lunes, 29 de febrero de 2016

Descubren ciudad inca de Mapocho oculta bajo Santiago de Chile

Investigadores chilenos recopilaron pruebas arqueológicas, mapas y escritos que demuestran que Pedro de Valdivia vino a ocupar un territorio fuertemente poblado.

Croquis de la ciudad de Santiago a fines del siglo XVI, donde aparece en la esquina superior izquierda y junto al río Mapocho los Paredones o Tambillos del Inca. Extraído de Thayer (1905). (Dibam.cl)


Investigadores concluyeron que bajo el casco antiguo de Santiago había una infraestructura incaica de la cual salían caminos en todas las direcciones, de acuerdo al último boletín del Museo Nacional de Historia Natural de Chile publicado en enero.

El arqueólogo del Museo, Rubén Stehberg y el investigador Gonzalo Sotomayor de la Universidad Andrés Bello reunieron las pruebas de las investigaciones presentadas en 1976, más documentos históricos; y a esto agregaron nuevas evidencias de que bajo la ciudad del casco viejo de Santiago se encontraba la ocupación Tawantinsuyu incaica en los cursos medios de los ríos Mapocho y Maipo.

La ocupación contaba con reyes y autoridades a lo largo de los valles hasta llegar a Mapocho, pero éstos habrían sido muertos durante la conquista de Diego de Almagro.

La ciudad incaica de Mapocho se la comparaba, según escritos demostrados en el estudio, como otra versión de Cuzco, un lugar en que prosperaba la minería y la agricultura.

Se evidencia entonces que Pedro de Valdivia realmente no fundó Santiago, sino que viajó directamente a poblarla y tomar posesión de la ciudad.

“La existencia de este importante asentamiento inca en las márgenes del río Mapocho (Santiago) contaba con un avanzado sistema de regadío y una población indígena abundante”, señalan.

“Esto convenció rápidamente a Pedro de Valdivia y sus hombres a establecerse en la zona” a la que luego llamaron “Santiago de Nueva Extremadura”, agregan los investigadores.

La fuerte presencia Tawantinsuyu inca, incluía el célebre camino del Inca, centros de adoración de altura, edificios, viviendas, canales, acequias, chacras y cementerios.

En el año 2000 otras investigaciones realizadas destacaron que “los incas nombraron un gobernador en Aconcagua llamado Quilicanta, el cual habría tenido a su cargo “gente de guarnición” y colocaron otro en la cuenca de Santiago llamado Vitacura, a cargo de “gente de presidio”.

Según el estudio existían dos variantes del “camino del Inca” que se desprendían del valle de Aconcagua para juntarse nuevamente en las cercanías del cerro San Cristóbal.

En el mismo lugar donde los europeos instalaron su Plaza Mayor, la plaza de armas, hay escritos que nombran un “tambo” gigante, característico de los indígenas.

Evidencias de arqueología se encontraron bajo algunos metros de la superficie mientras analizaban la mitad sur de la cuenca del río Mapocho.

Cronistas citados señalaron que a los muertos los “visten con las más privadas ropas que él tenía”, y además le ponen en la mano maíz y frísoles y pepitas de zapallos, y de todas las demás semillas que ellos tienen. Le lían con una soga muy bien y llevan a la tierra la heredad más preciada que él tenía y solía sembrar. Allí hacen un hoyo y le meten un cántaro, olla y escudillas”.

Algunos de los hallazgos provienen de un sitio en la calle Catedral esquina Matucana. Durante el 2001 se exhumaron en el lugar cinco contextos funerarios, con 22 vasijas cerámicas, distinguiéndose piezas Inca Provincial y tres vasijas de la clase Inca Mixta. Se evidenció en otro espacio solo una del tipo Diaguita mixta y el resto de clase inca solamente.

Se encontraron tumbas de jerarcas incas y las dataciones de ocho de éstas evidenciaron que “corresponden a una sólida presencia Tawantinsuyu”, antes de la llegada europea, en el área del actual centro de Santiago

Numerosa cerámica inca fue encontrada también en la calle Compañía esquina Chacabuco, en la escuela dental, en el puente carrascal, en el cerro Huelen en la calle Alférez Real, Los Guindos en Ñuñoa, en La Reina, en Javiera Carrera, Ñuñoa, Quilicura.

El sector de Huechuraba, Quilicura y Conchalí, se encontraba regado por la “acequia madre de Guachuraba”, de origen prehispánico, según documentos de los años 1545 y 1546. Este canal atravesaba el camino del Inca en un lugar donde se menciona unos paredones, que podrían aludir a una construcción de tiempos incaicos, pese a que no se dice que sean viejos.

Numerosas descripciones de los canales y acequias incas se recopilaron con sus respectivos mapas por Rubén Stehberg y Gonzalo Sotomayor.

Entre ellos, de acuerdo a la información proporcionada por Gerónimo de Vivar, “Don Pedro tenía la intención de poblar un pueblo como el Cusco, a orillas del río Mapocho, donde los indios pudieran venir a servir. Por lo tanto, antes de partir del Perú, ya tenía decidido exactamente a qué valle de Chile quería llegar y el por qué”, describe el informe.

“Don Pedro se puso lo antes posible a la obra de reunir españoles dispuestos a acompañarlo. Al igual que lo hiciera antes Don Diego de Almagro, envió instrucción y dinero para preparar un navío cargado de mercaderías con destino a las provincias de Chile”, agrega.

Antes de llegar a Santiago fueron recibidos por autoridades incas de Mapocho, pero en el valle de Aconcagua y los españoles permanecieron un tiempo en el valle de Quillota, posiblemente explotando los lavaderos de oro de Marga Marga, en una posición cercana al puerto de Quintero, que les permitiría un contacto marítimo.

En enero de 1545, Vivar llegó a la ciudad de Santiago, junto a la expedición del Capitán Alonso de Monroy, que pasó por Atacama en 1544 y llegó a Santiago con sesenta españoles a caballo. Vivar narró los hechos con un mayor nivel de detalle.

“Yo vi muchos cuerpos de indios y de indias y de carneros y de caballos y negros y un español que había ocho años que estaban muertos y algunos cuerpos más de cuando el adelantado Diego de Almagro volvió con su gente de Chile para el Cuzco. Vi muchos de ellos en compás de quince leguas echados dentro de un cercado de piedra tan alto como medio estado y el compás redondo, que los Incas tenían hecho cuando por aquí caminaban”.

Según el Gobernador del Cabildo de Santiago, “en jueves, XXIV días del mes de octubre del año de nuestra salud de mil quinientos y cuarenta”, según palabras de la antigua descripción “el general tomó posesión en nombre de su majestad del valle de Copiapó y sus indios así como de toda la gobernación que de allí en adelante tenía”.

Describió que venía a “poblar un pueblo como el Cuzco a las riberas del río nombrado Mapocho, y que fuesen allá a darle obediencia en nombre de su majestad”.

Fuente: La Gran Epoca

domingo, 28 de febrero de 2016

Biografía del Prof. Ignacio G. Tejerina Carreras (1933-2016)

Por: Martín Javier Augier
Prof Ignacio G Tejerina Carreras
Ignacio Gregorio Tejerina Carreras (n. Córdoba - Córdoba, (Argentina), 16 de septiembre de 1933- Córdoba - Córdoba 18 de febrero de 2016), es un historiador,[1] profesor, escritor, genealogista e hispanista.[2] Es considerado un genealogista de gran relieve en el medio.[3] Fundador del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Córdoba, fundado el 6 de julio de 1972, actual, Academia Argentina de Genealogía y Heráldica.[4]

Nació en la ciudad de Córdoba, Argentina el 16 de septiembre de 1933, fueron sus padres Ignacio Horacio Tejerina y Yolanda Carreras Peñaloza. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Monserrat y sus estudios universitarios en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba. Ejerció la docencia en el Colegio Monserrat y en el Liceo Militar General Paz, donde tuvo a su cargo la jefatura del departamento de lenguas extranjeras. Contrajo nupcias con Perla Allende, con quien tuvo dos hijas, viudo contrajo nuevas nupcias con Mercedes Lavallol Ocampo. Ha ocupado los cargos en diferentes instituciones académicas y culturales. Fue presidente en tres oportunidades de la Junta Provincial de Historia de Córdoba; presidente el Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba; ocupo el cargo de miembro honorario de la Academia Argentina de Genealogía y Heráldica, siendo su miembro fundador[1] .Académico correspondiente de instituciones de estudios genealógicos o históricos, tanto de Argentina como de la mayor parte de los países hispanoamericanos, Italia y España. Es autor de libros y artículos sobre temas de su especialidad, los que también ha abordado en numerosas conferencias dictadas en diferentes medios.

