miércoles, 29 de junio de 2016

29 de Junio Día de La Argentina Fundacional - Proyecto Efeméride

El 29 de Junio de 1550 el Capitán Juan Núñéz del Prado, por mandato del Lic. Pedro La Gasca, en una provisión emitida en Lima, Perú el 19 de Junio de 1549 funda en las coordenadas 27º 13’ 00’’ de latitud Sur y 65º 35’ 00’’ longitud oeste, la ciudad de El Barco, en lo que actualmente es el departamento de Monteros en la Provincia de Tucumán. Se trató del primer antecedente de fundación de una ciudad en el noroeste del actual territorio argentino.

Cap. Juan Núñez del Prado
El grupo de personas que acompañó a Núñez de Prado a fundar la ciudad de El Barco I estuvo integrado por: Miguel de Ardiles, Alonso Abad, Juan Gregorio Bazán, Santos Blázquez, Juan Cano, Francisco de Carvajal, Nicolás Carrizo, Alonso Díaz Caballero, Lorenzo Maldonado, Bartolomé de Mansilla, Gaspar de Medina, Hernán Mejía de Mirabal, Juan Pérez Moreno, Martín de Rentería, Juan Rodríguez Juárez, Juan Rodríguez, Blas de Rosales, Garci Sánchez, Gonzalo Sánchez Garzón, Julián Sedeño, Diego de Torres, Francisco Valdenebro y los padres Alonso de Trueno y Gaspar de Carvajal.

Los traslados de la azarosa ciudad del Barco
El Barco sufrió numerosos inconvenientes por lo cual tuvo que trasladarse en tres oportunidades, en la que fue llamada El Barco II y El Bacrco III, finalmente Francisco de Aguirre decide reubicar la ciudad, en su actual sitio llamándola "Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo" el 25 julio 1553

Profesor Ignacio Tejerina Carreras (q.e.p.d.), mentor y guía de los institutos de cultura hispánica en la Argentina y creador de centros de genealogía en Córdoba y otras provincias. En numerosos trabajos de este singular investigador, y principalmente en el proyecto que esta fecha fuera celebrada con los honores que se merece, y que fuera apoyada por la Sra. Pte. de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, Dra. Teresa Piossek Prebisch, y luego por el Lic. Armando R. Bazán, Tejerina Carreras solicita se conmemore el día 29 de junio como "Día de la Argentina fundacional". Hechos históricos de esta naturaleza, y que a veces pasan inadvertidos y hasta desconocidos, merecen recordarse, y más cuando estamos en la celebración de 200 años de nacimiento de la patria desde el Norte argentino.

Fuentes:
2. Wikipedia.org

martes, 28 de junio de 2016

Quetzalcóatl ¿blanco y de ojos azules?

Una de las cosas que a veces se escucha por ahí es que Quetzalcóatl era un individuo blanco y de ojos azules. Nada más lejos de la verdad. Pero ¿cómo surgió esta idea? Los frailes del XVI trataron de encontrar el porqué de la presencia de los indígenas en estas tierras buscando la respuesta en la Biblia, concluyendo que eran parte de las tribus dispersas de Israel. Lo anterior lo refuerzan al encontrar figuras de cruces, con lo cual la simiente de este pensamiento estaba dado: Dios había deparado que algún apóstol viniera a evangelizar antes de la llegada de los españoles. Resulta que en el siglo XVI cronistas como Bernal Díaz del Castillo mencionan que en Yucatán encontraron “señales de cruces” (Díaz del Castillo, 1943), dato que repite el franciscano López de Cogolludo en su Historia de Yucatán (López, 1957). Por otra parte, la imagen de Quetzalcóatl, un personaje que no aceptaba sacrificios humanos y que era casto, vino al dedillo para que los frailes empezaran a considerar que se trataba de algún apóstol. Fray Diego Durán dice: “Aquel hombre venerable, al que llaman Topiltzin […] fue según las tradiciones indígenas un casto y penitente sacerdote, del que se recuerdan episodios al parecer milagrosos […] este santo varón fue algún apóstol que Dios aportó a esta tierra” (Durán, 1967). López de Gómara agrega acerca de Quetzalcóatl que era hombre virgen, penitente, honesto, templado, religioso y santo; para fray Bartolomé de las Casas era blanco, alto, con gran barba, en tanto que fray Juan de Torquemada coincide en que era blanco, rubio y barbado. Además, se le atribuye haber traído el conocimiento de la agricultura y otros aportes. De esta manera se ponían las bases para ir idealizando la imagen de un ser que partía de algunos relatos indígenas, aderezado significativamente con la necesidad de los frailes de justificar, conforme a la Biblia, la presencia de miles y miles de indígenas…



Pero estas ideas no quedaron allí, sino que trajeron serias repercusiones. Don Carlos de Sigüenza y Góngora escribió en la segunda mitad del siglo XVII (Sigüenza y Góngora, 1959) que Quetzalcóatl era el apóstol Santo Tomás, quien había venido a predicar el Evangelio, lo que avala Eguiara y Eguren en su Biblioteca Mexicana al decir sobre la obra de Sigüenza: “…que Santo Tomás, uno de los Doce Apóstoles, había emigrado a esta tierra, al cual llamaron Quetzalcóatl, hallando la coincidencia de entrambos nombres por la vestimenta, la doctrina y los vaticinios del Apóstol…” (Eguiara, 1986). Pero el acontecimiento más grave sucedió en 1794, cuando fray Servando Teresa de Mier fue invitado a dar el sermón en honor de la Virgen de Guadalupe. Basado en datos de José Ignacio Borunda, quien había escrito su Clave general de interpretación de los jeroglíficos mexicanos, en la que establecía que la tilma de Juan Diego en donde se plasmó la guadalupana no era otra cosa que la vestimenta de Santo Tomás/Quetzalcóatl, arremetió en contra de los españoles negándoles ser los primeros en evangelizar en la Nueva España, pues eso lo había hecho siglos atrás el apóstol en la figura de Quetzalcóatl. El resultado era de esperarse: el obispo Alonso Núñez de Haro y Peralta mandó recoger los escritos del dominico y lo enviaron a con- ventos de España a purgar su desacato. Acerca de los escritos de Borunda, Edmundo O’Gorman ha comentado:

Tuvo la ocurrencia extraordinaria de vincular en un único y grandioso suceso histórico la predicación evangélica en el Nuevo Mundo por el Apóstol Santo Tomás y la tradición piadosa de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego [...con lo cual] dejaba fuera de duda –según él– la milagrosidad y enorme antigüedad de la imagen guadalupana, como que era estampamiento de la Virgen en persona en la capa del Apóstol (O’Gorman, 1951).

En pleno siglo XIX continuaron estas ideas. Un historiador como don Manuel Orozco y Berra escribe que Quetzalcóatl ¡era vikingo...! Así lo dice: “De ésta verdad sacamos que Quetzalcóatl es un misionero islandés”, y agrega más adelante: “El tiempo de los descubrimientos de los escandinavos, coincide con la época en que el gran legislador se presentó en Tollan”. Y a mayor abundamiento sobre el tema, dice:

“...trayendo Quetzalcóatl sembrada la túnica, de cruces; los escandinavos de aquellas épocas eran católicos. Descubre el jefe su carácter sacerdotal en su vida casta y abstinente, en su amor a la paz, en las virtudes y costumbres que se le atribuyen” (Orozco y Berra, 1954).

Como era de esperar, las palabras de don Manuel y su prestigio como historiador deben de haber calado profundo en las mentes decimonónicas que las tomaban como verdad absoluta...

Ahora bien, ¿qué ha aportado la arqueología y la historia que vienen a desmentir estas disquisiciones? En primer lugar, la agricultura se conoció desde hace cerca de 5 000 años, según los datos encontrados en Tehuacán, Puebla, por lo que no pudo ser Quetzalcóatl quien enseñara esta práctica a los pueblos antiguos, pues su supuesto arribo, en todo caso, fue muy posterior. Las cruces en Mesoamérica tienen un simbolismo muy diferente del cristiano: es el símbolo del dios viejo y del fuego, señor del año, Huehuetéotl o Xiutecuhtli, quien residía en el centro del universo y de ahí salían los cuatro rumbos, por eso el carácter cruciforme del símbolo. Acerca de esto ha dicho Jacques Lafaye en relación con los frailes: “No podían imaginar que una cruz pudiera tener otro origen y otro sentido que la cruz cristiana” (Lafaye, 2002). Los diversos estudios que se han hecho acerca de Quetzalcóatl han puesto en claro sus antecedentes y características como deidad creadora que desempeñará un papel determinante en la formación del hombre, según relatan los mitos, y como figura que reúne tanto el aspecto celeste (ave) como el terrestre (serpiente). También vemos su carácter de hombre gobernante y de dios (López Austin, 1973) y muchos otros atributos que posee el personaje, así como su impacto en Mesoamérica (López Austin y López Luján, 1999 y 2004; Nicholson, 2001).

En conclusión, los frailes del XVI trataron de encontrar justificación a la presencia de miles de indígenas a lo largo y ancho de Mesoamérica, hecho que los llevó a buscar una explicación en lo que para ellos era la palabra de Dios: la Biblia. Basados en relatos indígenas y adaptándolos a los pasajes bíblicos, van armando una figura que satisface sus creencias pero totalmente irreal. Afortunadamente, la historia y la arqueología aportan datos diferentes... (Matos, 2008).

