martes, 31 de mayo de 2016

Los conquistadores españoles de raza negra

Seguramente el título del artículo dejará confundido a más de uno pero la interpretación es literal. Pese a lo que muchos creen, en la conquista de América también hubo protagonistas de raza negra y algunos de ellos destacaron los suficiente como para mejorar en la escala social e incluso haber dejado sus nombres a la posteridad.



En general, la presencia de personas de ascendencia africana en las Indias obedecía a la necesidad de mano de obra ante la dramática caída demográfica en las Antillas, derivada de las acciones bélicas y la altísima mortalidad que produjo la difusión de enfermedades para las que la población autóctona carecía de defensas biológicas, muy especialmente de la viruela. Así, a partir de 1502 se empezaron a enviar esclavos negros -unos setenta y cinco mil en el siglo XVI-, considerados más resistentes no sólo a la incidencia de virus sino al trabajo físico mismo.

Sin embargo el régimen esclavista español, dentro de la infamia inherente a su condición, era más laxo que el portugués o el anglosajón y, salvo en zonas muy concretas (por ejemplo las plantaciones de azúcar caribeñas o el litoral pacífico de Sudamérica), el esclavo negro solía ser básicamente doméstico, usado como criado, asistente o simplemente para presumir de servidumbre. El caso es que la manumisión no era rara y muchos la consiguieron, estableciéndose como colonos (con empleos típicos tan peculiares como portero (el más habitual, además de vigilar la puerta también convocaba a los concejales a las reuniones), pregonero, subastador, verdugo o incluso gaitero. Pero algunos prefirieron jugársela y enrolarse en las huestes de conquista.

Juan Valiente

Posiblemente el más famoso conquistador negro, su caso es un poco especial porque aún era esclavo cuando en 1533 le solicitó permiso a su amo, Alonso Valiente, un hacendado de Puebla (México), para marchar cuatro años en busca de fortuna con la promesa de volver y pagar su libertad con las ganancias que lograra. El español accedió y Juan se alistó, junto a otros doscientos africanos (la mayoría esclavos) en la expedición que el otrora lugarteniente de Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, preparaba para ir a Perú.

Una vez en destino resultó que no hubo oportunidad porque Pizarro se había adelantado. Diego de Almagro le pagó a Alvarado un considerable dineral a cambio de que regresase y de contratar a los hombres que desearan quedarse. Juan Valiente fue uno de ellos y en 1535 estaba en Chile con aquel nuevo jefe, peleando contra los araucanos. Cinco años después había logrado ascender a capitán y reunir cierto capital, incluyendo una encomienda y una propiedad a las afueras de Santiago, así como una esposa, Juana de Valdivia, presunta ex-esclava del famoso conquistador.

Alonso Valiente trató de ponerse en contacto con él para resolver su situación pero las dificultades en las comunicaciones propias del siglo XVI lo impidieron. Paralelamente, Juan intentó comprar su libertad pero fue víctima de una estafa, perdiendo el dinero entregado para ello. Finalmente murió en combate, junto al propio Valdivia, en la batalla de Tucapel (1553).



Juan Garrido

Otro africano del mismo nombre -algo muy recurrente, como veremos, al igual que en inglés se usa John Doe- y vida paralela, esclavizado por los portugueses pero convertido al cristianismo en Lisboa, lo que le permitió adquirir la libertad y viajar a Sevilla, donde embarcó en 1503 para Santo Domingo como criado a las órdenes de Pedro Garrido. Durante once años combatió en la conquista de Cuba y Puerto Rico, además de participar en el descubrimiento de la Florida. En 1519 se sumó a la expedición de Cortés a México y en una carta al rey presumía de haber sido el introductor del cultivo del trigo por esos lares. 



Posteriormente volvió a la vida militar en la incursión de Antonio de Carvajal por Michoacán y Zacatula. En 1525 se le concedió un inmueble en la nueva Ciudad de México, donde trabajó de portero, pregonero y vigilante del acueducto de Chapultepec, pero tres años más tarde se lanza otra vez a la aventura, al mando de una expedición para explotar las minas de oro de Zacatula. Tras otro descanso, se enroló a las órdenes de Cortés cuando éste exploró la Baja California; era el responsable -y copropietario- de un batallón de esclavos negros e indígenas. Falleció en 1547 dejando esposa y tres hijos.

Juan Beltrán

Este mulato se hizo famoso en las guerras de Chile, donde por su valerosa actuación y su colaboración en la fundación de la ciudad de Villarica se le encomendó la construcción y el cargo de capitán de un fuerte en las afueras, además de premiarle con una encomienda de medio millar de indios. Beltrán dirigió varias malocas (razzias, en el lenguaje soldadesco de ultramar) victoriosas pero al final murió luchando con los indómitos araucanos.

Juan García

Otro mulato que, en su caso, nació libre en Extremadura hacia 1495. Formó parte de la expedición de Pizarro al Perú, viajando con su mujer y sus hijas. Era pregonero y gaitero, siendo su misión fundamental la de pesar los metales preciosos que se recogieron en Cajamarca por el rescate de Atahualpa. Asimismo, estuvo presente en los sucesivos repartos de oro y plata entre la tropa. Se sabe que con sus ganancias le compró una esclava indígena a otro soldado y con ella tuvo una hija ilegítima.

Residió en Cuzco, donde colaboró en su reforma urbana, pero luego se trasladó a Lima con la idea de regresar a España. Lo hizo en 1536, de forma triunfal, estableciéndose en la zona donde había nacido y adoptando el nombre de Juan García Pizarro. No se sabe la fecha de su fallecimiento.



Otros conquistadores negros

La lista de conquistadores negros en América es mucho más extensa. Inacabable, de hecho, sólo que carecemos de datos suficientes sobre sus vidas. Así, podríamos citar a Juan Bardales, esclavo africano que participó en las expediciones a Panamá y Honduras (donde dijo haber recibido un centenar de heridas de flecha) consiguiendo su manumisión y una pensión de cincuenta pesos concedida por el Rey. O a Sebastián Toral, que por su labor en la exploración del Yucatán logró la libertad, la exención de impuestos y otra pensión real, empleándose como portero. O a Antonio Pérez, que era libre y participó junto a Diego de Losada en la conquista de Caracas, donde ascendió a capitán. O a Miguel Ruiz, otro que estuvo con Pizarro en Cajamarca y obtuvo su parte del botín. O a Gómez de León, que también recibió una encomienda en Chile.

Y tampoco habría que olvidar los miles de personas de raza negra cuyos nombres fueron obviados por los cronistas (aunque Cieza de León suele mencionarlos genéricamente), caso de los doscientos que ayudaron a sofocar el incendio de Cuzco durante el asedio de Manco Inca en 1536 o el número similar de ellos enviados desde La Española como refuerzo armado; o los que colaboraron en la conquista de Nueva Granada, de los que únicamente ha trascendido la identidad de un mulato llamado Pedro de Lerma.

Fuente: labrujulaverde.com

lunes, 30 de mayo de 2016

Coterón

En campo de gules, cinco castillos de oro,
aclarados de azur y puestos en sotuer.

Linaje de origen castellano.


Dicen María del Carmen González Echegaray y Conrado García de la Pedrosa en su obra conjunta "Diccionario de Apellidos y Escudos de Cantabria" con respecto al mismo: «Apellido de raíces toponímicas, hay familias empadronadas en el siglo XVIII en los lugares de San Vitores, Sobremazas y Valdecilla de la Junta de Cudeyo.

A este apellido perteneció Juan Francisco de Coterón, vecino de Pámanes (Cantabra). Entre 1647 y 1649 se encarga de la construcción del retablo mayor de la parroquia de San Vicente de Valdelomar (Cantabria); en esta obra colabora con él, como escultor, Gabriel González y como pintor Juan Fernández, vecino de Aguilar de Campoo (Palencia). La obra no se ha conservado.

En 1677 Francisco de Coterón ya había fallecido, pues su hija Lucía así lo declara en una carta de poder en la que se añade que este artista había hecho y perfeccionado la "obra de escultura y ensamblaje de la parroquia de San Pedro del Romeral" (Cantabria). Debe de ser el mismo escultor Francisco Isla Coterón (ignoramos por que se cambiaron el orden de los apellidos) que en 1656 tallaba las imágenes de santos que aún se conservan en la portada de la Concepción de la iglesia parroquial de Cogeces del Monte (Valladolid).