Libros
  •     Sarmiento su pasado y presente. Municipalidad de Sarmiento, departamento Totoral. Imprenta La Docta, Córdoba 1969
  •     Apuntes sobre antiguos linajes del Río Seco. Editorial Dato, Córdoba enero 1972
  •     El Archivo del Arzobispado de Córdoba. Marzo de 1973
  •     Los Peñaloza y sus ramas cordobesas. Editorial Copicor, Córdoba, 1974
  •     Los Carreras. Editorial Vindex, Córdoba 1983
  •     Caminiaga y los orígenes históricos del departamento Sobremonte. Editorial de la Municipalidad de Córdoba mayo 1987
  •     Introducción a los estudios genealógicos. Ediciones del Copista, Córdoba 1988
  •     Introducción al período hispánico en Córdoba. Marcos Lerner Editora, Córdoba 1991
  •     Breves reflexiones acerca del descubrimiento de América y la conquista española. Ediciones del Copista, Córdoba.1992
  •     El neoindigenismo y la desnacionalización de la cultura en la Argentina. Ediciones del Copista, Córdoba 1991.
  •     Formación social de Córdoba durante el período hispánico. Junta Provincial de Historia de Córdoba 1992.
  •     Lengua e identidad nacional. Ediciones del Copista, Córdoba 1993.
  •     Notas sobre Juan Bautista Bustos. Talles gráficos Copiar, Córdoba 1993.
  •     Córdoba y la llamada década infame. Junta Provincial de Historia de Córdoba. 1994.
  •     Raíces Criollas. Ediciones del Copista, Córdoba 1994.
  •     Los Suárez de Cabrera. Prosopis Editora, Córdoba 1997
  •     Los Llavallol. Ediciones del Copista, Córdoba 2009.
  •     Síntesis histórica del Norte de Córdoba. Período hispánico. Círculo de Amigos de la Historia del Norte de Córdoba. Sin fecha.
  •     Recuerdos de cuatro décadas de genealogía. Separata de la Revista del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Catamarca. Editorial Tertulias Ediciones. Catamarca 2013
Nota: Esta biografía fue publicada originalmente por el mismo autor en Wikipedia el 5-12-2014

Fuentes:



sábado, 27 de febrero de 2016

El día que Belgrano izó por primera vez la bandera

Es un hecho que a la distancia cobró cada vez más sentido e importancia en nuestra historia y sin embargo no se lo conoce con precisión. Una reconstrucción del camino recorrido por la "enseña que Belgrano nos legó"

Gral. Manuel Belgrano

El 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná, en el entonces pueblo de Rosario, Manuel Belgrano izó, por primera vez, la enseña albiceleste. La escena ha sido inmortalizada con un majestuoso monumento que se yergue junto al río, en las inmediaciones de donde tuvo lugar ese acontecimiento. La tradición oral de la zona nos informa que la insignia habría sido confeccionada por doña María Catalina Echevarría de Vidal e izada por Cosme Maciel.

Hemos escuchado muchas historias relacionadas con la creación de la bandera argentina y la institución de sus colores. Según una versión, sus orígenes se remontarían al mismo 25 de mayo de 1810, fecha en la cual Domingo French y Antonio Luis Beruti, con sus "chisperos", habrían repartido cintas celestes y blancas a los patriotas congregados en torno a la Plaza de la Victoria para identificarlos y exaltar los espíritus patrios.

También nos contaron que Manuel Belgrano creó la escarapela, con su formato actual, inspirado en el celeste del cielo y el blanco de las nubes; o bien en los colores del manto de la Virgen María, en su advocación de la Inmaculada Concepción, de quien era devoto; o bien inspirado en los colores del uniforme del Cuerpo de Patricios, el favorito del general, de cuyo regimiento Manuel era oficial.

Ahora bien, ¿qué hay de verdadero, documentado y verificable de todos estos relatos que hemos oído en nuestra niñez y adolescencia? Veremos que muy poco. En efecto, Juan Manuel Beruti (hermano del prócer), en sus Memorias curiosas, cuenta, en versión coincidente con la del marinero norteamericano Nathan Cook (presente en Buenos Aires en los días de mayo), que las cintas que repartían French y Beruti eran solamente blancas, el color tradicional de los Borbones. "[S]ignificaban la unión entre los españoles americanos y europeos", como un manifiesto a la igualdad de trato y acceso al Gobierno que los americanos reclamaban durante la revolución, al igual que sus pares peninsulares, sin romper con el rey. 

Las cintas celestes y blancas se repartieron recién más de un año después, durante 1811, y las utilizaban como divisa los partidarios de Mariano Moreno, que habían sido expulsados de la Junta Grande y se reagruparon en torno a la Sociedad Patriótica. Simbolizaban la unión (el color blanco mantenía el significado del año anterior) y la libertad (el celeste). Más tarde, estos lemas (unión y libertad) se consignaron en todas las monedas patrias acuñadas a partir de 1813 y podemos apreciar aún hoy esa leyenda en todas las monedas y los billetes argentinos.

Con respecto a la primera escarapela argentina, pinturas de la época muestran que era celeste en el centro, con sus bordes blancos (es decir, de formato diferente a la que conocemos hoy). Lo cual nos da un dato crucial para indagar el formato de la primera bandera patria, enarbolada por Belgrano en Rosario.

Algunos conjeturan que Belgrano habría elegido estos colores, porque eran los utilizados en las bandas que cruzaban sobre sus pechos los borbones españoles en las ceremonias oficiales y que él mismo había tenido la oportunidad de presenciar durante su permanencia en Madrid, años atrás. La finalidad de esta elección habría sido la de transmitir un mensaje subliminal de respeto y apego al cautivo rey Fernando VII y disimular así el ánimo independentista de la mayoría de los patriotas. Todos recordarán aquel famoso retrato de los miembros de la familia real española, por Francisco de Goya, luciendo bandas idénticas a las presidenciales argentinas, lo cual siempre nos generó curiosidad y nos parecía hasta una paradoja.

En lo que respecta al primer izamiento de la bandera en Rosario, tampoco hay constancias documentales. No sabemos a ciencia cierta si tuvo lugar el mismo 27, o antes de esa fecha, ni el lugar exacto (si fue en las barrancas o en la isla de enfrente, hoy desaparecida). Menos sabemos si fue jurada por las tropas.

Lo concreto y verificable es que Belgrano, como comandante de las tropas destacadas en Rosario, pidió al Primer Triunvirato, el 13 de febrero de 1812, que se instituyera una escarapela para identificar a las tropas patriotas, sin hablar de colores, a fin de evitar que los cuerpos, en un eventual enfrentamiento armado, se confundieran con los realistas. Ello porque en la época ambos contendientes utilizaban la cucarda encarnada (roja), clásica escarapela de los soldados españoles. Así fue que el Gobierno, cinco días después, accedió a lo peticionado por Belgrano y estableció la escarapela "blanca y azul celeste". Esta insignia se popularizó inmediatamente entre los patriotas y los soldados de la revolución. Belgrano llegó a transmitirle al Gobierno, muy entusiasmado, que sus soldados ya lucían esta distinción sobre sus uniformes. 

