lunes, 30 de diciembre de 2013

Testamentos de Catamarca Colonial (Siglos XVII y XVIII)

Catalogos es Índices

Marcelo Gershani Oviedo

Javier Arnoldo Berdini

Introducción 

Es sabido que los testamentos son una fuente privilegiada para la reconstrucción genealógica del entramado familiar y social. Aún más para aquellos lugares y épocas en los cuales es deficiente la conservación de los acervos documentales producidos por la Iglesia o el Estado. Esos vacíos de las fuentes eclesiásticas vienen a ser llenados por aquellos documentos del derecho privado como los protocolos notariales que nos ofrecen una variada información sobre lo social y familiar; entre ellos están los testamentos. En el caso puntual de la ciudad de San Fernando de Catamarca los testamentos protocolizados no son muy numerosos para el período colonial, esto es, desde la fundación de la ciudad en 1683, hasta 1810, fecha del inicio de la emancipación: así, encontramos cartas testamentarias recién en el último tercio del siglo XVII y hasta 1800 solo hemos registrado un poco menos de dos centenas de ellos. El lector podrá advertir que se ha acotado el marco temporal desde el año en que aparece el primer documento
hasta el postrero del siglo XVIII. 

El trabajo de catalogación e indización que aquí se presenta, encuentra su justificación en la necesidad de hacer accesible la información de documentación que es de la más antigua de la actual provincia de Catamarca y que hoy, por razones de conservación, se encuentra fuera de la consulta pública sin existir copias reprográficas que salven esta dificultad. Podemos agregar que la publicación de los datos pretende ser un aporte que sirva de guía y orientación a investigadores de la genealogía e historia interesados en conocer la vida y derroteros de peninsulares que se establecieron en el Virreinato del Perú y en la antigua provincia del Tucumán.
Universidad Nacional de Catamarca (República Argentina), Junta de Estudios Históricos de Catamarca.  
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Universidad Católica de Córdoba (República Argentina), Instituto Histórico Santiago de Liniers. 

En este artículo, la ciudad será nombrada indistintamente San Fernando, ciudad del Valle o Catamarca.

La actual ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca es la capital de la provincia de Catamarca, ubicada en el noroeste de la República Argentina. La ciudad de San Fernando fue fundada en el Valle de 
Advertencia

El investigador-genealogista podrá encontrar un extracto de la información genealógica que contiene cada uno de los 156 testamentos identificados en los 18 primeros libros de protocolos de escribanos que se encuentran en el Archivo Histórico de Catamarca
Las fechas extremas de los mismos son 1674 y 1800.Este trabajo es un nuevo avance en nuestra investigación, al presentar aquí no sólo el repertorio o catálogo de testamentos sino además, índices complementarios al mismo, tanto onomástico (apellidos y nombres) como geográfico (toponímico). 
El catálogo se ha realizado tomando como criterio fundamental la pertinencia de la información genealógico-familiar para estudios específicos, ordenándose los asientos de acuerdo a cómo se encuentran en los tomos de protocolos, esto es, de acuerdo a la organicidad que le dio la entidad productora (la institución notarial) o más cercano en el tiempo, las políticas de ordenación o conservación del repositorio custodio del acervo.
Para que la lectura sea menos tediosa, se han evitado abreviaturas y se ha simbolizado que tal o cual persona es fallecida con el signo (†). 
Los Índices siguen, principalmente, criterios de elaboración de tipo archivísticos. Se sabe que el usuario de archivos recurre a los índices para hallar temas o personas de un determinado momento histórico. Es por ello que nos propusimos elaborar un índice onomástico o de personas y uno toponímico o geográfico, con la finalidad de facilitar la recuperación de la información existente en los asientos catalográficos y cruzar los
datos de manera más ágil.
En la construcción del Índice Onomástico, en muchos casos no ha sido posible determinar qué apellido llevaron los vástagos de los matrimonios declarados; ante esas situaciones, se optó por indizarlos con el apellido paterno. 

Fuente: Internet

domingo, 29 de diciembre de 2013

El jesuita que dedicó su vida al Colón gallego

Un religioso fallecido lega a su heredera varios tomos en los que concluye el origen pontevedrés del almirante

