sábado, 30 de julio de 2016

La muerte entre los mayas


El mes “xul” equivale a noviembre

Del regreso de Kukulcán al retorno de las ánimas, siempre han creído en la inmortalidad del alma

La muerte, enigma y misterio ante el cual el hombre se ha sentido perplejo y empequeñecido. Crisis a la que el ser humano ha buscado respuesta. Así, en la cultura maya la muerte ha sido considerada como vida después de la vida; convirtiéndose en una continuación de la otra.

Los mayas prehispánicos tenían tres moradas para los muertos: el inframundo, paso obligatorio de las ánimas que eran acechadas y atacadas por espíritus malignos, el otro era un paraíso situado en los cielos; lugar de reposo para muchas personas y, finalmente, una morada celestial a la que iban los guerreros y las mujeres que morían de parto.

Fray Diego de Landa hace referencia a este concepto de inmortalidad del alma, diciendo en su libro Relación de las Cosas de Yucatán, escrito en 1562: … “que estas gentes siempre han creído en la inmortalidad del alma… si eran buenos iban a un lugar muy deleitable, donde ninguna cosa les diese pena y donde hubiese abundancia de comida y de bebida de mucha dulzura, y en un árbol que llaman “yaxché”, muy fresco y de gran sombra que es Ceiba, debajo de cuyas ramas y sombras descansen y holgasen todos siempre…”

Otra referencia a las festividades de noviembre (mes XUL del calendario maya, del 24 de octubre al 9 de noviembre) que hace Diego de Landa, es la celebración que los mayas hacían es el regreso de Kukulcán, que según pensaban se había ido al cielo con los dioses, después que dejó la península de Yucatán.

El día 16 de Xul se juntaban los sacerdotes en Maní. La gente llegaba al templo de Kukulcán, tendían abajo sobre hojas los ídolos, sacaban lumbre nueva y comenzaban a quemar copal y a ofrecer comidas y bebidas de sus habas y pepitas de calabaza.

Decían y tenían muy creído que bajaba Kukulcán el último día y recibía sus ofrendas. Llamaban a esta ceremonia Chicckaban

Acordes con el concepto de muerte y sus costumbre funerarias, los muertos eran amortajados rellenándoles la boca de maíz molido. Colocaban entre los dientes pedazos de jade, obsidiana y granos de cacao para que no les faltara alimento en el camino al cielo

Los mayas tenían en los santuarios de sus casas, estatuas de madera ahuecadas, donde eran depositadas las cenizas de alguna parte del cuerpo de sus muertos que eran reverenciados todos los días de sus fiestas.

EL HANAL PIXAN

Lo anterior ya es una clara referencia en cuanto a los antecedentes de la celebración del día de muertos y sus ofrendas llamada Hanal-Pixán (comida de las ánimas) que aún es celebrado en todo el ámbito de la península de Yucatán.

Según las tradiciones mayas actuales, los días de muertos, es la oportunidad que tienen las ánimas para regresar a la tierra por una semana para disfrutar con sus familiares, recibiendo de los vivos los rezos y comidas durante su estancia terrenal.

Cuando los airecillos fríos del norte aparecen en la calidez de nuestra tierra, ciertos sentimientos de alegría y nostalgia invaden nuestro espíritu… ¡Se aproximan las fiestas de difuntos! Instintivamente volvemos los ojos del alma hacia familiares y amigos difuntos, los cementerios son deshierbados, las tumbas reciben su “manita de gato” y comenzamos con los preparativos para montar el altar de las ofrendas.

Este altar lleno de simbolismo en los que se combinan los cuatro elementos básicos de la vida: agua, aire, tierra y fuego, es preparado a partir del dia 31 de octubre cuando las ánimas de los niños comienzan a llegar; a ellos hay que iluminarles el camino con velas para que no se pierdan en el trayecto y no sean atacados por “espíritus malignos”.

Sus ofrendas están en relación a los gustos infantiles: atole nuevo, chocolate, pibinal o maíz cocido bajo tierra, dulces de calabaza melada, papaya, mazapán de pepita, etcétera, y para divertirse unos simpáticos silbatos de barro, luego vendrán los rezos precedidos por la cruz de madera engalanada de hipil, en el ambiente purificado por los sahumerios de copal, y el chisporroteo de las velas de colores.

Los días 1 y 2 de noviembre llegan las ánimas de los adultos. Parientes y amigos se reúnen en las casas para la preparación de la comida: el mucbiluah o pibil–xpelón, pollo o puerco en chirmole, se colocan los canastos llenos de frutas como la naranja, mandarina, jícama, macal, camote, yuca con miel, tortillas en su “lek” (1) o cigarros “holoch” (2)

Ricuras confeccionadas para las ánimas sin olvidar al ánima sola y ofrecidas a través de los rezos y rituales conocidos como “rezadores de oficio”. A partir de este momento se reparte entre los asistentes el “matán” (3) en obsequio.

Después de esta convivencia en la que se conjuga la vida con la muerte, queda la duda ¿es vida o es muerte la vida?

(1) Jícara semicerrada en la que se mantienen calientes las tortillas

(2) Cigarros hechos con el “holoch”, hoja de maíz

(3) Manjar ofrecido a los muertos pero que en realidad comen los vivos 

Fuente: Planet of Aztecz

viernes, 29 de julio de 2016

Un enigmático personaje en el Congreso de Tucumán

Un Sueco en Buenos Aires

Un informe escrito en francés, redactado en 1817 por el capitán sueco Jean Adam Graaner y dirigido al príncipe heredero Bernardotte, estuvo olvidado durante 130 años en el archivo de la familia real sueca. En sus páginas, este militar contaba sus impresiones sobre el viaje que había realizado al Río de la Plata el año anterior, y el hecho de haber sido testigo privilegiado de la declaración de la independencia, ya que estuvo presente en Tucumán durante aquel trascendental acontecimiento. A mediados de 1940 Axel Paulin, un diplomático sueco, le facilitó a José Luis Busaniche el original, y éste lo tradujo al español. Esta es la historia que Graaner contó.

Cap. Jean Adam Graaner
Podría decirse que en la declaración de la Independencia, en 1816, pasó de todo. Algunos propusieron ser gobernados por un rey inca, otros por Gran Bretaña o a aquellas versiones que hablaban de entregar el país a los portugueses; además, teníamos a un poderoso ejército español a escasos kilómetros de Tucumán, la presión de Artigas en la Banda Oriental y un San Martín que apremiaba por declararnos independientes y así iniciar su gesta libertadora. En medio de ese cocktail, en las sesiones del histórico Congreso, asistió un personaje extranjero, cuyo papel aún está en la nebulosa de las conjeturas. Nos referimos a Jean Adam Graaner, un capitán del ejército de Suecia, que había sido comisionado por el Príncipe Jean Baptiste Bernardotte a visitar estas tierras y presenciar -¿en carácter de espía, veedor, curioso?- los debates que dieron origen a nuestra independencia.

El origen de todo

Cuando Napoleón Bonaparte se enteró que uno de sus lugartenientes, Jean Baptiste Bernadotte, había sido propuesto como príncipe de Suecia y heredero al trono, pensó que era víctima de una broma, y así en un principio lo tomó.  Bernardotte venía de una familia sin alcurnia y su futuro en el ejército no hubiese sido tan promisorio de no haber existido la Revolución Francesa y de no haber cosechado sendos éxitos militares, combatiendo para el Corso. Con el correr de los años, fue distanciándose de Bonaparte y fue por esa época cuando en Suecia encontraron la fórmula perfecta para el intríngulis político institucional que allí atravesaban: nombrarlo príncipe heredero.  

Cuando Bernardotte asumió como príncipe, no hablaba sueco, pero eso no configuraba un impedimento, ya que la aristocracia se manejaba con el idioma francés.  En 1816 comisionó al capitán Jean Adam Graaner a que viaje a América del Sur y sea testigo de los debates y las luchas que allí tenían lugar para lograr la independencia. Los motivos de por qué en Suecia estaban interesados en el movimiento independentista criollo entran en el terreno de las conjeturas históricas, que más adelante desgranaremos.

Quién era Graaner?

Había nacido en Suecia, en 1782, y eligió la carrera militar, alistándose en la marina de su país. Comenzó luchando contra Rusia, en 1808 y 1809, luego contra Napoleón, ganándose los galones en buena ley. Luego de la expedición contra los noruegos, en 1815, fue ascendido a capitán de estado mayor. Pero a vista de sus antecedentes, no era un simple militar. Dominaba varios idiomas, además de la geografía y la historia y quienes lo trataron le reconocieron fuertes dotes para la diplomacia. “Fácil en el trato con personas de todas clases sociales, supo conquistar la amistad de sus numerosas relaciones. Observador rápido y penetrante, demostró vocación para la diplomacia. Su vida accidentada y ambulatoria le había hecho familiar con los viajes, y sabía salvar las dificultades con mucha energía y prudencia. Manejaba la pluma tan bien como la espada y sus diarios y otros apuntes que se conservan revelan eminentes aptitudes de escritor”, escribió en 1947 Axel Paulin, ex encargado de Negocios de Suecia en Buenos Aires y Santiago de Chile.    

