miércoles, 19 de febrero de 2014

XI° Congreso Nacional de Genealogía y Heráldica de la República Argentina


CENTRO DE GENEALOGÍA DE ENTRE RÍOS
Fundado el 7 de noviembre de 2002
Miembro de la Federación Argentina de Genealogía y Heráldica
http://www.genealogiaentrerios.com.ar
XI° Congreso Nacional de Genealogía 
y Heráldica de la República Argentina

1814 – 2014
Bicentenario de la fundación de la provincia de Entre Ríos

El Centro de Genealogía de Entre Ríos invita al XI CONGRESO NACIONAL DE GENEALOGÍA Y HERÁLDICA que se desarrollará los días 2, 3 y 4 de octubre, en la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos.
Las sesiones tendrán lugar en el Colegio Nacional “Justo José de Urquiza”, en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en la Asociación Educacionista "La Fraternidad", sede de la Universidad de Concepción del Uruguay y en el Museo y Monumento Histórico Palacio San José.

El carácter itinerante del lugar de sesiones ha sido considerado para posibilitar el conocimiento de lugares emblemáticos de la historia entrerriana, estimando así mismo el poco tiempo disponible.

Eje temático: Conformación de la sociedad entrerriana siglos XVIII y XIX.
Esta temática refiere a familias establecidas en Entre Ríos con actuación, y a personas vinculadas por razones políticas, militares, comerciales, culturales o sociales, preferentemente ligados a la historia de la provincia de Entre Ríos. Detallamos a continuación los tópicos a desarrollar en las ponencias y exposiciones, con carácter orientativo, no excluyente:
-      Primeros pobladores.                     
-      Período hispánico.
-      Fundación de parroquias y pueblos.
-      Revolución de Mayo - Constitución Nacional (1810 -  1853).
-      Confederación Nacional (1854 – 1861).
-      Inmigración – Conformación de las colonias. - Aporte a la vida provincial.
-      Educación, literatura, arte, periodismo y cultura. Personajes y su obra.
-      Heráldica.
Susana T. P. de Domínguez Soler

Presidente

Centro de Genealogía de Entre Ríos


  • Habrá dos categorías de participantes:

Expositor: aquellos que presenten ponencias, comunicaciones o participen de conferencias o paneles que concuerden al Temario.
Asistente. Son los que no presenten ponencias, y asistan en calidad de oyentes.
  • Otras informaciones
En la Segunda Circular enviaremos información sobre costos de inscripción, alojamiento, requisitos para la presentación de resúmenes y ponencias.
  • Resúmenes
Los resúmenes deberán enviarse hasta el 7 de julio y las comunicaciones y ponencias hasta el 11 agosto de 2014. Éstas deberán enviarse a los mails siguientes:
- María Marta Quinodoz:            mmquinodoz@usa.net
- Luis Sebastián Pérez Colman:  perez_colman@hotmail.com
 con COPIA a:
- Susana de Domínguez Soler:    susanadominguezsolert@gmail.com
  • Reunión de la Federación Argentina de Genealogía y Heráldica
Se realizará el sábado 4 de octubre al finalizar el Congreso.
  • Paseos programados para asistentes y acompañantes
Sábado 4, después del almuerzo: Recorrido en embarcación por el río Uruguay y visita al Palacio Santa Cándida (si el mal tiempo no lo permite, se irá al Museo Histórico Regional del Inmigrante, en la Colonia San José y se visitará la bodega Vuillez en la vecina ciudad de Colón)
Domingo 5, Molino Forclaz, y recorrida a la bodega Vuillez en la ciudad de Colón y al Museo Histórico Regional de la Colonia San José
  • Comisión Organizadora en Concepción del Uruguay
Magister Celia Teresa D’Angelo, Rectora del Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza”.
Ing. Jorge Gerard, Rector de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
Dr. Héctor César Sauret, Rector de la Universidad de Concepción del Uruguay.
Prof. Luis Angel Cerrudo, Director del Palacio San José Museo y Monumento Histórico Nacional “Justo José de Urquiza”.
  • Coordinadores en Concepción del Uruguay
Prof. Luis Alberto Salvarezza
Prof. Lucas Scevola
Comisión General Organizadora
Centro de Genealogía de Entre Ríos
 Susana T. P. de Domínguez Soler
Presidente