Fuente: Arqueologia Mexicana.

domingo, 26 de junio de 2016

Todos los ecuatorianos son afrodescendientes

Una investigación realizada en el país revela que la media de la población del país tiene 10% de genes afro.

Ecuador podría considerarse una coctelera racial: sus habitantes tienen genes indígenas, afros, amerindios y europeos. Un indígena kichwa, por ejemplo, lleva genes afros y un afro genes indígenas.



Esta diversidad genética se revela en un estudio dirigido por César Paz y Miño, especializado en Genética Médica por la Universidad Autónoma de Madrid, quien emprendió una investigación de largo aliento para entender mejor la genética de los ecuatorianos.

A través de los datos recabados por su equipo, es posible aproximarse más al origen de la población de Ecuador. Como dice Paz y Miño, “los estudios muestran que somos un grupo poblacional interesantemente cruzado, algo que no es nuevo, pero ahora podemos dar cifras y romper mitos culturales y étnicos”. 

Todos los seres humanos tenemos los mismos genes, pero en ocasiones, un mismo gen puede tener más de una variante. Las variantes se acumulan en grupos poblacionales y familiares. Por ejemplo, los amish —grupo etnorreligioso protestante— tienen una variante típica, al igual que los judíos, que la población que habita en el Mediterráneo, en el Asia y, por supuesto, en Ecuador. Una de las preguntas que se planteó este investigador y su equipo del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Las Américas, fue: ¿Qué proporción de genes europeos, amerindios, afros, indígenas tienen los mestizos?

A partir de esta interrogante, los genetistas construyen un mapa de parentesco genético, donde se revelan datos hasta ahora poco conocidos. “Por ejemplo, una población ecuatoriana que se definía mestiza, tiene un 60% de genes europeos, tiene un 38% de genes amerindios y un 2% de genes afros. Los indígenas tienen, además, genes europeos en proporciones bajitas, pero las tienen, al igual que de afros”.

El científico considera fundamental estudiar la población del país, y entender la diversidad de los pueblos ecuatorianos. Según indica, el estudio del origen genético de los ecuatorianos es posible solo con datos históricos, pero agregar análisis antropológicos, lingüísticos y genéticos, imprime a la información histórica un mayor valor.

Por eso, su equipo busca entender rasgos característicos de los ecuatorianos y dilucidar de dónde venimos desde el punto de vista genético, a qué poblaciones mundiales nos parecemos o de cuáles nos alejamos y, lo más importante, cuál es nuestra composición de genes y las proporciones que compartimos entre todos. “En el ADN se pueden investigar muchos rastros moleculares que permiten caracterizar a una población. Nosotros trabajamos con tres: las 46 marcas genéticas denominadas Indels que nos informan claramente de los parentescos étnicos; el ADN que se hereda por vía paterna en el cromosoma ‘Y’ propio de varones; y con ADN de mitocondrias que se hereda exclusivamente por vía materna. Con estos datos construimos nuestras relaciones étnicas”.

Ecuador —precisa Paz y Miño— es multiétnico, pero desde el punto de vista genético es necesario correlacionarse con grupos humanos más o menos grandes de los continentes. Así, los genes de los ecuatorianos los asocia, según estudios, a tres grupos: europeos, amerindios y afrodescendientes. “Cada uno de estos muestra diferentes proporciones de genes que nos permiten afirmar que somos un refinado cruce de todos”, concluye el científico.

Los datos obtenidos, tras este estudio, concluyen que la media de la población ecuatoriana tiene la siguiente proporción de genes: europeos 43%, amerindios 40%, afro 10% y otros 7%. Además, al analizar cada etnia y al compararla con la composición genética estandarizada mundial, los mestizos ecuatorianos presentan 51% de genes europeos, 46% de amerindios y 3% de afros.

Curiosamente, la población indígena de Ecuador tiene 83% de amerindia, 9% de europea y 8% de afro. La población afrodescendiente tiene 68% de afro directo, 19% europeo y 13% nativo americano. “Nuestros estudios muestran, por fortuna, que somos un grupo poblacional interesantemente cruzado, algo que no es nuevo, pero ahora podemos dar cifras y romper mitos culturales y étnicos. Los ecuatorianos tenemos genes de todos los grupos humanos. Y todas las personas del planeta somos de la misma raza: la humana”.

Con la información recabada por el equipo de investigadores ecuatorianos, también es posible correlacionar estos datos con ciertas enfermedades, como la tolerancia o no a la lactosa. No todas las personas reaccionan igual a la misma cantidad de lactosa y en función de su tolerancia desarrollarán más o menos algunos síntomas.

La lactosa es uno de los componentes más conocidos de la leche; la alergia a esta aparece cuando se deja de producir suficiente lactasa, una enzima con la que se metaboliza la lactosa de los productos lácteos. Lo que resulta sorprendente es que mientras más genes europeos tiene un ecuatoriano es más tolerante a la lactosa y mientras menos posea, podrá desarrollar intolerancia.

Esto también lo corroboró un estudio desarrollado por la Universidad de California, en Los Ángeles, Estados Unidos, en el cual se analizó la información genética de finlandeses y norteamericanos, y comprobó que la intolerancia a la lactosa está presente en menos del 10% de los europeos, mientras que en regiones como el sudeste asiático el porcentaje se eleva hasta un 90%.

Eso indica, como señalan los genetistas, que existe una asociación de la genética con determinadas enfermedades. “Sabemos que la población afrodescendiente tiene mayor resistencia a la malaria y entonces empezamos a entender qué pasa con la patología (enfermedad) del Ecuador”, precisa Paz y Miño. Hoy en día, la malaria es una enfermedad potencialmente mortal causada por parásitos que se transmiten al ser humano por la picadura de mosquitos hembra infectados del género Anopheles. 

Cerca de 3.200 millones de personas —casi la mitad de la población mundial— corren el riesgo de contraerla, pero en ese grupo los afrodescendientes tienen menos probabilidades de padecerla. Cuando Paz y Miño se refiere a las enfermedades y su vínculo con los genes, también hace una puntualización: “cuando se habla de diabetes en Ecuador, debería especificarse en qué grupos étnicos, quizás aquellos que tienen mayores genes de un lado o del otro.

Según él, disponer de estos datos, tan precisos, ayudaría al Estado ecuatoriano a plantear políticas de salud diferentes, más personalizadas. Es evidente que unas personas son más susceptibles que otras a determinadas enfermedades, pero eso todavía no se ha estudiado, a profundidad, en Ecuador.

Como señala el científico, las variantes genéticas darán la respuesta al nuevo desafío de la ciencia: la medicina personalizada, a través de la cual los médicos podrán saber qué fármaco administrar a un individuo, qué terapia aplicar a otro, etc.

Lo que ocurría es que todos los pacientes diagnosticados con una enfermedad recibían el mismo medicamento. Estos productos de “una talla para todos” pueden funcionar en algunos pacientes, pero no en todos. Un buen ejemplo es el cáncer de mama: hoy se sabe que el cáncer no es una, sino muchas enfermedades diferentes. Al seguir una estrategia de medicina personalizada se podrán aplicar tratamientos eficaces para cáncer de mama, pulmón, piel, sanguíneo, entre otros. Gracias a los análisis genéticos hoy se sabe que el papiloma virus que afecta a las mujeres ecuatorianas no es el mismo que el que tienen otras poblaciones.

“La vacuna nos sirve hasta el 46%, pero hay 54% que no sirve. Habría que investigar más sobre este aspecto para tener acceso a una vacuna más efectiva”, precisa el científico ecuatoriano. En muchos países del primer mundo es obligación de los sistemas de salud realizar pruebas a los pacientes para determinar, por ejemplo, qué tipo de quimioterapia podría ser más eficaz, cómo mejorar la respuesta a un medicamento, entre otras posibilidades. Es un hecho que la concepción de la medicina está cambiando a partir de información genética.

Los rasgos físicos no revelan nuestro origen genético

Aunque en Ecuador hay mucha gente que se autodefine como blanca, esta afirmación categórica está en discusión porque, como señala Paz y Miño, antes de afirmar si somos blancos, hay que analizar el origen de nuestros ancestros. “Si la persona que se autodefine blanca tiene ascendencia europea, tendríamos que decirle que a Europa también llegó gente de diferentes lugares. Quien trata de buscar esta pureza de identificación étnica está errado desde el inicio”. En realidad, todos tenemos genes de todas las poblaciones y también de afros, porque la población humana surge del centro de África. Por eso, reconocer que tenemos genes de todos los grupos humanos, nos hace aún más humanos. (I) 

Punto de vista

"Los nativos no son tan nativos como suponen"

Germán Burgos. Genetista, Universidad de las Américas

La investigación en la que estoy involucrado en el equipo que dirige César Paz y Miño, busca determinar qué tan ciertas son las clasificaciones, a priori, que tienen los diferentes grupos étnicos ecuatorianos con respecto a su origen. Hay que indicar que la población ecuatoriana proviene de tres grupos continentales ancestrales: uno que es el nativo americano, que estuvo asentado en Ecuador antes de la conquista; otro que llegó con los españoles, y un tercero que es el afrodescendiente y que llegó con la mano de obra esclava. El objetivo del estudio es analizar en qué proporción contribuyeron esos tres grupos a estos grupos étnicos para confirmar que esa clasificación étnica que se hace, a priori, es real y no está solamente en el imaginario de las personas.