Graaner realizó dos viajes a estas tierras, primero en 1816 y luego en 1819. En el primero de ellos, en junio ya estaba viajando hacia Tucumán, con la sola compañía de un asistente sueco. De sus viajes a estas tierras, dejó una memoria escrita en francés, que 130 años después de haber sido redactada, fue hallada en el archivo personal de la familia real sueca. En 1949, José Luis Busaniche tradujo al español el valioso documento. Este artículo se basa en las impresiones allí volcadas por el inquieto Graaner sobre la declaración de la independencia y sobre sus impresiones de los políticos y militares argentinos que tuvo la oportunidad de tratar. 

Las sesiones en Tucumán

Graaner realizó un pormenorizado estudio sobre el Congreso de Tucumán. Además de contabilizar que participaron 32 diputados, destacó que 17 eran doctores en leyes, 10 sacerdotes clérigos, 2 monjes y un militar.  

“Comenzó sus trabajos el congreso con mucho celo, pero dentro de una gran confusión. Con todo, poco a poco los congresistas fueron desarrollando sus ideas. En los discursos alternaban los nombres de Solón, Licurgo, la República de Platón, etc. El Contrato Social, el Espíritu de las Leyes, la constitución inglesa y otras obras de ese género, fueron consultadas y estudiadas, citadas y documentadas con gran entusiasmo por los doctores en leyes, en tanto que los sacerdotes condenaban a los filósofos antiguos como a ciegos paganos y a los escritores modernos como a herejes apóstatas impíos. Es verosímil que los eclesiásticos –muy preponderantes en las primeras sesiones- tuvieran como plan el establecimiento de un gobierno rigurosamente jerárquico, tomando como buen pretexto, que el célebre régimen teocrático de los jesuitas del Paraguay, formado en parte sobre el modelo de los incas, era el más benéficos entre todos los conocidos hasta entonces, pero parecieron olvidar que una hermosa constitución supone costumbres puras e inocentes, igualdad absoluta de fortunads y de condición, renuncia voluntaria a toda ambición de títulos y preferencias exteriores, respeto absoluto por los jefes y por las leyes establecidads, en una palñabra, un número infinito de cualidades y virtudes, de que no solamente los criollos están desprovistos sino quizá todo hombre educado en las delicias y los vicios de la sociedad civilizada”. (capítulo 3. Una segunda asamblea constituyente se reúne en Tucumán) 

Por lo que se lee, Graaner estuvo muy atento a las alternativas de las deliberaciones, a tal punto que transcribió los 17 puntos elaborados por Gazcón, Bustamante y Serrano que los diputados aprobaron por unanimidad en la histórica sesión, y que, en resumidas cuentas, son las siguientes:

En primer término, “un manifiesto que exponga al consideración de las provincias los espantosos males que han causado las divisiones de los pueblos y las revoluciones fraguadas en el ardor de las pasiones (…) un decreto general , que establezca fuertes y rigurosas penas contra todo hombre que baxo de qualquier pretexto en las ciudades, villas, campañas, ó exércitos, quebrante el orden, atente, ó desobedezca a las autoridades”.

Luego, establecer las facultades del Congreso, establecer el manifiesto de la independencia, enviar a diputados a las distintas cortes, así como a la de Roma “para el arreglo de materias eclesiásticas y de religión”.

Asimismo, implementar “pactos generales de las provincias y pueblos de la unión” y “qué forma de gobierno sea más adaptable a nuestro actual estado…”

El documento además establece “un proyecto de constitución”, un “plan de arbitrio permanentes para sostener la guerra” y el “nombramiento de una comisión compuesta de los mejores oficiales del estado para el arreglo de nuestro sistema militar”. 

El documento incluye el “arreglo de la marina”, de “las rentas generales del Estado”, “establecimiento de una nueva casa de moneda en la ciudad de Córdova(sic)”. También se mencionaba el “establecimientos útiles de prosperidad general sobre educación, ciencias y artes, minería, agricultura, dirección y habilitación de caminos”; el “arreglo de magistraturas”, la “demarcación del territorio; creación de ciudades y villas” y el “arreglo de fondos y ramos municipales de cada pueblo”.

Por último, incluía el auto de los fondos del estado y la revisión de lo dispuesto por la anterior asamblea constituyente.  

Graaner relata que a fines de junio, el Congreso comenzó a deliberar sobre la declaración de la independencia, fogoneados por Juan Martín de Pueyrredón. El sueco escribió que “sus miembros publicaron por acta solemne, el 9 de junio, la resolución adoptada de declarar y constituir las nación libre e independiente de Espala del Rey Fernando, de sus sucesores, y de toda potencia extrangera” (sic).

A continuación, describió el ánimo y el espíritu con que se recibió semejante determinación: “Esta declaración fue recibida con el mayor entusiasmo y solamente después de tal acontecimiento ha podido advertirse actividad en las diferentes ramas de la administración de los negocios públicos con la esperanza de ver algún día estas provincias organizadas en cuerpo de nación. Y la razón es muy natural. Los hombres que fluctuaban hasta entonces entre los intereses de la metrópoli y los de la patria, sin osar declararse abiertamente, ni por una ni por otra, se encontraron ahora obligados a decidirse, y de haberse negado a prestar el juramento de independencia, hubieran perdido sus empleos y sus fortunas y habrían sido desterrados”.

“Al mismo tiempo –continúa Graaner- quienes prestaban juramento a la patria, contaban con una muerte segura, si el país volvía a caer bajo la dominación española. En esta situación desesperada, y no obstante la dolorosa, experiencia que se tenía de la inflexible justicia vengativa de los españoles en América, han preferido exponerse a un peligro eventual, antes que sacrificar sus propios intereses, sus fortunas, o sus empleos. Por eso están dispuestos a vencer o morir”. 

Festejos

Según lo cuenta Graaner, fue el 25 de julio el día que en Tucumán se llevaron adelante los festejos por la declaración de la independencia. “Un pueblo innumerable concurrió en estos días a las inmensas llanuras de San Miguel. Más de cinco mil milicianos de la provincia se presentaron a caballo, armados de lanza, sable y algunos con fusiles; todos con las armas originariaas del país, lazos y boleadoras. La descripción de estas últimas me obligaría a ser demasiado minucioso, pero tengo ejemplares en mi poder. Las lágrimas de alegría, los transportes de entusiasmo que se advertían por todas partes, dieron a esta ceremonia un carácter de solemnidad que se intensificó por la idea feliz que tuvieron de reunir al pueblo sobre el mismo campo de batalla donde dos años antes, las tropas del general español Pío Tristán, fueron derrotadas por los patriotas. Allí juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos más precioso, la independencia de la patria”. 

“Todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me esperaba. Después que el gobernador de la provincia dio por terminada la ceremonia, el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional, gobernado por los descendientes (que todavía existen en Cuzco), de la familia imperial de los incas”. 

El militar sueco, más adelante, agregó que entre el 13 y el 15 de septiembre de ese año se celebró en Buenos Aires la jura de la independencia, “con muy lucidas y costosas fiestas que duraron cinco días seguidos, con bailes, espectáculos y corridas de toros, etc, etc”.

Partida

Ya en Buenos Aires, Pueyrredón le entregó a Graaner una carta dirigida a Bernardotte. Fechada el 18 de septiembre de 1816, relata el hecho de haberse declarado independientes, que Graaner había sido testigo de ello y lo invita a entablar relaciones comerciales. Sobre el militar sueco, Pueyrredón agregó que “la conducta del referido Mr. Graaner en este País, ha merecido el aprecio y la distinción de todos estos habitantes, y qe lleve consigo este informe qe le recomiende en la consideración de su augusto Príncipe”.  

Una semana después, Graaner se embarcó hacia Suecia, realizando una escala en Río de Janeiro. En mayo de 1817 estaba nuevamente en Estocolmo y, posiblemente luego de varias charlas con el Príncipe Bernardotte, es que decidió volver a estas tierras, pero en calidad de emisario oficioso. 

Con un background un poco más aceitado, Graaner se movió en el ambiente local con mayor comodidad y familiaridad. Fue un asiduo visitante de la familia Escalada, que tenía su residencia en las actuales calles Perón y San Martín. Cimentó una amistad con Antonio José de Escalada y Sarriá,  suegro del general San Martín y cuyos hijos Manuel y Mariano se habían incorporado al Regimiento de Granaderos. Fue en esa casa en la que conoció al Libertador, quien por entonces ya había derrotado a los realistas en Chacabuco y Maipú. Tuvo la oportunidad de tratarlo y conocerlo, y dejó una semblanza del militar. 

En el invierno de ese año, portando cartas de recomendación de San Martín a O’Higgins y a los gobernadores de San Luis y Mendoza, cruzó a Chile. Así como lo había hecho acá, en el país trasandino enseguida entabló amistad con O’Higgins. Interesado por el negocio minero, el sueco consiguió una concesión para la explotación de un yacimiento. 

De Chile, continuó su periplo desde el Pacífico hacia la India. Sin embargo, fuertes ataques del hígado lo decidieron a regresar a Suecia. A bordo de un barco de bandera inglesa, el 24 de noviembre de 1819, a la altura del Cabo de Buena Esperanza, falleció. Contaba con 37 años.

Axel Paulin, ex Encargado de Negocios de Suecia en Buenos Aires y en Santiago de Chile se preguntó, en 1947, cuáles habrían sido las motivaciones de su compatriota, que lo llevaron a realizar dos viajes al Río de la Plata.