Un maestro también llamado Juan de Coterón se encargó en 1624 de poner el guardapolvo en el altar de Santiago de la parroquia de Pámanes (Cantabria). Desconocemos su oficio, así como su segundo apellido, por lo que no nos atrevemos a identificarle con el Juan Francisco de Coterón que nos ocupa.

Fuente: Blasones Hispanos

domingo, 29 de mayo de 2016

Cousiño-Coutinho

En campo de oro, cinco estrellas de gules, puestas en sotuer.


Se dice que el apellido "Cousiño" proviene de la donación del Couto de Leomil, por el rey de Portugal Alfonso Enrique, como premio por servicio a la familia García Rodríguez. El “Couto de Leomil” derivó en el apelativo “el cauterio” del cual, a su vez, derivó el apellido "Coutinho", en Portugal, y "Cousiño", en Galicia (España). Dos ramas de la familia con un mismo escudo de armas.


Los "Coutinho" ocuparon altos cargos públicos en Portugal; fueron Condes de Marialava, de Barba y de Redondo y también lograron formar parte de la Familia Real al contraer matrimonio la quinta Condesa de Marialava, Guiomar Coutinho con el Infante Fernando, hijo del Rey Manuel de Portugal.

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La familia "Cousiño" que pasó a Chile:

I.- Juan Antonio Cousiño Orge, natural de La Coruña (Galicia). Casó en Chile en 1766 con María Pastoriza Zapata Contreras (hija de José Antonio Zapata y Catalina Contreras Vásquez de Arenas). Hijos registrados:

1.- José Ramón Cousiño Zapata, casó con Antonia Bascuñán Ovalle,
2.- Pedro José Cousiño Zapata, casó con Catalina Díaz Morales,
3.- Manuela Marcela Cousiño Zapata,
4.- Antonio Fernán Cousiño Zapata,
5.- Juan Antonio Cousiño Zapata, casó con Jesús Fernández Garfias,
6.- José Agustín Cousiño Zapata, que sigue, y
7.- Mercedes Cousiño Zapata, casó en primeras nupcias con José Antonio del Río Andonaegui, y en segundas con Tomás Lurquín.

II.- José Agustín Cousiño Zapata. Casó en Renca en 1807 con Josefa Jorquera Alfaro. Hijos registrados:
1.- Ventura Cousiño Jorquera, casó co Rosario Ortúzar Castillo, y
2.- Matías Cousiño Jorquera, que sigue.

III.- Matías Cousiño Jorquera (1810-1863), nació en Santiago en 1810 y falleció en la hacienda La Quinta en Maipo, cerca de Buin el 21 de marzo de 1863. Su visión empresarial lo llevó a invertir y crear la Compañía Carbonífera de Lota, VIII Región, construyendo un verdadero imperio, único en Sudamérica: edificó casas para técnicos y trabajadores, construyó un hospital y creó toda una infraestructura de muelles para embarcar el carbón que vendía en todos los puertos del Pacífico con su propia flota de barcos; Diputado propietario por Petorca en 1849 a 1852; por Quillota en 1852 a 1855, se incorporó el 13 octubre 1854; Senador propietario en 1855 a 1864. Casó en Valparaíso con Loreto Squella y Lopetegui, quien falleció al nacer su primer hijo (Loreto era hija de Lorenzo Gabriel de Squella Olivés e Ignacia Lopetegui del Villar). Casó en segundas nupcias en Copiapó el 21 de mayo de 1841 con María de la Luz Gallo Zavala, natural de Copiapó (hija de Bernardino Gallo Vergara y Lorenza Zavala Vallejo). Hijo:
1.- Luis Cousiño Squella, que sigue.

IV.- Luis Cousiño Squella (1835-1873), nació en Santiago en 1835 y falleció en Perú el 19 de mayo de 1873. Heredero universal de su padre; estudios en Instituto Nacional; estudios en Francia; a su regreso se dedicó a la industria del carbón de piedra en Lota, continuando la labor de su padre; transformó el mineral de Lota, lo agrandó, construyó casas para los trabajadores siguiendo los modelos europeos para darles mejor calidad de vida; administró las minas de Coronel; se interesó también por la explotación de cobre y creó la Compañía Explotadora de Lota y Coronel; influyó en la venida del pintor Raimond Monvoisin, sirviendo de mecenas de las artes y precursor de ellas en Chile; fomentó la industria de la seda y se dedicó a la vitivinicultura, y se convirtió en uno de los primeros visionarios en reforestar el país; más tarde se dedicó a traer, en barco, crías de salmones que él mismo echó en el río Valdivia, creando una especie industria en el país; introdujo cepas nuevas en las vides y como resultado se dedicó a la exportación de vino de notable calidad; hermoseó el Parque de Lota y más tarde el gobierno le encargó el trazado, delineamiento y hermoseamiento de un parque en Santiago, para lo cual trajo desde Europa al urbanista Arana Bórica para que le ayudara en su diseño, logrando exitosamente la misión por lo que el gobierno, en reconocimiento, le dio el nombre de Parque Cousiño, que en 1971 pasó a llamarse Parque O'Higgins; en 1887 la Municipalidad de Santiago erigió una estatua en su memoria en el mismo parque; construyó también uno de los más importantes palacios de Santiago, en la más importante arteria residencial de ese tiempo y junto a su mujer engalanó a la sociedad en varias ocasiones, con fiestas y banquetes fastuosos; Presidente del Club de la Unión por varios años; miembro del Partido Liberal; Diputado propietario por Lautaro en 1864 a 1867, el 15 de diciembre de 1864 se incorporó su suplente, Pedro José Barros Morán; Diputado propietario por Santiago de 1870 a 1873, 1873 a 1876, pero falleció antes de la inauguración de este nuevo período, siendo reemplazado por el diputado suplente José Antonio del Pedregal Cerda; casó en 1855 con Isidora Goyenechea Gallo (nacida en Copiapó en 1836 (hija de Ramón Goyenechea de la Sierra y Luz Gallo Zavala). Ambos fueron padres de:

1.- Alfredo Cousiño Goyenechea, casó con Josefa Mac Clure Espina,
2.- Luis Alberto Cousiño Goyenechea, que sigue,
3.- Carlos Roberto Cousiño Goyenechea,
4.- Luis Arturo Cousiño Goyenechea,
5.- Adriana Cousiño Goyenechea,
6.- Loreto Cousiño Goyenechea, casó con Ricardo Lyon Pérez, y
7.- Sor María Luz Cousiño Goyenechea.

V.- Luis Alberto Cousiño Goyenechea (1856-), nació en Santiago el 20 de agosto de 1856. Casó con María Luisa Sebire (nacida en Paris (Francia) el 22 de abril de 1863). Hijos registrados:
1.- Luis Massimiliano Cousiño Sebire, que sigue,
2.- Isidora Cousiño Sebire, y
3.- Carmen Cousiño Sebire.

VI.- Luis Massimiliano Cousiño Sebire (-1970), falleció en 1970. Casó en primeras nupcias con Antonia María Micaela Quiñones de León Buñuelos (fallecida en Santiago el 10 de marzo de 1982); y en segundas, con María Cristina Lyon del Río (hija legítima de Adolfo Lyon Pérez y Clara del Río Plummer). Hijos registrados:
Hijos del primer matrimonio:
1.- Alberto Cousiño Quiñones de León, y
2.- Micaela Ana María Cousiño Quiñones de León,
Hijo del segundo matrimonio:
3.- Matías Cousiño Lyon, que sigue.

VII.- Matías Cousiño Lyon (1936-2004), nació en Santiago el 7 de febrero de 1936, y falleció en Santiago el año 2004. Casó con María Eugenia Beéche Brum (nacida en Valparaíso el 1 de diciembre de 1936 (hija de Jorge Augusto Beéche Caldera y Blanca Luz Brum Elizalde). Hijos registrados:
1.- Fernanda Cousiño Beéche,
2.- Francisca Cousiño Beéche, y
3.- Anabel Cousiño Beéche, casó con Alberto Correa Ardizzoni. Ambos fueron padres de:
A.- Matías Correa Cousiño.

Fuentes:

1, Blasones Hispanos
2. Genealogía de la familia Chilena y Genealogía Chilena en Red.
3, Marcial Pozo Silva - La rama de Chile

sábado, 28 de mayo de 2016

28 DE MAYO DE 1880 : LLEGAN AL PUERTO DE BUENOS AIRES LOS RESTOS DEL LIBERTADOR

Vienen a bordo del vapor "Villarino", después de haber zarpado del Puerto de Montevideo, escala previa de su viaje originado en Boulogne Sur-Mer.