Centro de Genealogía de Entre Ríos

LUGARES HISTÓRICOS Y DATOS DE INTERES
·         Palacio San José
El Palacio San José es el referente histórico más importante de Entre Ríos. Construido a partir de 1848, fue el centro político relevante merced al quehacer del morador, el general Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional de nuestro país.
Ubicado a 30 km. de Concepción del Uruguay está conformado por 38 habitaciones de la residencia principal estructuradas alrededor de dos patios sucesivos. En 1856, se instaló el sistema que proveía de agua corriente a la residencia. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1935, el Palacio San José posee un Archivo Histórico que preserva documentación vinculada  con el general Urquiza y su obra.
·         Colegio del Uruguay
El Colegio del Uruguay es el establecimiento laico más antiguo del país. Fue fundado en 1849 por el gobernador general Justo José de Urquiza para la enseñanza de estudios preparatorios.
Durante el rectorado del Dr. Alberto Larroque (1854-1864) se implementaron las carreras de Ciencias Exactas, de seis años de duración y la Literaria, de igual número de años. Ésta se divide en estudios preparatorios y en estudios superiores o universitarios. También se creó el curso de Jurisprudencia de cuatro años y un Aula Militar de formación de oficiales para el ejército, de dos años de duración. El colegio adquirió prestigio e idoneidad intelectual en el país y países limítrofes. Es así que en 1860 superaba los cuatrocientos alumnos. En las postrimerías del siglo XIX, en tiempos que la Argentina transitaba la senda de su organización definitiva, el Colegio del Uruguay juntamente con el Montserrat de Córdoba y el Nacional de Buenos Aires conformaban tres institutos de reconocido prestigio. Declarado monumento histórico nacional en 1942.                              
En el Colegio del Uruguay estudiaron entre otros: Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini, Victorino de la Plaza, Martiniano Leguizamón, Eduardo Wilde, Olegario Víctor Andrade, Martín Ruiz Moreno, Martín Coronado, Juan Page (explorador del río Pilcomayo), José Benjamín de la Vega (gobernador de La Rioja), Santiago Baibiene (gobernador de Corrientes), Tiburcio Benegas (gobernador de Mendoza), Wenceslao Pacheco, Osvaldo Magnasco, Arturo Frondizi, Juan Hortensio Quijano (vicepresidente de la Nación) José S. Alvarez (Fray Mocho) y Benigno Ferreyra (presidente del Paraguay).
·         Asociación Educacionista "La Fraternidad (actual sede de la Universidad de Concepción del Uruguay).
Ante “la situación afligente de numerosos estudiantes que no pueden proseguir sus estudios por falta de recursos” el profesor del Colegio del Uruguay Alejo Peyret propuso la preocupación en la logia Jorge Washington en 1877 y en el seno de ella se acordó constituir una comisión para estudiar una solución. Ese fue el inicio de la sociedad educacionista La Fraternidad, con el objeto de que protegiese y diese albergue a los alumnos del Colegio del Uruguay. Profesionales, estudiantes y ciudadanos se autoconvocaron en una asamblea en la que se decidió fundar un internado. Firmaron el acta entre otros, Enrique Alejandro Spangenberg, Martín Ruiz Moreno, Cipriano Ruiz Moreno, Luis Alejo Peyret, José Benjamín Zubiaur, Francisco Barroetaveña, Pedro y Miguel Coronado, Ramón Parera, Eliseo Vivanco, Martiniano Leguizamón, Enrique Pietranera, Alfredo Parodié, José Alvarez (Fray Mocho), Esteban María Moreno. El edificio La Fraternidad fue inaugurado en 1889.
      ·         Basílica de la Inmaculada Concepción.
Desde 1967 alberga el Mausoleo del General Urquiza.
  • Museo Histórico Regional de la Colonia San José.
El 1 de julio de 1857 desembarcan en el lugar conocido como la Calera de Espiro, en las inmediaciones del actual puerto de Colón, inmigrantes de Suiza, Saboya (Francia) y Piamonte (Italia). El Gral. Urquiza prestó todo su apoyo al contingente que traía herramientas, baúles y demás objetos necesarios para vivir. Cada familia recibió 27 hectáreas, la colonia se compuso de 200 concesiones, delimitadas por el agrimensor Carlos Sourigues, y fue aumentando hasta llegar a 572 concesiones en 1872.
La generosidad de los descendientes de los inmigrantes permitió reunir los primeros contratos de viaje, los objetos cotidianos, las herramientas de labranza, testimonios de tempranas industrias, los instrumentos musicales, una colección de autos antiguos, vestimenta cotidiana y trajes típicos de sus países de origen.
  • Palacio Santa Cándida.
Declarado Monumento Histórico Nacional en 1977, fue fundado en 1847 por el general Urquiza y funciona actualmente como un hotel histórico. El Gral. Urquiza lo llamó Santa Cándida en honor a su madre, Cándida García. Es un edificio de dos plantas de estilo toscano con un tercer nivel con torre mirador, construido por el arquitecto italiano Pedro Fossatti. Tiene un espléndido parque con estatuas e impactantes interiores.
En este lugar funcionó el saladero Santa Cándida, que dio trabajo a más de 300 personas. En 1850 se faenaban unas 70.000 cabezas de ganado, fue el saladero más importante del país y la principal fuente de recursos de Urquiza. Antonio Leloir y Adela Unzué (hija de Mariano Unzué, quien lo había adquirido a los herederos Urquiza), junto al arquitecto Angel León Gallardo y el paisajista suizo Emil Bruder son los responsables de su aspecto actual.
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CÓMO LLEGAR