El 27 de febrero de 1812 -dos semanas después de su pedido de adopción de la escarapela-, Belgrano se dirigió nuevamente al Primer Triunvirato en estos términos: "Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia". Observemos que en ningún momento el prócer señala qué formato tenía la bandera por él creada.

Tampoco dice que la enarboló, dónde, cuándo, ni si la hizo jurar. Es llamativo que diga "blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional" (adviértase el orden de los colores). Recordemos que la escarapela, en esa época, era blanca en sus bordes y celeste por dentro. Tampoco dijo que tuviera tres franjas, ni la correspondiente distribución de sus colores. Es claro que si la hubiera creado con tres listones, así lo habría indicado al Triunvirato, a fin de que éste pudiera aprobar y replicar la insignia de su creación en los demás cuerpos patrios.

Ese mismo día, el Gobierno le ordenó a Belgrano hacerse cargo del Ejército del Norte, destino a donde éste partió a principios de marzo, sin tomar conocimiento de que el Triunvirato desaprobaría, luego, la creación de la enseña patria.

Ahora bien: ¿qué hizo Belgrano con la bandera de Rosario? ¿La dejó en la guarnición que custodiaba las barrancas del Paraná? ¿O se la llevó consigo a Jujuy? Las ordenanzas militares y la opinión de varios expertos en historia militar, sobre todo Juan Beverina, nos transmiten que las banderas no son de propiedad de los jefes de una unidad. Las insignias permanecen con esta, pese a los cambios de jefatura que se den en la fuerza.

Con lo cual, es muy poco probable que Belgrano hubiera llevado consigo esta bandera hacia su nuevo destino, en el norte. Es más factible que la haya dejado en Rosario, a fin de identificar a las baterías allí desplegadas, ya que para eso la había instituido, precisamente. El mismo general José de San Martín, cuando regresó del Perú, no volvió con la bandera de los Andes debajo del brazo, sino que ésta quedó con los cuerpos argentinos, hasta su retorno definitivo al suelo patrio.

Por ello, lo más probable es que la primera bandera creada por Belgrano haya permanecido en Rosario, hasta que llegó la comunicación de su supresión. Por consiguiente, no sería de extrañar que el nuevo comandante de la plaza, comandante Gregorio Perdriel, la haya retirado y tal vez destruido. Con lo cual, la bandera luego enarbolada, bendecida y jurada en Jujuy, el 25 de mayo de 1812, debió haber sido, necesariamente, otra distinta, pero pudo haber guardado similitud con la originaria, de Rosario. 

Sabido es que, luego de la segunda reprimenda del Triunvirato, Belgrano guardó la bandera jurada en Jujuy y que después del triunfo de Tucumán (24 de septiembre de 1812), ya caído el Primer Triunvirato, la volvió a sacar a la luz. Así fue que presidió la ceremonia de juramento de lealtad a la Soberana Asamblea General Constituyente del Año XIII, a orillas río Pasaje y encabezó a nuestras tropas durante la gloriosa gesta de la batalla de Salta. Ambos acontecimientos tuvieron lugar durante el mes de febrero de 1813.

Ahora bien: ¿cómo era esa bandera originaria de Belgrano? La respuesta nos la da el propio Belgrano. En 1815, durante su estadía en Londres, y como se estilaba en la época, el general se hizo retratar, sentado, por el poco conocido pintor francés François-Casimir Carbonnier (discípulo de Jacques-Louis David, el retratista favorito de Napoleón), en un famoso cuadro, cuyo original se encuentra en el Museo Dámaso Arce de la ciudad de Olavarría. Detrás del cortinaje, a la derecha y abajo del prócer, se aprecia una escena de la batalla de Salta. Allí se observan las tropas patrias que portan diversas banderas de dos franjas horizontales: blanca la superior y celeste la inferior.

Ahora bien, no se entiende cómo un pintor francés, totalmente desconocedor de la historia y la situación argentina (país remoto e ignoto en esa época), pudo pintar una bandera de esa naturaleza, si no fuera que el propio Belgrano, que se la encargó y posó durante varios días para él, le haya dado indicaciones de cómo era la bandera por él enarbolada en Salta.

Existe un elemento más a considerar a favor de que la bandera originaria de Belgrano constaba de dos bandas horizontales: blanca la de arriba, celeste la de abajo. La bandera de los Andes, confeccionada a fines de 1816 en Mendoza, tenía igual diseño. Algunos piensan que, habiendo compartido el general San Martín casi tres meses (de enero a marzo de 1814) en Tucumán con el creador de la bandera, bien pudo éste haberle indicado el formato originario de la enseña de su creación, o pudo haberla visto San Martín flameando entre las escuálidas filas del Ejército del Norte. Parece que el Libertador quiso homenajear al creador de la bandera, enarbolando en su victorioso Ejército de los Andes una insignia que mantenía el mismo formato de la que había sido originariamente concebida por éste.

Fuente: Infobae.com

viernes, 26 de febrero de 2016

Hernán Cortés vs. Francisco Pizarro, la familia española que conquistó los grandes imperios de América

Hernán Cortés
Aunque tradicionalmente se ha considerado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Cortés había corrido una generación más que la de Pizarro 

El coronel no tiene quien le escriba, tituló el americano Gabriel García Márquez una de sus obras más entrañables. Los conquistadores tampoco tienen quien los escriba. Su historia resulta políticamente incorrecta, y los países que contribuyeron a fundar no los reconocen como suyos. Pero incluso así, el caso de Francisco de Pizarro, conquistador del Perú, es más doloroso que otros. A diferencia del admirado Hernán Cortés, Pizarro y sus hermanos gozaron de escaso reconocimiento en el periodo que les tocó vivir. El carácter gris del extremeño y las sucesivas guerras civiles entre ellos no ayudaron, precisamente, a que Pizarro encontrase quien le escriba.

Hernán Cortés, el apuesto capitán

Cuando Pizarro comenzaba a gestar su leyenda hacía veinte años que Hernán Cortés había conquistado Tenochtitlan. Llovía sobre mojado. Cortés fue considerado el mayor héroe en Castilla por sus coetáneos, incluso por encima del militar más prestigioso del periodo, el Gran Capitán. «Fue en tanta estima el nombre solamente Cortés, así en todas las Indias como en España, como fue nombrado el nombre de Alejandro de Macedonia, y entre los romanos Julio César», escribió Bernal Díaz del Castillo, autor de «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España». Cortés no era un hombre culto, pero sabía impresionar a la gente a través del verbo. Siendo uno de los encandilados el Emperador Moctezuma, que, en una mezcla de síndrome de Estocolmo y admiración sincera, mantuvo una extraña amistad con el hombre que pretendía derribar su imperio.

Valiéndose de la hostilidad que el Imperio azteca arrastraba entre las tribus vecinas, el extremeño fue capaz de aunar los esfuerzos de distintos jefes locales para abrirse paso por el norte de América, usando aquí la superioridad de las armas europeas para imponerse en el campo militar. No obstante, su gesta estuvo en todo momento acompañado de una cuidada propaganda, buscando así convencer a Carlos V de que la suya era su causa, y no la de su rival y superior, el gobernador de Cuba, que se enfrentó a Cortés durante la conquista de México.

Por lo mucho que le importaba su imagen, Cortés insistió en que su biografía la escribiera su capellán, Francisco López de Gómara. Como recuerda Henry Kamen en su libro «Poder y gloria: Los héroes de la España imperial» (Austral), en esta biografía el descubrimiento y conquista de América se presentaban como elogio triunfal de España y obra bendecida por el mismísimo Señor.

La imagen del héroe extremeño quedó grabada sobre toda una generación. También en el extranjero fue visto durante mucho tiempo como el estereotipo de héroe europeo. «Es el producto final de siglos de preparación para un esfuerzo colectivo de la voluntad humana», describe el historiador norteamericano W. L. Schurz en «This New World».

Francisco Pizarro, el cruel conquistador

Nada que ver con la imagen del gris Pizarro. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Aunque tradicionalmente se ha considerado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Hernán Cortés había corrido una generación más que la de Francisco Pizarro.