Por el calado del barco, no puede llegar a puerto. Para eso es trasladado el sarcófago a un pequeño lanchón llamado "Talita".

Los restos son recibidos por Domingo Faustino Sarmiento, que efectúa un memorable discurso. Es colocado en una cureña, tirada por varios caballos negros, enjaezados con crespones negros.
Ya llegado al lugar de su descanso eterno, se hace presente el Presidente Nicolás Avellaneda, artífice del retorno de los restos del Cóndor de los Andes.

Y allí realiza una de las más bellas obras de oratoria jamás dichas.
Éste es un fragmento de su discurso:

"La América mostrará entre sus monumentos el sepulcro del primero de sus soldados. La República Argentina guardará los despojos del más glorioso de sus hijos. Seis naciones viven independientes dentro de las líneas trazadas por la espada del Gran Capitán....
...Pueblos de América escuchadme: no olvidéis el consejo del Libertador y cuando encontréis su estatua ecuestre en las márgenes del Plata, en los llanos de Maipú o a orillas del Rimac, leed siempre las eternas palabras escritas en su base: "la presencia de un militar afortunado es temible en los Estados que se constituyen de nuevo" para que convirtáis jamás una espada en cetro. La espada brilla con luz tan soberana durante los combates, obedece en la vida civil y no manda...
...Guerreros de mi patria. Conciudadanos, inclinémosnos sobre estos sagrados restos y oiremos que suena nuevamente en las alturas la voz que dijo: «El General San Martín no derramará la sangre de sus compatriotas y solo desnudará la espada contra los enemigos de la independencia sudamericana»".

Mausoleo del Brigadier General José Francisco de San Martín y Matorras en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires... el Argentino más Grande de la Historia...

Fuente: Granaderos Bicentenario

viernes, 27 de mayo de 2016

Las Cihuateteo “mujeres divinas”

Son famosas figuras femeninas del universo religioso mexica. Son las mujeres muertas en primer parto. Asimiladas a guerreros caídos en la batalla de la guerra del parto, ganaban así el derecho de ir a un más allá que les era reservado, el Cihuatlampa, donde acompañaban al Sol del mediodía al atardecer. Las Cihuateteo tenían el poder de descender a la tierra y mandar enfermedades y deformidades a los seres humanos. Además se creía que ciertas partes de su cuerpo tenían el doble poder de paralizar y dar ánimo y por esto se usaban en ciertos contextos.



Las mujeres, partiendo del medio día, iban haciendo fiesta al Sol ; descendiendo hasta el occidente, llevábanle en unas andas hechas de quetzales o plumas ricas, que se llaman quetzalapanecáyutl. Iban delante dél, dande voces de alegría y peleando, haciéndole fiesta. Dexábanle donde se pone el Sol.

jueves, 26 de mayo de 2016

Genealogía de la Tragedia Argentina, de Eduardo Saguier

Esta monumental genealogía del país se centra en la aprehensión de la multiplicidad de procesos sociales desde los cuales se funda, se asienta, cristaliza y dispersa una narrativa histórica que pretende aprehenderlos en toda su complejidad, heterogeneidad y tensión. Para ello, se rastrean las fundaciones de lo que, ya en la historia nacional, devendrá en campos sociales, ahondando tanto en los procesos de constitución como de tensión, polémica y fractura, atendiendo tanto a las materialidades fácticas, como  culturales y simbólicas -en particular, a los procesos de auto-representación de una multiplicidad de agentes sociales y de sus adscripciones identitarias. En ese sentido, cabe destacar la focalización de algunos procesos en los puntos más periféricos del tejido social colonial o republicano (negros, indios, campesinado, entre otros).

Lo que hace muy original este recorrido es el esfuerzo por construir los múltiples objetos de estudio desde perspectivas teóricas diversas, buscando aparatos explicativos capaces de dar cuenta de su especificidad. De allí que los estudios de caso resulten una especie de núcleos narrativos múltiples a partir de los cuales se van construyendo lecturas interpretativas cada vez más abstractas que apelan a una multiplicidad de teorías provenientes de diferentes ciencias sociales: historia pero también economía, política, semiótica, sociología, antropología, teoría literaria, entre muchas otras.

De este modo, el texto propone recorridos de lectura múltiples, con ‘entradas’ y ‘salidas’ que, no necesariamente, requieren del orden cronológico para ser entendidos. Más aún, de los estudios de caso a las diferentes ‘capas’ explicativas se van proponiendo lecturas que exigen competencias y enciclopedias diferentes. De algún modo, la estructura del trabajo –si bien ordenada cronológicamente- intenta reproducir esa multiplicidad y heterogeneidad del devenir en el cual las percepciones del tiempo y del espacio son también diversas, heteróclitas y –en la mayoría de los casos- responden a ritmos cuyo origen se hunde en la memoria de los diversos grupos y clases aquí representados.

El efecto de lectura, por lo tanto, reproduce la percepción dispersa y disímil de los procesos históricos sin que el lector pierda por eso la posibilidad de reconstruir una clara genealogía de los mismos, posibilitándole –además- devolverle a su presente una historicidad compleja sin la cual la comprensión del mismo es imposible.  


martes, 24 de mayo de 2016

24 de mayo 1822 - Batalla de Pichincha

Fue una batalla acaecida en el Ecuador, en las laderas del Volcán "Pichincha".

Un Escuadrón de Granaderos a Caballo de los Andes, al mando del Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle formaban parte del Ejército Patriota al mando del Mariscal Antonio José de Sucre, el cual estaba compuesto de alrededor de 3.500 hombres.


Enfrente a ellos estaba el Ejército Real Español, al mando de Melchor Aymerich, con un número similar de soldados.

Lo difícil de terreno, abrupto, con grandes desniveles y peligrosas caídas, no era favorable para la actuación de la caballería.

La batalla se inicia con un leve triunfo de la infantería realista, pero ante la llegada de refuerzos patriotas, que obtienen una mejor posición de batalla, terminan por doblegar el impulso de los soldados del Rey, transformando una derrota en un brillante triunfo.

Los patriotas tuvieron 200 muertos, y los realistas cerca de los 400 y gran número de prisioneros.

El Sargento Mayor Lavalle, a pesar de que su Escuadrón de Granaderos a Caballo estaba integrado a la División del Perú, llevaba como única bandera al combate a la celeste y blanca.
Vista de las alturas del Volcán Pichincha.

Fuente: Granaderos Bicentenario

lunes, 23 de mayo de 2016

Más de 200 mil registros nuevos indexados para Tucumán

FamilySearch acaba de publicar 200.042 nuevos registros indexados en la colección Argentina, Tucumán, registros parroquiales, 1727-1955. Esta publicación aumenta el número total a 599.723 registros indexados. La tabla que se adjunta incluye todas las localidades para la cual existen registros indexados en esta colección. Gracias a los voluntarios que brindan su colaboración desinteresada para la indexación de los registros parroquiales de Argentina.

Para hacer búsquedas en esta colección haga clic en este enlace: Registros de Tucumán


Catálogo del Bicentenario del Patrimonio Edilicio Urbanístico de Tucumán

391 páginas a color, con papel de muy buena calidad y que demandó alrededor de 7 años en confeccionar trata de una guía del patrimonio edilicio urbanístico de Tucumán, donde se consigna la situación catastral y dominial de los inmuebles amparados por la Ley de patrimonio.

Allí figuran edificios como el centenario Teatro San Martín, El Colegio Nacional, la Escuela Mitre, a los que se agregaron el Jockey Club, la Iglesia de San Ramón Nonato (Amaicha del Valle), la Peña El Cardón, el teatro Mercedes Sosa, la Basílica de La Merced y el Liceo Militar, entre otros.



Tucumán, tiene y tuvo una presencia destacada en el quehacer de la República Argentina,  en todos los órdenes, social, político, cultural, productivo, industrial, y por supuesto económico. Su riqueza patrimonial abarca todos los espacios de la actividad humana, en las letras, la música, artes plásticas, teatro, como ejemplo de expresiones culturales;  a nivel científico dio destacados referentes en el orden nacional e internacional, instituciones de excelencia científica y académica, como ser la UNT, con  sus  institutos  de  investigación  de  primer  orden;    la  Estación  Experimental,  el  Instituto  de  Ciencias  
Naturales Miguel Lillo;  en educación primaria y secundaria.

Tucumán siempre estuvo preocupada y ocupada en brindar calidad en la enseñanza que imparten sus escuelas y ámbitos educativos en general, tanto en el orden público como el privado, capacitando también en sus escuelas técnicas a personas altamente calificadas en todo el quehacer industrial y tecnológico, dando a la región y al país destacados profesionales en todas las áreas.