Desde Retiro
, Buenos Aires: en ómnibus son 4 horas de viaje.
En automóvil: 2:30 horas de manejo a través del puente “Zárate Brazo Largo”, por la ruta nacional 14.
Recorrido total, 320 km desde Buenos Aires.
Desde Paraná: en ómnibus son 5 horas (muchas paradas).
En automóvil: casi 3 horas.
Recorrido total, 261 kilómetros, desde Paraná.
  • Empresas de Transporte:
Flechabus: llega desde Buenos Aires, La Plata, Paraná y Santa Fe.
Nuevo Rápido San José: desde Buenos Aires, La Plata, Mercedes y Curuzú Cuatiá, Corrientes.
San José: desde Paraná, Rosario (por Victoria), Córdoba.
Nuevo Expreso: desde Corrientes, Resistencia (Chaco), Buenos Aires.
  • Terminal de ómnibus:
Bv. De los Constituyentes 52, Cpción. del Uruguay - Tel: 03442- 422352

lunes, 17 de febrero de 2014

Los amores de los conquistadores y el mestizaje del nuevo mundo

La nobleza Inca y los caciques de Centroamérica emparentaron con los españoles, promoviendo el nacimiento de una nueva sociedad

El sobrino de San Ignacio de Loyola, Martín de Loyola,
casó con la ñusta Beatriz Clara Coya, sobrina de Tupac Amaru
¿Fue el mestizaje en Perú un producto de la sumisión de las mujeres indias a manos de los conquistadores españoles? No es tan simple. Otra vez los hechos contradicen la leyenda negra de España en América. Y no es porque durante la conquista española del imperio inca no se produjesen hechos sangrientos ni las graves injusticias que se asocian a una campaña como aquella. Claro que hubo violaciones y desafueros, pero no fueron la tónica dominante. Según la investigación de la historiadora Carmen Martín Rubio, que ultima una nueva biografía de Francisco Pizarro que va a dar mucho que hablar, conviene estudiar sin los prejuicios de la leyenda negra los tempranos amores de los primeros españoles en el Nuevo Mundo.
¿Y si la curiosidad y la atracción mutuas entre los exitosos guerreros blancos, venidos de los confines del mundo, y las princesas incas hubieran puesto el ejemplo nada más comenzar la conquista? ¿Fue también una conquista, digamos, galante? Martín Rubio mantiene que no fue solo el producto de la sumisión de las mujeres indias, ni de la violación generalizada y el rapto como esclavas y criadas.
No se trata de negar la historia, sino de conocerla mejor. Los españoles hemos asumido, a menudo sin rechistar, sin sentido crítico, esa visión culpable de un hecho que dio nacimiento a un mundo diferente, más de lo que los conquistadores esperaban. «La mayoría de las veces, esta situación fue voluntaria -explica Martín Rubio-, pues los conquistadores despertaron en ellas una gran curiosidad y, sobre todo, el deseo de conocerlos íntimamente».