En 1502, el extremeño se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 cuando participó de forma directa en un suceso relevante de la Conquista. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán, Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico, por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. El descubridor fue finalmente decapitado ese mismo año con la ayuda de la versión más oscura de Pizarro, la que alimenta en parte la antipatía histórica que sigue generando este personaje.

Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente en busca del otro gran imperio americano de su tiempo: los incas. Precedida por la viruela traída por los europeos en 1525, que había diezmado a la mitad de la población inca, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el empujón final a un imperio que se tambaleaba a causa de las enfermedades, la hambruna y las luchas internas que enfrentaban a dos de sus líderes (Atahualpa y Huáscar) por el poder.

La inferioridad numérica de Pizarro no fue ningún obstáculo. ¿Cómo fue posible que tan pocos pudieran vencer a tantos? es la pregunta que ha causado fascinación en la comunidad de historiadores. «En Cajamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa», escribió un miembro vasco de la expedición en una carta destinada a su padre. La superioridad tecnológica y lo intrépido del plan de Pizarro, cuyas intenciones no habían sido previstas por el emperador Atahualpa, al estimar a los españoles como un grupo minúsculo e inofensivo, obraron el milagro militar.

El secuestro y muerte de Atahualpa, que no llegó a ser liberado pese a que los incas pagaron un monumental rescate en oro y tesoros por él como había exigido Pizarro, marcó el principio del fin de este imperio. Sin embargo, lejos de la imagen de que el extremeño conquistó el Perú en cuestión de días, hay que recordar que la guerra todavía se prolongó durante toda una generación hasta que los últimos focos incas fueron reducidos.

Francisco Pizarro
Pizarro y la guerra de los conquistadores

Los conflictos internos entre los conquistadores, que enfrentaron a Pizarro y sus hermanos contra su otrora aliado, Diego de Almagro, enturbiaron todavía más la imagen de los conquistadores del Perú. Tras la derrota y ejecución de Almagro, en un nuevo giro de los acontecimientos, los partidarios del derrotado irrumpieron el 26 de junio de 1541 en el palacio de Pizarro en Lima y «le dieron tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta, relata un cronista sobre el amargo final del conquistador extremeño. Las guerras civiles entre los conquistadores se prolongaron hasta finales del siglo XVI, convirtiendo a los Pizarro también en villanos a ojos de de la Corona.

Frente al encantador de serpientes de Cortés, que acudió a la Corte de Carlos V a contar sus hazañas, Pizarro no parecía hecho de la materia de que están hechos los héroes. Codicioso por naturaleza, cruel y dado a buscar su interés personal, o al menos así le recordó el mundo. Fue con el paso de los años cuando surgió la leyenda del humilde Pizarro: una persona sin privilegios que abandona la pobreza y engrosa las filas de la nobleza tradicional. Un héroe para el pueblo. 

A lo largo de los siguientes siglos, Pizarro ganó en reputación. Los historiadores norteamericanos, que veían en los conquistadores a los precursores de sus grandes pioneros, elevaron a la categoría de esforzado héroe al extremeño. La primera biografía fiel de Pizarro la publicó el norteamericano William H. Prescott en su «History of the Conquest of Peru», quien consideraba que España había descuidado a uno de sus más famosos héroes: «Ningún español ha intentado escribir una historia de la conquista del Perú basada en documentos originales». La prueba de este descuido es que en Trujillo, su lugar de nacimiento, nadie hizo el menor intento de erigir una estatua al conquistador hasta la década de 1890.

Mientras España empezaba a recuperar a sus héroes levemente, Iberoamérica comenzaba a considerar a los conquistadores como genocidas que habían destruido las fértiles culturas previas a la llegada de los españoles. La Guerra de Cuba de 1898 sumó a EE.UU. a esta tendencia histórica contra los personajes españoles. Aquí, tanto Cortés como Pizarro, compartieron el mismo destino. Ni Perú ni México les aceptaron como los padres fundacionales de sus países.

Sobre tumbas, estatuas y biografías perdidas

Tras ser trasladados desde Europa los restos de Cortés a una iglesia de Ciudad de México en el siglo XVII, la independencia del país cambió radicalmente la imagen que tenían sobre él. A diferencia de otros países como Colombia, que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se mantuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo México.

Su tumba llegó a correr peligro. Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inminente profanación, las autoridades eclesiásticas decidieron desmontar el mausoleo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tarima del altar del Hospital de Jesús y el busto y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo.

trece años después los restos cambiaron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de forma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir como positivo el papel que jugó el conquistador en su fundación. 

El caso de Pizarro es casi idéntico. Durante un siglo se creyó que se habían exhumado y expuestos en un féretro de cristal los restos del extremeño. Sin embargo, a finales del siglo XX unos hombres descubrieron una caja de plomo en un nicho sellado de la catedral de Lima con la inscripción «aquí yace la cabeza del Señor Marqués don Francisco Pizarro, que descubrió y ganó los reinos del Perú y los puso en la Real Corona de Castilla». Un grupo de forenses confirmó que esos eran los restos auténticos, y no los que se homenajeaban desde 1892.

A partir de entonces Perú ha mostrado poco interés en homenajear o reivindicar la figura de Pizarro. A petición de las autoridades peruanas, una estatua del conquistador fue trasladada de Nueva York a Lima en 1934, lo cual se convirtió automáticamente en un foco de controversia. En 2003 las presiones de la mayoría indígena dieron como resultado que esta estatua ecuestre de Pizarro fuera llevada al depósito municipal, a la espera de encontrarle una nueva ubicación. Al año siguiente la colocaron, ya sin pedestal, en un parque rehabilitado del barrio de Rimac. La polémica promete seguir vigente.

Fuente: ABC.es

miércoles, 24 de febrero de 2016

Los dientes podrán ahora reescribir la historia de la especie humana

Científicos proponen un nuevo mecanismo para explicar el desarrollo de los dientes del adulto a partir de la dentadura de leche. Este modelo permitirá arrojar una nueva luz a la evolución de humanos y homininos, sus parientes ya extintos

Reconstrucción del cráneo de Lucy, representante de los australopitecos, cuya historia puede ser reconstruida en parte a través de los dientes
Gracias a esto, los científicos consideran que la evolución del hombre es en realidad mucho más simple de lo que se pensaba 

Cuando los científicos tratan de reconstruir el pasado del ser humano y de los primates, las especies más emparentadas con él, suelen recurrir a dos recursos: los rasgos del cráneo y la anatomía y tamaño de los dientes. Tanto unos como otros pueden conservarse durante miles de años y esconden en su interior la información genéticamente codificada que permite reconstruir la evolución y el parentesco de las especies.

A veces, las diferencias en el aspecto de los dientes se atribuyen a cambios en la dieta y en los hábitos de una especie, porque no es lo mismo masticar duras semillas o carne cruda, que la blanda carne cocinada. Se cree que esto es lo que explica que las famosas muelas del juicio de los humanos modernos no se desarrollen o sean más pequeñas que las de otros homininos, los parientes ya extintos del hombre. Sin embargo, un estudio presentado hoy en la revista «Nature» puede cambiar esta visión y contribuir a reescribir parte de la historia de la evolución de los primates: los autores proponen un mecanismo de desarrollo, llamado «cascada inhibotoria», que regula el tamaño de los dientes.

«Nuestro nuevo estudio muestra que el patrón del desarrollo de los dientes es mucho más simple de lo que pensábamos, y que la evolución humana es mucho más limitada», ha dicho Alistair Evans, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de Monash (Estados Unidos).

Después de recurrir a técnicas de embriología, anatomía comparada y biología computacional, descubrieron que una única regla del desarrollo podía explicar las diferencias en el tamaño de los dientes de los homininos. 

«Uno de los descubrimientos más interesantes de este nuevo estudio es que el tamaño de los dientes, ya sea el de humanos modernos o el de los homininos fósiles, sigue las predicciones de una única y elegante regla del desarrollo llamada "cascada inhibitoria», ha dicho Gary Schwartz, coautor del estudio.