A nivel Productivo Tucumán, en su pequeña superficie, cuenta con una importante diversidad de productos agrícolas para consumo interno y de exportación, algunos de los cuales compiten por los primeros lugares en calidad en el resto del mundo.

Se precia de ser uno de los primeros polos industriales de la república, actividad que trajo a toda la región una diversificación técnica y manufacturera insospechada. No cabe duda alguna que el mayor valor de Tucumán está en su pueblo, en su gente,  muchos de sus hijos así lo acreditaron y aún hoy lo hacen a nivel local, nacional e internacional.

Exponentes de la expresión tucumana son: en primer lugar los sitios arqueológicos, los cuales nos acercan formalmente al modo de vida de aquellos orgullosos pueblos que los construyeron;  también las ciudades, pueblos, villas,  y en las mismas, sus plantas industriales, poblaciones residenciales, urbanas, y 
en particular sus edificios tanto públicos como privados,  en los que muestra generosamente su apertura a todas las propuestas que condicen con su sentir a la vez localista y cosmopolita.

Es  nuestro  interés  desde  la  Dirección  de  Patrimonio  del  Ente  Cultural,  acercar  de  una  manera  sencilla, al público especializado y público en  general, parte de esa riqueza, que el tucumano va plasmando a lo largo del tiempo en sus  edificios, los cuales estudiados dentro de su contexto histórico temporal correspondiente, nos ofrecen una visión acabada del Patrimonio Histórico Edilicio Urbanístico y Cultural de Tucumán.



domingo, 22 de mayo de 2016

De dónde provienen las palabras “boludo” y “pelotudo”

En las Guerras de la Independencia, nuestros gauchos peleaban contra un ejército de lo que en aquella época era el Primer Mundo. Una maquinaria de guerra con disciplina de las mejores academias militares, armas de fuego, artillería, corazas, caballería, el mejor acero toledano, etc.



Nuestros gauchos (los montoneros), de calzoncillo cribado y botas de potro con los dedos al aire, sólo tenían para oponerles pelotas, piedras grandes con un surco por donde ataban un tiento, bolas -las boleadoras- y facones, que algunos amarraban a una caña tacuara y hacían una lanza precaria. Pocos tenían armas de fuego: algún trabuco naranjero o arma larga desactualizada.

¿Cuál era la técnica para oponerse a semejante maquinaria bélica como la que traían los realistas?

Nuestros gauchos formaban en tres filas: La primera era la de los PELOTUDOS, que portaban las pelotas de piedra grande amarradas con un tiento. La segunda era la de los LANCEROS, facón y tacuara, y la TERCERA la integraban los boludos con sus boleadoras o bolas.

Cuando los españoles cargaban con su caballería, los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás. Los lanceros aprovechaban esta circunstancia y pinchaban a los caídos.

Entonces, los boludos, que no eran tan boludos porque venían atrás, los rematan en el piso.

Allá por la década del ’90 (1890) un Diputado de la Nación aludiendo a lo que hoy llamaríamos “perejiles”, dijo que no había que ser pelotudo en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar.

Fue algo así como decir “no hay que ser estúpido”. Esta fue la segunda acepción que se le dio al término: 1º aguerrido 2º estúpido o similar. Con el tiempo se sumó a esta última clasificación la palabra boludo y el imaginario popular lo fue incorporando como al que los genitales grandes le impedían moverse con facilidad.

Luego se transformó en un insulto grave, de tal manera que íbamos a las manos si alguien nos lo decía.  Y nos fuimos olvidando del verdadero origen de la palabra.

En las dos últimas décadas, reemplazando a otros modismos de nuestro dialecto cotidiano (como el ¿“viste”? ó “a ver”…, los jóvenes intercalan cada dos o tres palabras un boludo, a veces por nada, a veces por respuesta, a veces en vez de decir “querido”, es decir que es un término de uso múltiple que no tiene el sentido original y que en realidad, no sabemos por qué lo decimos.

Fuente: buebavibra.es

sábado, 21 de mayo de 2016

El día a día de un conquistador español en América

Lejos de toda imagen de romanticismo, la del conquistador español en el Nuevo Mundo se caracterizó por ser una vida dura, difícil y, sobre todo, fugaz. A las inclemencias del tiempo y de la selva, aquellos hombres aguerridos tuvieron que enfrentarse a la enfermedad, los mosquitos, el hambre, la sed, las emboscadas de los indígenas… y a la avaricia de sus propios compañeros



Desde que el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubriera un nuevo continente, fueron miles los españoles que embarcaron rumbo a las Américas buscando fortuna. Las historias sobre grandes riquezas y ciudades construidas en oro eran demasiado tentadoras como para obviarlas y a su consecución se entregaron vidas y haciendas.

Hoy, aquellas proezas son vistas con un cierto halo de nostalgia y hasta de romanticismo. Y, sin embargo, si supiésemos cómo era realmente el día a día de un conquistador español, jamás volveríamos a hablar, ni de nostalgia, ni mucho menos de romanticismo.

Todo comenzaba con los preparativos del viaje, que podían muy bien realizarse en España o en suelo americano, ya que durante el siglo XVI bastaba con adentrarse algunos kilómetros selva adentro desde cualquier asentamiento ya establecido, para tener la sensación de estar pisando tierra nunca antes vista.

Para asegurar el buen provecho de la aventura, todo aventurero español debía recibir antes de su partida un permiso de la Corona mencionando sus obligaciones y derechos como conquistador. Ningún monarca deseaba repetir el gran error cometido por los Reyes Católicos, cuando concedieron a Colón valiosísimas prerrogativas que luego se vieron forzados a revocar, en cuanto percibieron la enorme riqueza de las tierras por él descubiertas. El documento donde se recogían estas obligaciones y derechos recibía el nombre de capitulaciones, mezcla de contrato y de carta de merced. Hasta el año 1542, las capitulaciones solo podían ser autorizadas por el rey, pero con las Leyes Nuevas se dispuso que también las audiencias tuvieran esa potestad y desde 1572 se hizo obligatoria la consulta previa al Consejo de Indias.

Se trataba de un método bastante cómodo de dirigir el modelo conquistador con mínimo riesgo para la Corona, ya que dejaba en manos del particular la tarea de buscar el capital, el material y los hombres, quedando al Estado la única obligación de prometer determinadas concesiones y siempre según los resultados obtenidos por la empresa.

Desde luego, este modelo no fue del agrado de los capitanes, conscientes del tremendo desequilibrio existente entre riesgos y beneficios, pero ello no impidió que hombres como Hernán Cortés, Francisco de Pizarro, Pedro de Valdivia, Diego de Almagro, Alvar Núñez Cabeza de Vaca o Juan Vázquez de Coronado se hicieran al mando de cientos de hombres en busca de su particular El Dorado.

Las expediciones se organizaban siguiendo un modelo militar, aunque no siempre sus líderes tuvieran experiencia en las armas. El grueso de la comitiva la conformaban los soldados, pero en ella no podían faltar carpinteros, herreros, porqueros, mozos de caballerizas y, sobretodo, médicos o, en su defecto, un boticario o barbero instruido en el arte de curar.

Milagrosamente, durante el primer viaje de Colón solo se registró un enfermo. Al parecer un viejo aquejado por el mal de piedra, pero fue un caso aislado. La norma era que la enfermedad y las heridas estuvieran siempre a la orden del día. Uno de los capitanes más previsores fue Hernán Cortés, quien siempre llevaba en su corte a cirujanos, boticarios, curanderos y ensalmadores. Nombres como el del bachiller Escobar, que murió loco o el del doctor Cristóbal de Ojeda, quien certificaría la muerte de Ponce de León.

Ninguno de ellos cobraba sueldo fijo, sino que se les pagaba por herido atendido, lo que provocó abusos en sus honorarios, amparándose en la necesidad de sus servicios y en la nula competencia. A veces, como hizo Cortés con un cirujano maestre que desembarcó con las tropas de Narváez, los capitanes generales les daban un toque de atención, pero la mayor de las ocasiones se salían con la suya y volvían a España más enriquecidos que los propios expedicionarios.