Paulin sostiene que, en las discusiones sobre la forma de gobierno a adoptar, cuando salió el tema de la monarquía, uno de los candidatos que entonces se nombraron fue Bernardotte. Siempre en el marco de las suposiciones, se especuló que Bernardotte podría hacerse cargo en caso de un cambio político en Suecia.

En definitiva, Graaner dejó un valioso testimonio histórico de un hecho trascendental de nuestra vida política, como es la declaración de la independencia. Lamentablemente, murió joven. El que lo sobrevivió fue Bernardotte. Porque, lo que entonces parecía una simple aventura, se convirtió en algo demasiado serio, ya que Bernardotte no sólo dejó a su hijo como rey, sino que en la actualidad el actual monarca de Suecia es descendiente directo. Cuando falleció, luego de 26 años de reinado, se sorprendieron al encontrar en su cuerpo un tatuaje con la leyenda “muera el rey”. Se presume que era de la época de la Revolución Francesa. Pecado de juventud, que le dicen.

Belgrano y los incas

Graaner cuenta algunos detalles interesantes del proyecto del creador de la bandera y su idea de instalar a un rey inca: “Poco después de producida la derrota de Belgrano (…) el general fue enviado a Londres en calidad de comisionado del gobierno de Buenos Aires. Una vez allí y después de cantidad de gestiones inútiles, llenáronle la cabeza con el proyecto de restaurar en América el antiguo trono de los incas (probablemente bajo la protección de los ingleses). Llegó Belgrano al congreso con esta idea, que le preocupaba por entero, precisamente en momentos en que el conreso se ocupaba de la forma de gobierno que podía darse a las provincias, y cyando estaban muy convencidos de las ventajas de una monarquía constitucional o moderada. Algunos de sus miembros se sentían muy inclinados a invitar un príncipe joven de las dinastías que han dejado de reinar en Europa, siempre que el prínciple fuera protegido y secundado por alguna potencia de primer orden. “

“El general Belgrano exageraba un poco estas deliberaciones secretas y logró persuadir a la mayor parte de la Asamblea sobre el restablecimiento del imperio de los incas, proyecto que a primera vista parece noble, examinado en sus detalles, y pensando en los intereses diversos de los habitantes, ofrece infinitos obstáculos y dificultades de que podrían resultar para el país muchas desgracias, guerras civiles y venganzas terribles que debilitarían sus fuerzas, facilitando con ello a los españoles la entrada en el corazón del país, por la desunión y los celos entre indios y criollos”. 

Más adelante, Graaner describe que “los indios están como electrizados con este nuevo proyecto y se juntan en grupos bajo la bandera del sol. Están armándose y se cree que pronto se formará un ejército en el Alto Perú, de Quito a Potosí, Lima y Cuzco. Doña Inés de Azurdui (sic) y Padilla, una hermosa señora de veintiséis años que manda un grupo de rail cuatrocientos indios en la comarca de Chuquisaca, ganó el mes pasado una victoria sobre los realidstas, tomando una bandera y cuatrocientos prisioneros”.  



General San Martín: “Ojos fuertes y penetrantes, como nunca había visto”

Sobre el jefe del Ejército de los Andes, escribió: “San Martín es un hombre de estatura mediana, no muy fuerte, especialmente la parte inferior de su cuerpo, que es más bien débil que robusta. El color del cutis algo moreno con facciones acentuadas y bien formadas. El óvalo de la cara alargado, los ojos grandes, de color castaño, fuertes y penetrantes como nunca he visto. Su peinado, como su manera de ser, en general, se caracterizan por su sencillez y es de apariencia muy militar. Habla mucho y ligero, sin dificultad o aspereza, pero se nota cierta falta de cultura y conocimientos de fondo. Tiene un don innato para realizar planes y combinaciones complicados. Es bastante circunspecto, tal vez desconfiado, prueba de que conoce bien a sus compatriotas. Con los soldados, sabe observa r una conducta franca, sencilla y de camaradería. Con personas de educación superior a la que él posee, observa una actitud reservada y evita comprometerse. Es impaciente y rápido en sus resoluciones”.

“Algo difícil de fiarse en sus promesas, las que muchas veces hace sin intención de cumplir. No aprecia las delicias de una buena mesa y otras comodidades de la vida, pero, por otro lado, le gusta una copa de buen vino. Trabaja mucho, pero en detalles, sin sistema u orden, cosas que son absolutamente necesarias en esta situación recientemente creada. Hay motivos para reprocharle no haber actuado con energía y aprovechado las victorias que sus tropas han ganado en Chacabuco y Maipú. Es difícil juzgar si esto tiene su origen en falta de energía o en intrigas políticas, demasiado complicadas para exponer aquí”.

“Sus costumbre y sus hábitos de vida sencillos, lo han hecho sumamente popular. Espero tener ocasión de conocerlo mejor en Chile”, dejó escrito Graaner.  

El general Rondeau: “Lujo amanerado”

“Al general Rondeau le hice una vista en su campamento cerca de Jujuy, a cuatrocientas treinta y dos leguas de Buenos Aires, en víspera del día en que esperaba ser atacado. Me recibió en su tienda de campaña donde estaba instalado de una manera verdaderamente oriental, con todas las comodidades de un serrallo”.

“Entre multitud de mujeres de todo color, me obsequió con dulces, diciendo que en país tan desvastado y en vísperas de un día de batalla, debía excusarlo si no podía ofrecerme los placeres que pueden encontrarse en un cuartel general en Europa. Chocado yo por la ostentación con que trataba de exhibir su lujo amanerado, le respondí que por el contrario, me sentía muy sorprendido ante todo lo que tenía delante de mi y que recordaba haber visto al libertador de Alemania, general en jefe de ciento veinte mil soldados, la noche precedente a uno de sus días de trcja dl iunfo, acampado sobre el suelo húmedo, al abrigo de un molino de viento y mientras caía una lluvia continua, en la mala estación de un clima muy diferente al del trópico austral”.

“Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el comando de las tropas, se encontró con que cada oficial mantenía una o varias mujeres en el campamento y que el equipaje de un subalterno ocupaba a menudo de treinta a treinta seia muías. Actualmente todo ha cambiado, cantidad de oficiales han sido dados de bajo, las mujeres y las muías de equipaje han desaparecido de la escena; las comedias y los bailes y los juegos de azar han sido desterrados. Todos estos abusos se habían dejado sentir bajo el comando de rondeau, pero en las tropas del severo general San Martín no han sido nunca tolerados”. 

O’Higgins: “Soldado bueno, honrado y franco”

De su paso por Chile, el militar sueco relató que Bernardo O’Higgins “…es hombre de unos treinta y dos años, de estatura mediana, bastante corpulento, con cara redonda y rosada, que poco se asemeha a la de los criollos en general. Su rostro no da la impresión de un carácter firme ni apasionado. O’Higgins de la impresión de ser lo que es, un soldado bueno, honrado y franco. Ama la comodidad, cuando puede gozar de ella, y le repugna toda ocupación en que haya de concentrarse, lo mismo que los problemas complicados. Por eso se deja muchas veces convencer y acepta planes de cuyos propósitos o maquinaciones no se ha dado cuenta muy bien. San Martín ejerce mucha influencia sobre O’Higgins , especialmente porque éste último está muy agradecido a su compañero de armas argentino a quien es deudor de su elevación política actual. Sin embargo, ahora está tratando de independizarse de su compañero de armas argentino con gran descontento de este último”.  

Antonio G. Balcarce: “General que fuma y dormita”

“Al salir de casa de O’Higgins me fui a hacer una vista al general Balcarce, jefe militar interino que tuve ocasión de conocer hace dos años en Buenos Aires siendo él Director interino. Este general, a pesar de su juventud, es un jefe lerdo, ‘borne’ y sin energía, cuyo mérito principal consiste en haber ganado la primera batalla sobre los españoles en la primera campaña de 1810, en Tarija. (Suipacha). Y basta de comentarios sobre este general que fuma y dormita…” 

Tomás Guido: “Debutante diplomático”

“…este hombre no tiene otra cosa de notable que ser un ‘debutante’ diplomático de un Estado nuevo en un Mundo nuevo. (…) Es, literalmente, hombre pequeño, grave, cortés y ceremonioso con una expresión de rostro entre mística y diplomática. Habla con voz muy apagada y cercando, hace largas pausas, ‘soigné’ y prevenido a veces, en tono de misterio y con frecuencia en tono confidencial. En ocasiones parece advertir que se ha descuidado y se detiene en mitad de la frase. Estoy seguro de que podría contar mucho, si quisiera, y si no tuviera temor en hacerlo. También aparenta no tener conocimiento de cosas que todo el mundo sabe y de que él asimismo está informado, y habla confidencialmente sobre asuntos que uno saber perfectamente bien que el no conoce sino de manera muy superficial”. 

Jean-Baptiste Bernadotte

Nació en 1764, en Pau, un poblado del suroeste francés, cercano a los Pirineos. De una familia de escasos recursos, se enroló en el ejército en 1780, tras la muerte de su padre, y obtuvo importantes triunfos en nombre de la Revolución Francesa, lo que posibilitó llegar a ser general de brigada en 1794 en la batalla de Fleurus. Tres años más tarde, participó de la campaña napoleónica de Italia. A su regreso, se casó con Desirée Clary, hermana de la esposa de José Bonaparte, futuro rey de España. Por un par de meses, tuvo un fugaz desempeño como embajador en Viena.