Después de desarrollar diferentes análisis genéticos en una investigación que aún no finaliza, se ha observado que muchas de las personas que se denominan nativas no son tan nativas como asumen serlo. De hecho, tienen una ancestría (origen) mayor de origen caucásico de lo que ellos presumen, de buena fe, por supuesto. Es necesario indicar que la población ecuatoriana -aunque varíe en cada grupo- tiene una alta proporción nativa, una buena proporción europea y una pequeña proporción afro, que también está presente. (O)

Fuente: eltelegrafo.com.ec

sábado, 25 de junio de 2016

“Belgrano: ¡El Congreso quede en Tucumán!”

por Luis Horacio Yanicelli

Como se sabe, el Congreso reunido en San Miguel de Tucumán que el día 9 de julio de 1816 declaró la Independencia, se trasladó en febrero de 1817 a Buenos Aires, donde funcionó hasta fines de 1819. El motivo por el que oportunamente se había dispuesto que sesionase en Tucumán, era precisamente para aventar las fundadas desconfianzas que Buenos Aires generaba en las demás provincias que comprendían los territorios del ex Virreinato del Río de la Plata. Además, como también es conocido, la ciudad de San Miguel de Tucumán, se encontraba en el centro geográfico de lo que era el territorio que ocupaban las provincias que habían conformado el virreinato mencionado. Recordemos que este se extendía desde el Lago Titicaca en el Alto Perú, (actual Bolivia), hasta el paralelo que une las ciudades de Buenos Aires y Mendoza, que constituía el límite sur del virreinato. La Patagonia, por entonces no contaba y casi nula trascendencia tenía, al igual que el Chaco que era un territorio sin control. Por lo pronto, allí no había ninguna población “cristiana” relevante.


Recordemos también, que a  Tucumán no concurrieron todas las provincias del ex virreinato, ya que las orientales, bajo la influencia de Gervasio Artigas, integrantes de los Pueblos Libres, se abstuvieron.   En el gráfico 1,  Córdoba figura como perteneciente a los  Pueblos Libres o Liga Federal, aunque sí envió diputados a Tucumán, posicionándose en forma equidistante de ambos bloques.   

Ahora bien, luego de haber declarado la  Independencia en la fecha por todos conocida, el Congreso el día 20 de Julio aprobó la creación dela Bandera Nacional, pero quedó debiendo a los objetivos de su convocatoria, resolver la forma de gobierno para el país independizado.

A principios de 1817 se trasladó a Buenos Aires, donde sesionó de ahí en más. Manuel Belgrano no estuvo de acuerdo con esta decisión. El 10 de octubre de 1816, escribe a Manuel Ulloa: “ …Mucho me falta para ser un verdadero Padre de la Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella,…”, luego agrega, “… sin educación en balde es cansarse, nunca seremos mas de lo que desgraciadamente somos.” En esta epístola se manifiesta severamente crítico con quienes conducen el país, a los que irónicamente llama “sabios”. Y en la carta que venimos transcribiendo dice: “ Yo no se de que medios valerme para inspirar a los Sabios la necesidad de la educación, pero de todo se habla, menos de eso, se meten los hombres a tratar de operaciones militares y otras cosas aún menos importantes, y la educación se olvida, no alcanzo su modo de ver y entretanto, lloro con Ud. y otros muchos los dolores de la Patria mientras no se de ese paso majestuoso y único para salvarnos y afianzar nuestra existencia. Dije a Ud. en mi anterior, que mi opinión era contraria a la traslación del Congreso a Buenos Aires, no dejo de sostenerla y con ardimiento. ¿Pero cree Ud. que vale algo la opinión de un “ignorante” ante la de los “Sabios”? 



En estos poco renglones, se aprecia la visión integral que Belgrano tiene del accionar político. Queda claro que está plenamente consiente de que está fundando una nacionalidad, que además entiende que para que esta pueda surgir es preciso se atienda la educación de la población en forma privilegiada, finalmente, que el poder no debe concentrarse en Buenos Aires. Lamentablemente, la receta belgraniana no fue escuchada y pasaron décadas hasta que el país pudo arribar a una estabilización definitiva. La humildad de no sentirse Padre de la Patria, sino estar en procura de ser un buen hijo es un ejemplo conmovedor del nivel de entrega al servicio de convicciones. Esta carta, debería ser leída por los políticos antes que asuman una función, y todos lo años, antes que el Congreso inicie sus deliberaciones, para que operen estas reflexiones del alma mas exquisita que conoció esta geografía del mundo, como advertencia de lo que no deben hacer y como guía del rumbo que deben tomar.

FuenteLuis Horacio Yanicelli

jueves, 23 de junio de 2016

Convocatoria XII° CONGRESO NACIONAL DE GENEALOGÍA Y HERÁLDICA

                     Centro de Genealogía y Heráldica de San Juan

1816 – BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA - 2016

XII° CONGRESO NACIONAL DE GENEALOGÍA Y HERÁLDICA
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Y
II° CONGRESO DE GENEALOGÍA Y HERÁLDICA
de SAN JUAN DE LA FRONTERA

en adhesión al:
BICENTENARIO DE LA DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL

Iª CIRCULAR

CONVOCATORIA

Fechas:
Jueves 13, viernes 14 y sábado 15 de Octubre de 2016

Temas sugeridos
(no excluyentes):

Principal:
Genealogía de hombres y mujeres de la Independencia Nacional y Latino-Americana

Otros:
1. Genealogía de pueblos originarios.
2. Genealogía de vecinos fundadores.
3. Genealogía de afrodescendientes.
4. Genealogía de familias de inmigrantes.
5. Metodología de la investigación genealógica.
6. Heráldica (en general).
7. Vexilología.
8. Otros: proponer.

Recomendaciones generales para la presentación de trabajos

1. Los resúmenes se recibirán hasta el 1 de agosto de 2016. Deberán ajustarse a las siguientes normas: no más de 250 palabras, especificando título, autor, filiación institucional, breve descripción del objeto de estudio, objetivos, metodología utilizada y resultados obtenidos.
2. Los resúmenes deberán enviarse por correo electrónico a: centrogenealogiaheraldicasj@gmail.com.
3. Para el trabajo final se fija como fecha límite de presentación el 5 de setiembre de 2016. La Comisión Académica evaluará la presentación realizada y los participantes serán notificados oportunamente de la aceptación o no de la ponencia.
Las pautas fijadas son las siguientes:
- Tamaño de la hoja: A 4 (Iram), de 21 x 29,7 cm.
- Presentación: en formato digital, con las especificaciones aquí indicadas.
- Cantidad de páginas: 20 máximo, incluidos el resumen, las notas y la bibliografía.
- Resumen: dos páginas como máximo.
- Interlineado: a un espacio y medio (1,5). Resumen: a un espacio.
- Paginación: número en el borde superior derecho y correlativo, en tipo de letra Palatino Linotype, tamaño 10.
- Márgenes: 2,5 cm en los cuatro costados.
- Tipografía: Palatino Linotype, Nº 11.
- Título: centrado, en mayúsculas y negritas. Si incluye el título de una obra, en itálicas. Sin punto al finalizar.
- Subtítulos: a la izquierda, en negritas, inicial en mayúscula y resto en minúsculas.
4. El tiempo de exposición de cada trabajo será de 15 minutos, con pre-aviso a los 10. Después de haber finalizado la lectura de las ponencias al interior de cada mesa, se prevén unos minutos para la discusión grupal.
5. El programa definitivo se confeccionará en función de las ponencias presentadas y aceptadas por la Comisión Académica.

Aranceles y Formas de pago:

Serán dados a conocer en una próxima Circular.

Comisión Académica:

Lic. Juan José ARANCIBIA
Mg. Mabel BENAVÍDEZ de ALBAR DÍAZ
Mg. Itatí PEINADO LUCERO
Mg. Nora Inés RODRÍGUEZ

Descargar la ficha de inscripción

Contacto mail de los organizadores

Los sacrificios gladiatorios

Los espectáculos de masas fueron fomentados por el imperio mexicano para hacer ostentación de su poder y controlar a las comunidades, haciéndolas partícipes y cómplices.


Estas celebraciones implicaban sacrificios humanos, un hecho que hace posicionarse incómodamente al investigador. Hay quienes se afanan en negarlos y otros tratan de maquillarlos o de exagerarlos, en función de sus propios intereses y de sus convicciones religiosas.

El «rayamiento» era la culminación de los ritos guerreros; la gran prueba de valor individual que constituía el máximo espectáculo para el pueblo, el que acudía a ver luchar a sus mejores guerreros contra los mejores hombres de los enemigos, aunque éstos estuvieran en desventaja.

El Estado promovía esta celebración, que era la reafirmación de la grandeza mexica (González, 1985: 228).