Cada uno de estos profesionales tenía sus trucos propios, heredados de la experiencia y de sus estudios, si los tenían, claro, que de todo siempre hubo. Para remediar la carestía de profesionales médicos, los expedicionarios contaban con el libro Milicia y descripción de las Indias, una especie de manual del conquistador escrito por el maestre de campo y caudillo general, Bernardo de Vargas Machuca, a finales del siglo XVI. En el capítulo dedicado a los males más comunes del Nuevo Mundo, Vargas Machuca cita las picaduras de animales, empeines, dolor de hijada, mal de ojos, dolor de oídos y heridas por armas emponzoñadas. Sobre todos ellos aportaba remedios y consejos muy valiosos. Por ejemplo, para curar las heridas por armas emponzoñadas recomienda cortar toda la carne afectada y levantarla con un anzuelo sin tocar los nervios. Luego, rascar la herida con una uña y rellenarla con una pasta hecha de harina de maíz tostado, pólvora, sal, ceniza y carbón. El herido no debería beber agua, administrándole en su lugar mazamorras de harina de maíz.

Pero si este remedio nos parece doloroso, peor era no contar con nadie que supiese de medicina. En esos casos solo restaba atajar los problemas de raíz y con los medios al alcance. Así lo hizo Alonso de Ojeda, quien, herido durante una refriega con los indios, optó por cauterizarse las heridas con un hierro al rojo vivo y luego envolverlas en mantas empapadas en vinagre por si las flechas estuvieran envenenadas.

Entre los males más comunes destacaban las niguas, suerte de insectos cuya hembra penetra en la piel para depositar sus larvas que, al crecer, se van alimentando de la carne del huésped. “Está aposentada entre el cuero y la carne e comienza a comer de la forma de un arador e harto más; y después, cuando más allá está, más come”, escribió una de sus víctimas, un tal Gonzalo Fernández de Oviedo. La única forma de extraerlas era con un alfiler o una aguja y siempre antes de que abandonasen el estadio larvario. Después era muy difícil eliminarlas de la piel y su evolución solía conllevar la pérdida de los dedos o de los pies.

Junto a las niguas, la sífilis y la modorra. De la sífilis poco hay que decir, al tratarse de un mal muy conocido en Europa. No así en América, donde diezmó a la población indígena. En cuanto a la modorra, esta sí fue una enfermedad novedosa para los españoles. Los síntomas incluían apatía generalizada, somnolencia acompañada por fiebres, falta de apetito… y al final, la muerte.

Además de estas enfermedades, todos los conquistadores sufrieron períodos más o menos intensos de hambruna y de sed. Pese a lo bien planificadas de las expediciones, lo largo de las caminatas y los continuos percances menguaban las provisiones, obligando a los hombres a ingerir alimentos podridos, cortezas de árboles y hasta restos de sus compañeros muertos para sobrevivir. Famoso es ese episodio descrito por el expedicionario Ulrico Schmidel, relatando, cómo en el poblado de Santa María de los Buenos Aires, unos españoles aprovecharon la noche para rebanar los muslos y otras partes de tres compañeros suyos que yacían ahorcados por haberse comido un caballo para saciar su hambre.

Leyendo lo descrito hasta el momento, no costará imaginarse lo sufrido que fue en verdad la conquista de América. “Los enfermos vivían muriendo; y los que estaban sanos aborrecían la vida, deseaban la muerte por no verse como se veían”, escribió Pedro de Cieza de León en su Descubrimiento y conquista del Perú. Entonces, ¿por qué continuaban avanzando? Primero, por sus deseos de mejorar socialmente. Dar la vuelta podía significar salvar la vida, pero también regresar a su vida de pobreza y miseria. Segundo, porque muchas veces se cruzaba el llamado punto de no retorno, tras el cual era más seguro proseguir que recular. Y tercero, porque ningún expedicionario abandonaba jamás a un compañero, ni le permitía dirigirse solo a la muerte una vez se emprendía la aventura.

viernes, 20 de mayo de 2016

Los humanos modernos iniciaron su vuelta a África hace unos 45.000 años

Los restos de una Homo sapiens hallados en una cueva de Rumanía revelan que durante el Paleolítico superior, varios grupos humanos retornaron al norte de África desde Eurasia. La mujer, descendiente de estas poblaciones, pertenece a un linaje mitocondrial que hasta ahora no se había identificado en ningún otro humano.

Dadas las condiciones climáticas y ambientales adversas que existieron en ese periodo en Eurasia, las poblaciones de este linaje ancestral pudieron retornar a África hace entre 40.000 y 45.000 años


Pestera Muierii, que significa literalmente 'Cueva de la Mujer', en Rumania, es un monumento natural de piedra caliza que alberga un verdadero tesoro paleontológico, compuesto por huesos de osos de las cavernas y de humanos antiguos. Allí se han encontrado los restos de una mujer que vivió hace 35.000 años, identificada por las siglas PM1. Ahora, el análisis de su ADN mitocondrial revela que pertenecía a un linaje genético ancestral que nunca antes se había encontrado en un humano.

Y algo más: apoya la idea de que hace 45.000 años, algunos de los humanos modernos que se expandieron por Eurasia emprendieron una migración de vuelta al norte de África, posiblemente huyendo de las inclemencias climáticas.

Hace entre 60.000 y 120.000 años, los humanos iniciaron su dispersión fuera de África. Estos individuos se expandieron por Asia y con el paso del tiempo acumularon mutaciones genéticas. De esa manera, sus genomas mitocondriales –información genética que solo se transmite de madre a hija–, con origen africano, dieron lugar a otros linajes. Uno de ellos, el U6 basal, de origen euroasiático, no había sido identificado hasta ahora en ningún humano. 

Gracias al análisis del genoma mitocondrial de PM1, un equipo internacional de científicos, liderado por españoles, ha demostrado por primera vez que un individuo de 35.000 años de antigüedad porta el linaje mitocondrial U6 basal. 

“Es la primera evidencia de la existencia de este linaje en un individuo de 35.000 años de antigüedad en Europa”, señala a Sinc Concepción de la Rúa, investigadora principal del estudio publicado en Scientific Reports y profesora en el departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la Universidad del País Vasco.

Con la extracción del ADN de dos dientes de PM1 y el análisis y secuenciación de su mitogenoma, los autores presentan una prueba directa y real de que este linaje mitocondrial existió en el este de Europa, proveniente del oeste de Asia. Su dueña formó parte de la primera población de nuestra especie que habitó en Europa tras la expansión eurasiática de Homo sapiens desde África. 

Dadas las condiciones climáticas y ambientales adversas que azotaban Eurasia en aquellos tiempos, las poblaciones de este linaje ancestral pudieron retornar a África hace entre 40.000 y 45.000 años, durante el Paleolítico superior. “Como esta migración duró miles de años, se fueron acumulando mutaciones en el genoma U6 basal, dando lugar a los linajes descendientes que existen en la actualidad en el norte de África”, declara la científica. 

Evidencia directa de la vuelta a África 

Cráneo de la mujer de 35.000 años
de antigüedad hallada en una cueva rumana
Los hallazgos del trabajo sugieren que se produjo una migración de vuelta a África desde Eurasia de grupos humanos que portaban genomas mitocondriales tipo U6. “El origen euroasiático del linaje U6, la existencia del linaje basal en Rumania hace 35.000 años, y los datos de los linajes del U6 de las poblaciones actuales norteafricanas, avalan la existencia de ese retorno”, recalca De la Rúa. 

Para los investigadores, esta mujer llamada PM1 representa un descendiente en Rumanía de la migración de vuelta que se inició hace más de 40.000 años. Gracias a su genoma, “hemos podido recalcular el tiempo de origen del ancestro común de los linajes U6”, afirma la experta.

Hasta ahora, los científicos no habían podido obtener evidencias directas de este fenómeno migratorio debido a la escasez de muestras antiguas. Además, como se trata del ADN mitocondrial, este puede desaparecer si una mujer no tiene hijos o si sus únicos descendientes son varones. 

“La extinción del linaje mitocondrial de PM1 pudo haber ocurrido hace cientos o miles de años después de la existencia de esta mujer. Las personas que volvieron a África estaban genéticamente relacionadas con ella, pero no podemos hablar de parientes porque transcurrió un gran número de generaciones entre las poblaciones que empezaron a volver a África y las que llegaron al continente”, apunta De la Rúa. 

Una vez que los científicos terminen de secuenciar el genoma nuclear de PM1, podrán analizar algunas de las conexiones que existieron entre las poblaciones del norte de África y las poblaciones antiguas de Eurasia. 