La momia inca y coreana

Como base, la historiadora investiga las numerosas relaciones esporádicas que voluntariamente brotaron durante esos años, «de las cuales comenzaron a surgir los mestizos y las mestizas: es decir una nueva raza, o casta, mezcla de la amerindia y de la europea». Lo más curioso es que el mestizaje ya existía entre los incas: según han demostrado los análisis científicos de la momia Juanita de Arequipa -una joven ofrendada hacia 1450 al apu o monte Ampato-, «su padre procedía de Corea y su madre era natural de Puno, ciudad situada al sur del actual Perú. Este dato revela una realidad de la historia de América poco conocida en España, tristemente: la navegación de los pueblos del Pacífico», añade la historiadora.
En el Caribe, por otra parte, los caciques entregaban a sus hijas a los capitanes una vez que establecían la paz con los españoles. De estas uniones surgieron algunas apasionadas historias de amor «como la de Alonso de Ojeda y Guaricha, bautizada Isabel; la de Vasco Núñez de Balboa con Anayansi, hija de cacique de Caretas, y asimismo la relación que Diego de Almagro mantuvo en Panamá con una mujer aborigen, de la que nació su hijo Diego de Almagro el Joven. Y en Perú también, según reivindica Martín Rubio. El gran cronista Garcilaso de la Vega Inca era hijo de la princesa Isabel Chimpu Ocllo y del capitán Garcilaso de la Vega, pariente del poeta de igual nombre», o los hijos que los hermanos de Francisco Pizarro, Juan y Gonzalo, tuvieron con señoras pertenecientes a la nobleza inca.
Las princesas incas estaban rodeadas por el lujo y el misterio en aquellos primeros años de conquista. «Según relata el cronista Pedro Pizarro, las que Atahualpa llevó a Cajamarca cuando fue hecho prisionero eran muy hermosas, tenían los cabellos largos y caídos sobre los hombros; sus túnicas estaban adornadas con piedras preciosas y llevaban los rostros ocultos por máscaras de oro fundido». El Inca escogía a las más bellas del imperio. Su alto rango social «constituía un gran atractivo para los conquistadores, máxime al legalizar sus propiedades la corona española» con el matrimonio mestizo.
El propio Francisco Pizarro «no se libró de caer rendido ante los encantos de dos de aquellas princesas, cuando ya era un hombre de edad avanzada y, aunque no se casó con ellas, las tomó por esposas en los últimos años de su vida», agrega la historiadora. Desde luego, cualquiera que fuese su intención, en los albores de la sociedad hispánica en América se promovió el mestizaje desde la cúspide social. No solo era una cuestión simbólica que reflejaba el encuentro de dos mundos, sino también una herramienta de legitimación de un poder que sin duda estaba en plena transformación. Y la legitimación a través del matrimonio, recordemos, era un modelo para hombres que servían a los Reyes Católicos y sus hijos, que la habían practicado logrando que su reino, España, cobrase una nueva dimensión.

Fuente: abc.es

Pizarro perdonó a su primera esposa inca que se enamorase de una paje y la dejó ir

El conquistador tomó como esposa entonces a la viuda de Atahualpa, el inca a quién él había ordenado ejecutar, que le dio dos hijos