El sacrificio humano no es para los aztecas un acto místico en que la sociedad realizaba su propia oblación para la salvación del resto de la humanidad; por lo contrario, es una técnica de dominación que asegura el crecimiento del grupo a expensas de las poblaciones periféricas.

Es necesario que los sacrificios sean ajenos al imperio mexicano para que la guerra, necesaria para su captura, pueda con el mismo impulso servir para extender el poderío azteca (Duverger,
1983: 213).

El pueblo esperaba impaciente que, con las primeras luces del día, comenzara la fiesta. Sin embargo, para los protagonistas había empezado cuarenta días antes: los guerreros, con ayunos
y autosacrificios, y algunos de los que serían sacrificados eran purificados para que durante esos días representaran al dios Xipe (Durán, 1967, I, [cap. IX]: 96).

En la medianoche del 20 al 21 de marzo los guerreros encendían una hoguera y a la luz de la lumbre arrancaban algunos
cabellos de sus prisioneros que guardaban como reliquias-trofeo, porque ese cabello contenía el calor vital y el honor del sacrificado (Graulich, 2003: 23); después realizaban sus ofrendas
de sangre para satisfacción de los dioses, tan asociadas a los guerreros.

Al alba del 21 de marzo al indígena que había representado al dios Xipe durante cuarenta días, y a otros que, como él, representaban a los principales dioses, se les practicaba el sacrificio ordinario (Durán, 1967, I, [cap. IX]: 97).

Éste consistía en que el sacrificador, con el corazón en la mano, se colocaba en un lugar llamado zacapan para que todos los que quisieran hicieran ofrendas de maíz. Terminadas éstas los sacrificados eran desollados como acto de regeneración, en un ritual postsacrificio.

A continuación su piel era vestida por otros que se colocaban todos los atributos de los dioses. Quizás para formar parte del combate fingido que había después y que era un entretenimiento
para el público y lucimiento de los participantes.

El combate lo formaban dos bandos, uno que defendía los «colores» de Xipe y que eran los que vestían las pieles de los desollados recientes, y el otro bando estaba compuesto por guerreros, posiblemente del telpochcalli. (Durán,
1967, I, [cap. IX]: 97; Sahagún, 2001, I, [lib. I, cap. 18]: 79)

Tras el combate fingido, los que vestían las pieles e insignias de los dioses eran atados y conducidos a la zona del temalácatl, donde daba comienzo la siguiente y más esperada fase de
la fiesta: el sacrificio gladiatorio.

En procesión, al son del tambor, desfilaban muchos actores: los
sacerdotes más importantes, los nobles, quienes representaban a los cuatro rumbos del universo y los cuatro guerreros, águilas y jaguares, armados con sus chimalli multicolores y afilados macuáhuitl, que se colocaban a los lados de los dioses vivientes (Durán, 1967, I, [cap. IX]: 98).

Cuando todos se acomodaban en los lugares establecidos salía el primer prisionero que, sobre el temalácatl, era atado por una pierna con la soga que salía del agujero central para
reducir su movilidad. Le daban para beber alcohol sagrado, teooctli, que mitigaba su miedo y aumentaba su valor, pues tenía que enfrentarse a sus contrincantes con armas falsas y unas
simples bolas de madera.

Al son de la música y los cánticos empezaba el combate desigual ycuando el guerrero águila o jaguar le hería, le rayaba y brotaba la sangre, la música daba la señal para que el herido se tumbara en el suelo.

Trabajo Completo:EL SACRIFICIO GLADIATORIO Y SU VINCULACIÓN
CON LA GUERRA EN LA SOCIEDAD MEXICANA

Fuente: Planet of Aztecz

miércoles, 22 de junio de 2016

¿Cuál es el origen del nombre de cada país de América Latina?

Algunos surgen de los nombres de sus pueblos originarios, otros fueron rebautizados tras la llegada de los españoles y portugueses 

¿Alguna vez se preguntó cuál es el origen de los nombres de los países de América Latina? Según el sitio BBC Mundo, unos surgen de los nombres de sus pueblos originarios, otros fueron rebautizados tras la llegada de los españoles y portugueses, y otros tantos recuerdan a aquellos que lucharon por la independencia de la región.



Argentina
El nombre del país significa plata y proviene de la palabra del Latín "argentum" y la española "argénteo".

"Por el año 1554, aparece por primera vez en una pieza cartográfica la denominación de Terra Argentea", explica el Ministerio de Defensa de Argentina en su página web.

Y es que el país toma el nombre de su ubicación geográfica a orillas del Río de la Plata, famoso entre los exploradores del siglo XVI como vía de tránsito en el Virreinato del Perú.

Belice
Una teoría sostiene que el país toma el nombre del río Belice que se encuentra en ese territorio y que derivaría de la palabra maya Balis, que significa "fangoso" o "regado".

Otra versión argumenta que Belice es una mala pronunciación del español del nombre Peter Wallace, un aventurero escocés que se habría establecido en estas tierras, según explica el Diccionario Oxford de Topónimos del Mundo.

Bolivia
Tal vez la denominación de este país sea una de las más predecibles de la lista.

Responde a una derivación del nombre del militar y político Simón Bolivar, uno de los padres de la independencia de Sudamérica en el siglo XIX.

Brasil
El nombre del país surge de un árbol que es de un color rojo intenso casi similar al de las brasas encendidas.

Los portugueses que llegaron a esas tierras lo llamaron Pau Brasil. Es muy común hallar esta especie en este territorio de América del Sur y los aborígenes lo utilizaban por su tinte.

Chile
Existen muchas teorías de por qué el país adquiere ese nombre.

Algunos historiadores sostienen que el nombre deriva de la palabra chilli del idioma aborigen quechua o aimará, que significa confín, porque era el fin del imperio para los Incas.

Otro dicen que las tierras de chilli o tchili para los Incas eran "frío" o "nieve".

Y por último, otros estudiosos argumentan que el nombre del país proviene de trih o chil, que los aborígenes utilizaban para referirse a un pájaro con manchas amarillas en sus alas, según explicaba el diario chileno La Nación.

Colombia
Su denominación surge como homenaje al explorador y navegante Cristóbal Colón, que encabezó la primera expedición española que llegó a América en 1492.

El país responde a este nombre desde hace 153 años. Anteriormente fue llamado Nueva Granada y Gran Colombia. Todos estos cambios también estuvieron acompañados de modificaciones en la extensión de su territorio a través de los años.

Costa Rica
Cristóbal Colón habría sido quien dio nombre a este país al llegar a estas tierras en su cuarto viaje y tras creer que allí encontraría grandes cantidades de oro, según explica el Diccionario Oxford.

Sin embargo, el investigador costarricense Dionisio Cabal sostiene la hipótesis de que el nombre Costa Rica en realidad se escribe Costarrica y proviene de los aborígenes Huetar que habitaban esta zona de América Central. Y su significado apuntaría a cómo estos indígenas llamaban a su pueblo o a un asentamiento dentro de su comunidad.

Cuba
Muchas teorías aparecen en torno al origen y significado del nombre de esta isla del Caribe.

Algunas sostienen que proviene de la palabra Ciba que entre los aborígenes taínos que habitaban estas tierras significa "piedra, montaña, cueva".

Otra es que proviene de la palabra taína cohiba, a la que supuestamente los nativos se referían cuando nombraban a este territorio.

Una tercera es que responde a la palabra árabe coba, que significa mezquita con cúpula y haría referencia a la forma de las montañas que se ven desde la Bahía de Bariay, donde Cristóbal Colón desembarcó.

Y una cuarta (aunque pueden haber más) es que como Cuba está ubicada en el centro del Caribe, su nombre podría ser una derivación del taíno Cubanacan que significa "lugar del centro", según el Diccionario Oxford.

Ecuador
Este es otro de los pocos ejemplos que encontramos en la región en el que no hay dudas de por qué se llama así.

El nombre responde claramente a la ubicación geográfica del país, en la famosa línea imaginaria del ecuador que divide la tierra en hemisferio norte y sur. Esa denominación la adquirió en 1830 tras la separación del territorio de la Gran Colombia.

El Salvador
El país toma el nombre de El Salvador por una fortaleza española que estaba situada en donde hoy se ubica la capital, San Salvador, según el diccionario Oxford. Si bien la fecha no está registrada, la primera evidencia de su nombre se encuentra en el Archivo de Guatemala, y data del año 1525, explicó el gobierno de El Salvador el año pasado al cumplirse 100 años del nombre oficial de "República de El Salvador", publicó el diario elsalvador.com

Guatemala
Documentos sostienen que el nombre de Guatemala ya aparecía con esa grafía en el año 1524, según una investigación del diario Prensa Libre de Guatemala.

Deriva de la palabra Quauhtemallan del idioma náhualt y es el nombre con que los indígenas llamaban al territorio cakchique. Entre los varios significados que responden al vocablo están: "lugar arbolado, acumulación de madera o también tierra de águilas", explicael Diccionario Oxford.

Haití
Haití deriva del idioma arahuaca, que era la lengua de los habitantes primitivos del lugar y que significa "tierra de montañas".

Ese era el nombre que los taínos le dieron a la parte oeste de la isla que comparte con República Dominicana.