Un personaje enigmático, el jesuita Luis Pereiro Álvarez, dedicó décadas de trabajo a investigar el origen de Cristóbal Colón. Sus investigaciones se conocieron después de su muerte, cuando lega a sus sobrinas-nietas una maleta, oculta en una vivienda, repleta de documentos. Sorprendentemente sus estudios no siguieron las teorías de De la Riega (de la que beben todos los historiadores que defienden el origen español) pero llega a la misma conclusión: Colón era gallego. La Asociación Cristobal Colón Galego se propone analizar rigurosamente su obra y sacarla del anonimato.
El verdadero precio de todas las cosas es el esfuerzo y la dedicación que suponen. Y el jesuita Luis Pereiro Álvarez pagó con décadas de trabajo su empeño por saber más de la vida de Cristóbal Colón, un personaje al que dedicó gran parte de su vida y, de hecho, el religioso se murió convencido de que su obra prueba el origen gallego del navegante.
Solitario y enigmático, su biografía es en gran parte un misterio, incluso para su propia familia. Nació el 29 de enero de 1916 en Remoiño, en Arnoia-Ourense y se ordena a los 19 años (ingresó en los Jesuitas el 12 de octubre de 1935). Un año después emigra para huir de la guerra civil, pero se desconoce si se marchó a Bélgica o a Francia.
Es solo uno de los misterios que rodean a este personaje que el 20 de noviembre de 1973 abandona la compañía de Jesús con la idea de montar su propia congregación religiosa.
A partir de ese momento, se centra plenamente hasta su fallecimiento en 2006 en sus investigaciones sobre Colón.
Reside en una vivienda de planta baja en el centro de Salamanca y devora cualquier obra y documento atribuido al mavegante, para ir separando palabras y haciendo interminables listas: ¿cómo sería ese mismo vocablo en español, en latín, en portugués y en gallego? Son los idiomas que él domina, más que Menéndez Pidal, que fue uno de los defensores del origen español y empleó un método semejante.
Meticuloso, todas las palabras que pudo haber utilizado Colón aparecen en sus cuadernos por orden alfabético y bajo distintos títulos: "Diario de Colón", "Libro de la primera navegación", "La lengua materna de Cristóbal Colón", "Palabras gallegas de Colón"...
Después de estudiar el léxico y todo tipo de frases que pudo haber empleado Colón, se centra en la toponimia; mapas y mapas en papel debolla de las rías y de como los nombres de sus accidentes geográficos aparecen reproducidos en las costas americanas.
Documentos, monumentos, tradiciones, el origen del apellido, los motivos por los que pudo ocultar su origen... Todo lo relacionado con Colón es minuciosamente analizado.
Reúne la totalidad de su trabajo bajo el título de "Colón de España" y, consciente de su importancia, la registra en los años 1998 y 2000 en Madrid y Castilla-León. Es una obra monumental, 12 tomos de los que su familia no tenía ni conocimiento.
Concienzudo hasta el final, hizo testamento ante el notario Julián Marcos, del colegio de Valladolid, y detalla donde estaba su gran tesoro: en una maleta que permanecía oculta en una vivienda. Adjunta además notas precisas sobre cómo publicar la obra o el alcance de su importancia.
Sus herederas, sus sobrinas-nietas Marisol y Míriam Pereiro (en la imagen que ilustra esta información, Míriam con su marido, Pedro Rey Fernández) desconocía práticamente todo de la vida del jesuíta y tuvo conocimiento de su legado cuando el notario se puso en contacto con ella para hacérselo llegar.
Tras un primer estudio crítico superficial (el legado acaba de hacerse público) los integrantes de la Asociación Cristóbal Colón Galego comprueban que Luis Pereiro ni cita en sus investigaciones a De la Riega, el autor que lanzó hace un siglo la teoría del origen pontevedrés del navegante, pero sorprendentemente llega a la misma conclusión. Para ello se basa además en las mismas claves: las numerosas frases y palabras en gallego que emplea Colón, sus expresiones o los nombres con los que bautiza las costas americanas a las que va llegando y que se corresponden con nombres de las rías gallegas.

La Asociación Cristóbal Colón Galego se propone ahora llevar a cabo un estudio riguroso de la obra y sacar del anonimato a un jesuíta que siguió la máxima de San Agustín: reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti.

Fuente: http://www.farodevigo.es/

sábado, 28 de diciembre de 2013

Parte VI: La Estancia Jesuítica de San Ignacio de la Cocha: desestructuración de su unidad productiva luego de la expulsión

VI. Conclusión
La estancia de San Ignacio de la Cocha perteneciente al Colegio de Santiago del Estero, fue una unidad agrícola, manufacturera y ganadera, que funcionó desde su establecimiento a mediados del S.XVII, para abastecer, mantener al colegio de Santiago, y las innumerables estanzuelas, potreros y casco.
Esta unidad, coherencia y organización fue posible, por habilidad de los miembros de la orden en establecer un sistema integrado desde adentro y hacia afuera de la estancia, logrando un equilibrio económico y social con un abastecimiento en lo interno, con producción de excedentes capaces de servir para la adquisición de productos que debían ser importados del exterior de la Estancia
La estancia de San Ignacio, no estaba aislada, a pesar de las dificultades del transporte; tenía conexión económica tanto con las localidades cercanas como con las más distantes. Había contacto comercial entre San Ignacio y las estancias jesuíticas del centro y sur del país (Córdoba, Santa Fé, Buenos Aires) y al norte con las estancias de San Miguel de Tucumán y Salta. El contacto con comerciantes, ganaderos y transportistas locales era importante, compraban las mercancías necesarias y de imposible producción (telas de gran calidad, herramientas, algodón), que eran pagadas con la venta de la producción dirigida al exterior (carretas, mulas, vacunos)
Esta estructura integrada fue alterada, con la desaparición de la mano  organizadora de los padres jesuitas.
La estancia de San Ignacio perdió sus componentes necesarios para su funcionamiento eficiente y eficaz, la cabeza organizadora: los  padres jesuitas, el brazo productor: sus esclavos y demás personal libre, y los medios de producción, tierras, ganados, máquinas y herramientas.
El estado monárquico representado por la Junta Municipal de Santiago del Estero, cuyo objetivo era la destrucción de esta enorme estructura, fue disponiendo de las personas y los instrumentos legales para lograr la desaparición de San Ignacio y convertirlo en un innumerable cantidad de explotaciones enajenadas a personas vinculadas directa o indirectamente al administración de Temporalidades. El personal, compuesto por esclavos en su gran mayoría, fue vendido en pública almoneda, destruyéndose las unidades familiares nucleares constituidas. Los talleres y su máquinas fueron desmantelados, los edificios reducidos a ruinas, y el personal envejecido reducido al mínimo. Todo esto  en 1784, el memorial de Urmendía describía, dando cuenta de la devastación, que a lo largo de 17 años, habíase llevado a cabo.