¿Quiénes fueron las dos princesas que Francisco Pizarro desposó en Perú? Esta es su historia, según el relato de Carmen Martín Rubio: «La primera fue Quispe Sisa, hija del emperador Huayna Capac y de una poderosa curaca de Huaylas, del territorio de los Lucanas, llamada Contarhucho. No se sabe nada de su vida hasta que en 1533 se trasladó a Cajamarca para acompañar a su medio hermano Atahualpa. El Inca la entregó a Francisco Pizarro González, el jefe de los hombres recién llegados de tierras desconocidas y según el diario de Inés Muñoz, cuñada del conquistador, éste aceptó a la joven de muy buen grado; lo cual es comprensible pues tenía entre dieciséis y dieciocho años, era hermosa y muy alegre por lo que Pizarro la llamaba “Pispita”, que quiere decir “Alegre” y “Simpática”; fue bautizada con el nombre de Inés y llevó los apellidos de sus progenitores: Guaylas Yupanqui».
Como es sabido, dio dos hijos al conquistador: Francisca, nacida en 1534 y Gonzalo en 1535. Según la historiadora, «debió de tener gran ascendencia sobre él debido a que en Cajamarca resolvió graves problemas de abastecimiento y porque su madre, la curaca guerrera de Guaylas, en mayo de 1536 envió un ejército a la recién fundada Ciudad de Los Reyes, después conocida por Lima, que había sido sitiada por el general inca Quiso Yupanqui, y mediante su ayuda se puso fin al asedio».
Podría parecer que la unión estaba totalmente consolidada. Sin embargo no fue así. Se ignora qué causas propiciaron la ruptura: «Pudo ser que Inés se enamorara de Francisco de Ampuero, un apuesto joven que había llegado con Hernando Pizarro y que pasó a trabajar como paje del gobernador, o tal vez fue el mismo Francisco quien se enamoró de otra bella princesa llamada Cuxirimay Ocllo». Martín Rubio no tiene datos para ir más allá.
Pero en 1536 había dos personas más en medio de la pareja: el paje español y la princesa inca. Inés y Ampuero se casaron finalmente en 1537 o 1538, porque en este último año nació el hijo de ambos: Martín Ampuero Yupanqui. «Para sorpresa de todos, Pizarro, además de bendecir el matrimonio, entregó a los desposados una encomienda -relata la historiadora-. Los que estaban cerca de él creyeron que había aceptado bien la relación de su hasta entonces mujer con el paje, pero en el fondo no debió de ser así pues, cuando la pareja se estableció en su propio domicilio, separó de la princesa a sus hijos, de tres y dos años respectivamente, y los dejó en palacio bajo la tutela de su cuñada Inés Muñoz para que recibieran educación española».
Conocer la templanza de Pizarro ante este despecho contradice al cliché del conquistador sanguinario y vengativo. Casi hace que pensemos por comparación en la guerra que desató, por algo parecido, Elena de Troya. Así que, ¿con quién se fue Pizarro? Con la bellísima viuda de Atahualpa.

La viuda de Atahualpa

Con una descendiente del noveno Inca Pachacuti, «el reformador del mundo andino. Cuxirimay Ocllo había sido la esposa principal de Atahualapa y estuvo a su lado hasta el 23 de julio de 1533, día en que fue ejecutado. Al decir de los cronistas, la muerte de Atahualpa sumió a Cuxirimay en una enorme tristeza y hasta intentó suicidarse para acompañarle en la vida de ultratumba, en la que creían los habitantes andinos», nos recuerda Martín Rubio.
Es un panorama difícil de imaginar: el mundo en el que había vivido la princesa se desmoronaba. Su única opción era integrarse en la sociedad hispana (lo que suponía bautizarse y recibir instrucción cristiana). En 1536 Francisco Pizarro comenzó a interesarse por ella, y es de suponer que verse cortejada por quien había decretado la muerte de su marido no sería fácil de asumir, por más que el gobernador se hubiera visto obligado a ordenar la ejecución y, al cumplirse, sus ojos hubieran acabado arrasados por las lágrimas, como los de ella.
La historiadora confiesa que no se sabe cuándo cambió de opinión, pero poco después se llamaba Angelina, oficialmente llevaba el apellido Yupanqui y estaba adaptada a las formas de vida españolas. Como cuenta Juan de Betanzos, «el marqués la tomó para sí» presumiblemente en 1539, pues a finales de ese año nació su primer hijo y en 1540 el segundo.
¿Por qué la eligió Pizarro cuando ella tenía 16 años y él casi sesenta? Carmen Martín Rubio propone dos hipótesis: «Los públicos escarceos de Inés Guaylas con Ampuero, o tal vez, como escribió en su Diario su cuñada Inés Muñoz, por la atracción que sintió hacia ella». Pero la historiadora no desprecia las razones de Estado: «Reforzar su jerarquía, apenas aceptada por el pueblo vencido, al compartir su vida con una mujer de la más alta estirpe indígena y también el deseo de dejar descendencia entroncada con la rama del gran Pachacuti». Nunca podrá saberse. Pizarro fue asesinado en 1541, antes de legitimar a sus dos hijos con Angelina o expresar alguna de estas intenciones.

Fuente: abc.es

martes, 11 de febrero de 2014

La extraña muerte del Gobernador don José Campero y Campos

MÉRIDA, Yuc.- ¿Envenenado o llevado por un ser de ultratumba después de una entrevista en la Catedral?

Julio Amer/SIPSE.com
MÉRIDA, Yuc.- Uno de los casos de la historia del Yucatán colonial que ha quedado envuelto en el mayor de los misterios es el de la extraña muerte del entonces Capitán General y Gobernador de la Provincia de Yucatán, don José Campero y Campos de Torredevilla, acaecido el 29 de diciembre de 1662, tres días después de haberle ocurrido un tenebroso episodio en el interior mismo de la S. I. Catedral. Esta vieja leyenda es conocida como "La Cita en la Catedral".