Cuando Napoleón tomó el poder en 1799, fue nombrado Mariscal de Francia y posteriormente gobernador de Hanover entre 1804 y 1805. Si bien estaba respaldado por sus victorias militares en sendas batallas contra los rusos, ingleses y prusianos, las diferencias que por años mantuvo con Napoleón provocaron que éste lo despojara de todos sus cargos en 1809.

La sorpresa devino en 1810 cuando fue propuesto como sucesor del rey Carlos XIII de Suecia. Como este monarca carecía de descendencia, y estaba obligado a designar un sucesor fuera del país, eligió a Bernardotte quizá para tener una relación amistosa con la Francia de Napoleón. Otra versión indica que el rey estaba agradecido a Bernardotte por el trato que les brindó a los prisioneros suecos, cuando los derrotó  en 1809.

A pesar de comenzar como un hecho un tanto inverosímil, Bernardotte aceptó y se instaló en Suecia como príncipe heredero. Renunció a su nacionalidad francesa, adoptó la sueca y se convirtió al protestantismo. Tan en serio se tomó su papel que luchó contra sus compañeros de armas, participó en la batalla de Leipzig en 1813 e hizo que Suecia integrase la coalición que en 1815 derrotaría al imperio napoleónico. Hasta entró victorioso en París al frente de las tropas suecas. Su prestigio hizo que hasta ciertos políticos quisieran promoverlo como sucesor de Bonaparte.
Su movida política obtendría sus frutos, ya que consiguió que en el Congreso de Viena, Suecia obtuviera la anexión de Noruega. Cuando Carlos XIII falleció, Bernadotte fue coronado el 5 de febrero de 1818 como Carlos XIV. Murió el 8 de marzo de 1844. La dinastía que con él comenzó continúa reinando el país.

Por Adrián Pignatelli 

El presente trabajo fue elaborado en base al libro “Las provincias del Río de la Plata en 1816”, que es la memoria que Jean Adam Graaner escribió y que José Luis Busaniche tradujo. En las citas, sólo se hace referencia al capítulo correspondiente de donde pertenece el texto.
Ver recuadro Jean Baptiste Bernardotte
Las provincias del Río de la Plata – Juan Adan Graaner (Agente Sueco) 1782-1819
Capítulo 3: Una segunda asamblea constituyente se reúne en Tucumán
Capítulo 3
Capítulo 3
Capítulo 3
Apéndice
Ver recuadro San Martín
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice
Apéndice


Fuente: Revista Todo es Historia Nº 587 - Julio 2016

Cusanza

Apellido de origen castellano.

Fray Alonso de Cusanza (? - c. 1440) fue un religioso dominico castellano, provincial de España de su orden, prior del monasterio de Santo Domingo de Rivadavia, confesor de Enrique III de Castilla, Obispo de Salamanca, de Orense y de León.

Luis Barba y su mujer Isabel de Cusanza vivieron a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, poseían una casa en la ciudad de León, cerca de San Isidoro.

Las de Isabel de Cusanza, hija de Juan de León, del linaje de Cusanza: Escudo jironado de ocho piezas, cuatro de plata y cuatro de sable; sobre el todo, una cruz flordelisada del uno en el otro (armas de la orden de los Predicadores, conocida también como orden de los Dominicos o Dominicana). Bordura de gules, con ocho castillos de oro.

Fuente: Blasones Hispanos

jueves, 28 de julio de 2016

Descubren sistema de canales bajo el Templo de las Inscripciones de Palenque de 1300 años de antigüedad

El antropólogo Diego Prieto, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el doctor Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología de esa misma institución, comentaron que si bien el Templo de las Inscripciones y su cámara funeraria han sido estudiados por la arqueología desde la mitad del siglo XX, el hallazgo de este sistema hidráulico subterráneo demuestra que la investigación sobre la edificación más representativa de esta zona arqueológica de Chiapas, parte ahora de nuevos cimientos.



Arnoldo González indicó a los medios de comunicación que con este descubrimiento cambia la tesis original del arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier acerca de que la cámara funeraria de Pakal II, la cual descubrió en 1952, sería el punto de partida de los nueve cuerpos que componen el Templo de las Inscripciones. Ahora la evidencia sustenta que su centro debió estar dado por la existencia de un manantial.

La compleja red de canales, dispuestas a diferentes niveles y orientaciones, debió ser diseñada “mucho antes que se proyectara la pirámide misma, en las primeras décadas del siglo VII de nuestra era”. El origen de esta corriente de agua, la cual aún fluye por el canal principal, “fue el punto de partida desde el cual se erigió el edificio y cuyo fin era asociar a Pakal II, el gran señor de Palenque, con estos acuíferos”.

Para Arnoldo González, no cabe duda de que K’nich Janaab’ Pakal fue el sabio que proyectó este plan arquitectónico, porque fue durante su reinado (615-683 d.C.) cuando comenzó la construcción del Templo de las Inscripciones, una edificación funeraria que concluiría su primogénito, K’nich Kan B’ahlam, en el lapso que duró en el trono de Lakamha’, “Lugar de las Grandes Aguas” –nombre original de la ciudad maya–, entre los años 683 y 702 d.C.



El investigador del INAH, quien descubriera en 1994 el sarcófago de la Reina Roja, explicó que el descubrimiento en el subsuelo del Templo de las Inscripciones se dio como un hecho fortuito dentro de los trabajos de conservación arquitectónica del mismo, al realizar una serie de pozos de sondeo al pie de su fachada principal a fin de ubicar el desplante de la escalinata y las alfardas que la limitan.

Dichas labores permitieron determinar que tales elementos arquitectónicos se asientan sobre la roca madre, sin embargo, al ampliar la excavación se observó que ésta presentaba un corte en su parte central y una serie de rellenos (de 3.75 m de ancho). El primero, al pie de la escalinata, presentó grandes rocas acomodadas y amarradas con arcilla que aparentaban un piso; seguido de éste hubo otro estrato de piedras muy gruesas, asentadas y unidas también con barro.

La tercera y cuarta capa guardaron semejanza con las anteriores. Debajo de ese estrato se encontró un canal.

“El hecho de que estas piedras estén niveladas y ajustadas, prolongándose bajo el primer escalón del templo y que el ancho del corte coincida con el de la pared norte de la cámara funeraria es muy llamativo. Hemos confirmado que los cuatro estratos de piedra detectados al pie del templo, se ajustan en número y características a los descubiertos bajo la cámara funeraria a través de los cárcamos que se localizan en su parte norte”.

El canal, detalló el arqueólogo, está construido mediante hileras horizontales de grandes piedras talladas, unidas con rajuelas y arcilla plástica. Estas piedras están cubiertas con otras de mayor tamaño dispuestas en forma paralela a modo de techumbre. El conducto es casi cuadrado (50 x 40 cm), su piso es de roca caliza tallada y tiene una longitud aproximada de 17 m. Al momento de su descubrimiento se observó que el agua aún sigue su curso.

El sistema hidráulico tiene dirección norte-sur, lo que permite drenar el Templo de las Inscripciones, a 2. 70 m de profundidad, hacia la plaza que está frente a él, en sentido noroeste. Al sur, bajo el edificio, el canal principal sigue una línea recta que se ensancha hasta llegar a nueve metros, y forma una especie de vertedero, de 80 x 90 x 60 cm.

El arqueólogo precisó que en el extremo sureste de dicho vertedero está la desembocadura de un segundo canal, de 40 x 20 cm, que corre paralelo al primero pero a un nivel más alto (20 cm por encima) y cuyas aguas se unen al canal principal.

El trayecto del conducto principal continúa al suroeste. Sobresale a unos tres metros otra abertura cuadrada de 20 x 20 cm, situada en la parte superior de la cubierta, su fondo se amplía y corre casi equidistante a la vía principal.

El canal principal se prolonga cinco metros más, “pero debido a lo estrecho que se vuelve en ese punto fue imposible determinar su origen”, refirió el investigador del Centro INAH Chiapas.

La exploración previa del sistema hidráulico se hizo con cámaras de video adaptadas a un par de pequeños vehículos, y con la colaboración del arqueólogo Miguel Ángel Vázquez y del trabajador Hernán Peñate, quienes se introdujeron varios metros en él.

De momento, a falta de una tecnología que permita un reconocimiento minucioso, se desconoce el origen del sistema de canales, aunque es posible que el conducto principal desemboque al norte, donde se ubican las estructuras arquitectónicas del denominado Grupo J, y que parte de sus aguas alimenten al arroyo Bernasconi.

El director del Proyecto Arqueológico Palenque consideró que el diseño de los canales pudo determinarse como una forma de drenar el agua pluvial proveniente de las terrazas que forman el Templo XXIV, ubicado al sur de la pirámide.

Sin embargo, la hipótesis más sólida es aquella relacionada con la existencia de un manantial sobre el que fue construido la tumba de Pakal II y cuyas aguas fueron canalizadas por esa vía. Dicha teoría se sustenta tanto en los datos arqueológicos, como en las menciones en la epigrafía e iconografía maya sobre Palenque y otros sitios donde el entierro de personajes se asoció a la presencia de cuerpos de agua.