Según esta regla, que fue descubierta en ratones, el tamaño de una muela regula el desarrollo posterior de las piezas dentales vecinas. De hecho, los investigadores descubrieron que el patrón de desarrollo de las muelas del adulto era una consecuencia directa del tamaño que alcanzaban las muelas de leche.
La importancia de los dientes de leche

«Es muy sorprendente, pero el tamaño de las muelas de leche, que comienzan a desarrollarse antes del nacimiento, tienen un poderoso efecto de "cascada inhibitoria" en el tamaño de las muelas del adulto», ha dicho Kierstin Catlett, otra de las coautoras del estudio. Esto podría tener un importante impacto tanto en la paleontología como en la antropología, porque la mayoría de los mamíferos, incluyendo a humanos y especies afines ya extintas, tienen esos dos juegos de dientes.

Aunque la apuesta de estos investigadores tiene algunas limitaciones, como es no contar con las variaciones en el tamaño de los dientes entre individuos de la misma especie, Aida Gómez-Robles, paleoantropóloga de la Universidad George Washington, ha explicado que este estudio permitirá mejorar «nuestro entendimiento del registro fósil humano, al identificar los cambios evolutivos que están unidos con el desarrollo».
Una nueva luz

«Lo que es verdaderamente interesante es que podemos usar esta regla de la "cascada inhibitoria" para predecir el tamaño de los dientes que faltan en los restos fósiles con fiabilidad», ha explicado Evans. Por eso, los autores esperan poder usar esta regla para interpretar nuevos fósiles de homininos y aplicar una nueva luz a los que ya se conocen.

Y no solo esto. «Muchas restricciones del desarrollo que regulan la evolución de los dientes están presentes en otros sistemas formados por la repetición de componentes, como las vértebras, las costillas, los miembros y los dedos». Por ello, según Gómez-Robles, esta investigación puede ayudar a entender la evlución de estructuras humanas tan importantes como las que tienen un papel fundamental en la locomoción, en la postura o en la capacidad de coger herramientas.

Fuente: ABC.es

martes, 23 de febrero de 2016

El naufragio de dos galeones españoles que puede reescribir la historia de Norteamérica




Mucho antes de que el capitán James Cook navegara hacia el norte por la costa oeste norteamericana en 1778, reclamando para Inglaterra el territorio que hoy es la Columbia Británica canadiense, los españoles ya habrían explorado la zona. Pero no existen documentos que apoyen esa teoría, ni siquiera registros de expediciones perdidas. Solo leyendas. Leyendas que ahora parece se empiezan a verificar con la aparición de dos galeones hundidos y dos curiosas espadas.

La historia lleva siglos circulando, cual mito, por el interior de la Columbia Británica, y en las últimas décadas ha dado el salto incluso a los libros de historia regionales, aun a costa de la falta de pruebas.

Pero los nuevos hallazgos parecen sugerir que se trata de algo más que mitos. En ese caso habría que reescribir toda la historia de norteamérica, con los exploradores españoles miles de kilómetros más al norte de lo que hasta ahora se sabía.



Los españoles llegaron hasta Alaska en el siglo XVIII, pero siempre manteniendose en la costa, nunca penetraron al interior de territorios tan al norte como la Columbia Británica. De hecho nunca penetrarían al interior del continente más al norte de Colorado y Arkansas, según la versión oficial.

Pero según Stan Copp, director del departamento de sociología y antropología del Langara College, una pintura rupestre en el valle del Okanagan muestra una línea de esclavos atados por el cuello y custodiados por perros, que representa el método empleado por los españoles. Los españoles habrían capturado esclavos en el valle siguiendo el curso del río Columbia desde la costa de Oregón. Pero finalmente habrían sido atacados por los nativos en represalia, cerca de lo que hoy es Kelowna, y sus cuerpos enterrados en algún lugar del Okanagan.

Pero hay más. En los archivos del cercano Museo Penticton encontró una espada catalogada como la espada de los hombres tortuga. Copp la identificó como una kastane, una espada cingalesa fabricada en Sri Lanka en el siglo XVI. No se sabe como llegó hasta allí, pero en el Museo Kamloops apareció otra espada encontrada por un granjero local en los años 50. El curador del museo, Dennis Oomen, envió fotos al Museo de la Guerra Canadiense, donde determinaron que era de origen español, fabricada en alguna de sus colonias.

No obstante, ambas armas pudieron ser introducidas mucho más tarde por comerciantes o incluso por nativos. Pero también cabe la posibilidad de que un grupo de españoles se hubiera internado en la Columbia Británica desde California o siguiendo el curso del río Columbia.

Ya en 1542 barcos españoles habían alcanzado la bahía de San Diego. Y durante el siglo XVIII llegarían incluso hasta Alaska, como demuestra la existencia de nombres castellanos en la costa de la Columbia Británica (Estrecho de Juan de Fuca, Isla de Cortés).



Por otro lado, Scott Williams, que dirige un equipo de investigadores al sur del río Columbia, afirma que existen dos pecios de galeones españoles en la zona. Uno hundido en 1694 y otro en 1725. Y que más barcos españoles se perdieron mientras exploraban la costa oeste norteamericana.

El naufragio de 1725 es conocido porque el hijo de uno de los supervivientes vivía todavía cuando los comerciantes de pieles llegaron allí. Les contó que era hijo de un marinero español que había naufragado en la boca del río Columbia, y que su padre y otros tres supervivientes habían vivido con los indios durante un tiempo. Luego decidieron probar suerte siguiendo el curso del río hacia el interior, y nunca más se supo de ellos.

Del naufragio anterior de 1694 se desenterraron, cerca del lugar donde se cree que reposa el galeón, partes de su cargamento de cera. Hay historias transmitidas de manera oral que afirman que de este naufragio pudieron sobrevivir hasta 30 personas, pero que morirían después en una batalla en la costa.

Lo curioso es que Copp y Williams, cuyas investigaciones iban paralelas, no supieron uno del otro hasta fechas recientes. Ahora se preguntan si existe alguna conexión entre las armas halladas por Copp y los naufragios de los galeones investigados por Williams. Si así fuera demostraría que exploradores españoles se internaron por aquellas tierras mucho antes de la llegada de los británicos. 

Fuente: Brujulaverde

lunes, 22 de febrero de 2016

La Leyenda Maya del Colibrí

Los mayas más viejos y sabios, cuentan que los dioses crearon todas las cosas en la Tierra y al hacerlo, cada animal, cada árbol y cada piedra le encargaron un trabajo. Pero cuando ya habían terminado, notaron que no había nadie encargado de llevar sus deseos y pensamientos de un lugar a otro.

Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra de jade y con ella tallaron una flecha muy pequeña. Cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la pequeña flecha salió volando. Ya no era más una simple flecha, ahora tenía vida, los dioses habían creado al x ts’unu’um(colibrí).

Los nombres mayas en las aves, generalmente se relacionan con los sonidos que producen, sean sus cantos o sonidos producidos por las plumas, por ejemplo x ts’unu’um para los colibríes.

Era tan frágil y tan ligera que el colibrí podía acercarse a las flores más delicadas sin mover un solo pétalo, sus plumas brillaban bajo el sol como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.

Entonces los hombres trataron de atrapar a esa hermosa ave para adornarse con sus plumas. Los Dioses al verlo, se enojaron y dijeron: “si alguien osa atrapar algún colibrí, éste morirá”. Por eso es que nadie ha visto alguna vez a un colibrí en una jaula, ni tampoco en la mano de un hombre.

De ésta forma es que esta misteriosa y delicada ave ha podido llevar a cabo el encargo de los dioses:

“El colibrí lleva de aquí para allá los pensamientos de los hombres"

¿Alguna vez escucharon aquella frase de:
"Pide un deseo" al ver un colibrí por su camino?


En muchas tradiciones, las plumas de Colibrí son atesoradas por sus cualidades casi mágicas. Se dice que el Colibrí trae amor como ninguna otra medicina puede hacerlo, y su presencia trae alegría al observador.

