideren más pertinente.

Resumen: El resumen tendrá una extensión máxima de 300 palabras y deberá incluir una sucinta exposición de la problemática a tratar. Los principales objetivos a seguir, la metodología y las fuentes a utilizar. El mismo deberá enviarse a la dirección electrónica jhistoriasocial@yahoo.comar hasta el 5 de diciembre de 2016.

Trabajo: Los trabajos tendrán una extensión máxima de 60.000 caracteres con espacios. incluyendo citas y bibliografía, con fuente Times New Roman tamaño 12. a 1.5 espacio, notas a pie de página y en formato Word (97-2003. 2007. 2010). Deberán ser enviados por correo electrónico a las direcciones que se informarán en la próxima circular hasta el 10 de marzo da 2017. Se podrán presentar hasta dos ponencias por autor (incluye coautoria) y las ponencias no podrán tener más de dos autores. Sólo se otorgarán certificados a los autores que expongan sus ponencias en las mesas y horarios que  correspondan. La admisión del resumen no implica necesariamente la aceptación de la ponencia. La admisión definitiva de la ponencia quedará a cargo de los coordinadores de las mesas. La Comisión Organizadora se propone publicar las actas de las jornadas por lo que es necesario respetar las normas editoriales. En caso que el autor desee que su trabajo NO sea incluido en las actas, deberá manifestarlo expresamente cuando lo remita. Encabezamiento de resúmenes y ponencias: El encabezamiento de los resúmenes y ponencias deberá incluí los siguientes datos:

Mesa Sugerida (número y nombre de la mesa para la que se sugiere el trabajo)

Autor/es-as (Apellidos y nombres)

Inserción Institucional (Universidad. Centro de Investigación. Facultad. Dependencia)

Situación de revista (Cargo Docente. Investigador-a. Alumno-a)

Dirección particular (postal completa y electrónica)

Dirección institucional (postal completa y electrónica)

Título de la ponencia Resumen

PRESENTACIÓN DE LIBROS

El Comité Ejecutivo recibe propuestas para la presentación de libros de historia social recientemente publicados (editados entre los años 2016-2017). La aceptación de las propuestas quedará a criterio de los organizadores, que evaluarán la pertinencia de los libros en relación con la temática general del evento. La programación de los eventos se determinará según el número y los tópicos desarrollados.

ALOJAMIENTO

Para facilitar la participación de todos los interesados estamos acordando con el Hotel de I.O.S.E., lugar donde se desarrollará el evento, una tarifa promocional para los asistentes. En una próxima circular informaremos sobre el costo del mismo y acerca de otras alternativas de alojamiento. Este lugar es el mismo en el cual se desarrollaron  las anteriores ediciones de estas jornadas.

Para consultas o dudas con respecto a estas jornadas contactarse con: jhistoriasocial@yahoo.com.ar