Para Arnoldo González, estos hallazgos generan más preguntas que respuestas. Por ello –concluyó– espera continuar la exploración con medios tecnológicos, como el georradar, que confirmen la existencia de éstos o inclusive más canales y conocer mejor su origen y configuración.

sábado, 16 de julio de 2016

Un olvidado Conquistador de la Nueva España: Francisco Flores, Conquistador de Oaxaca y la proyección de su descendencia en Quito

Autor: Hernán Sevilla M.
Ponencia presentada en la Sociedad Amigos de la Genealogía
Sesión del 15 de julio de 2016
Quito
A Horacio Torres,
cuyas conquistas
vuelven realidad
la esperanza.

El lugar de Encinasola es una pequeña villa enclavada en la Sierra Norte de Huelva a 428 msnm, casi en el límite con Extremadura y Portugal. Está regada por los ríos Múrtigas y Sillo, y presenta un clima mediterráneo-continental agradablemente templado, con inviernos fríos y veranos calurosos. A fines del siglo XVI contaba con no más de 700 vecinos, una parroquia y un convento1. Las actividades productivas fundamentales eran la caza, la cría de ganado porcino, el cultivo de algunos olivares y el sembrío de trigo2. En este, hasta ahora sencillo poblado, nació a fines del siglo XV Francisco de Flores y Alonso, hijo de Juan de Flores y María Alonso.

Con seguridad estuvo emparentado con Ramiro Flores, vecino y escribano público de Encinasola, y Alcaide del castillo de la villa entre 1403 y 1406.

De joven aventurero a soldado de Hernán Cortés

La primera noticia que de él tenemos está fechada en 1510 en el listado de pasajeros a Indias:
“124.-.Francisco Flores, hijo de Juan de Flores y de María Alonso, vecinos de Encinasola, de la sierra de Frege nal .-19 Octubre . 1-34”.

Pasó a Indias con rumbo a La Española en 1510. Pensaríamos que tuviera entre dieciocho y veintidós años, lo que marcaría su nacimiento entre 1488 y 1492. Seguramente poco antes pasó su hermano Rodrigo Alonso5, vecino de la isla de Jamaica donde era hacendado, y quien contribuyó con vacas y cerdos para la conquista de México, según propia declaración de Francisco.

De Santo Domingo pasó a la conquista de Cuba, a órdenes de Diego de Velásquez donde estuvo entre 1511 y 1519. Diego de Velásquez había llegado a Jamaica en el segundo viaje de Colón (fines de 1493) y en los siguientes diecisiete años logró relacionarse muy bien con Bartolomé Colón, el Gobernador Nicolás de Ovando y su sucesor Nicolás de Bobadilla. Uno de los 300 hombres que partieron de La Española a Cuba fue Francisco Flores, y estuvo en la fundación de la primera villa en Cuba, llamada Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

Hernán Cortés había participado también en la pacificación de la isla Juana (como se llamó inicialmente a Cuba), y fue nombrado por Velásquez, a la sazón Gobernador de la isla, como Alcalde de Santiago de Cuba. En los planes de Velásquez estaba la exploración de Yucatán, y para ello había organizado sendas expediciones al mando de Francisco Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Para la tercera pensó en Cortés, no sin reparos pues ya años antes éste había sido acusado de sublevarse contra Velásquez, pero al poco las cosas se calmaron al punto que Cortés se casó con la hermana del Gobernador.
Cortés sin demora, y anticipándose a la poca voluntad que le tenía el Gobernador, organizó la expedición y a fines de 1518 salió de Santiago de Cuba, rodeando las costas para abastecerse. Finalmente la expedición de Cortés pudo dejar la isla y salió hacia la costa continental el 18 de febrero de 1519. En el interin con seguridad pasó por Jamaica donde Rodrigo Alonso, el hermano de Francisco Flores, le proveyó de cerdos para el viaje.
Tenía una flota de 11 barcos, contaba con más de 600 españoles, que servían como soldados, arcabuceros, ballesteros y marinos, en su mayoría andaluces y extremeños, y varios centenares de indios cubanos. Les acompañaban dos sacerdotes, fray Juan Díaz y Fray Bartolomé de Olmedo. Levaban 16 caballos y muchos perros.
Bernal Díaz del Castillo al señalar quiénes pasaron a México con el Capitán don Hernando Cortés, escuetamente consigna:
“Y Francisco Flores pasó asimismo, que fue vecino de Guaxaca, persona muy noble, murió de su muerte”.

Aunque algunos señalan que Flores llegó a México en las tropas de Pánfilo de Narváez y que luego se unió al bando de Cortés, la información de Bernal Díaz del Castillo7 es válida pues como veremos ambos personajes actuaron juntos desde temprano en las tierras de la Nueva España. Y el mismo Flores así lo señalará cuando actúe como testigo en el juicio de residencia instituido contra Hernán Cortés en 1534.

Ahora bien, Flores no partió con Cortés de inicio sino que permaneció en Santiago de Cuba con Francisco Saucedo, partiendo con este en la última embarcación, que llegó a San Juan de Ulúa y luego al puerto de Veracruz a principios de junio de 1519. Saucedo llevaba a Cortés noticias que le preocuparon sobremanera, pues Diego de Velásquez había sido autorizado –él si- a la conquista de Yucatán a título de Adelantado. Los temores de Cortés se fundaban en que Velásquez le había facultado a explorar, mas no a conquistar ni hacer fundaciones. Es por esto que decidió fundar la Villa Rica de la Vera Cruz el 22 de abril 1519. Organizado el Cabildo a mediados de mayo, ante éste renunció Cortés a sus cargos dependientes de Velásquez, y el mismo Cabildo le nombró Capitán General y Justicia Mayor, iniciando así su empresa de conquista y poblamiento, y enviando a España a los alcaldes ordinarios Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo como procuradores para conseguir la confirmación real. Es de anotar que en este Cabildo actuó Pedro de Alvarado como uno de los cuatro regidores, al menos hasta inicios de agosto del año 1519.

Flores fue uno de los firmantes del Pedimento del 20 de junio de 1519, en que el Cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz, los hombres de la armada de Cortés y los vecinos de la recién nacida población ratifican su apoyo irrestricto a Cortés, pidiendo además sea nombrado Conquistador, Capitán General y Justicia Mayor, se le dé la facultad de entregar encomiendas perpetuas –cosa inusual en la conquista-, y se impida a Diego de Velásquez cualquier acción en contrario8. Este es el primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españoles, descubierto en el Archivo de Indias en 1989 por el maestro Alfonso Martínez Cabral, Académico de la Historia de México. Constan en el instrumento 314 firmas, entre ellas la de Francisco Flores y curiosamente la del cronista-conquistador Bernal Díaz del Castillo.

¿Qué movía a Cortés a una aventura tan arriesgada, no solo para él sino para quienes le seguían? ¿Fue un ego sobresaliente o la oportunidad propicia de un visionario? Es indudable el genio personal del Conquistador, sin olvidar las circunstancias y el contexto: la fase antillana de la conquista estaba llegando a su fin por dos motivos concomitantes que eran “la catastrófica despoblación indígena, que, junto al agotamiento de los yacimientos de oro, provocó una despoblación española (pues los españoles se iban a otras islas y de regreso a España), poniendo en riesgo el dominio español de las Indias”.

El 8 de agosto inició la marcha hacia Tenochtitlán en busca del gran Moctezuma. En el recorrido, Cortés logró alianzas con totonacas y cempoaleses. En la primera semana de noviembre de 1519 arribaron las tropas de Cortés a Tenochtitlán y el 14 del mismo mes se produjo la prisión de Moctezuma. Durante este secuestro, el mismo Flores acompañó en algunas ocasiones a Cortés a visitar al Tlatoani. Relata Flores que en estas entrevistas, Cortés le hablaba de las grandezas y del poderío del Emperador español, y que Moctezuma respondía que por tradiciones de sus antepasados sabía que habría de llegar un día en que estas tierras fueran “sojuzgadas mandadas e gobernadas de un gran señor que estaba en la parte donde salía el sol”.

El mismo Flores fue uno de los que bajo mandato de Cortés ingresaron a los lugares ceremoniales donde estaban los ídolos de los indígenas y comenzaron a quitar los ídolos y destruirlos, y reemplazarlos con imágenes de La Virgen y de Jesucristo.

Ante la llegada de Pánfilo de Narváez, el enviado de Velásquez para castigar a los rebeldes españoles, Cortés dejó Tenochtitlán enrumbándose a Campoala el 10 de mayo de 1520 a enfrentarle, y lo logró dieciocho días después. Dejó en la capital de los mexicas como su lugarteniente a Pedro de Alvarado, quien no supo hacer frente a la inquietud de los indios. Alvarado, temeroso de una sublevación de los nativos, aprovechó una celebración religiosa –la fiesta de Toxcatl- y ordenó una matanza el 15 de mayo, la “Matanza del Templo Mayor”. Regresando Cortés el 24 de junio, y siendo imposible la pacificación con los indígenas que les tenían sitiados, decidió la retirada de la ciudad por la situación insostenible, pues los mismos indígenas habían matado de pedradas a Moctezuma cuando éste había intentado calmarlos.