                                                    Autor: Prof. J. Miguel Martínez Torres
Fuentes Documentales
·         Archivo Histórico de Santiago del Estero. Documentos Temporalidades Jesuitas
·         Archivo Histórico de Tucumán, Sección Administrativa, Protocolos, Judicial y Actas Capitulares.
·         Archivo Padilla en Archivo Histórico de Tucumán. Bienes de los Jesuitas en San Ignacio (1767) , carpeta 24
·         Bruno Cayerano. “Historia de la Iglesia en la Argentina” Vol. V (1740-1778)
Bibliografía
·         Di Lullo, Orestes. “Caminos y Derroteros Históricos en Santiago del Estero” (1959)
·         Di Lullo, Orestes. “La Estancia Jesuítica de San Ignacio”. Imprenta y Boletín Oficial. Santiago del Estero (1954)
·         Di Lullo, Orestes. “Reducciones y Fortines”. Santiago del Estero, (1959)
·         Furlong, Guillermo S.J. “Entre Los Lules de Tucumán”. Buenos Aires (1941)
·         Garavaglia, Juan Carlos. “Un modo de producción subsidiario: La organización económica de las comunidades guaranizadas durante los s.XVII y XVIII en la formación altoperuana y rioplatense”, en modos de producción de América Latina, 2, Ed. México 1977 (Cuaderno de pasado y presente).
·         García Calderón, María Lelia. La expulsión de los jesuitas y sus efectos en la sociedad tucumana: actores, relaciones y poder en historia regional en perspectiva comparada.
·         Goussac, Paul. “Los Jesuítas en Tucumán”. La Bolsa de los Libros. Montevideo, (1946)
·         Goussac, Paul. “Memoria Histórica y descriptiva de Tucumán”. IMP Biedma Buenos Aires (1882)
·         Lizondo Borda, Manuel. “Historia de Tucumán, siglo XXVI – XVII (1941)
·         Maeder, Ernesto J. A. “La Administración de Temporalidades rioplatenses”. Balance de una gestión. Córdoba. Jesuitas, 400 años etc. I II, (1999)
·         Martínez Torres, Jesús Miguel. “El Patrimonio de la Estancia Jesuítica de San Ignacio de la Cocha luego de la expulsión (1767) en Congreso internacional jesuita 400 años en Córdoba, tomo III, Córdoba 1999.
·          Mayo, Carlos y otros. “Historia agraria del interior Haciendas Jesuíticas de Córdoba y del Noroeste Buenos Aires”. CEAL, (1994)
·         Mayo, Carlos y otros. “La Estancia de San Ignacio en la Gobernación del Tucumán” (1767-1768). Cuadernos de Historia en la Pampa (1982)
·         Morner, Magnus. “Actividades Políticas y Económicas de los jesuitas en el Río de la Plata”. Editorial el País II, Buenos Aires (1968)
·         Morner, Magnus. “Experiencia jesuita en el Paraguay: Los hechos y los mitos, lo corriente y popular”, en Lateinamerika Studien, 14. Munchen (1984)
·         Morner, Magnus. “Los motivos de la expulsión de los jesuitas del imperio español”. En Historia Mexicana, Volumen XVI Nº 1 (1966)
·         Morner, Magnus. “motivos europeos y americanos de la expulsión de los jesuitas en Hispanoamérica en 1767”. En Iglesia, Religión y Sociedad en la historia latinoamericana (1492—1945). Congreso VIII de Asociación de Historiadores latinoamericanos de Europa. Tomo I. Hungría (1989)
·         Morner, Magnus. “Panorama de la sociedad del Río de la Plata durante la primera mitad del siglo XVIII”. Separata de la Revista de Estudios Americanos Nª 92-93 Sevilla (1959)
·         Morner, Magnus. “La vida económica de los Indios en las Reducciones Jesuitas del Río de la Plata durante los siglos XVII y XVIII”. Bs. As.
·         Morner, Magnus. “Los jesuitas y la esclavitud de los negros”. Queens College New York.
·         Morner, Magnus. “Iglesia, Religión y Sociedad en la Historia Latinoamericana (1492-1945). Congreso VIII de Asociación de Historiadores Latinoamericanistas de Europa. Tomo I, Hungría 1989.
·         Muñoz Moraleda y otros. “Los ocupación del espacio de  San Miguel de Tucumán y su jurisdicción” (1700 – 1750) UNT. Tucumán (1994)
·         Paez de la Torre (H) Historia de Tucumán. Plus Ultra Buenos Aires (1987)
·         Peña de Bascary, Sara. “El libro de Consultas de la Compañía de Jesús”, en revista en investigaciones II, Museo Casa de la Independencia Tucumán (1987)
·         Peña de Bascary, Sara. “Jesuitas en Tucumán al Filo de la Expulsión” en revista de junta de estudios históricos de Tucumán, Nº 6, (1994)
·         Robledo de Selassie, Nélida Beatriz. “Campaña de Jesús Inventario y Tasación de sus Bienes en San Miguel de Tucumán”. 29 v. 1768 por la Junta de Temporalidades. Tucumán U.N.T.F.C.E. Inst. de Historia Económica y Social, (1976)
·         Robledo, Nélida Beatriz. “El Espacio Jesuítico de San Miguel de Tucumán”, Actas del 1º Congreso de Investigación Social. Región y Sociedad Latinoamérica. Su problema en el NOA. Facultad de Filosofía y Letras (1996)
·         Tiovallejo, Gabriela. “Proceso de Tasación y Venta de los Esclavos pertenecientes los jesuitas de Tucumán, la Rioja y Santiago del Estero. Tras la expulsión de la Compañía, Serie documental, Programa CIUNT (Instituto de Investigaciones Históricas). Tucumán (1994)

·         Vázquez, Pedro. “Los Jesuitas de San Ignacio de la Cocha”. San Miguel de Tucumán (1992)

viernes, 27 de diciembre de 2013

Parte V: La Estancia Jesuítica de San Ignacio de la Cocha: desestructuración de su unidad productiva luego de la expulsión.