Don José Campero, viejo soldado español con títulos de Maestre de Campo y Caballero de la Orden de Santiago por su valentía y entereza al servicio del rey Felipe IV de España, tomó posesión como Gobernador de Yucatán (que entonces abarcaba toda la Península) el 14 de agosto de 1660, en sustitución de don Francisco de Bazán, convirtiéndose en el gobernante número 29 de esta provincia.

Gris gobierno 

El mandato de Campero y Campos de Torredevilla hubiera pasado desapercibido a no ser a esta sobrenatural aventura que tuvo días antes de su extraño fallecimiento. Las obras del gobernador Campero fueron escasas, poco dignas de ser mencionadas en los registros históricos, y solamente se le recuerda el haber dictado orden de que cualquier barco que saliera de las costas yucatecas (del puerto de Sisal) debería llevar armamento necesario para repeler algún asalto filibustero, ya que los piratas ingleses, franceses y holandeses estaban en ese entonces en su mayor apogeo, y también por haber dejado en libertad a todos los reos de la prisión de San Benito (siempre y cuando no hubiese reclamación contra ellos) para celebrar el nacimiento del primogénito del monarca Felipe IV y su esposa Isabel de Borbón. Hay que tomar en cuenta que la noticia de la venida a este mundo del futuro rey hispano llegaba con varias semanas de atraso debido a que todas las comunicaciones con el Viejo Mundo se hacían por mar.

Ferviente católico

Asimismo, además de su gran valor como soldado al servicio del rey, don José Campero era un creyente "exagerado", llegando al fanatismo, tanto así que su temor  a Dios era algo fuera de lo común, casi enfermizo, pues rezaba por todo y para todo.

Fue así que un día, según las crónicas, el 26 de diciembre de 1662, cuando don José se disponía a tomar sus sagrados alimentos del almuerzo, en la envoltura de sus tortillas apareció un pequeño mensaje con letras de imprenta que decía: "Don José Campero, a las 12 de la noche, en la Catedral te espero".

A Campero y Campos de Torredevilla le extrañó un poco tal papelillo, pero más el hecho de que estuviera escrito con letras de molde, ya que en Yucatán no existía ninguna imprenta en aquellos tiempos. Sin embargo, pronto don José recuperó el buen humor, y como era de "muy buen diente", ingirió su comida, un pollo en escabeche con frijol colado, y se fue a echar la consabida siesta, olvidándose del singular citatorio.

Pero cuán grande fue su sorpresa cuando a la hora de la cena de ese mismo día, al desenvolver el pan de la merienda, volvió a salir de entre el paño un mensaje idéntico al anterior.

Ahora sí, ya preocupado en verdad, don José se puso de mal humor e incluso no probó bocado alguno, cosa extraña en él, que presumía de un apetito voraz, pues se decía que el gobernante era capaz de comerse un pavo entero en una sentada, y que sus guisos favoritos eran el carnero asado,  el puerco entomatado y el hígado encebollado, entre otros, todos acompañados de frijol colado o duro, lo que le producía reflujos, eructos y flatulencias, mismas que, contaban sus lacayos, dejaba  escapar sin ningún recato, pues era escaso de educación y finos modales, ya que Campero y Campos provenía de la baja milicia.

Entonces Campero, tras recibir ese segundo misterioso mensaje, consultó con el propio Obispo de Yucatán, Fray Luis de Cifuentes y Sotomayor, quien le recomendó acudir a tal llamado. Incluso, le prometió que la Catedral permanecería con todos sus candelabros encendidos, y también le indicó que en caso de que la iglesia tuviera las puertas cerradas, se olvidara del asunto y regresara a casa a dormir.

Extraña cita a la medianoche

Al llegar la medianoche, don José salió acompañado de un fiel mozo a bordo de su carruaje para dirigirse a la Catedral, deteniéndose frente al templo. Al descender, tocó a la puerta, abriéndose un pequeño postigo del cual surgió una mano huesuda y espectral -según declaración posterior del acompañante del Gobernador-, la cual, con una señal, invitó a Campero a penetrar en el recinto y éste lo hizo sin vacilaciones, ya que, como se ha dicho, presumía de valiente y osado.