La noche del 30 de junio al 1 de julio, los españoles sigilosamente abandonaron Tenochtitlán, pero fueron descubiertos y los indígenas atacaron a matar en las calzadas y desde las canoas. Desde la plaza salió a caballo Cortés, seguido de Alvarado, y “Francisco Flores, que iba en la capitanía de Alvarado, quedó en la rezaga con treinta de caballo; fué de los postreros en pasar el puente, y no vido á Alvarado hasta que llegaron donde estaba Cortés”. Se encontraron en el llamado “Puente de la Matanza”.

La conquista de Oaxaca. Amistad y parentesco con Pedro de Alvarado

Vencido el imperio azteca llegaron las glorias para Flores. La conquista de Oaxaca se dio en 1521, resultando relativamente pacífica. Francisco Flores y Diego de Coria estuvieron al mando de la invasión de los chontales de Oaxaca (la invasión de la costa del Pacífico y el sometimiento de las poblaciones desde la costa hacia el interior), con todo éxito.

Enseguida, la región baja de los mixtecas, llamada Tecomaxtlahuaca, le fue otorgada en encomienda a Flores.

En 1522, por mandato de Cortés, Francisco de Flores pasó con Pedro de Alvarado a la región de Huaxyacac (Oaxaca), que había sido pacificada un año antes, para disuadir a Francisco de Garay de la ocupación de esos territorios, pues en el proyecto de Cortés estaba ya la conquista de las tierras del sur de México, es decir avanzar en campaña de descubrimiento y conquista hacia lo que hoy es Guatemala y El Salvador. En efecto, Alvarado y Flores con sus hombres llegaron a la región de Panuco, lograron disuadir a Garay y pacificaron las tierras de Tututepec.

Los aztecas llamaba a Alvarado “Tonatiuh”, que quiere decir “el hijo del sol”, por sus cabellos rubios. Flores partió hacia el sur con Alvarado el 6 de diciembre de 1523 con un ejército de unos 300 hombres, la mitad a caballo y el resto escopeteros y fusileros. Les acompañaba un millar de indios tlaxclatecas, cholutecas y mexicas. Flores señala que en la Batalla del Pinar en febrero de 1524 estuvo en la entrada a Utlatán, y que Alvarado castigó duramente “a los señores de Utatlán, llamados Oxib-Quieh y Belejeb-Tzi, porque estos tramaban la perdición de los españoles y que perdonó a Tepepulpor que fue éste quien le dio a conocer o le revelo las intenciones de los dos jefes o señores de los quichés”. Luego de una recia campaña, fundó finalmente la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el 25 de julio de 1524. Francisco Flores estuvo presente en dicha fundación.
Eventualmente Francisco de Flores regresó a México y obtuvo de Cortés –que desde el 15 de octubre de 1522 era Gobernador y Capitán General de México por gracia del Rey- como merced el Señorío de Iguala, en el actual Estado de Guerrero, relativamente cerca de las tierras de Cortés en Cuernavaca, donde éste se retiraría en su decadencia política hacia 1526.

La región de Iguala habría de ser conquistada por las fuerzas de Cortés entre 1521 y 1522. Podríamos pensar que el mismo Flores lideró esta pacificación, pues fue el primer encomendero de la zona. Para pesar de Flores, el territorio de Iguala regresaría a poder de la Corona en 1536 al anularse el Señorío que recibió años atrás, para limitar el poder de los encomenderos y dar paso al Corregimiento de Iguala.

Flores se asentó en Antequera (Oaxaca de Juárez), junto con Cortés. En dicha ciudad las casas de Flores estaban sobre las casas del Tlacatecutli, el cacique de Oaxaca. Antes había residido en casa de un indio llamado Peola, y a través de éste se servía de los indios de Zoquitlán quienes le construyeron su casa. En esta casa de Oaxaca residiría luego su viuda y sus hijos.
El viernes 20 de setiembre de 1527 fue recibido por el Cabildo como vecino de la ciudad de para gozar de las libertades y exenciones de ella y se le otorgó también un solar. En los registros del Cabido consta como vecino de la ciudad de Santiago de Guatemala un Francisco Flores en inscripción del 6 de julio de 1528.
Mientras esto sucedía, su amigo y antiguo capitán Pedro de Alvarado estaba en la Corte del Emperador Carlos recibiendo los títulos y facultades de Adelantado, Gobernador y Capitán General de Guatemala.

El 14 de abril de 1529 actuó como testigo en el proceso que contra Pedro de Alvarado había iniciado Nuño de Guzmán, respondiendo favorablemente en beneficio de su amigo, pero tratando de no faltar a la verdad: “lo oyó dezir pero que lo non sabe” es frase de respuesta recurrente en la treintena de preguntas.
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Descargar el Trabajo Completo con referencias y bibliografía: El Conquistador Francisco Flores

viernes, 15 de julio de 2016

El Gral. Manuel Eduardo Arias

Extracto del libro Calles de mi Ciudad de Felix Infante

El coronel, don Manuel Eduardo Arias, nació en el pueblo de Humahuaca. Su padre, don Francisco Arias Rengel, era nieto de guerreros y conquistador del Gran Chaco. Su madre, una mujer de pueblo, apodada la Coya. Esto es todo lo que sabemos por los datos biográficos que sobre él nos da el historiador salteño, don Bernardo Frías, en su obra tan importante que tituló “Historia de Güemes y de la provincia de Salta”.

Ya joven, recorría los abruptos senderos, entre valles y cerros, por San Andrés ―su hacienda en el Valle― y su casa humahuaqueña. En este continuo marchar a caballo, Arias se hizo un gaucho de todas veras, un insigne jinete, cuya simpatía sobresalía sobre los habitantes de tan vasta región.
Incorporado a las fuerzas combativas, pronto fue tomando el ascendiente militar que lo llevaría al lugar de privilegio que su inteligencia, arrojo y capacidad le depararían en las filas del ejército y, de manera preferente, en la guerra de recursos, llevada a cabo con tanta genialidad por Güemes. Él fue su Jefe de Vanguardia, su lanza de choque.

Infinidad de entreveros y combates lo hacen célebre en este tremendo año de 1817, cuando el más poderoso ejército español invade, trayendo a su frente nada menos que al general La Serna, vencedor de Napoleón en España. Pero los hombres, como la tierra toda, supieron encontrar en su aparente debilidad y flaqueza militar, la indómita fuerza indispensable para arrojar al invasor. Por ello fueron más de cien los combates. Y Arias obtiene, un primero de marzo en Humahuaca, el más puro laurel de su cadena de triunfos. Huacalera, Tilcara, Maimara, Hornillos; son otros donde la sangre de un puñado de héroes se derrama sin alardes.

En la guerra de recursos, tal vez tan importante como la otra, campea como un habilísimo estratega, que sorprende y quita cuanta vitualla pretende llevar para sí el invasor. Son miles y miles de cabezas de ganado ―ovejas, cabras, vacas, llamas y hasta burros― los que con singular pericia logra arrebatar al enemigo, dejándolo sin lo necesario para llevar adelante sus planes de invasión y predispuestos a las peores contingencias por falta de raciones de boca.

Arias es un jujeño leal a su terruño. En esto no ha de transigir jamás. Por ello en años venideros, estarán en conflictos con Güemes, como lo estuvieron jujeños ilustres, como Dávila, Soria, Iriarte, Portal, Sánchez de Bustamante, Mena y otros. Más tarde la lucha sería contra el general Gorriti, gobernador de Salta, y por iguales principios autonómicos que los sindicarían como un rebelde y hasta ―algunos salteños lo afirman― traidor. ¿Traidor un hombre que luchó denodadamente por la libertad de su patria y que le dio, entre otros triunfos importantes, nada menos que el de la batalla de Humahuaca? Todo se debe a una cuestión político-militar.

La clase “pensante” de Salta, Tarija y Jujuy, como la de Tucumán, veían en el general Güemes a un caudillo que arremetía ―es claro que por razones de la propia guerra― contra sus intereses de dueños de fincas que no les permitían trabajarlas por carencia de la mano de obra, ya que los arrenderos y la peonada era seguidora incondicional de Güemes, ya que éste les había asegurado, mediante decreto compulsivo, la propiedad de las tierras que trabajaban, no interesaba quién fuera el dueño real de las mismas. Los hombres de la llamada sociedad se sintieron tremendamente afectados. Además, y a cada rato, se les exigía “contribuciones forzosas” en dinero y que venía a hacer más odioso el gobierno de Güemes que, según ellos, no paraba en medios para perjudicarlos y hasta sumirlos en la ruina. Contra él, una conspiración tomó cuerpo. Estaban en ella figuras trascendentes de la sociedad salteña y jujeña. Y hasta las pasiones llegaron a tal punto que se trató de asesinar al Caudillo. Como mano ejecutora se lo compró a uno de los más allegados a Güemes y que contaba con toda su confianza, al extremo de que entraba y salía libremente por su casa. Se lo conocía por el apodo de “Panana”. Entre los comprometidos en Jujuy estaban, nada menos, que Arias y don Pablo Soria. El proyecto “abortó” justo en el instante de su ejecución, por la presencia imperturbable de Güemes. Llevado a presidio Panana, se lo hizo “cantar”. Así se pudo saber quiénes estaban más comprometidos o eran los dirigentes en la revolución. Los nombres de Arias y Soria eran los más comprometidos. Y se los sentenció a la última pena. Pero Güemes, en atención a los grandes servicios que ambos habían prestado a la patria, se mostró humanitario y conmutó las penas. Destierro al Tucumán, al primero. Una gran multa y destierro a las fronteras del Chaco, al segundo.