V. Desmembramiento de la Estancia de San Ignacio de la Cocha
      A partir del la Carta Orden del gobernador de  Buenos Aires, Francisco de Paula Bucareli al gobernador Juan Manuel Fernández Campero, los bienes secuestrados, a partir de mayo de 1769, deberían ser vendidos a arrendados… “Todas las haciendas, estancias y potreros, para lo cual es escribano deberá fijar carteles es esquinas y parajes públicos…para la vente de la hacienda…separadas o juntas como sea más útil a los compradores de contado a senso, y que se envíen cartas ordenes a los administradores de La Rioja, Santiago y Salta para que procedan igual” (AHT Secc. Administrativa Vol. V 1767-1770 Fs. 303 y vta.), de esta forma, comenzó el desmembramiento de lo que otrora era un sistema integrado, según un modelo nuclear, en donde potreros y estanzuelas funcionaban produciendo y consumiendo en torno a un casco principal ubicado en el paraje de San Ignacio, donde residía el Padre Procurador de la estancia, los demás padres jesuitas, capataces y maestros, y artesanos, en lo que sería un complejo    agrícola -manufacturero productor de herramientas, carpetas, suelas, alimentos, textiles, manufacturas en cuero, madera y sombreros.
      El casco de la Estancia de San Ignacio de la Cocha
Era la residencia del Padre Procurador y los demás sacerdotes que administraban y dirigían la estancia. Además había una capilla con sacristía, junto a la casa de los padres, estaban, la carpintería, curtiembre, comillería, herrería, sombrería y fábrica de lienzos, cocina molino y horno.
      En el inventario de 1767 se describe el casco “…tiene el recinto del patio nueve aposentos con sus puertas y llaves corrientes, y en los dos costados, y en el que corre al lado de la capilla tiene una puerta grande que entra a ella, otra a un lado que entra a la sacristía, con otra al otro lado por donde se sube y en el otro costado que es que cae el lado de la puerta de calle tiene su sobrado de cañizo debajo del corredor, entrando los otros tres dichos costados cubierto de corredores con sus pilares correspondientes de madera con más otras dos puerto que la una a la carpintería y otras oficinas y la otra por el refectorio que corresponde a la cancha, cocina y molino, y huerta cuyo edificio todo como el de dicha capilla está bien enmaderado y fabricado de adobes cubierto de tejas con seis árboles tres naranjos chinos y tres limones y en medio de dicho patio un cuadrante sobre pilar de madera y a los lados dichos árboles y debajo de los corredores de dicho patio se hallan también dos campanillas que sirven para los acros de la comunidad…”
      Del casco de la estancia, hoy solo está de pie la capilla, ubicada en el interior del cementerio de San Ignacio de la Cocha.
“…La carpintería que se compone de un galpón bien largo y ancho en el campo contiguo a la casa al lado del naciente techado de paja y madera…”
En la carpintería había herramientas propias de la labor: hachas, cuñas, azuelas, sierras y serruchos, cepillos, escoplos, cuatro compases, escofinas, martillos, escoplos, formones, etc..
En la lomillería había escarmadores, suelas partidas, fustes, moldes.
En la curtiembre: seis noques de material debajo de un ramadón bien largo cubierto de paja y madera con cien cueros en cebil para hacerlos suela, treinta cueros para sancochar en cal. Veinte baquetillas de cabrito en cebil.
En la carpintería además había 66 camas para carretas labradas, 36 rayos, 15 masas escopleadas, tablas traídas de los aserraderos, trozos de madera para extraer tablas y siete carretas armadas.
Contiguo a la carpintería había una casa fabricada de adobes y techada de paja y madera que se compone de tres viviendas utilizada para hospedería.
El perchel techado de paja y madera, con pared de adobe con dos puertas de madera, conteniendo trigo en espigas (20 fanegas), ubicado a una cuadra de la casa.
El corral de horquetería detrás del prechel, y contiguo a este, un horno para coser tejas y ladrillos.
Al oeste de la casa del casco una huerta cercada de ramas 2 cuadras de largo por una de ancho, con árboles frutales, hortalizas y parrales y un retazo de caña dulce. Esta era exprimida en un trapiche de mano, ubicado debajo del corredor de la casa. También en uno de los corredores había un badan (de 4 masos de madera), un cajón de 3 baras usado para depositar el trigo.
Había un depósito para harina y maíz en mazorca (50 fanegas).
En la herrería había: fuelle de una mano como de 3 varas de largo hecho de 3 o 4 suelas con un cañón, un yunque de hierro de 4 arrobas, una bigornia con asiento de madera, un horno 2/3 de largo, un macho, 3 martillos, 3 pares de tenazas, 15 limas, y 4 sinseles, 2 punzones, un cortador, un rompedor, una clavera, un pico, 10 pares de espuelas.
En la fábrica de sombreros: batea de agua con banco, cuatro pares de calzas, cuatro hormas de madera, un par de tijeras medianas, una paila pequeña batan del oficio de cobre, con 2 planchas de cobre, 2 sombreros ordinarios.
En la cocina (un galpón grande), 2 fondos de cobre, una paila de cobre de 100 libras (para la evaporación del jugo de caña) una paila mediana y dos pequeñas, 5 ollas de hierro con sus pies, un almirez pequeño, una sartén vieja.
En el molino de harina: 2 piedras con que se muele (gastadas) con su forma y cajón con su almud y una batea. Dos piedras corrientes nuevas horno de cocer pan,  a la par del molino.
Las distintas fábricas del casco fundamentalmente servían para atender las necesidades de la mano de obra esclava, que era la más numerosa y más preparada para el funcionamiento de talleres y demás dependencias. El personal conchabado, menos numeroso, era ocupado en momentos en que la producción necesitaba más mano de obra, y el pago era realizado con una parte de género (fustes, espuelas, sombreros, etc.) 75% y el resto en plata amonedada 25% en promedio.
La producción de carretas era el principal ingreso del casco, el cual era destinado para la adquisición de herramientas (cuchillos, tijeras, balanzas, etc.) textiles de alta calidad (encajes, seda, etc.) y alimentos (yerba, vino, aguardiente, etc.) e insumos (algodón, botones de metal, hierro, etc.) que eran adquiridos por la estancia a comerciantes de Santiago del Estero, Catamarca o Tucumán.
La producción de trigo y maíz habría sido suficiente para la alimentación de personal. El molino con piedras nuevas era usado para la producción de harina para consumo interno de la estancia y colegio, para realización de servicios a terceros cuyos ingresos, lo mismo que la venta de pan era la principal fuente de ingresos luego de las entradas por las ventas de mulas en Salta. Estos ingresos eran plata amonedada (Mayo 1982)
La presencia de un retaso de caña en la huerta, un trapiche de mano para exprimir caña dulce y una paila de cobre de 100 libras, indican la posibilidad de la elaboración de azúcar, la que estaba presente en el casco, 35 libras de azúcar en pan, el cual servía para el consumo interno de la explotación, por parte de su personal. (padres, esclavos, peones conchabados).
La herrería producía y reparaba herramientas (escoplos, goznes, punzones, hachas, cuñas, frenos, sierras, espuelas, barrenos, clavos, tenazas) fundamentales para el funcionamiento del establecimiento. También la herrería prestaba servicios a terceros, lo que representaba una fuente de ingresos, por ejemplo terceros entregaban hierro y otros insumos para la elaboración de bienes lo cual era una fuente más de ingreso, generalmente pagado en metálico.
La presencia de una hospedería en el casco, nos indica que San Ignacio recibía a visitantes ya sea personas de negocios, religiosos o viajeros que seguramente eran hospedados por el procurador, en los viajes al casco de San Ignacio.