Fuente: agenciasinc.es

jueves, 19 de mayo de 2016

EE UU entrega a Italia una carta de Colón contando el Descubrimiento

Estados Unidos ha restituido a Italia una carta que escribió Cristóbal Colón en 1493 informando a los Reyes Católicos del descubrimiento del Nuevo Mundo y que se encontraba expuesta en la biblioteca del Congreso en Washington después de haber sido sustraída de la biblioteca Riccardiana de Florencia. El misterio –no hay en Italia historia que se precie si no incluye un misterio— es cuándo la robaron, porque los ladrones tuvieron la habilidad de colocar una copia de tan alta calidad en el lugar de la misiva original que nadie hasta ahora se había dado cuenta. De hecho, el hallazgo se ha producido de rebote.



El departamento de los Carabinieri dedicado a la tutela del patrimonio se encontraba investigando la sustracción de unos libros antiguos de la Biblioteca Nacional de Roma cuando se toparon con la carta de Colón y avisaron al director de la Riccardiana, que se quedó de piedra al comprobar que uno de sus tesoros más preciados era de pega. El asunto, por tanto, deja en buen lugar la pericia de los ladrones de arte e incluso la sagacidad de los agentes dedicados a perseguirlos, pero habla muy mal del celo de las autoridades italianas en la custodia de su inmenso patrimonio.

La historia comienza en 1493. El almirante Cristóbal Colón escribe una suerte de diario de a bordo relatando a Isabel y Fernando los detalles de su expedición a las Indias y, como explica Fulvio Silvano Stacchetti, el director de la Riccardiana, “manda imprimir entre 16 y 18 copias”. Una de esas cartas se encontraba en Florencia hasta que, no se sabe cuándo ni quién o quiénes, fue sustituida por una copia realizada con “técnicas fotográficas modernas e impresa en papel antiguo, aunque sin el sistema de numeración de la época y el sello oficial”, según el general Mariano Mossa, jefe de la sección de Patrimonio de los Carabinieri. Nadie se dio cuenta. Ahí se dio cuenta hasta que, a raíz de una denuncia presentada en 2012 por la Biblioteca Nacional de Roma, la policía italiana se puso tras la pista de Massimo De Caro, el “director infiel” –así lo define la prensa italiana—acusado del saqueo de la Biblioteca Girolamini de Nápoles, un feo asunto en el que también está implicado el exsenador Marcello Dell’Utri, íntimo amigo de Silvio Berlusconi y en la actualidad en prisión tras ser condenado por asociación mafiosa con la Cosa Nostra.

Pisándole los talones a De Caro, los agentes llegan a Estados Unidos y reclaman la colaboración el Homeland Security Investigation (HSI) de Wilmington y del profesor Paul Needaham, responsable de la sección de libros antiguos y manuscritos de la biblioteca de la Universidad de Princeton. Juntos llegan a la conclusión de que la carta que Cristóbal Colón escribió en 1493 y que se encontraba en la Biblioteca del Congreso era auténtica. Había recalado allí gracias a la donación de un coleccionista que la había adquirido en 1992 en el transcurso de una subasta. Pagó por ella 400.000 dólares (unos 355.000 euros), menos de la mitad de su valor auténtico.

La noticia de la devolución a Italia de la carta de Cristóbal Colón ha sido dada a conocer solemnemente en Roma por el ministro de Cultura, Dario Franceschini, y por el embajador de Estados Unidos en Italia, John R. Phillips, quienes, como es habitual en estos casos, se han prodigado en elogios al clima de amistad y colaboración que une a las dos naciones. Donde sí puede surgir cierta tirantez es en la relación –desde el punto de vista de la tutela del patrimonio—entre Florencia y Roma. El director de la Riccardiana quiso eludir su parte de responsabilidad asegurando que “en absoluto el robo de la carta pudo haberse producido” en sus dependencias, por cuanto “solo fue consultada una vez, por un estudioso que permaneció siempre vigilado por dos empleados” y que jamás fue prestada. Salvo en aquella ocasión, “del 28 de julio de 1950 al 5 de abril de 1951”, que la enviaron "a Roma" y estuvo “a disposición de la Biblioteca Nacional”.

Fuente: Elpais.com

miércoles, 18 de mayo de 2016

Güemes, héroe de la Independencia y pieza clave en la estrategia de San Martín

Su prematura muerte en combate, el 17 de junio de 1821, fue un duro golpe para los planes del Libertador, que contaba con sus gauchos para acosar la retaguardia enemiga mientras él llegaba al Perú por mar

Gral. Martín Miguel de Güemes
Biógrafo de José de San Martín y de Manuel Belgrano, el historiador Miguel Ángel de Marco decidió recientemente que la semblanza de los héroes de nuestra Independencia debía completarse con la vida de Martín Miguel de Güemes. Lo fundamentaba en estos términos: "Pocos fueron en nuestra historia los casos en que seres tan diferentes por su carácter, formación y hábitos conjugaron con tanta coherencia y decisión sus esfuerzos en pos de una causa superior como la de la independencia sudamericana. (...) Güemes merece, desde mi punto de vista, ser ubicado junto a los otros tres personajes fundamentales [N.de la R: San Martín, Belgrano y Pueyrredón] en el esfuerzo bélico de la independencia"

En efecto, en aquel año de 1816, el hecho de que Güemes, pese a sus diferencias con Buenos Aires, no cortara sus vínculos con las Provincias Unidas, del modo en que lo hizo Artigas, fue clave para que el Congreso de Tucumán pudiera realizarse y romper definitivamente las cadenas con España, paso decisivo hacia la creación de una Nación soberana.

En todo ese período, el accionar del gobernador de Salta al frente de sus legendarios gauchos constituyó una barrera defensiva vital para los patriotas, conteniendo a los españoles en la frontera norte, muy cerca de donde sesionaba el Congreso.

Es indudable entonces que los salteños tienen derecho a pedir que la memoria de Güemes sea especialmente honrada en este Bicentenario de nuestra Independencia, junto a la de otros artífices de ese acontecimiento. Pero es dudoso que un feriado -de fines tan recreativos que hacen olvidar los fundamentos- sea el mejor camino para recordar la extraordinaria trayectoria de Martín Miguel de Güemes y las hazañas que protagonizó juntos a sus gauchos.

La historia

Martín Miguel de Güemes nació el 5 de febrero de 1785, en la ciudad de Salta, de padre español y madre criolla. Con apenas 14 años, en 1799, empezó la carrera militar enrolándose en la 6ª Compañía del Tercer Batallón del Regimiento Fijo con asiento en Salta.

Cuando en junio de 1806 se produce la primera invasión inglesa, el regimiento en el que Güemes servía como cadete es convocado para auxiliar a Buenos Aires. Llegó a ser ayudante de Santiago de Liniers quien en 1807 lo nombró teniente de su escolta de granaderos. Pero al año siguiente, la muerte de su padre, obligó a Güemes a regresar a Salta.

Adhirió a la Revolución desde sus inicios. Y en los primeros años se desempeñó en el Alto Perú en acciones destinadas a interceptar las comunicaciones enemigas. Por diferencias con juan José Castelli, regresa nuevamente a Salta.

En 1811, le tocará proteger la retirada de Juan Martín de Pueyrredón, luego de la derrota de Huaqui. Tras un período en Buenos Aires y Montevideo –participa del sitio a esa ciudad hasta fines de 1813 y es ascendido a teniente coronel.

De regreso en Salta, inicia la formación de milicias gauchas en el marco de su plan defensivo de guerra de guerrillas, que lo hará pasar a la historia. Un idea sagaz, no siempre bien vista por Buenos Aires, más proclive al centralismo del mando. Pero el modelo de Güemes se adaptaba mejor a la realidad y a las necesidades del momento ya que permitía que cualquier poblador se alzara en armas y asumiera los costos del esfuerzo de guerra.

En 1814, con su ejército campesino Güemes detiene el avance del general realista Ramírez de Orozco, que había ocupado Jujuy, y los fuerza a retroceder al Alto Perú.

Por su condición de hijo de una familia acaudalada y de prosapia, a Güemes no le costó ser aceptado por la elite local como jefe y acceder a posiciones de poder. Y en 1815 es elegido gobernador de Salta.

Como general, creó el célebre Regimiento conocido como "Los Infernales", con el uniforme rojo que pasó a la historia y quedó asociado a su nombre. Los Infernales adquirieron pronto fama y fueron admirados incluso por el enemigo en virtud de su destreza como jinetes, su velocidad de ataque y su gran capacidad para la emboscada y la retirada.