Los mayas más viejos y sabios, cuentan que los creadores de todas las cosas en la Tierra al hacer, a cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo. Pero cuando ya habían terminado, notaron que no había nadie encargado de llevar sus deseos y pensamientos de un lugar a otro.

Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra de jade y con ella tallaron una flecha muy pequeña. Cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la pequeña flecha salió volando. Ya no era más una simple flecha, ahora tenía vida, los creadores habían hecho al "xts’unu’um" (colibrí).
(El nombre maya en las aves, generalmente se relaciona con el sonido que producen, sus cantos o sonidos producidos por las plumas, por ejemplo "xts’unu’um" para los colibríes.)

Era tan frágil y tan ligera esta ave, que podía acercarse a las flores más delicadas sin mover un solo pétalo, sus plumas brillaban bajo el sol como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.

Entonces los hombres trataron de atrapar a esa hermosa ave para adornarse con sus plumas. Los creadores al verlo, se enojaron y dijeron: “si alguien osa atrapar algún colibrí, éste esta condenado”. Por eso es que nadie ha visto alguna vez a un colibrí en una jaula, ni tampoco en la mano de un hombre.

De ésta forma es que esta misteriosa y delicada ave ha podido llevar a cabo el encargo de los creadores mayas:

“El colibrí lleva de aquí para allá los pensamientos de los hombres”

Si un colibrí vuela alrededor de tu cabeza, no lo toques. El tomará tu deseo y lo llevará a los demás; piensa bien y desea cosas positivas para todos. Piensa que por algo pasó el colibrí por tu camino; piensa que algo realmente extraordinario puede ocurrir.

De ahora en adelante, el colibrí llevará todos tus deseos y pensamientos de un lugar a otro…

Fuente: Planet of Aztecz

domingo, 21 de febrero de 2016

Caral, la primera civilización de América

Hasta hace muy poco tiempo, se creía que el inicio de la civilización en America era muy posterior a las primeras en el mundo. Se consideraba que en los inicios de la civilización andina los nativos se organizaban en pequeñas aldeas dedicadas a la recolección de tubérculos o mariscos y la caza en pequeña escala. Pero un descubrimiento arqueológico en 1994 le ha quitado el velo de 5.000 años a Caral de Supe, y la ha puesto en el eje cronológico junto a Mesopotamia, Egipto, india, China y Mesoamérica, los focos originarios de cultura en el mundo.



Caral es la ciudad más antigua del Perú y, según la arqueología oficial, de América. Sede de la primera civilización andina, forjó las bases de una organización social propia y singular, demostrando que en tiempos tan remotos como en 3.000 AE, Caral ya era una vibrante ciudad de monumentales pirámides, tal como sus pares de los otros continentes.



Sus colosales pirámides eran edificios de grandes proporciones utilizados por los curacas (gobernantes) como el centro de sus actividades, ya sean religiosas, políticas o económicas. Era el símbolo y centro del poder, allí se realizaban las ceremonias que garantizarían el orden establecido en fechas señaladas por un calendario ceremonial que emulaba el ritmo de la naturaleza. Destacan 7 grandes pirámides rodeadas de otras varias pequeñas, sumando 32 montículos en total.



Los antiguos caralinos experimentaron con las especies vegetales para lograr mayor calidad y productividad en sus cultivos. Produjeron conocimientos de ingeniería agraria, que se aplicaron a la construcción de canales de riego, la habilitación de reservorios de agua, el acondicionamiento de terrazas para el cultivo, la fertilización de los suelos y la manufactura de instrumentos de labranza.



La ciudad de Caral tenía una población de 3,000 personas aprox., más los 17 centros anexos del área llegaban a una población total de 20.000 personas aprox. en el valle de Supe. Todos estos centros anexos del valle de Supe compartían la fisionomía de la ciudad de Caral, con pequeñas plataformas o círculos de piedras.



De forma misteriosa, después de un periodo de 500 años de asentamiento, Caral fue abandonada, completa y rápidamente. Se desconocen las razones de dicha emigración que sucedió hacia aprox. 2100 AEC.

sábado, 20 de febrero de 2016

20 de Febrero de 1827: La muerte de un valiente

Las tropas republicanas ya se hallan frente a las tropas imperiales, a orillas de un río en el sur del Brasil, llamado Santa Ana. El jefe de los patriotas, el General Carlos María de Alvear, llama a sus oficiales a junta de guerra.

Allí expone su punto de vista sobre como debería ser el ataque.

Mira al Jefe del Regimiento de Caballería Nº 1, el Coronel de origen francés Carlos Luis Federico de Brandsen, y le dice secamente que con sus hombres debe atacar de frente la posición de la infantería brasileña.

Brandsen no sale de su asombro. ¡Un ataque frontal es una locura!. Se lo hace saber a Alvear.
-Mi General -dice Brandsen- un ataque frontal es un suicidio. La posición de la infantería enemiga es inexpugnable. Se halla muy bien fortificada detrás de una zanja, que haría imposible el accionar de la caballería...

-¡Le ordeno que ataque como le he indicado! ¿O acaso cuando el Emperador Napoleón le daba una orden Usted dudaba en ejecutarla?

Brandsen se muerde los labios. Sabe que es un ataque hacia la muerte.

-Se que he de morir, pero ejecutaré el ataque, como Usted me ordena mi General -dice el Héroe de mil Batallas.

Da media vuelta y se dirige hacia su caballo, a tomar posiciones frente a sus hombres que esperan.
Brilla el sol sobre su pecho entorchado de medallas. Lleva prendidas cerca del corazón aquellas medallas obtenidas en los combates y batallas al servicio de Napoleón, y las otras, las conseguidas en la lucha por la Emancipación Americana. Aquel uniforme le pesa. No es apto para el combate. Es el Uniforme de Gala del Ejército Imperial Francés, él único que tiene, porque su Uniforme de Coronel de Caballería Argentino se ha perdido cuando se extraviaron en campaña todos sus efectos personales.

Cabalga para colocarse al frente de su Regimiento, que lo espera impaciente. Cuando de repente, ve que a su lado cabalga alguien más. Es Alvear, que seguramente va a cerciorarse en persona que el Coronel cumpla con su orden.

Brandsen detiene su caballo y se acerca a su jefe. y le dice por lo bajo...
-General... no me ofenda...

Alvear se da cuenta de su error, y deja partir al Coronel Brandsen a su destino de muerte y de gloria.
Por fin el francés llega al frente de sus hombres. Los mira a los ojos, y reconoce a muchos de viejas batallas y combates. Casi que puede llamarlos por sus nombres. Muchos de aquellos hombres eran viejos Granaderos a Caballo, sobrevivientes de la Guerra de Independencia, que habían sido reasignados a otras unidades, cuando Rivadavia disolvió al Regimiento en 1826.

Desenvaina su sable, el mismo y glorioso sable vencedor en "Zepita" o "Cerro de Pasco". Sus hombres hacen lo mismo. Un rugir de sables saliendo de su vaina indica que la Gloria está cerca.

-¡Trompa! ¡Toque a degüello!

Y aquellos hombres parten hacia su destino de muerte, su destino de gloria.
Finalizada la batalla, los brasileños escapan del campo del honor. Han sido derrotados por el Ejército Republicano.

Es el momento de recoger muertos y heridos.
Cae la noche sobre el campo de batalla. Sólo se escucha el crepitar de algunos fuegos de pastizales secos y el gemir de los heridos. Casi sin luz, Juan Galo de Lavalle recorre el terreno manchado de sangre. Y en la tenue luz del día que se va, encuentra el cadáver de Brandsen, entremezclado entre los cuerpos de sus hombres que cabalgaron con él hasta su destino final. Cerca de allí, Lavalle encuentra también el cadáver del Edecán de Brandsen, un joven Teniente, llamado Ignacio Lavalle, su propio hermano...
Brandsen yace allí mismo. Su sangre entremezclada con la de sus hombres, mártires de una carga equivocada. Su cuerpo está desnudo. Los Imperiales Brasileños, en suprema infamia, le han robado su Uniforme de Gala del Ejército Imperial Francés.