Honduras
Al igual que en Nicaragua, Cristóbal Colón también llegó a las costas de Honduras en su cuarto viaje a principios del 1500. Si bien no está claro quién bautizó a estas tierras, el historiador chileno Robustiano Vera sostuvo que los navegantes describían sus aguas costeras como "honduras o fondos".

Mientras, para el geógrafo francés Elisée Reclus el nombre de Honduras lo designó otro expedicionario: Bartolomé de las Casas, que habló de la tierra de "Hondure" y que tenía origen aborigen, según describe el diario La Tribuna.

Jamaica
Su nombre proviene también del idioma taíno y responde a la palabra Xaymaca o Yamaya, aunque con las traducciones al español y con el paso de los años terminó en Jamaica. Su significado es "tierra de bosques y agua".

México
México es la traducción y simplificación al español de Metztlixihtlico, el nombre con el que los aztecas denominaban a su capital. Significa "en el centro de la luna" o ya que metztli responde a luna, xictli a centro y co a lugar.

Algunas teorías sostienen que el verdadero significado de México es "el ombligo de la luna".

Luego de publicar esta nota, nuestro lector Arturo Escorza Pedraza, nos informa que la  etimología de correcta de México, procede de la advocación "Mexi" (pronunciado Méshi) del dios Huitzilopochtli... Mexicáyotl= pueblo de Mexi (Huitzilopochtli)

Nicaragua
El nombre de Nicaragua proviene de lengua aborigen, aunque hay discordancia en torno a su significado.

Algunos sostienen que es una derivación del nombre de un jefe indígena llamado Nicarao más la palabra agua. Otros afirman que el grupo de los nahaos denominaron a esta zona Nicanahuac, que significaba "hasta aquí llegaron los nahoas" y con el paso del tiempo la palabra evolucionó en Nicaragua, ante la dificultad de los españoles para pronunciarla, según destaca el diario Hoy de Nicaragua.

Panamá
Este es otro caso cuyo nombre tiene varias interpretaciones.

Se sabe que el país recibe esta denominación nombre por la ciudad de Panamá, capital del país. El origen de la palabra provendría de los pueblos originarios de esa zona. Su significado es "abundancia de peces y mariposas". Otros investigadores dicen que en realidad responde al nombre de un árbol llamado panamá que utilizaban los aborígenes para hacer reuniones.

Una tercera teoría sostiene que Panamá, surge de la frase panna mai de la lengua indígena cuna y que significaba "más allá".

Paraguay
Hay dos versiones en torno al significado del nombre. Si bien la denominación también proviene del guaraní, como tantos otros nombres de países de la región, las traducciones a veces no coinciden.

Algunos dicen que Para refiere a "mar", que Gua, "originario de" e y a "agua". O sea: "agua que viene del mar". Sin embargo, el investigador paraguayo Jorge Rubiani señala que el nombre proviene de Paragua, y era el de un cacique que pactó con los españoles. El significado: "corona de plumas".


Perú
El nombre de este país parece ser anterior a la llegada de los españoles a estas tierras.

Para el Diccionario Oxford, proviene de Birú o Perú, que en guaraní significa "río". Pero según el historiador Raúl Porras Barrenechea Birú era el nombre en realidad de un cacique del sur de Panamá y que, por lo tanto, todas esas tierras recibían ese nombre.

Otras teorías sostienen que Perú surge de la palabra Viru, que es una palabra Quechua.

Puerto Rico
Los aborígenes taínos que habitaban esta isla la llamaban Boriquén o Borinquen, que significa "Tierra del Altísimo o del Gran Señor". Y de ahí también surge el gentilicio "boricua".

Cristóbal Colón la rebautizó San Juan Bautista. Pero el actual nombre respondería a las riquezas que partían del puerto de San Juan (capital actual de la isla) hacia España.

República Dominicana
Primero se llamó Santo Domingo (nombre actual de su capital). Y luego se la denominó República Dominicana.

Una teoría sostiene que toma el nombre de la orden religiosa de los Padres Dominicos que se estableció en el lugar para evangelizar, explicó la historiadora Celsa Albert Batista.

Otra teoría es que Cristóbal Colón llegó a esta isla un día domingo y por ello el nombre, aunque el navegante denominó a toda la isla (territorio compartido entre República Dominicana y Haití) La Española.

Uruguay
Se conoce que la palabra proviene de la lengua aborigen guaraní, aunque existen varias versiones en torno a su significado.

Según el Diccionario Oxford de Topónimos del Mundo, el nombre del país pudo haber derivado de uruguä, que para los guaraníes significaba una especie de "mejillón o caracol".

También señala que podría provenir de Uru, un tipo de ave que habitaba la zona del río; Gua, que significa "que viene de" e y que representa "agua".

Otra de las teorías que los uruguayos aprenden en la escuela es que el nombre del país significa "río de los pájaros pintados".

Venezuela
Es la "pequeña Venecia", ante su parecido con la ciudad italiana, según la definieron los exploradores españoles Alonso de Ojeda y Amerigo Vespucci al observar que las viviendas de los pueblos nativos en las costas de Maracaibo estaban construidas sobre pilotes de madera.

Sin embargo, documentos sostienen que los primeros navegantes que llegaron a estas tierras hicieron contacto con los aborígenes que vivían en una pequeña isla llamada Veneci-uela, según señala un artículo del diario venezolano, El Nacional.

Fuente: El Nacional

lunes, 20 de junio de 2016

La salud de Manuel Belgrano y sus últimos días

Por Juan Pablo Bustos Thames

Manuel Belgrano nunca gozó de buena salud en su adultez. En cambio, el general José de San Martín, pese a sufrir numerosas enfermedades y achaques, tenía un mayor vigor físico, y logró siempre sobreponerse a sus males, para fallecer, recién en su ancianidad.


Poco antes de la Batalla de Salta, eran tan fuertes los dolores que sufría Belgrano, que pasó mucho tiempo postrado en su carruaje, con frecuentes vómitos de sangre, dado que no podía montar, y desde allí dio las indicaciones iniciales para la batalla. Hubo momentos en que hasta llegó a perder la noción de lo que estaba ocurriendo.

Dicen los especialistas que el origen de estos vómitos era indudablemente gástrico, pues por lo que sabemos, aparecían y terminaban súbitamente, a diferencia de lo que hubiera sucedido de ser respiratoria la causa. La cuestión es que, con el correr de las horas, y aliviados los dolores, consiguió incorporarse y pudo montar a caballo para dar las indicaciones finales en la batalla, coronando el mayor triunfo de su carrera militar.

Algunos creen que lo aquejaba una sífilis, adquirida en sus años de juventud y de estudios universitarios en España. Ya el 16 de noviembre de 1796, y sirviendo como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires, tres médicos (el doctor Miguel Gorman del Protomedicato, y los licenciados Miguel García de Rojas y José Ignacio de Arocha) expresaron que "padecía varias dolencias" y le habían diagnosticado "un vicio sifilítico… y complicadas por otras originadas del influjo del país, cuya reunión ha sido causa de no poder conseguir los alivios con el método más arreglado; por lo que sentamos la necesidad de mudar de país a otro más adecuado, y análogo a su naturaleza, en cuya virtud nos consta que pasó al de Montevideo  y Maldonado".

Ahora bien: ¿fue afectado Belgrano por sífilis? Es poco probable; habida cuenta de que su descendencia, engendrada después de habérsele detectado estos síntomas, no registró rastros de dicha enfermedad; máxime cuando la sífilis puede ser congénita. Tampoco se registró esta enfermedad en sus parejas.

¿Qué pudo haber ocurrido entonces? En esa época no estaba muy bien diferenciado el diagnóstico de las distintas enfermedades de transmisión sexual; y era común que los médicos confundieran unas con otras. Además, los síntomas de la sífilis son comunes a los de otras enfermedades.

Durante todo el año anterior ya había tenido varias recaídas en su salud. Casi todo el mes de Agosto de 1795 debió guardar reposo y durante 7 meses solicitó licencia para trasladarse a Montevideo y recuperarse, cambiando el clima de la capital por otro más benigno. Por eso, en varias oportunidades debió solicitar licencia, para poder atender su salud, siendo reemplazado en su cargo por su primo Juan José Castelli, mientras duraba su convalecencia, en la Banda Oriental o en la quinta de su hermana de San Isidro.

Otros sostienen que el prócer también padecía de reumatismo crónico. Se lo medicó con distintos tipos de sales y con iodo. También habría sufrido de "dacriocistitis crónica", que es la obstrucción de los conductos lacrimales, lo que degeneró en fístulas en ambos ojos, supurándole pus y lágrimas que le impedían trabajar o fijar la vista. Afortunadamente, para su estética, las fístulas, con el tiempo, evolucionaron favorablemente, a tal punto que no afectaron el aspecto físico de Belgrano.

Ya en el Alto Perú, Belgrano fue afectado de paludismo, conforme lo relata al Gobierno en nota fechada el 3 de mayo de 1813: "Estoy atacado de paludismo-fiebre terciana, que me arruinó a términos de serme penoso aún el hablar; felizmente lo he desterrado y hoy es el primer día, después de los doce que han corrido que me hallo capaz de algún trabajo". El mayor Emilio Loza, narrará, en forma concordante, que "la salud de Belgrano es un elemento que debe tenerse en cuenta, su espíritu estaba amargado por las continuas exigencias del gobierno y decaído por las rivalidades y ambiciones de los jefes de los cuerpos".