La curtiembre procesaba los cueros extraídos del ganado vacuno abundante en la estancia. El mismo era trabajado en la lomillería, y se fabricaban fustes, caronas, asientos y respaldares para sillas. Los fustes eran utilizados por esclavos (63%) y dados como forma de pago al personal conchabado (28%) otra parte era vendido fuera del establecimiento, solo una pequeña parte 6.8% (Mayo 1982)
Los cueros además eran usados para techar carretas y carretones, el terminado de aperos y el pago del personal.
El carpintería además de carretas y carretones, fabricaba bateas, taburetes, tablas, cajas, mesas, sillas y otros objetos de madera, que eran usados en el interior del casco, y el resto era vendido a vecinos o pobladores cercanos o de Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán o Catamarca, generalmente la forma de pago era en género (algodón, ropa, etc.) (Mayo 1982)
La carpintería abastecida de madera que era extraída de los coposos bosques de pedemonte  Las maderas eran principalmente el cedro, el nogal o el lapacho, este último para la fabricación de rayos de las carretas.
Los lienzos de algodón eran realizados en el taller con telares, trabajados por mujeres principalmente.
La presencia de una huerta con árboles frutales, caña dulce, hortalizas y parrales, nos permite pensar en baja comunidad productiva que se auto abastecía de alimentos, ya que la carne vacuna era abundante lo mismo que la harina de trigo o el maíz, alimentos complementados con una dieta bien balanceada al incorporar, las hortalizas y la fruta de distinto tipo (cítricos, duraznos, higos, uvas, etc.).
El corral y el trascorral, era el lugar de ubicación del ganado para las faenas correspondientes, la carne era consumida por el personal esclavo y conchabado, los cueros eran tratados en la curtiembre, las suelas eran trabajadas en la comilleria para la obtención de fustes o asientos y respaldares de sillas.
Detrás del corral había un horno de ladrillos y tejas, en esta cortada los padres de la compañía obtenían el material necesario para la reparación y o ampliación de muros habitaciones y tejados del casco de  San Ignacio
La capilla del casco estaba compuesta de un altar mayor, un ala derecha, un ala izquierda.  El centro de la capilla conducía al altar, además había una sacristía  y contrasacristía. El campanario ubicado a la derecha de la capilla tenía una torre, compuesto de tres campanas, Hoy se conservan solo dos de las tres campanas una de las cuales  tiene inscripto el año 1746,la  tercera fue  trasladada a la capilla de Graneros.
En el interior de la capilla existía una gran cantidad de objetos (baso de plata, pila de agua bendita, vaso comulgatorio, vinajeras de plata, hostiario de plata, etc.)
Entre las imágenes sacras más destacadas estaban la imagen de San Ignacio (de bulto), Santa  Rosa (de bulto), La Purísima, San Francisco Javier (de bulto). Hoy se conservan estas  imágenes salvo la de San Ignacio que fue destruida y reemplaza por otra moderna.
Había tres puertas, que conducían a la sacristía, interior de la capilla (más importante) y al coro ubicado en la parte superior de entrada a la capilla.
Destrucción de la unidad productiva
El 8 de octubre de 1769 por Real Cédula se establecían juntas provinciales y municipales con la normativa en la cual se debían ajustarse para la vente de los bienes que habían pertenecido a los jesuitas de esta forma, las tierras que se explotaban, y el personal de la estancia, principalmente esclavos, fueron vendidos en pública almoneda, desmembrando la unidad, en múltiples explotaciones inconexas, y sin el personal que sabía y quería hacer funcionar la estancia, San Ignacio comenzó a desaparecer, quedando solo un triste esqueleto, como lo describe en 1784, su administrador Pedro López de Urmendía en su memorial.
De los 234 esclavos contabilizados en el inventario de 1767 en 1784 solo quedaron 4, viejos y enfermos.
Los esclavos eran el sostén de la estancia, ya que los padres jesuitas prepararon a este personal para que realizaran la tarea en forma eficientes y productiva, en el casco, la actividad principal fue la labor de carpintería, al especialidad era la fabricación de carretas (había 11 oficiales carpinteros), pero además se fabricaban, mesas, sillas, bateas, cajas, etc.
Además, el casco de la estancia de San Ignacio, tenía un personal dedicado a la tarea de sostener la atención del personal, el cual recibía alimento cotidianamente, había 2 oficiales cocineros seguramente asistidos por varios ayudantes.
La liturgia era importante, y dentro de esta había asistentes, 1 sacristán y a su vez varios dedicados a la preparación de la parte musical, dentro de los servicios religiosos, había 1 músico y 1 violinista.
El mantenimiento de los edificios y la elaboración de materiales de construcción (ladrillos y tejas) requería un personal permanente, por lo cual había 2 oficiales albañiles asistidos por numerosos capacheros.
Entro los servicios, que la división del trabajo dentro de la estancia, requería, era la del trabajo barbero al cual seguramente todo el personal y padres habrían acudido.
El inventario de  1767 refleja el agrupamiento de los esclavos en familias, cuyo promedio da 2 hijos más o menos por cada agrupamiento familiar, la descripción racial de cada individuo indica, una fuerte mestización, predominando los mulatos 63%, le siguen los zambos 21% y negros 15%.
Se observa un personal esclavo manejado por los padres pacíficamente, con una preocupación de los religiosos por la alimentación necesario y suficiente, el suministro de viviendas y vestimenta si no lujosa, digna. Parece ser que posteriormente a la expulsión, los esclavos se rebelaron a la nueva administración, ya que se registraron que de campos incendiados y escapes  esclavos.
La decadencia y desorganización de la administración laica, estuvo patente por la cantidad de esclavos fallecidos, en forma creciente entre los años 1767 con 4 fallecidos, 1768 con 14, y 1769 con 17, en total 35 (AHT Secc. Administrativa Vol. V folio 409-409v).
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La carestía , por la mala administración,  provocó que el administrador de San Ignacio solicitara, entre 1770 y 1771, al administrador de Temporalidades de San Miguel de Tucumán, Pedro Collante (AHT Secc. Administrativa Vol. V folio 409-414), una serie de productos y ayudas: aguardiente (para uso medicinal), indumentaria, insumos como hierro, algodón, yerba, tabaco y papel. Además, solicitò  el pago a peones,   capataces, y  al ministro cura y vicario de las doctrinas de Marapa Don Alonso de Frías, quien se ocupó del entierro, entre 1767 y 1769, de  35 esclavos fallecidos.
Las Tierras de la Estancia de San Ignacio
La Estancia de San Ignacio comprendía de 18 a  20 leguas de ancho por otras tantas de largo, fue subdividida luego en parcelas para su venta, la cual se hizo efectiva a través de la Junta de Municipal de Temporalidades de la ciudad de Santiago del Estero, que subastó las tierras en pública almoneda en esa ciudad, luego de ser tasadas por funcionarios nombrados por las autoridades municipales.
Al final de las gestión de la administración de San Ignacio por parte de Pedro López de Urmendía, en 1784 se envió un memorial al presidente de la Junta Municipal de Temporalidades, Antonio García de Villegas, en el se detallan las existencias hasta esa fecha, de los potreros, puestos y tierras enajenadas por la administración de la temporalidades, como así también el ganado existente en 1784
De las tierras vendidas, se menciona la parte sur del casco de San Ignacio, una legua y media, de las cuatro que componían el originario casco, adquirida al contado por el vecino de la jurisdicción Isidro Correa.
La Ceja del monte, vendida a crédito a Pedro Eracrio López Gramajo, vecino del paraje de San Ignacio, hijo del administrador Pedro López de Urmendía.
El monte redondo, distante tres legua del casco, sin venderse en 1784.