El gobernador tucumano, adversario político y personal de Güemes, lo recibió al coronel Arias con todos los honores del caso y, conociendo sus grandes dotes militares, le dio el comando de las tropas que, precisamente en esos momentos, iniciaban la guerra declarada entre Tucumán y Salta. Y allí se demostró la capacidad militar de Arias que venció a Güemes en los encuentros de Trancas, Acequiones y Rincón de Marlopa. Éstos deben ser, seguramente, los motivos para calificar de traidor al coronel Arias. A mi juicio, y luego de estudiar, exhaustivamente, la documentación existente en archivos y obras consultadas, no hay otra.

Vuelto a su tierra jujeña, luego de la muerte de Güemes y no habiendo ya causas para su confinamiento en las fronteras tucumanas, Arias ―amigo y compañero de don Agustín Dávila en la Guerra Grande y en la actualidad en la gobernación jujeña dependiente de Salta, desde fines del siglo anterior―, se ve envuelto en un nuevo conflicto por las arbitrariedades reiteradas del gobernador salteño, doctor y general, don José Ignacio de Gorriti, hermano del Canónigo, pero de tendencias absolutamente contrarias; marcha desde Humahuaca a Orán, con el propósito de reunir fuerzas y frente a ellas, agregando tropas puneñas y quebradeñas, invadir Salta, vencer a Gorriti y lograr la autonomía política de Jujuy. Con este designio ―y desoyendo consejos de su amigo y compadre el coronel Pastor, jefe de Humahuaca― marcha a caballo hacia el Zenta y por la quebrada de Calete. Es nomás cierto que la gente está “alzada” contra él, por cuestiones de arriendos que no quieren pagarle aleccionados por las promesas anteriores de pasar a ser dueños, desde los tiempo del general Güemes. Así llega a Cianzo, un pequeño villorrio en las alturas. No hay nadie. En el camino se encuentra con otro compadre, Velázquez, que lo pone al tanto de la situación en su contra. Arias no lo quiere cree, dado que toda la gente de esos lugares habían sido sus amigos y hasta combatido bajo su mando en tantísimos encuentros contra los españoles. El jefe de los amotinados es un tal Mariano Abán. Sin mayores problemas pasaron el inmenso cerro de Zenta y llegan a San Andrés al anochecer, alojándose en casa de Velázquez. Estaban saboreando unos mates, cuando desde el exterior, ya en plena oscuridad, llegan unos ruidos extraños. Es indudable que se trata de gente armada y que no son amigos. Las voces airadas así lo ponen en evidencia. Cierran puertas y ventanas con pesadas trancas y se aprestan a la lucha. No queda otro recurso. Pronto se oyen disparos de armas contra la casa. Y los gritos de Abán, pidiendo la rendición incondicional. Hay algunas armas para la defensa, y Arias y Velázquez las empuñan. Los de afuera han de ser muchos, calculan; mas no importa. La superioridad numérica, no los acoquina. Por el contrario, se sienten con el valor suficiente para demostrarles que no son unos cobardes y que no se entregarán. Hacen fuego por unas rendijas de la casa. Se escuchan algunos ayes, que demuestran que se ha dado en los cuerpos de los asaltantes. Pasan los minutos y también las horas. Entonces, Abán cambia de táctica. Es preciso obligarlos a salir. Para ello prende fuego al techo de la casa ―palos, cañas y torta de barro― que en un instante arde por los cuatro costados. Viendo que la cumbrera es una masa de fuego y que amenaza caer, no les queda otro recurso que abandonar lo que había sido su refugio. Abán, armado de un pesado garrote, espera tras la puerta, y en el instante que se abre para dar paso a los hombres, con todas sus fuerzas golpea la cabeza de Arias que, con el tremendo golpe, cae hacia atrás, junto a la cumbrera que se desprende y arde sobre su cuerpo toda la noche. Es el 16 de junio de 1822. Así concluyó la vida de esta gloria de Jujuy.

Manuel Eduardo Arias, en espíritu, seguirá como Jefe de Vanguardia, recorriendo altivo en su brioso 
caballo de pelea y a la cabeza de sus gauchos de San Andrés, Iruya y Humahuaca, los caminos polvorientos de la Quebrada, de la Puna y de los Valles. Allí lo verán pasar enhiesto, avizorando lejanías de libertad para su pueblo. Sable en mano, entre huaicos y laderas, entre montes y cañadas, entre el ruido fragoroso de cien cascos de batalla y entre el estrépito infernal del batir de guardamontes. Lo verán desde el Zenta majestuoso, dominando las abras a lo lejos, el cuerpo hecho roca también, firme en la defensa del solar nativo, eterno en el impulso de luchar. Y esa será, por siempre, la estatua colosal levantada a su memoria ¡!...

Fuente: Historia de Jujuy

domingo, 10 de julio de 2016

600 fotos del siglo XIX sin identificar

Este álbum o libro de trabajo, contiene 103 páginas y 600 retratos de estudio a la albúmina.


Como álbum de trabajo llama la atención la ausencia absoluta de referencias con relación a los retratados; lamentablemente ninguna fotografía se encuentra identificada. Sin sus nombres y apellidos, sin el registro numérico que remita a mayores informaciones, centenares de damas, caballeros y niños perdieron definitivamente su identidad al conformarse este especial álbum del siglo XIX.

Sin embargo, la principal característica de este libro de trabajo y que permite reconstruir perfectamente la trayectoria comercial de los socios Benitez y Pagés entre los años 1871 a 1876, es la preocupación de encabezar cada página escribiendo el nombre de la localidad, provincia y país, con 
la fecha de sus arribos y partidas.

Gracias a esas anotaciones manuscritas podemos comprobar el derrotero de estos pioneros fotográficos, especializados en regentear esporádicos estudios fotográficos en localidades del interior del país, ahora sabemos que trabajaron durante un lustro ininterrumpido en las provincias de Buenos Aires (Buenos Aires y San Fernando), Entre Rios (Diamante y La Paz), Corrientes (Esquina y Goya), Santa Fe (Santa Fe) y en la República Oriental del Uruguay (Porongos, Mercedes y Nueva Palmira).


sábado, 9 de julio de 2016

Carta de José de San Martín a Tomás Godoy Cruz

CARTA DE JOSÉ DE SAN MARTÍN A TOMÁS GODOY CRUZ, DIPUTADO POR CUYO AL CONGRESO DE TUCUMÁN, DONDE EXPLICA LA NECESIDAD DE DECLARAR LA INDEPENDENCIA DE ESPAÑA.

"PARA LOS HOMBRES DE CORAJE SE HAN HECHO LAS EMPRESAS" José de San Martín.



"¿Hasta cuándo esperamos nuestra independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cocarda nacional y por ultimo hacer la guerra al soberano de quien dependemos? ¿Qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos, y con mucha razón, nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos.

Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte el sistema ganaría un 50% con tal paso. Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito."

Mendoza, 12 de abril de 1816. San Martín.

Fuente: Granadores Bicentenario

viernes, 8 de julio de 2016

El día que Belgrano lloró

Era el 6 de julio de 1816. Apenas había transcurrido un día desde que Manuel Belgrano había llegado a Tucumán, viniendo desde Buenos Aires. Hacía poco tiempo también que había estado en Europa, y los Diputados reunidos en el Congreso, deseaban escuchar fervientemente las frescas noticias llegadas del Viejo Mundo.


En sesión secreta se reúne el Congreso. para escuchar al creador de la bandera, vencedor de la Batalla más importante de la Historia Argentina, lograda ahí mismo, en Tucumán.

Manuel Belgrano, subido al estrado, efectuó uno de sus más bellos discurso de toda su vida, discurso que sin duda definiría la suerte de una Nación...

Habló desde el corazón, como sólo él podía hacerlo. Contestó primero algunas preguntas de algunos diputados para luego explayarse sobre la situación europea. Dijo que los tiempos habían cambiado. Dijo que el apoyo europeo que alguna vez pudimos haber tenido al iniciar nuestra guerra emancipadora, había sido cambiado por el descrédito causado por nuestras luchas internas. No se nos tomaba en serio. Y que no debíamos esperar ayuda de nadie. Textualmente dijo:

"...Aunque la resolución de América en su origen mereció un alto concepto de los poderes de Europa por la marcha majestuosa con que se inició, su declinación en el desorden y anarquía continuada por tan dilatado tiempo ha servido de obstáculo a la protección, que sin ella se habría logrado; así es que, en el día debemos contarnos reducidos a nuestras propias fuerzas...."

Palabras de Belgrano dichas hace exactamente doscientos años...
Y luego prosiguió su bello discurso, diciendo que cómo era posible, que después de seis años de luchas por nuestra Libertad e Independencia, desde aquel 25 de mayo de 1810, aún en 1816 no habíamos logrado crear un sistema de gobierno fuerte, serio, creíble y civilizado.
Dice Mitre:

"Su palabra era sencilla y elocuente y su acento conmovedor; al terminar su discurso, su rostro estaba humedecido por las lágrimas y su auditorio lloraba con él, convencido por sus razones, y cautivado por su sinceridad".