Con posterioridad, y ya en 1815, Belgrano es enviado a Londres, en misión diplomática, junto a su amigo, Bernardino Rivadavia; a donde llegó enfermo. Sin embargo, pareciera que en su estadía londinense, el general se restableció de sus dolencias; en especial del paludismo; ya que hasta su regreso a Tucumán, en 1816 no se volvieron a registrar padecimientos de salud.



Belgrano también padecía de trastornos digestivos, dispepsia (digestión difícil) e inflamaciones en la zona abdominal, muy posiblemente originados por factores nerviosos o psicosomáticos. Otros creen que la falta de jugos digestivos causaba este problema, o el déficit alimentario producto de su vida militar, plagada de carencias, como consta en diversos documentos.

Aparentemente su salud empezó a agravarse entre 1818 y 1819. El 1º de febrero de 1819, cumpliendo órdenes del Gobierno, Belgrano se puso al frente del Ejército del Norte, acantonado en Tucumán, y salió de campaña contra los caudillos federales del Litoral (José Gervasio Artigas, Estanislao López y Francisco Ramírez) que impulsaban la anarquía, retaceaban apoyo a los ejércitos patrios, desafiaban a las autoridades nacionales, desconocían al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón y al Congreso que había declarado nuestra Independencia, saboteaban sus comunicaciones e interceptaban los cargamentos de provisiones, refuerzos y armas que el Directorio remitía a los Ejércitos del Norte y de los Andes, comprometiendo así la causa de la Independencia.

A diferencia de San Martín, Manuel Belgrano obedeció estas órdenes, y acudió a socorrer al Directorio y al Congreso de Tucumán -que ya funcionaba en Buenos Aires por esa época-, ante el riesgo de desintegración del país y que reinara la anarquía; contra lo que tanto había luchado siempre.

Por esa época, su enfermedad estaba ya bastante avanzada. Sus amigos y su médico le aconsejaron que no fuera personalmente él con la expedición, pues bien podría enviar a otro oficial a cargo. Belgrano se negó. Intuía que, si no comandaba él mismo al ejército, éste corría el riesgo de desintegrarse, contagiando con su accionar anárquico a las demás provincias (como efectivamente ocurrió después).

Su escasa salud se devastó por la dura travesía por intransitables senderos de tierra, a través de Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, sumada a las inclemencias del tiempo, por dormir en la intemperie, o en una incómoda tienda de campaña, en medio del frío y la lluvia.

Fue en esa travesía desde Tucumán hacia Córdoba que un viajero inglés, llamado Samuel Haigh, se cruzó con Belgrano y su ejército y nos dejó un claro testimonio del deplorable estado en el cual encontró a ambos: "Apenas habíamos andado dos leguas por la mañana, cuando encontramos toda la fuerza del general Belgrano, compuesta de tres mil hombres, en camino al interior. Los soldados iban en estado lastimoso, muchos descalzos y vestidos de harapos; y como el aire matinal era penetrante, pasaban tiritando de frío, como espectros vivientes… Belgrano nació en Buenos Aires, y tenía reputación de ser muy instruido, pero no fue un general afortunado. Entonces, debido a su debilidad, no podía montar a caballo sin ayuda extraña, y no parecía capaz del esfuerzo requerido para guerrear en las pampas. Su persona era grande y pesada…".

Ya se evidenciaba, en el testimonio que nos brinda este inglés, alrededor de un año antes del fallecimiento del prócer, que el cuerpo de Belgrano se encontraba hinchado y deformado, a raíz de su enfermedad.

En el Museo Mitre existe una carta escrita en la Posta de la Candelaria, el 7 de Abril de 1819, dirigida a su sobrino político, el ex Director Supremo, el coronel peruano Ignacio Álvarez Thomas, en la que Belgrano le cuenta que tiene afectados el pulmón y el pecho. También el muslo y la pierna derechos, lo que obliga a sus soldados a ayudarlo a montar y bajar del caballo, tareas que ya no puede realizar solo.

Un año después, en una carta dirigida el 13 de Abril de 1820 al entonces Gobernador de Buenos Aires y antiguo amigo suyo, don Manuel de Sarratea, le confía que "su enfermedad comenzó el 23 de Abril de 1819". Se refería, en concreto al malestar  que lo venía aquejando en el pecho y en el pulmón.

En mayo de 1819, con el Ejército del Norte se moviliza hacia Cruz Alta, localidad distante como a 200 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba, justo en el límite con Santa Fe. En medio del duro otoño cordobés, Belgrano se instaló en un rancho miserable, y padeció frío, humedad y la lluvia. No tenía comodidades y eso agravó más aún su salud al no tener el ambiente propicio para recuperarse.



A principios de junio, se trasladó a Capilla del Pilar, a 50 kilómetros al sur de Córdoba, sobre el Río Segundo. Allí se entera de la renuncia de Juan Martín de Pueyrredón, como Director Supremo y de la elección de José Rondeau, como último mandatario de las Provincias Unidas. Su salud se agrava aún más. Ahora ya no consigue conciliar el sueño. Su respiración se torna difícil. Por la hinchazón en sus pies y piernas ya hasta se le complica desplazarse y caminar, cuando antaño tenía un andar ligero y sin dificultades pues era de caminar casi corriendo. Su desazón ante el estado institucional de la Patria complica aún más su padecer físico.

Sus allegados, preocupados, convocaron al doctor Francisco de Paula Rivero, quien le diagnosticó una "hidropesía avanzada" que es la retención de líquido en los tejidos. No es una enfermedad autónoma, sino un síntoma por el cual se manifiestan, básicamente, enfermedades de los riñones, del corazón y del aparato digestivo. El líquido se acumula en el vientre, cuello, brazos, tobillos y muñecas. Puede reflejar un mal funcionamiento de los riñones, que no eliminan correctamente los fluidos. El líquido acumulado (como parece haber sido en este caso) ocasiona mucha presión sobre el corazón y los pulmones, y termina afectándolos. La hidropesía se relaciona con tuberculosis, cáncer de colon, afecciones cardíacas, glandulares, hepáticas o renales.

La medicina de la época no atinó a diagnosticar exactamente el cuadro del prócer; tampoco a brindarle el tratamiento adecuado. Sus dolores eran tan fuertes que lo postraban. Todos percibían que el General estaba enfermo, y cómo la hidropesía había afectado a su cuerpo, hinchándolo en demasía e impidiéndole movilizarse.

Anoticiado del estado de salud de Belgrano, el gobernador de Córdoba, Manuel Antonio de Castro, le ofreció trasladarse a la ciudad de Córdoba para poder tratarse mejor y descansar adecuadamente. Belgrano le respondió en estos términos: "La conservación del ejército pende de mi presencia; sé que estoy en peligro de muerte, pero aquí hay una capilla donde se entierran los soldados. También puede enterrarse en ella al General. Me es agradable pensar que aquí vendrán los paisanos a rezar por el descanso de mi alma".

A finales de agosto de 1819, y con la perspectiva del arribo de la primavera, Manuel Belgrano se siente levemente mejor. En una carta suya del 27 de ese mes, dirigida a Tomás Guido, amigo y confidente del general San Martín, le cuenta: "Parece que la enfermedad me quiere dejar, llevo unos cuantos días de alivio conocido y espero que el sol aproximándose más, me restituirá a mi antigua robustez".

Sin embargo, su ilusión será efímera. Apenas dos días después, los dolores, el cansancio y sus crónicos males recrudecen con más fuerza. Es entonces que se dirige al flamante Director Supremo y predecesor suyo en el mando del Ejército del Norte, general José Rondeau, y le pide licencia para regresar a Tucumán; muy probablemente para conocer a su hija tucumana, Manuela Mónica, que había nacido el 4 de mayo y estaba a punto de cumplir 4 meses: "No habiendo podido conseguir en medio del sufrimiento de cuatro meses de enfermedad un alivio conocido, y aconsejándome los facultativos la variación de temperamento, debiendo ir al del Tucumán, me veo en la necesidad, aunque dolorosa, de ocurrir a V.E. para que me permita dejar el cargo por algún tiempo, hasta que logre mi restablecimiento".

Tan mal se sentía que, sin esperar la respuesta oficial del Gobierno, el 11 de setiembre de 1819, Manuel dispuso su propio relevo en el Ejército, y ordenó que se hiciera cargo del mismo, su segundo al mando, el general Francisco Fernández de la Cruz. En su despedida, con los ojos llorosos y visiblemente emocionado, arengó a sus hombres por última vez: "Me es sensible separarme de vuestra compañía, porque estoy persuadido de que la muerte me sería menos dolorosa, auxiliado de vosotros, recibiendo los últimos adioses de la amistad".

El general Belgrano había elegido pasar sus últimos días en Tucumán, en compañía de la mujer que amaba (Dolores Helguero) y a la cual se había visto obligado a dejar, más de 7 meses atrás; y también a su hija recién nacida. En esa provincia también tenía entrañables amigos, que siempre lo habían recibido con los brazos abiertos.