Estos gauchos de Güemes rindieron su mejor servicio a la Patria cuando, a partir de 1815, derrotados ya los últimos intentos del Ejército del Norte de vencer a los realistas, y con una situación internacional muy desfavorable –Fernando VII había vuelto al trono y la derrota napoleónica le permitía concentrarse en recuperar sus dominios ultramarinos-, la guerra de guerrillas salteña impidió el avance realista, dio tiempo a las Provincias Unidas para declarar la Independencia y a José de San Martín para preparar y realizar la Campaña de los Andes.

Entre 1812 y 1821, la frontera norte sufrió nueve invasiones realistas. Las últimas seis fueron rechazadas por las milicias de Güemes. Cuando en 1816, se produce la muy temida invasión realista, las tropas españoles no podrán ir más allá de Jujuy.

El plan de San Martín era que, una vez que él iniciara el avance por mar hacia Lima, Güemes lanzara finalmente una ofensiva sobre el Alto Perú. En la organización de esa expedición ocupó el jefe salteño los últimos meses de su vida. El Directorio lo había reconocido como jefe del Ejército de Observación pero no había respondido a su solicitud de respaldo financiero y logístico.

Los primeros meses de 1821 fueron difíciles: enfrentado al gobernador de Tucumán, sufre además una rebelión interna en su propia provincia en reacción por la fuerte presión impositiva a que la había sometido para financiar la guerra, y el cabildo de Salta lo depone. Esto es aprovechado por los españoles que apoyarán a sus adversarios internos.

Güemes recupera el poder en mayo, pero los españoles sitian Salta y el gobernador es herido cuando atraviesa ese cerco.

Muere el 17 de junio de 1821, como consecuencia de esas heridas, en Cañada de la Horqueta, cuidado por sus gauchos. Está sepultado en la Catedral de Salta.

"A nada temo –decía-, porque he jurado defender la Independencia de América, y sellarla con mi sangre. Todos estamos dispuestos a morir primero, que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable."

Fuente: Infobae,com

martes, 17 de mayo de 2016

16 de mayo de 1811: Batalla de Albuera

Fue una de las más importantes, y sangrientas, de la Guerra de Independencia española.
25.000 franceses se enfrentaron a 15.000 españoles, ingleses y portugueses.



Fue una batalla sin una definición precisa, pero históricamente se considera una victoria táctica de las fuerzas anglo-luso-españolas.

Entre ambos bandos se sumaron cerca de 15.000 bajas entre muertos y heridos.
El General William Carr Beresford, el mismo de las Invasiones Inglesas de Buenos Aires, era el jefe de las tropas aliadas.

Un joven Coronel de 33 años comanda un escuadrón español de caballería que persigue a un escuadrón francés. Pronto, los galos detienen su huida y se trenzan en furiosa pelea con los peninsulares. Y es en esa circunstancia que ambos jefes, el español y el francés, deciden dirimir el combate. Pican a sus caballos con sus espuelas sin piedad. Los animales caracolean, mientras sus jinetes no piden ni dan cuartel. Quizás fue un descuido del español, lo que hizo que el francés descargara con furia un sablazo, y que el Coronel no pudo esquivar con premura. Tal vez, tratando que ese acero no le llegara al cuerpo, el español para el golpe con su brazo, lo que le provoca un gran tajo en el brazo izquierdo y en la mano. Pero en ese mismo momento en el que el francés lanza su sablazo, es atravesado por el sable -que no era el Corvo...- del hombre del Rey. Al ver a su jefe muerto, revolcado en el suelo, el resto de los soldados de Napoleón emprenden la retirada.
Aquel Coronel de Caballería español que fue herido y que atravesó con su sable al francés era un joven venido de la América, desde un recóndito lugar llamado Yapeyú.

Esa fue la última Batalla de Don José de San Martín bajo la bandera española. Las próximas batallas lo verán conducir sus ejércitos bajo la bandera de la Libertad Americana.

Fuente: Granaderos Bicentenario

lunes, 16 de mayo de 2016

Mitología Méxica: ¿A dónde iban los guerreros muertos?

 A Tonatiuhichan o la Casa del Sol llegaban quienes morían en la guerra y las madres que había perdido la vida en labor de parto. Los hombres y mujeres tenían destinados un lugar específico al momento de su muerte. Se creía que los guerreros muertos en combate o en sacrificio eran elegidos para acompañar al sol desde su nacimiento, por el Oriente, hasta el mediodía, y las mujeres muertas en parto (quienes eran consideradas guerreras por la lucha que tuvieron que sostener al dar a luz) eran elegidas para acompañar al Sol desde el mediodía hasta el atardecer. Pero sólo los hombres, al cabo de cuatro años de acompañar al astro rey en sus viajes diarios, se convertían en aves de rico plumaje para regresar así a la vida terrenal.

Fuente: Planet of Aztec

domingo, 15 de mayo de 2016

Bolívar y el Decreto de Guerra a muerte: se ascendía a capitán a quien cortara 50 cabezas de españoles

En el mes de enero de 1813, antes de que empezara la campaña de Bolívar, el caudillo venezolano Antonio Nicolás Briceño junto a otros oficiales patriotas diseñaron un plan para liberar Venezuela a la que se dio el nombre de Convenio de Cartagena. Entre sus artículos destacados podemos citar:



En el nombre del pueblo de Venezuela se hacen las proposiciones siguientes para emprender una expedición por tierra con el objeto de libertar a mi patria del yugo infame que sobre ella pesa. Yo las cumpliré exacta y fielmente pues las dicta la justicia y que un resultado importante debe ser su consecuencia.

Primero: serán admitidos a formar la expedición todos los criollos y extranjeros que se presenten conservando sus grados. Los que aún no han servido obtendrán los grados correspondientes a los empleos civiles que hayan desempeñado y en el curso de la campaña tendrá cada cual el ascenso proporcionado a su valor y conocimientos militares.

Segundo: como el fin principal de esta guerra es el de exterminar en Venezuela la raza maldita de los españoles de Europa sin exceptuar los isleños de Canarias, todos los españoles son excluidos de esta expedición por buenos patriotas que parezcan, puesto que ninguno de ellos debe quedar con vida no admitiéndose excepción ni motivo alguno; como aliados de los españoles los oficiales ingleses no podrán ser aceptados sino con el consentimiento de la mayoría de los oficiales hijos del país.

Tercero: las propiedades de los españoles de Europa sitas en el territorio libertado serán divididas en cuatro partes, una para los oficiales que hicieren parte de la expedición y hayan asistido a la primera función de armas haciéndose su reparto por iguales porciones con abstracción de grados, la segunda pertenece a los soldados, indistintamente las otras dos al Estado. En los casos dudosos, la mayoría de los oficiales presentes decidirá la cuestión […]

Noveno: para tener derecho a una recompensa o a un grado bastará presentar cierto número de cabezas de españoles o de isleños canarios. El soldado que presente 20 será hecho abanderado en actividad, 30 valdrán el grado de Teniente, 50 el de Capitán…
Cartagena de Indias, 16 de Enero de 1813. Antonio Nicolás Briceño

Esta proclama fue transformada en decreto por Simón Bolívar el 15 de junio de 1813, llegando a conocerse como el Decreto de Guerra a Muerte.

Fuente: Somatemps.me

sábado, 14 de mayo de 2016

La escarificación en la época Prehispánica

La palabra escarificación proviene del latín scarificare, cicatrizar o producir escaras. Se trata de un ritual muy antiguo consistente en efectuar incisiones en la superficie de la piel, a fin de obtener cicatrices, bien sea por medio de cortes superficiales o profundos. Las heridas producen costras de color oscuro, debido a la muerte del tejido vivo, antes de convertirse en escaras. El simbolismo del diseño de tales cicatrices está determinado cultural o históricamente.



El empleo de la escarificación data de muy antiguo. El arte rupestre testimonia que la escarificación se realizaba hace 3,000 años a.C. Incluso los arqueólogos han llegado a pensar que fue anterior al tatuaje. Desde entonces, se ha practicado en muchas culturas, siempre con intención simbólica y con una carga significativa para los grupos que la practican. Tal es el caso de algunas etnias africanas y de Oceanía, en donde se la considera una forma de belleza en las mujeres, o un signo de fuerza cuando son los hombres quienes la emplean. La escarificación está estrechamente ligada a creencias mitológicas y a rituales de variada índole, como por ejemplo los ritos de iniciación. Diversas etnias de América del Sur también la han acostumbrado como parte de sus rituales. Así como grupos africanos y australianos. En México, fue utilizada entre los mayas, los chichimecas y los huastecos, para sólo mencionar algunos grupos indígenas.