La Foja de Servicios de Brandsen es la siguiente:

Capitán de Caballería del Primer Imperio Francés;
Caballero de la Legión de Honor;
Caballero de la Real Orden Italiana de la Corona de Hierro;
Capitán de Caballería de Chile;
Comandante de la Legión Peruana de los Húsares de la Guardia;
Comandante General de la Caballería y Jefe de la Vanguardia de las tropas del Perú;
General de Brigada del Perú;
Coronel de Caballería de la República Argentina;
Condecorado con la Legión de Mérito de Chile, con los Cordones y la medalla de Maipú y con la medalla de oro con brillantes del Ejército Libertador de Perú; fue Benemérito de la Orden del Sol del Perú.

Tumba del Coronel Charles Louis Frédéric de Brandsen, en el Cementerio de la Recoleta. Buenos Aires


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Fuente: Granaderos Bicentenario

viernes, 19 de febrero de 2016

19 de Febrero de 1826: A 190 años del regreso de los Guerreros


Los recibió una Buenos Aires somnolienta. Casi nadie en las calles se cruzó con ellos. Algún choco les ladró en alguna esquina. Un farolero los vio pasar.

Cansados, llenos de polvo, con sus uniformes gastados, setenta y ocho hombres entraron a la misma ciudad que los había visto partir.

Regresaban luego de trece años de combates y batallas en donde se habían cubierto de cicatrices y de Gloria. Las Costas del Plata, y las alturas del Pichincha habían sido testigos de su arrojo y valentía.
Volvían anónimos. Nadie salió a recibirlos.

Los conducía un viejo guerrero, un Coronel Guaraní que había hecho toda su carrera en ese Regimiento, desde soldado raso, hasta ser su último Jefe.

A pesar del cansancio, a pesar de las incontables heridas cicatrizadas en gloria, a pesar del olvido del pueblo que los había visto partir hacía tantos años, ellos aún conservaban la marcialidad que les había enseñado su creador, el mismo que ahora pasaba sus años de vejez y exilio en la lejana Europa.

Setenta y ocho Granaderos a Caballo, los últimos que quedaban de la Gesta Emancipadora, volvían a su Cuartel de Retiro, luego de liberar a medio continente, al mando del Coronel Félix Bogado.

Cuando partieron de Mendoza, escala previa en su camino a Buenos Aires, se hizo un inventario de lo que traían aquellos Centauros. Sólo traían 86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas... y toda la Gloria y el Honor que les cabían en sus alforjas.

Dirá de aquella llegada casi anónima la Gaceta Mercantil:

"Tenemos el honor de haber recibido los restos del Ejército de los Andes, conducidos desde el Perú por el Coronel de Granaderos a Caballo D. José Félix Bogado. Cerca de nueve años han pasado desde que estos valientes marcharon a libertar a Chile. En este largo período se pueden contar los días de gloria que han dado a la patria, por las veces que se han batido con nuestros enemigos. Nuestra gratitud será siempre demostrada a estos viejos soldados de la libertad, con las más tiernas efusiones de nuestros corazones. Eternamente llenaremos de beneficios, a los héroes de Chacabuco y Maipú; sí a esos que han conducido en triunfo el pabellón hasta Quito y que han sabido derramar su sangre por la libertad de la Patria en Junín y Ayacucho. Nosotros al verles, siempre diremos con admiración: he ahí esos que sellaron con su sangre y sus espadas, la libertad de su patria y sus nombres irán de padres a hijos, de generación en generación".

Unos meses después, por orden de Bernardino Rivadavia, el Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, sería disuelto...

Imagen del Cuartel de Retiro, adonde llegaron los Granaderos a Caballo luego de la Guerra de Independencia, un caluroso lunes 19 de febrero de 1826, hace hoy, precisamente, 190 años

Fuente: Granaderos Bicentenario

jueves, 18 de febrero de 2016

Los Olmecas y el cacao

Los primeros en cultivar el árbol del cacao fueron los Olmecas. El chocolate era un regalo de los dioses que sólo podía ser consumido por personas de élite. La palabra “cacao” deriva del Olmeca y del lenguaje maya “kakaw”; el término relacionado con el chocolate “cacahuatl” es náhuatl. Aunque en la actualidad el origen del cacao sigue siendo una incógnita, la mitología prehispánica de México vincula a dos dioses: Quetzalcóatl, representado como “Serpiente emplumada” (de origen Azteca) y Ek-Chuah, “Dios del cacao, de la guerra y benefactor de los mercaderes” (de origen Maya).



Cuenta la leyenda que Quetzalcóatl regaló el árbol del cacao a los hombres como recompensa al amor y la fidelidad de su esposa, quien prefirió sacrificar su vida antes de relevar el lugar en el que estaba escondido el tesoro de la ciudad. Al morir la princesa, su sangre fertilizó la tierra para dar vida al árbol del cacao, en ese entonces nombrado cacahuaquahitl. El sabor del fruto era amargo, característica que los ancestros relacionaban con el sufrimiento que había padecido la princesa.

Los Olmecas molían las habas de cacao mezcladas con agua y saboreaban la delicia de la semilla en forma de bebida. Con el paso del tiempo, la cultura del cacao se extendió a las poblaciones Mayas y Aztecas. En ese entonces el haba de cacao era utilizada como unidad monetaria y de medida.

En tiempo de guerra, las culturas Azteca, Maya y Chimimeca utilizaban el cacao como impuesto en las zonas conquistadas. Para estas civilizaciones, el cacao era un símbolo de abundancia que se empleaba al momento de rituales religiosos dedicados a Quetzalcóatl y a otras divinidades. Pero no fue sino hasta 1519 que el “oro moreno” cautivó el paladar de Hernán Cortés, quien después de haberlo saboreado al lado del emperador azteca Moctezuma, años después lo llevaría a la Corte de España.

Fuente: Planet of Aztecz

miércoles, 17 de febrero de 2016

Tuvimos hijos con los neandertales ya hace más de 100.000 años

El ADN analizado sugiere relaciones sexuales durante decenas de miles de años



Hay un detalle pornográfico de la prehistoria que destroza el relato de la Creación divina elaborado por cualquiera de las religiones: el sexo con neandertales. Nuestra especie no solo fornicó repetidamente con aquella otra extinguida hace 40.000 años, sino que ambas tuvieron numerosos hijos fértiles, dejando un rastro de ADN neandertal que pervive hoy en nuestras células. Y no fue un calentón de un día. Un nuevo estudio revela que hace 100.000 años los neandertales y los humanos modernos ya tenían hijos en común, unos 45.000 años antes que los primeros encuentros documentados hasta ahora. No hubo un Dios que creara una especie humana. Si acaso, creó varias diferentes y copulaban entre ellas.

Los autores del trabajo, encabezados por el biólogo español Sergi Castellano, dibujan un pasado enrevesado. Los humanos modernos, los Homo sapiens, surgieron en África hace unos 200.000 años y algunos de ellos salieron del continente hace unos 65.000 años, cruzándose por el camino con los neandertales europeos y dando lugar a miles de millones de personas que hoy habitan el planeta fuera de África. Esto es lo que ya se sabía. El nuevo estudio sugiere que hace más de 100.000 años otra población de Homo sapiens salió de África y mantuvo relaciones sexuales, posiblemente en Oriente Próximo o en el sur de Arabia, con grupos de neandertales que estaban desplazándose hacia Asia. Aquellos humanos modernos pioneros se extinguieron, pero su huella aparece ahora en el ADN extraído de los restos de una mujer neandertal hallados en una cueva de Siberia, en la frontera entre Rusia y Mongolia.