Al pasar por las proximidades de Córdoba, salieron de la ciudad, tanto el gobernador, como las principales autoridades a saludar al ilustre pasajero que iba de regreso hacia el Norte. Hasta ese punto también, lo iba a acompañar una escolta que, de 25 soldados, había ordenado el general Fernández de la Cruz. De este modo lo custodiaban hasta donde el camino era más seguro para proseguir, a partir de allí, derecho hacia Tucumán. En Córdoba tiene lugar una breve y emotiva ceremonia. Cuando Manuel se dispone a despedirse de su escolta; todos sus soldados descienden de sus caballos, y sollozando, visiblemente emocionados, lo van abrazando, uno a uno, al tiempo que le dicen: "Adiós, nuestro general. Que Dios lo acompañe, le devuelva la salud y nos permita volver a verlo pronto". Belgrano no atina a responder, y embargado por la emoción, los abraza efusivamente, sabiendo que nunca más los volvería a ver.

Luego de otra dura travesía, que debió haber durado varias semanas, Manuel llegó a Tucumán y se recluyó en su casa (pegada a la actual Plaza Belgrano); que era sencilla y sin comodidades. Según nos cuenta su amigo tucumano José Celedonio Balbín, su casa "era de techo de paja, sus muebles se reducían a doce sillas de paja ordinaria, dos bancos de madera, una mesa ordinaria, un catre pequeño de campaña con delgado colchón que casi siempre estaba doblado".

Sin embargo, su arribo a San Miguel de Tucumán no le resultó tan agradable como el enfermo general imaginaba. A poco de llegar, se enteró de que la madre de su hija, Dolores Helguero, se había casado con un señor catamarqueño, mayor que ella. Tal vez influenciada por su familia, para disimular que era madre soltera. Esta noticia debió haber sido devastadora para el prócer. Pocos amigos lo pasaban a visitar. Su única alegría era recibir a su niña, a quien adoraba y llamaba su "palomita".

Al poco tiempo, el 11 de noviembre de 1819, estalló en Tucumán un motín contra el gobernador de la provincia, el catamarqueño Feliciano de la Mota Botello. El instigador de la asonada era nada menos que Bernabé Aráoz, antiguo amigo de Belgrano, quien se había resentido mucho con él por el respaldo de éste al mandatario derrocado. Don Bernabé había sido un protagonista crucial en 1812, convenciendo a Belgrano de desobedecer al Triunvirato y de enfrentar a los realistas.

Los partidarios de Aráoz, encabezados por el capitán Abraham González, temiendo que Belgrano usara su autoridad para hacer fracasar la conjura, irrumpieron en su casa y pretendieron colocarle cadenas y grillos en sus pies. Belgrano estaba postrado en cama. La oportuna intervención de su médico, el norteamericano Joseph Redhead, evitó que lo concretaran. El General, humillado y defraudado, le confió a un amigo: "Yo quería a Tucumán como a mi propio país, pero han sido tan ingratos conmigo, que he determinado irme a Buenos Aires, pues mi enfermedad se agrava día a día".

En Febrero de 1820 emprendió el regreso a Buenos Aires sin un peso en el bolsillo. El Estado le adeudaba sueldos por años de servicios. El dinero que se le otorgara por sus victorias de Tucumán y Salta nunca le fue abonado; tampoco se lo destinó al funcionamiento de las cuatro escuelas legadas por el prócer. Su amigo Celedonio Balbín le prestó dinero para viajar y lo acompañó él mismo, junto a su confesor, a su médico personal -el Dr. Redhead- y dos ayudantes. Así iniciaba el Creador de la Bandera su última travesía, para morir en su ciudad natal.

Fuente: infobae

domingo, 19 de junio de 2016

Las terribles hermanas Ezcurra

por Horacio Yanicelli

Las Ezcurra eran dos hermanas, María Josefa y Encarnación. La primera, fue amante de Manuel Belgrano, como ya lo comentamos en otro artículo. La segunda, casose con Juan Manuel de Rosas. Para ser justos, debemos decir que ambas niñas eran muy particulares y sobre todo, no eran dóciles. Tenían una fuerte personalidad, como veremos en lo que vamos a contar a continuación. 
             
María Josefa de Ezcurra
María Josefa, enamorada de Belgrano y habiendo partido forzadamente su marido español a la península, luego de la Revolución de Mayo porque era hombre de la corona e intimidad del Virrey depuesto, siguió al patriota hasta su campamento en el norte, en Campo Santo en el año 1812. Lo acompañó en el Exodo Juejeño y en la  Batalla de Tucumán. 

Los Ezcurra intentaron de mil maneras convencerla de que no viajase, que el camino de Buenos Aires a Jujuy de casi 1800km.,  era peligrosísimo y además,  los riesgos de que la acusen de adulterio eran enormes. Pero nada de eso detuvo a la enamorada.    Viajó al Norte  quedando  allí embarazada y para evitar las consecuencias de su relación adúltera con el vencedor de Tucumán y Salta,  se separaron a fines de 1812 y ella tuvo el niño en una estancia de Santa Fe, dándolo en adopción al matrimonio de su hermana Encarnación con Rosas.    

Y como tal cual dijimos, el matrimonio de recién casados de Juan Manuel de Rosas y Encarnación merece un párrafo aparte. Veamos. 

Juan Manuel contaba 19 años y Encarnación dos menos aproximadamente. Tenían tal metejón que se querían casar y así se los hicieron saber a sus respectivos padres. Los Ezcurra aceptaron, pero el problema se planteó con Doña Agustina López de Osornio, la mamá del futuro Restaurador de las Leyes. La mujer se plantó en que eran demasiado jóvenes y que deberían esperar para obtener su consentimiento. 

Encarnación de Ezcurra
Ante tal postura irreductible de su madre, Rosas planificó una travesura a las que era muy afecto. Hizo que Encarnación le escribiera una carta donde le comunicaba que estaba embarazada de él y que si no se casaban, ella armaría un escándalo gritando a los cuatro vientos que la había engañado y abusado de su inocencia y enamoramiento. Luego, dejo como al descuido el sobre con la nota en un lugar donde Doña Agustina lo pudiese encontrar y con lo curiosa que era seguramente lo leería. Y así sucedió nomas.     

Cuando la mujer se enteró y espantada por el escándalo en ciernes, inmediatamente habló con su hijo dándole el consentimiento para el matrimonio. Así fue que se casaron encarnación y Juan Manuel. Como corría el año 1813, al poco tiempo del matrimonio nació el hijo de María Josefa con Belgrano, al que los Rosas adoptaron. De ese modo, la casa de los Ezcurra quedó en orden. Se ocultó el fruto del adulterio y se calmaron los calores de los jóvenes novios que obtuvieron la legalización para retozar libremente en la vida.  

Pedro Pablo Rosas y Belgrano
Encarnación fue protagonista y en gran parte hacedora del asenso político de su marido. Después  del éxito de Rosas  en la Campaña al Desierto, a Encarnación se la denominó Heroína de la Santa Federación. Es de destacarse  que en aquellos tiempos, donde la mujer no contaba en la vida política, la niña Ezcurra haya logrado tanta notoriedad y protagonismo. Sin embargo, es justo que se señale, su accionar se vio deslucido  porque se acusa a ella de ser  la inspiradora de las persecuciones, acusaciones, encarcelamientos y demás actos de violencia cometidos por la temible Mazorca.   

La esposa de Juan Manuel de Rosas murió joven, a los 43 años un 20 de octubre de 1838 conmoviendo a Buenos Aires cuestión que se evidenció en el populoso funeral de mas de 25 personas, en una ciudad que por ese entonces contaba con mas o menos 60.000. 
María Josefa acabó su vida en una avanzada vejez para esa época, a los 70 años, en tiempo posterior a la caída de su cuñado, a quien también apoyó y acompañó activamente en su vida política caracterizándose por su carácter enérgico y apasionado. 

Rama de los Ezcurra en Tucumán

FuenteLuis Horacio Yanicelli

viernes, 17 de junio de 2016

17 de junio Día Nacional de la Libertad Latinoamericana

Parte de Manuel Belgrano al Congreso de Tucumán, dando cuenta del triunfo de Martín de Güemes contra los españoles, 11 de octubre de 1816. 

Documentos Escritos. Sala VII.

Transcripción:
Contestado en 12 de Octubre.

Se realizaron al fin los hechos gloriosos de las armas de la Patria por los lados de Tarija, que se prometía y anunciaba al Señor Gobernador Interino de la Provincia de Salta D. Martín Güemes en sus partes anteriores.

Ayer como a las 4 de la tarde recibí por extraordinario el que tengo el honor de elevar al alto conocimiento de Nuestra Soberanía. El manifiesta la energía que inflama a los oficiales y tropa que atisban las operaciones del enemigo por aquellos cuantos; pues no desperdician oportunidad de sorprenderlos y hacerse temibles; lo que deberá ser de la más completa satisfacción de Vuestra Soberanía.

Dios guarde a Vuestra Soberanía, Octubre 11 de 1816.
Soberano Congreso de las Provincias Unidas de Sud América.