Para llevar a cabo la escarificación se suelen emplear instrumentos punzantes tales como navajas, vidrios, piedras filosas o cáscaras de coco; y sustancias tales como el zumo de plantas, lodo, tierra colorada, carbón molido, etcétera, con las que se obtienen vejigas o ampollas permanentes en la piel, cuyo diseño e intención depende del grupo étnico que las realice. A veces, en la herida se aplica polvo de carbón o pólvora, para realzar la escarificación, los queloides, es decir, los crecimientos exagerados del tejido cicatricial de la piel. Ni que decir tiene que esta compleja y dolorosa práctica es irreversible. A través de ella se conoce el estatus social y la pertenencia a un grupo; así como la situación política y los roles que desempeñan los miembros de una etnia. Se trata de una marca tribal por excelencia. En el oeste de África, la escarificación funciona para identificar a los diferentes grupos étnicos, a las familias, a los individuos, o como expresión de belleza corpórea. Asimismo, suele indicar los diferentes estados sociales de una mujer, tales como la pubertad, el matrimonio, y la viudez. Además, uno de los fines de escarificarse tiene como propósito atraer a los hombres, pues es un indicador de que la mujer se encuentra apta, físicamente, para aguantar los dolores que implica el dar a luz, y por tanto la capacita para comprometerse y casarse.

Los diseños de las escarificaciones pueden consistir en puntos, líneas, figuras de animales, estrellas, círculos, rombos, y espirales. Según sea lo que se quiere simbolizar, y según sea la imaginación del artista escarificador.

Los huastecos, habitan en los estados de San Luís Potosí, Hidalgo, Tamaulipas y Veracruz en la República Mexicana. Los antiguos pobladores de la zona cultural denominada Huasteca, solían llevar taparrabos y las mujeres faldas de manta y un quexquemetl. Gustaban de teñirse el pelo de color rojo y amarillo trenzado con plumas coloridas; usaban brazaletes y adornos de plumas en los lóbulos perforados para tal efecto. La mayor parte de las mujeres mostraban el pecho adornado con escarificaciones simbólicas, se limaban los dientes y presentaban deformación craneal inducida. Los hombres se perforaban el septum nasal, para adornarlo con plumas de colores, y acostumbraban horadarse el lóbulo para ponerse adornos de concha y hueso; se limaban los dientes con carácter decorativo, y pintaban su cabello con los mismos colores que las mujeres. Sus joyas estaban hechas con conchas marinas; hacían pectorales en espiral, para lo cual cortaban, transversalmente, el bello caracol Strombus. A este collar los mexicas le llamaban “collar de torbellino” y era el símbolo de Quetzalcóatl. Otro pectoral muy utilizado por los huastecos se elaboraba cortando el caracol longitudinalmante. Todos ellos maravillosamente labrados.

Por medio de las figurillas que dejaron los huastecos en lo que hoy llamamos sitios arqueológicos, conocemos su gusto por la escarificación y por la pintura corpórea. Existe una famosa escultura, procedente de San Luís Potosí conocida como El Adolescente, que presenta múltiple escarificaciones y tatuajes, así como una marcada deformación craneal. El Adolescente va desnudo y en la espalda carga a un niño que simboliza al Sol. Es una lástima que aún no se haya descifrado el significado de tales pinturas y escarificaciones, el cual continúa siendo un misterio.

Otras culturas indígenas compartieron la escarificación con los huastecos como la maya, en cuyas figurillas procedentes del sitio arqueológico ubicado en Jaina, Campeche, podemos ver escarificaciones practicadas desde la frente hasta la punta de la nariz. Una escultura conocida como La Reina, procedente de Uxmal, Yucatán, representa a un personaje relacionado con el maíz, el cual presenta sobre sus mejillas escarificaciones que son granos de dicho cereal, del cual se considera representativa.

Finalmente, digamos que los guachichiles de Zacatecas y Coahuila se escarificaban el cuerpo, a fin de mostrar su valentía en la guerra. Las madres ópatas de Sonora y el noreste de Chihuahua, escarificaban alrededor de los ojos de sus hijos recién nacidos, con una espina y tinta negra, para formar arcos de puntitos que embellecían el rostro de los niños cuyas cicatrices los acreditaría como futuros guerreros.

Fuente: Planet of Aztecz

viernes, 13 de mayo de 2016

Descubren en Guatemala el entierro Real maya más antiguo de Mesoamérica

Entre los objetos encontrados se incluye un collar elaborado con 18 piezas de jade y varios espejos mosaicos de pirita de hierro



El entierro del gobernante «K'utz Chman», que en lengua Mam significa «Abuelo Buitre», considerado el más antiguo de la era maya en Mesoamérica, ha sido descubierto en la costa sur de Guatemala, según han informado los arqueólogos que han participado en el hallazgo. La arqueóloga guatemalteca Christa Schieber ha explicado en rueda de prensa que el hallazgo del entierro real maya tuvo lugar el pasado mes de junio en el Parque Nacional Arqueológico Tak'alik Ab'aj, situado en el municipio de El Asintal, en el departamento de Retalhuleu.

En opinión de Schieber, el hallazgo después de diez años de investigación, es «el máximo exponente de los descubrimientos arqueológicos de 2012», durante el que Guatemala celebrará el cambio del calendario maya conocido como Backtun 13, el próximo 21 de diciembre.

El patrón del entierro real y el más antiguo descubierto hasta ahora es diferente al encontrado en 2002, al que los arqueólogos le dieron el nombre de «Entierro 1» ya que data del periodo Preclásico Tardío, explicó Schieber.

Según la científica, el «Entierro 1» tenía una ofrenda enorme de más de 600 vasijas cerámicas, pero no se encontraron restos humanos, y entre los objetos enterrados se incluye un collar realizado con 18 piezas de jade, y varios espejos mosaicos de pirita de hierro, uno de los cuales tiene más de 800 piezas, según Efe

Sin embargo, el nuevo entierro descubierto, que tampoco contiene huesos preservados y que data de los años 770 al 510 antes de Cristo que corresponde a la segunda parte del Preclásico Medio, contiene pocas vasijas, ha explicado Schieber.
«El amanecer de la era maya»

La arqueóloga guatemalteca destaca que esa época se ha definido como la de transición entre la manifestación Olmeca a la Maya temprana en Tak'alik Ab'aj, y lo sitúa como «el inicio o el amanecer de la era maya». Por tanto, ha resaltado, se le puede considerar como «el más antiguo entierro real maya con un ajuar tan sofisticado encontrado en Mesoamérica».

De acuerdo con la arqueóloga, el entierro fue localizado en un agujero orientado hacia el norte-sur de la estructura 6 y hacia el sur de la «Ofrenda Collar del Ancestro» que fue descubierta el año pasado.

La diferencia del entierro del señor «K'utz Chman» con el «Entierro 1» son las «seis maravillosas figurillas femeninas» de la «Ofrenda Las Muñecas» que fueron halladas en el lugar y dadas a conocer en julio pasado.

También, ha agregado, las centenares de cuentas miniaturas de jadeita (mineral de la familia de los silicatos) del preciado azul olmeca y verde manzana, aún en la posición que indica que estaban cosidas sobre tela o cuero, bordadas en las muñequeras, y un taparrabo, al que definió como «el más esplendoroso». «Este taparrabo puede ser el único bordado con cuentas miniaturas de jadeita encontrado in situ de Meso América», sostiene.

Según Schieber, el collar, con cuentas de formas especiales que se parecen a las encontradas en el área Olmeca, tiene una pieza central única llamada «figura alada parada» o «hacha con cabeza de pájaro».

Este pendiente retrata una figura humana con cabeza de pájaro, muy probablemente un buitre, que puede representar una temprana versión del título «ajaw», ha apuntado.

De allí, ha dicho, que los arqueólogos le hayan puesto el nombre al entierro real maya de «K'utz Chman», que en lengua Mam significa «Abuelo Buitre», aunque aclaraba que su verdadero nombre se desconoce. «Pensamos que este entierro es de mucha importancia bajo la luz de la conexión con la ruta comercial de larga distancia a lo largo de la Costa Pacífica y el aparente desarrollo sociocultural hacia centros regionales», ha añadido..

Según Schieber, el entierro puede referirse a uno de los primeros gobernantes mayas de Tak'alik Ab'aj, que se puso en la vanguardia y dio el paso de la representación del mundo Olmeca a la innovación de la cosmovisión Maya temprana.

«También se le podrá llamar cariñosamente uno de los primeros mayas tempranos con costumbres todavía olmecas», concluyó.

Fuente: ABC.es