El Pozo Hondo, campo abajo del Monte Redondo, se vendió una legua y media, sin agua, en cincuenta pesos a Isidro Correa, al contado.
Yanima y La Soledad fue vendida a Antonio Gómez. Este último puesto, no fue pagado su importe, porque la escritura no fue entregada por las autoridades de las temporalidades de Santiago del Estero.
El puesto de la Invernada, ubicado sobre el río Marapa, vendido al Sargento Mayor Juan Clemente Santillán, por el importe de cuatrocientos pesos. En 1781, el protector de naturales de San Miguel de Tucumán, Luis Aguilar, atendió el reclamo del alcalde del pueblo de Marapa el indio Nicolás, que ocupaba el puesto de la Invernada, aduciendo que desde tiempos inmemoriales dicho pueblo ocupaba las tierras, y que el procurador de San Ignacio, padre Requera hacía treinta o cuarenta años atrás había reconocido, por intervención del cabildo de San Miguel de Tucumán, el protector de naturales y un vecino encomendero, una legua de tierras a todos vientos de la otra banda del río Marapa.
La Junta Municipal de Santiago del Estero, comisionó en 1783, al administrador de San Ignacio, Pedro López de Urmendía para que diera posesión a Juan Clemente Santillán, desalojando al indio Nicolás y su familia, considerado intruso, al no demostrar su legítima posesión, por no presentar título alguno de propiedad, luego de esto la Junta Municipal de Temporalidades de Santiago del Estero, hizo efectivo el cobro de la venta del puesto de la Invernada, en 1787.
Además de las tierras del puesto de la Invernada, Juan Clemente Santillán adquirió las sobras de dichas tierras río abajo, con una superficie de media o una legua, según declara López de Urmendía, tierras que fueron tomadas en posesión sin conflicto inmediatamente.
Sobre el río de Marapa, Félix Mariano Herrera, cuñado de Juan Clemente Santillán, adquirió una legua de  tierras, pagadas a dos años de plazo.
El puesto de los Chañares Lagos (cercano al río), fue vendido a Juan Vicente Herrera, de una legua de superficie, distante 6 leguas del casco , que hasta  1784 no se tenía constancia del pago del importe de la compra.
Las estanzuelas de Namitala y Tacoraco fueron vendidas a plazo a Sebastián Álvarez.
Es puesto de San Francisco fue reducido en su superficie, por la Ilustre Junta de Temporalidades. Estas tierras fueron agregadas al puesto de  Quimilpa, que fue vendido a Patricio Lobo Meleres. Debido a la reducción de superficie de tierras, San Francisco, según, López de Urmendia, debía ser retasado, para que ese nuevo precio, esté de acuerdo con el precio de un puesto mucho más pequeño. Además manifestaba la necesidad que la Junta Municipal de Santiago del Estero, mandara una comisión para establecer la cantidad de Ganado existente en dicho puesto, perteneciente a las Temporalidades.
El puesto de Guacra, inmediato a San Francisco, no se había vendido en 1784.
El Potrero de la Viña, inmediato a Guacra, fue vendido a plazo, una tercera parte de su superficie, a Lucas Córdoba, funcionario tasador de la Junta Municipal de Temporalidades de  San Miguel de Tucumán. Este había fallecido poco después de la compra y sus herederos no pagaron el saldo del capital por lo que dicho potrero pasó a las Temporalidades.
El potrero del Duraznillo, fue vendido la mitad de su superficie, al capitán Ventura Salas Yanze, al precio de su tasación a crédito otorgado por la Junta de Temporalidades, el cual fue pagado hasta en un plazo de dos años.
La tercera parte del Duraznillo, fue vendida dinero al contado, al señor don Claudio Mayorga, al precio de la tasación realizada por las Temporalidades.
El puesto de Quimilpa, inmediato al Duraznillo, fue vendido a Patricio Lobo Meleres, al contado y en 1784 estaba en poder del doctor Juan Santos Porcelo.
El Pozo del Chañar, sobras de Quimilpa, fue tasado en una segunda mensura. En ciudad de Santiago del Estero, en la subasta de estas tierras, Patricio Lobo Meleres compró dichas tierras al contado.
El potrero de Cochuna, 18 leguas de San Ignacio fue vendido a crédito otorgado por las Temporalidades a Antonio Sánchez de la Torre, que en 1784 no había pagado dichas tierras. Las parcelas llamadas la Calera y Quebrachos, en la falta caída del potrero, no fueron vendidas en 1784.
El valle El Rosario que formaba parte de Gualcoma fue vendido media legua al sur, al señor Pedro Eracrio López, el cual pagó al contado según lo estipulado por el precio de la tasación.
El valle de San Antonio también parte de Gualcoma, fue fraccionado en tres parcelas más pequeñas que fueron vendidas: al Capitán Pedro Ortega, media legua al contado; otra media legua a Pedro Pablo Cardozo, también al contado y tres cuartas leguas más, a Pedro Ortega. La parte norte en dirección a Gualcoma .
En 1784, Gualcoma no había sido vendida por las Temporalidades de Santiago del Estero.
El Potrerillo distante del casco de San Ignacio, casi 6 leguas se vendió al Capitán Isidro Correa, tres leguas y media. Este comprador en 1784, no había pagado el precio de dichas tierras, tasadas por las Temporalidades , por lo cual no se le había dado posesión ni se había realizado mensura correspondiente.
De las veintitres propiedades mencionadas en el documento de  1784, elaborado por el administrador Pedro López de Urmendia, solo quedaron sin venderse: Monte Redondo, Puesto San Francisco, Guacra, una parte del potrero del Duraznillo (20% de la superficie), el potrero de Cochuna (66% de la superficie), Calera y Quebrachos y la parte norte del potrero de Gualcoma.
La mayoría de las parcelas de la estancia de San Ignacio de La Cocha, fueron vendidas al contado (11 de las 23), el resto fueron rematadas a crédito otorgado por las Temporalidades, con plazos de dos o más años.
Algunas propiedades tuvieron conflictos con la comunidades de pueblos originarios, asentados en tierras pertenecientes a San Ignacio, como la Invernada, otras tuvieron que ser retasadas, por la reducción que hizo las Temporalidades de su superficie, por lo que su valor disminuyó con respecto al precio de la primera tasación, tal es el caso del puesto de San Francisco.
La Estancia de  San Ignacio de la Cocha paso de ser propiedad perteneciente a la Compañía de Jesús, tierras que tenían un carácter comunal, a ser propiedades de particulares, que en muchos casos , estaban vinculados a la administración de Temporalidades, como Pedro Eracrio López Gramajo, hijo del propio administrador, Pedro López de Urmendía. Los compradores eran en muchos casos funcionarios que ostentaban grados militares, como Isidro Correa, Ventura Salas Yanze, Pedro Ortega, con grados de capitán,  y el Sargento Mayor Juan Clemente Santillán, todos vinculades al estado que en muchos casos contaron con el privilegio de posecionarse de las tierras, a través de un medio que era el crédito, que otorgó la Junta Municipal de Temporalidades, de Santiago del Estero. No fue difícil el pago de las propiedades ,ya que las mismas fueron tasadas a precios bajos y muchas parcelas contaban con ganado cuya venta facilitaría el pago de la propiedad, solo la Viña, adquirida por Lucas Córdoba, volvió a la Temporalidades, al fallecer su comprador, y no poderla pagar sus herederos.
Los compradores de las parcelas de San Ignacio que ocuparon cargos en el Cabildo de San Miguel de Tucumán, fue Lucas Cordoba, natural de Córdoba, alcalde ordinario de segundo voto en 1760, y luego tasador de temporalidades de San Miguel de Tucumán. Antonio Gómez, fue juez pedáneo de Los Sauces en 1773, Juan Clemente Santillán ocupó el cargo de Alcalde de Santa Hermandad en 1767 y 1778, este era natural de Santiago del Estero.
El administrador de San Ignacio, ocupó el cargo de juez pedáneo de San Ignacio  1776.
El señor Sebastián Álvarez comprador de Tacoraco y Namitala, era de origen lusitano y vivió hasta sus últimos años en Namitala