Al hacerlo, según se cuenta, don José y el criado fueron atravesando las puertas del interior, que se abrían aparentemente solas de par en par, como también se iban cerrando, hasta llegar a la sacristía, que se encontraba en tinieblas.

Fue tal la impresión, que el sirviente no soportó más y cayó desvanecido, rodando por una de las escaleras. Y así permaneció inconsciente por un buen tiempo. 

De lo que sucedió después, en la sacristía, solamente don José Campero fue testigo. Durante media hora el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Yucatán permaneció ahí.

Se cuenta que sudó copiosamente y se orinó de miedo, mojando, incluso, la tela del sillón donde se sentó para su extraña entrevista.

Después del misterioso encuentro, Campero y Campos de Torredevilla salió de la Catedral con el semblante lívido; tenía el rostro completamente descompuesto y llevaba en una de sus manos un pliego, que entregaría al Obispo Cifuentes, el cual, se dice, fue enviado a la capital de la Nueva España y se pagó por él 300 mil pesos. No se aclara, en los apuntes de Eduardo Barroso Osorio, en su libro "La Mérida Colonial", por qué se entregó esa suma, pero se deduce que era el valor de sus propiedades, ni tampoco se indica cuál era el equivalente de esa cantidad actualmente.

¿Pulmonía o veneno?

Después de su insólita cita en la S. I. Catedral, don José se dedicó a hacer algunas obras piadosas y cayó enfermo gravemente, muriendo pocos  días después de su extraño encuentro, de un mal inexplicable (algunos dicen que pudo tratarse de una pulmonía, ya que aquella madrugada, al salir tan sudado de la iglesia en una noche gélida de invierno, se habría resfríado y en un descuido el mal se agravó hasta llevarlo a la tumba).

Sin embargo, la leyenda cuenta otra cosa: que el Obispo Cifuentes y un grupo de jesuitas fueron los que asesinaron a Campero.

Complot

Se comentó en aquellos lejanos ayeres que se había tratado de un complot urdido por el propio Obispo y algunos jesuitas, explotando la gran devoción que el gobernante tenía a Dios, para apoderarse de sus bienes, y se añade que pudo habérsele dado algún brebaje extraño durante su entrevista con aquel espectral desconocido, ya que a partir de esa misteriosa cita empezó a sentirse mal. Y aumentan las sospechas contra los frailes de la orden de Jesús, debido a que tiempo después, según se descubriría, éstos tenían una imprenta clandestina donde pudo haberse impreso aquellos mensajes que le enviaban en sus tortillas y el pan a don José.

Otros historiadores menos fantasiosos descargan de culpa al Obispo y a los jesuitas, mencionando que Campero, hombre viejo y cansado, al sentirse afectado por un grave mal, acudió al templo a hacer una última confesión discreta y nocturna -no quería que nadie se enterase de su mortal enfermedad-, en la cual resolvió entregar sus bienes, en legado, a la Iglesia, discreción que a final de cuentas no resultó tal, porque este fue uno de los pasajes de la historia de Yucatán más conocido y comentado por nuestros ancestros, precisamente por el misterio y detalles agregados que lo rodean.

La realidad del caso se disipa entre la niebla del misterio y la leyenda.

La verdad de todo se la llevó a la tumba don José Campero y Campos de Torredevilla.

Otros gobernadores muertos de forma no natural

Otros gobernantes de Yucatán muertos de forma no natural durante su gestión son el Conde de Peñalva, don García de Valdés Osorio Dóriga y Tineo (cosido a puñaladas por una "mujer" vestida de negro, en su habitación del antiguo Palacio de Gobierno, el 2 de agosto de 1652); don Lucas de Gálvez (asesinado misteriosamente de un lanzazo en el corazón el 22 de junio de 1792 por un jinete enmascarado) y Felipe Carrillo Puerto (fusilado el 3 de enero de 1924 por las fuerzas delahuertistas).

Dos ex Gobernadores también sufrieron muertes violentas, como es el caso de José María Pino Suárez (asesinado junto con Madero atrás de la prisión de Lecumberri el 22 de febrero de 1913, durante la "Decena Trágica") y Carlos Loret de Mola Mediz (quien falleció en un extraño accidente de carretera en Guerrero, junto con su secretaria, luego de ser detenido en un retén militar el 5 de febrero de 1986, por sus críticas a la corrupción gubernamental).

Fuente: sipse.com