Manuel rompió en llanto aquel seis de julio de 1816, contagiando sus lágrimas a muchos de aquellos congresales, que lloraron juntos a puertas cerradas en aquella sesión secreta.
Pocos años después, Belgrano recordaría:

"Yo hablé, me exalté, lloré e hice llorar a todos, al considerar la situación infeliz del país. Les hablé de monarquía constitucional con la representación soberana de la casa de los Incas; todos adoptaron la idea".

Sin lugar a dudas, aquel discurso de Belgrano terminó de persuadir a los indecisos, y apenas tres días después, el Congreso de Tucumán declaraba la Independencia Argentina.
Todo eso sucedió en uno de los peores momentos de la Historia Nacional, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata corrían serio riesgo de diluirse en luchas intestinas.
Quizás las lágrimas del Prócer lograron lo que las palabras no pudieron, y así la unión de aquellas voluntades comprendieron el mensaje.

El llanto de Manuel, también es artífice de nuestro destino como Nación.

Fuente: Granaderos Bicentenario

jueves, 7 de julio de 2016

“Claro que Belgrano era masón, por eso no está enterrado en una iglesia”

El gran maestre Breglia destacó que la masonería propone un plan de pacificación nacional 
Un secreto que se comparte deja de ser secreto. Y la masonería es conocida por mucha gente, por eso mismo de sociedad secreta no tiene nada. “Más bien es una sociedad discreta”, insiste el historiador Nicolás Breglia, gran maestre de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, quien participó del XVI Congreso de Simbolismo de esa sociedad.


Apasionado por la historia argentina (“la verdadera”, aclara), Breglia habló con LA GACETA no sólo de la participación decisiva de la masonería en la Declaración de la Independencia, sino que también aclaró algunos puntos álgidos que caracterizan a la institución, como su relación con la Iglesia y el papa Francisco y su propuesta para el Bicentenario.

- ¿Qué alcance tuvo este congreso para la masonería?

- Una gran trascendencia porque celebramos los 200 años de la Declaración de la Independencia. Queremos testimoniar esa situación y, además, marcar cuál ha sido la presencia de la masonería en todo este proceso independentista. Porque la masonería fue, precisamente el nervio motor de todo ese desarrollo en América y aportó sus mejores hombres para luchar en contra de los privilegios enquistados y a favor de una sociedad mucho más integrada e igualitaria.

- ¿Y qué es la masonería?

- Es una escuela de conducta y conocimiento, porque les exigimos a nuestros miembros llevar una conducta ética y asumir el solemne compromiso de adquirir conocimiento hasta el fin de sus días. Por eso mismo, la masonería es producto del iluminismo y adhiere a toda esa corriente filosófica y política.

- ¿Cuál fue concretamente la participación de la masonería en la Declaración de la Independencia?

- Los que firmaron el acta independentista fueron masones. Pero, en realidad, la Declaración de la Independencia es la culminación de todo un proceso que se da como consecuencia de la lucha en la vieja Europa entre quienes pretendían democratizar la sociedad y los que querían mantener el statu quo, con una justificación divina del poder. Era una sociedad completamente discriminatoria. Y la independencia americana no es un fin en sí misma, sino que es una consecuencia de esa lucha. Una lucha ideológica que entró primero al imperio español y luego se trasladó a América.

- ¿Cuándo aparece la masonería en la Argentina?

- Su presencia en el Río de la Plata se detecta en 1795, cuando aparece la Logia Independencia. En esa logia se iniciaron Manuel Belgrano y Juan José Castelli, al igual que Juan Bautista Alberdi. De hecho, la Constitución Nacional está hecha en base a los 33 grados de la masonería.

- ¿Es decir que Belgrano era masón? Porque hay toda una corriente que lo niega...

- Claro que Belgrano era masón. La prueba está en que no se encuentra enterrado dentro de una iglesia. Estaba condenado por haber participado del movimiento emancipador y, además, por ser masón. Si uno lee el testamento de Belgrano puede advertir que pide que lo entierren con el hábito de los dominicos y en la cripta familiar, en la iglesia de los dominicos. ¿Y por qué no lo enterraron ahí? Porque fue condenado por la Iglesia.

- ¿En su estadía en Tucumán Belgrano fundó alguna logia?

- Si, fundó la logia Argentina, que después se llamó Nueva Argentina y funcionó en la casa de la familia Padilla, cerca de la plaza Independencia. Muchos masones se iniciaron en esa casa y el mismo José de San Martín participó de varias tenidas.

- La masonería se ganó la excomunión de la Iglesia. ¿Cómo está esa relación en estos momentos?

- Con el papa Francisco hubo un poco de acercamiento. El tema es que el enfrentamiento de la masonería con la Iglesia no es por el concepto religioso, porque la masonería hace su trabajo en el ámbito terrenal y temporal; en cambio la Iglesia lo hace en el ámbito espiritual trascendente. En principio, no habría colisión entre uno y otra. El problema apareció hace siglos, cuando las organizaciones religiosas bajaron al ámbito terrenal y temporal y pretendieron aplicar ideas totalitarias y dogmáticas. Pero déjeme decirle que en nuestra institución tenemos a muchos sacerdotes que son masones. Yo, personalmente, cuando fui presidente de una logia, inicié a un sacerdote.

- ¿Qué propone la masonería para el Bicentenario?

- Creemos que la sociedad argentina, desde su nacimiento, tiene una concepción histórica maniqueísta: están los buenos y también están los malos. Y ambos son irreconciliables. Lo que nosotros proponemos es buscar una idea de historia y de concepción política de unidad nacional. Proponemos que Sarmiento y Rosas se den la mano. ¿Y cómo haremos eso? Reconociendo a Rosas como el padre de la soberanía y a Sarmiento como el padre de la educación. Y pedimos que las fuerzas políticas y sociales se pongan de acuerdo. Todos tienen verdades parciales que merecen ser escuchadas.

Fuente: LaGaceta

miércoles, 6 de julio de 2016

443º Aniversario de la ciudad de Córdoba

Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad un 6 de julio de 1573. Natural de Sevilla, al carácter aventurero Jerónimo sumó perseverancia, visión y criterio personal. Tanto fue así que se animó a desobedecer las instrucciones de la corona española de fundar una ciudad, en lo que hoy es jurisdicción de Salta, para hacerlo más al sur, en tierra comechingona.



La historia cuenta que, apenas dos años después, Gonzalo Abreu de Figueroa cobró revancha para la corona y mandó a ejecutar a Jerónimo pero la ciudad de Córdoba ya estaba fundada y grabada a fuego la imagen de su fundador y su compañera Luisa Martel de los Ríos.



Fuente: Córdoba de Antaño

lunes, 4 de julio de 2016

Acta de Juramento al Congreso por parte del clero castrense

Congreso de Tucumán. Oficio de Juan Martín de Pueyrredón adjuntando el Acta de Juramento al Congreso por parte del clero castrense. Buenos Aires, 3 de agosto de 1816.
Documentos Escritos. Sala VII. Legajo 5, documento 64.

Transcripción:

Soberano señor:
Tengo el honor de elevar a vuestra Soberanía para su debido conocimiento, la acta original del juramento con que el Clero Castrense de ésta ciudad ha reconocido la autoridad Soberana de la Nación.
Dios guía a vuestra soberanía.
Buenos Aires, 3 de agosto de 1816.
Martín Pueyrredón
Antonio Bauti
Soberano Congreso Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata

En la ciudad de la Santísima Trinidad Puerto de Santa María de Buenos Aires a nueve días el mes de mayo de mil ochocientos diez y seis, el señor don Bartolomé de Muñoz Capellán Vicario Castrense jubilado, con juez de la Junta Protectora de la Libertad de Imprenta, teniente Vicario General subdelegado Castrense de los excelentísimos y la Armada de las Provincias Unidas del Río de la Plata en este Obispado convocó por mí el infra-escrito Notario Castrense a todos los Párrocos y demás Clero de esta privilegiada jurisdicción los que reunidos, e invitados por el mismo Señor Subdelegado de la obligación que todo buen ciudadano amante de la Patria estaba de reconocer, jurar y obedecer la Soberanía de los Pueblos reunida en el Soberano Congreso que legítimamente la representa, sancionando como lo habían hecho ya las autoridades y demás corporaciones de este heroico pueblo se formase hasta la idea de la anarquía a que lastimosamente nos iban conduciendo los enemigos de la sociedad, que nadie podía negar la autoridad legítima del Soberano Congreso instalado por la voluntad libre de todos los Pueblos de la Nación y persuadidos de esta verdad, presentaron desde luego el juramento en la forma siguiente. Juran a Dios Nuestro Señor y prometéis a la Patria reconocer en el presente Congreso de Diputados la Soberanía de los Pueblos que representan. ¿Juráis a Dios nuestro Señor y prometéis a la Patria obedecer, guardar y cumplir, y hacer guardar y cumplir sus Decretos y determinaciones? A que respondieron todos ….: si juramos; y su señoría; si así lo hicieren, Dios os ayude, y si no os lo demande . Con lo que se concluyó este acto, que firmaron con señoría de que doy fe.





Fuente: Archivo General de la Nación