Parcelas pertenecientes a la estancia Jesuítica de San Ignacio (según Razón y Cuenta de 1784). 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Parte IV: La Estancia Jesuítica de San Ignacio de la Cocha: desestructuración de su unidad productiva luego de la expulsión.


IV) La Expulsión de la Compañía de Jesús
            La expulsión de la Compañía de Jesús tuvo como causales una serie de circunstancias, que provocaron que el Rey y su entorno decidieran tomar la drástica medida, que ya había sido tomada en otras monarquías europeas. Entre las principales causas de la expulsión, se pueden mencionar las siguientes:

  1.     Empuje renovado y agresividad del regalismo borbónico con una fuerte influencia del galicanismo y las obras antipapales (Febronius)
  2.      La Compañía de Jesús no fue aceptada por los regalistas, ya que constituía una milicia papal que ponía los intereses de la Iglesia por encima de los del Rey (opinión simplificada por los enemigos de la orden).
  3.           Pérdida de la influencia de los Jesuitas en la corte del Rey (a partir de 1755).
  4.         Ascenso al trono de  Carlos III y presencia en puestos de gran importancia en el gobierno de Campomanes y Aranda (enemigos de la Compañía de Jesús). Ascenso al trono de San Pedro de Clemente XIII (1758) y nombramiento de Lorenzo Ricci, como general de la Orden.
  5.           Expulsión de la Compañía de Jesús en Portugal (1759) y Francia (1764).
  6.        La acusación hecha a los jesuitas como los instigadores del Motín de Esquilache (23 de marzo de 1766).
  7.        La rebelión de los 7 pueblos guaraníes luego del tratado de Permuta (1750).
El expulsión de la Compañía de Jesús representó una manifestación vigorosa del poder y la autoridad del Rey frente a la Iglesia. Fue un mensaje de advertencia dirigida al clero regular de no oponerse al Monarca, mientras al mismo tiempo armonizaba con los esfuerzos de la Corona por enaltecer la posición del Episcopado Nacional bien sumiso y disciplinado.
      Esta sumisión del clero secular al Rey se manifiesta en la carta del Obispo de Tucumán con sede en la ciudad de Córdoba, a los Cabildos de la gobernación, en la cual expresa los beneficios obtenidos por la expulsión de los jesuitas.