“La mezcla con los neandertales ocurrió mucho antes de lo que creíamos”, señala Castellano, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania). “Homo sapiens abandonó el hogar paterno antes de lo que pensábamos. Y, a la luz de la introgresión [el movimiento de genes de una especie a otra], vemos que tuvo una adolescencia bastante animada”, bromea a su vez María Martinón-Torres, paleoantropóloga del University College de Londres y ajena al nuevo trabajo.

El equipo de la investigadora anunció el año pasado el hallazgo de restos de 47 humanos modernos en la cueva de Fuyan, en el sur de China, datados en más de 80.000 años. El descubrimiento mostraba que los Homo sapiens colonizaron Asia antes de lo pensado. “El ADN ratifica nuestro descubrimiento, pues habla de un cruce entre sapiens y neandertales hace 100.000 años, por lo que Homo sapiens ya tenía que estar fuera de África antes de los 50.000 años defendidos por las teorías clásicas. Estamos asistiendo a un cambio de paradigma. Asia deja de desempeñar un papel secundario y cobra un protagonismo revelador en etapas claves de la evolución”, reflexiona Martinón-Torres, del equipo de investigación de los yacimientos de Atapuerca, en Burgos.

El nuevo estudio, que se publica hoy en la revista Nature, analiza también los genomas de dos neandertales europeos, hallados en la cueva de Vindija (Croacia) y en el yacimiento asturiano de El Sidrón. Los científicos también han husmeado en el genoma de otro individuo encontrado en la misma cueva siberiana que la mujer neandertal: un miembro de la especie de los denisovanos, desconocida hasta 2010 y separada del linaje de los neandertales hace más de 400.000 años. Ninguno de los tres, ni los neandertales europeos ni el denisovano, presentan ADN de humanos modernos en su genoma, lo que no significa que sus especies jamás se cruzaran, según subrayan los autores.

Otro análisis genético realizado en 2013 mostró ADN denisovano en humanos modernos de Asia y Oceanía, e incluso un 0,2% de genes denisovanos en nativos americanos. El mismo estudio, elaborado por científicos de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), sugería cruces entre denisovanos y Homo erectus, otra especie de homínido que tradicionalmente ha servido para etiquetar a restos fósiles dispares hallados en Asia y datados entre hace 70.000 y 1,9 millones de años. “Somos una mezcla de retales de todos nuestros antepasados”, declaró en una reciente entrevista Svante Pääbo, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y coautor del nuevo estudio.

“Estos hallazgos confirman un cambio de modelo de la evolución humana. Vemos un montón de flechas de hibridaciones [mezclas entre especies] en un momento y en otro, en un sentido y en otro. Habrá ocurrido centenares de veces. Tenemos una visión extremadamente simplista de la evolución humana. Hay que imaginársela como un chorro de interconexiones entre especies, no como una línea con ramificaciones”, sentencia otro de los coautores del trabajo, Carles Lalueza-Fox, investigador del CSIC en el Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona.

Fuente: elpais.com

martes, 16 de febrero de 2016

13 de Febrero de 1827: Batalla de Bacacay

No fue una batalla sanmartiniana, en el más sentido estricto de la palabras. Sin embargo tuvo tintes que si lo fueron.



No hallamos en los inicios de la Guerra contra el Brasil, en 1827.
Ya el Ejército Republicano Argentino había invadido territorio brasileño, en virtud de la Guerra por la tenencia de la Banda Oriental. Ya Alvear, comandante de las tropas argentinas, había tomado la brasileña Ciudad de Bagé. Allí dividió sus fuerzas en tres grupos o columnas.

Las tropas rioplatenses se internaron en territorio enemigo, buscando a su adversario con intenciones que provocar un encuentro armado.

El Marqués de Barbacena, Jefe de las tropas IMperiales, decide hacer frente a los invasores en proximidades de la Sierra de Camacuá.

Para eso adelante una columna fuerte de 1.100 jinetes brasileños.

Desprendiendo una columna de unos setenta hombres, los imperiales se atacan a las avanzadas patriotas que se hallaban en la zona. Sin embargo, el Coronel Juan Galo de Lavalle, al mando de sus "Coraceros", aparece en escena y sablea sin piedad a los brasileños, los que terminan huyendo cobardemente del campo de batalla, dejando una treintena de muertos y varios heridos. Por su parte, los argentinos tuvieron siete muertos y seis heridos.

Y aquí volvemos a las líneas iniciales. Muchos de los "Coraceros" que formaban parte de las tropas de Lavalle, el Gran Granadero de la Guerra de la Independencia, eran precisamente viejos Granaderos a Caballo, sobrevivientes de la Epopeya Emancipadora. Cuando en 1826, Bernardino Rivadavia disuelve al Regimiento de Granaderos, muchos de esos soldados fueron distribuidos en distintas unidades, entre ellas, los "Coraceros" de Lavalle.


Hasta aquí lo que fue la Batalla en sí. Sin embargo, ahora queremos hacer salvedad con respecto a un error que ha perdurado por años. Y que nos perdonen nuestros camaradas del RCE 4 "Coraceros General Lavalle".

Vistosos son los cascos plateados que llevan sobre sus cabezas con sus penachos.
Sin embargo es una visión errónea del uniforme primigenio. No usaban cascos metálicos, sino morriones a la usanza de los diversos cuerpos del período de la Independencia, Usaban, sí, coraza que protegía pecho y espalda, pero no cascos de metal.

Aquí les acercamos una ilustración de como eran los uniformes de los Coraceros primigenios. Como verán, eran muy similares a los usados por los Granaderos a Caballo durante la Guerra de Independencia...

Éste era el uniforme de los vencedores en "Bacacay".

Fuente: Granadores Bicentenario

domingo, 14 de febrero de 2016

Hallan restos que serían del primer asentamiento indígena en la Capital

Vasijas, flechas y vestigios de viviendas fueron encontrados por investigadores argentinos y vascos en el sur de la ciudad, detrás del autódromo

Restos de animales y vasijas decoradas fueron hallados a unos 40 cm en un antiguo bañado del Riachuelo

En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

"Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas", indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.

l arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. "Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro", señala.

Las primeras excavaciones de este proyecto finalizaron el viernes pasado. Es necesario ahora que todos los restos encontrados sean analizados para determinar en qué momento de la historia fueron utilizados.

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. "Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos", asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

"El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital", explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires.

Animales chicos

"Sobre la base de esos dos puntos, comenzaron las excavaciones explica Camino-, y a lo largo de 2014 se acotaron a estos dos lugares. Ahora tenemos que precisar a qué pertenecen los restos. Estos huesos, por ejemplo, podrían ser de animales chicos: un guanaco o un ciervo de los pantanos; mientras que los más pequeños podrían ser de nutrias o vizcachas."

Cabe recordar que el hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana data del siglo XVII, en San Telmo (ver aparte). "No hay restos con mayor antigüedad que los que se hallaron bajo la plaza San Martín. Creemos que estos que hemos encontrado podrían ser cronológicamente anteriores, aunque hay que aguardar los estudios", agrega Camino.

"Estamos muy entusiasmados porque además es una deuda pendiente que hay con los primeros habitantes de estas tierras. Había población antes de que llegaran los españoles. Es una gran oportunidad para que la ciudad de Buenos Aires salde esa deuda a nivel simbólico, una historia que ha sido invisibilizada. Y la metrópoli se habría iniciado aquí, en el Sur", apunta Azkarate Garai-Olaun.

Según los expertos, podría demandar un año determinar fehacientemente el origen de los restos encontrados. Durante ese período, también se planificará el futuro de la excavación, que probablemente tenga una superficie mayor. "Uno de los grandes objetivos de la arqueología en la actualidad es que, además, se socialice. Estamos en un parque público al que asiste mucha gente, especialmente niños. La idea es que puedan ver trabajando a los profesionales y que haya una explicación de los orígenes de la ciudad en la que viven", indica el experto vasco que dirige el proyecto.

Los investigadores se permiten soñar hasta con un centro de interpretación en este reducto del sur de la ciudad, en donde los porteños puedan empezar a conocer sus orígenes.