Manuel Belgrano

Desde 1999 Argentina estableció el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana por virtud de la Ley 25.173, en conmemoración del fallecimiento del General Martín Miguel de Mata Güemes, quien fuera defensor de la frontera norte contra la invasión realista, lo que permitió al general San Martín encarar sus campañas de Chile y Perú, desde el 2016 feriado nacional.

miércoles, 15 de junio de 2016

Güemes y Rondeau inquietaron al Congreso

Gral, Martín M. de Güemes


El caudillo salteño y el jefe del Ejército del Norte estuvieron a punto de enfrentarse, hasta la firma del pacto de Cerrillos. 

Una de las grandes preocupaciones del Congreso de las Provincias Unidas, durante los tiempos que rodearon su instalación, fue el conflicto del Ejército del Norte con Martín Güemes. En verdad, constituía un cuadro con más que suficientes motivos de inquietud.

El 29 de noviembre de 1815, cuatro meses antes de empezar las sesiones de la soberana corporación en Tucumán, ese ejército había sido derrotado completamente por los realistas en la batalla de Sipe Sipe. Con el contraste, concluía la tercera campaña al Alto Perú tan desastrosamente como habían concluido la primera, en Huaqui (1811), y la segunda, en Ayohuma (1813). Sería la última. Ya no volvieron a intentar los patriotas un nuevo ataque al poder español por esa vía.
  
El general Rondeau

El Ejército del Norte, cuya fuerza inicial había llegado a unos 4.000 hombres, estaba desde julio de 1814 al mando del general José Rondeau. “Hombre de recto juicio, pero sin las luces de la inspiración; de porte grave y carácter algo apático, de alma serena, reconocido por todos como un patriota abnegado y virtuoso, y militar de buena escuela”, lo describe Bartolomé Mitre.

Porteño de nacimiento, Rondeau frisaba entonces los 42 años. Su foja de servicios se enriquecía con una arrojada actuación en combates de la península contra Napoleón, y la conducción de ataques decisivos en el sitio de Montevideo. Ataques que resultaron clave para esos laureles triunfantes que recogería, finalmente, el general Carlos de Alvear. Pero, añade Mitre, “carecía del temple del hombre de mando”. No poseía “las inspiraciones del guerrero”, ni “los talentos del organizador militar”.

Retirada a Humahuaca

Remarca este historiador que la derrota de Sipe Sipe fue la peor que sufrieron los patriotas, sólo comparable a la de Huaqui. Los realistas la celebraron jubilosamente, y se rezó un Tedeum en todas las iglesias de la corona, en agradecimiento. Sipe Sipe creaba, para la revolución independentista, un peligro gravísimo: la actual Argentina quedaba prácticamente sola, con los generales del Rey dominando en Chile, en el Alto y Bajo Perú, y en Nueva Granada, para no hablar de la azarosa situación de la Banda Oriental, amenazada por los portugueses y en eterno conflicto con Buenos Aires .

Con unos 1.500 soldados que le quedaban luego de la derrota y tras una retirada en absoluto desorden, Rondeau trató, al principio, de afirmarse en Tupiza y en Moraya. Pero el avance de la vanguardia realista lo determinó a replegarse hasta Humahuaca, donde acampó. En esos momentos, dentro del territorio altoperuano, solamente se mantenía la causa patriota en Santa Cruz de la Sierra y en el valle de Cinti.

Rondeau vino a establecerse, entonces, en el territorio de Martín Güemes.

El general Güemes

Más allá de sus indiscutibles méritos de aguerrido patriota, el famoso salteño era un personaje problemático. Estaba siempre receloso de que el gobierno central lo derrocara. Esto, por la irregularidad que rodeó su elevación al gobierno de Salta (jurisdicción que entonces incluía a Jujuy). Hay que recordar que, a pesar de que en esa época los gobernadores eran nombrados por el poder central, Güemes había removido al titular, Hilarión de la Quintana, para ser luego ungido gobernador por una asamblea popular, en mayo de 1815.

Sus recelos de una represalia sorpresiva por parte del poder central, lo habían llevado a obstaculizar el paso del refuerzo que, al mando de Domingo French, se había enviado desde Buenos Aires para el Ejército del Norte. Eran casi 2.000 hombres forzados a detenerse en Tucumán, en octubre de 1815, un mes antes de Sipe Sipe, porque Güemes, con diversos pretextos, no les permitió avanzar y conectarse con Rondeau.

El conflicto

Al comienzo, el caudillo salteño tenía aceptable relación con Rondeau acampado en Humahuaca, y hasta le aportó unos centenares de milicianos. A fines de febrero de 1816, el jefe del Ejército del Norte decidió replegarlo a Jujuy. Dejó su caballería en Humahuaca, mientras las milicias patriotas del marqués de Yavi ocupaban los puestos avanzados de Potrero, Casabindo y Tarija.

Corría marzo cuando empezaron a plantearse los conflictos con Guemes. Este se movía con toda libertad, sin importarle contrariar muchas disposiciones de Rondeau. Hay que recordar que este, además de jefe del Ejército, era Director Supremo de las Provincias Unidas desde abril de 1815, y lo reemplazaba en interinato el general Ignacio Álvarez Thomas.

Una de las serias libertades que se tomó Güemes, fue apoderarse de 500 fusiles y 300 carabinas que estaban en los depósitos militares de Jujuy. Cuando el indignado Rondeau las reclamó, no quiso entregarlas, con el argumento de que constituían un botín arrebatado al enemigo por sus milicias.

Pacto de Cerrillos

En ese clima, Salta pronto se llenó de rumores. Se decía que Rondeau tenía el propósito de atacar la ciudad, ocuparla y restablecer el poder nacional sobre esa provincia. Se esperanzaban también, con esa tesitura, sectores de vecinos adversarios de Güemes.

Finalmente, Rondeau decidió marchar sobre Salta, tras ordenar que se le incorporasen dos escuadrones de Dragones que estaban en Tucumán. El avance empezó, pero las milicias de Güemes hostigaban constantemente a la tropa. Esta llegó trabajosamente hasta Cerrillos. Allí, Rondeau se enteró de que no podía contar con los Dragones de Tucumán, ya que un escuadrón había pasado a Jujuy y el otro había sido batido por las milicias del díscolo gobernador salteño en Campo Santo, el 20 de marzo.

Guemes lo estaba esperando con sus escuadrones gauchos, dispuesto a la pelea. Dudoso del resultado de un combate y sin apoyo popular alguno, Rondeau optó por conciliar. Así, firmó, con el caudillo de Salta, el pacto de Cerrillos, el 22 de marzo, dos días antes de instalarse el Congreso de Tucumán.

Rondeau renuncia

Desde Mendoza, San Martín expresaría gran contento por el arreglo. “Más que mil victorias he celebrado la mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau”, escribió al diputado Tomás Godoy Cruz. Le contaba que había dedicado al pacto el homenaje de “una salva de 20 cañonazos, repiques y otras mil cosas”.

Tragando su amargura, Rondeau regresó a Jujuy con sus soldados. Allí le llegaron pésimas noticias: el mayor Gregorio Aráoz de La Madrid no había podido sostenerse en Tarija; Vicente Camargo, su gran esperanza en el valle de Cinti, había sido batido y degollado por los realistas, y las milicias del marqués de Yavi ya no estaban en sus posiciones en Casabindo y Pascaya.

Un cuadro tan deprimente movió a Rondeau a renunciar al mando del Ejército del Norte, el 26 de abril. Levantó el campamento e inició la marcha de la fuerza rumbo a Tucumán. El movimiento alarmó a los congresales. Temían que Rondeau quisiera disolver el Congreso, en apoyo al Director Supremo que sustituyó a su interino Álvarez Thomas (que era interino también desde la elección de Juan Martín de Pueyredón), el brigadier Antonio González Balcarce.

Cambio de jefe

Entonces, el cuerpo ordenó a Rondeau que no se acercase a Tucumán. Ni bien designado Director Supremo, el general Pueyrredón partió a entrevistarlo. En varios días de conversación, Rondeau tuvo que digerir otra amargura. Supo que, antes de aceptar su dimisión, ya el Congreso lo había reemplazado por Manuel Belgrano.

La novedad determinó que se retiraran de la fuerza varios oficiales que eran fieles partidarios de Rondeau, como French, Manuel Pagola, Juan Ramón Rojas y Rafael Hortiguera. Pero permanecieron en los cuadros otros muy buenos, como Alejandro y Felipe Heredia, Aráoz de La Madrid, Juan Bautista Bustos, José María Paz y Francisco Fernández de la Cruz, para citar los principales.

Dos semanas después de la declaración de la Independencia, el 23 de julio de 1816, el Ejército del Norte acampaba en Trancas. Partió hasta allí su nuevo jefe Manuel Belgrano, y el 7 de agosto se hizo cargo de esa fuerza que ya había mandado desde 1812 hasta 1814. La condujo a Tucumán, para acantonarla, parte en La Ciudadela y parte en San José de Lules.

Allí permanecería el Ejército inactivo durante dos años y tres meses, hasta marzo de 1819. En esa fecha se movió hacia Córdoba, para terminar disolviéndose en enero de 1820, tras el motín de Arequito.

Fuente: Lagaceta.com