      La Expulsión de la Compañía de Jesús fue aprobada por una Junta especial, el 20 de febrero de 1767, y el Rey mismo el 27 encargó al conde de Aranda, presidente del consejo, la responsabilidad de ejecutar la medida que iba a llevarse a cabo secretamente, el 31 de marzo. La pragmática sanción del Rey Carlos III data del 2 de abril de 1767, fue el instrumento legal por el cual se ordenaba la expulsión de todos los jesuitas de los reinos de España y Indias.
A las tres de la mañana del 12 de julio de 1767, el colegio máximo de Córdoba, centro de la Compañía de Jesús en el Río de la Plata, fue tomado por soldados enviados por el gobernador de Bueno Aires, Francisco Bucareli.

      Este gobernador nombró juez ejecutor de la reales ordenes, en Santiago del Estero al Capitán D. Juan Martínez, el cual cumpliría ordenes del Gobernador y Capitán General Tte. Coronel de los Reales Ejércitos D. Juan Manuel Fernández Campero. El Juez ejecutor Juan Martínez, en comunicación con el Teniente de Gobernador, General D. Manuel Castaños y el Maestre de Campo de la plaza de Santiago del Estero. D. Diego Lezana, que tenían el gobierno de las armas, llevarían a cabo la orden del secuestro de los Padres Jesuitas el 9 de agosto de 1767.

      El 9 de agosto, el Capitán Juan Martínez, se presentó en el colegio de los Jesuitas de Santiago, cuyo rector era Juan Nicolás Aráoz, se hace cargo de las llaves, secuestra a los padres y los pone en custodia del Franciscano Frey Luis de Santa Rosa. Posteriormente serán enviados a Buenos Aires. Los bienes del colegio, estancia de Maco, campos del Palomar, casa de ejercicios fueron inventariados el 16 de agosto de 1767.

     La estancia de San Ignacio, distante 40 leguas de Santiago del Estero, fue intervenida por una partida de 25 hombres que salieron de Santiago del Estero el 9 de agosto de 1767, a cargo de Juan Martínez como juez ejecutor. Los padres fueron secuestrados al día siguiente, e inmediatamente se los transportó a Santiago del Estero y de allí a Buenos Aires con escala en Córdoba.

      El  Procurador de San Ignacio, Padre Miguel, juntamente con el administrador Pedro López de Urmendía, realizaron en inventario en el cual se detalló las características edilicias del casco, con la iglesia aposentos cocina, talleres, huerta, corral, perchel, herramientas, máquinas, muebles, papeles, libros, esclavos, adornos, imágenes sacras, parcelas, estanzuelas y potreros que formaban parte de la gran estancia.

La estancia quedó en manos de su administrador Pedro López de Urmendía y de acuerdo al “libro de gastos y apuntes de la estancia de San Ignacio” (mayo 1982). El establecimiento funcionó de la misma forma , que en época de los la padres jesuitas, entre 1767 y 1768.