sábado, 27 de agosto de 2016

25 de agosto de 1821 Catamarca declara su autonomía



En el año 1820 es el año de mayor desunión de las provincias, cada una con sus jefes naturales definieron una idiosincrasia particular con intereses propios, con intentos de construir un Estado para las Provincias Unidas, algunas dictaron sus constituciones o reglamentos provisorios con el propósito lograr cierta organización, Catamarca no estuvo ajena a estos acontecimiento y se declaro autónoma el 25 de agosto de 1821



El teniente gobernador de Catamarca Feliciano de la Mota Botello fue derrotado en la madrugada del 12 de Noviembre de 1819 por el ejército que dirigía Bernabé Araoz, quién había creando la "República de Tucumán" y en el mismo acto se hizo nombrar gobernador. Las intenciones autonómicas de las provincias del interior se venían manifestando desde la caída del Congreso que declaró la independencia. Algunas de ellas, bajo la autoridad de los caudillos, sancionaron reglamentos o constituciones provisorias hasta tanto se definiera la organización definitiva del país. En los años 20 reinaba en todo el país una anarquía inusitada, Catamarca formaba parte, juntamente con Tucumán y Santiago del Estero de la República Federal de Tucumán quedando bajo el poder de Bernabé Araoz. Bustos, caudillo de Córdoba, invita a las provincias a reunirse en un Congreso General en Córdoba, para el cual debían enviar sus representantes. Por su parte Bernabé Araoz también convoca a un congreso a realizarse en Tucumán. Mientras tanto los ciudadanos catamarqueños aliados al federalismo, dirigidos por Juan Manuel Soria organizan un movimiento que depuso al gobernador Nicolás Avellaneda y Tula, designándose para que ocupara el cargo de gobernador a D. José Pío Zisnero quién consulta a Bustos sobre la determinación a tomar con respecto a si se declaraba o no la Autonomía. Éste le responde que considere algunos aspectos a tener en cuenta referidos al estado de la provincia sobre sus deseos de libertad e independencia y sí enviaría diputados al Congreso de Córdoba o de Tucumán. Catamarca se encuentra amenazada por Araoz que enérgicamente ordena la convocatoria a un Congreso. Sin respaldo y sin saber que hacer las autoridades catamarqueñas perplejas por los dichos da Araoz eligen a dos representantes: Juan Antonio Olmos de Aguilera y Pbro. Pedro Ignacio Acuña. De este modo se reúnen en un Congreso en Tucumán solamente con los representantes de esa provincia. En la Asamblea el día 20 de Mayo de 1820 eligen como Presidente Supremo del Provincia del Tucumán al mismo Bernabé Araoz, esta decisión agravó aún mas la situación y como consecuencia de tanta vacilación por parte de Zisnero, se mereció el derrocamiento a través de un movimiento revolucionario que fue encabezado por José Manuel Figueroa Cáceres. Cuidaba las fronteras del Norte el caudillo Martín Miguel de Guemes con muy poco apoyo y con mucho esfuerzo, cansado de la desidia de Araoz en la lucha contra los realistas, envía al Coronel Alejandro Heredia a someter al villano, y a Apolinar Saravia a Catamarca a deponer a La Madrid. Finalmente Saravia designa un Triunvirato integrado por Carlos Olmos, Dr. Tadeo Acuña y Gregorio José González. Mientras tanto, Araoz decide enviar una división a cargo de Manuel Arias y José Figueroa Cáceres a ordenarle al cabildo de Catamarca que reconociera inmediatamente a Nicolás Avellaneda y Tula como Teniente Gobernador, dependiendo nuevamente Catamarca de la República de Tucumán. Según consta en el acta Histórica de la Autonomía de Catamarca, firmada por el escribano Ángel. M Toro, se reúnen el día 25 de Agosto de 1821, en la sala de Acuerdos: el Cabildo, Gobierno, Junta electoral, las autoridades eclesiásticas y el pueblo representado por los ciudadanos más destacados. Se da inicio a la lectura del acta en la que se hacía un balance de lo que había sido la provincia desde la elección de diputados para el congreso y se pone a consideración la necesidad de un gobierno propio que no este sujeto e ninguna otra injerencia y a demás se aclara que se ratificaba en el cargo a la persona de Nicolás Avellaneda y Tula. Mientras tanto en la plaza y en la galería del cabildo los ciudadanos interesados por terminar con esta anarquía que afectaba la provincia, esperaban ansiosos la noticia de la declaración de la Autonomía. Cuando por fin los 52 asistentes reunidos en la sala de acuerdos, firmaron el acta y le dieron a Catamarca el nacimiento de la soberanía tan esperada por los ciudadanos festejaron con júbilo y alegría en la plaza principal, las damas y los caballeros como rememorando aquél 25 de Mayo de 1810, el día que se había iniciado este proceso.

Los ilustres catamarqueños que no duraron en firmar el acta, entregando una provincia autónoma a las futuras generaciones fueron: Nicolás de Avellaneda y Tula, Bruno del Oro, Pedro Ignacio Recalde, Gregorio Segura, Francisco Antonio Medina, Patricio Sosa y Valles, Gregorio de Sosa, Juan Martín Molina, Dr. Tadeo Acuña, Eusebio Gregorio Ruzo, Agustín de la Rosas Sánchez, Francisco Daniel Páez, Marcos González, Pbro. Juan Andrés Córdoba, Pbro. Inocencio Sosa, Pbro. Juan Ramón de Latuz, Fray Hilario Díaz, (/Firma por él y por la comunidad Franciscana), Fray Juan Miguel Enrique Marcó (Guardián), Pedro Joaquín Silva, Lic. Pío Isaac Acuña, Antonio Omil, Francisco Antonio Romay, José María de Burgos, Francisco Javier de Astorga, Andrés de Herrara, Rafael Francisco de Augier, Juan Acencio Salas, Dr. Francisco Rejis Matos, José Antonio Barros, Lorenzo Ahumada y Avellaneda, Javier del Corro, Manuel de la Mota, Francisco del Corro, Juan Antonio Barros, Marcelino Ayllone, Pedro Segura, Francisco Antonio Astorga, Juan Antonio López, José Lucas de Olmedo, Vicente Vascoy, Pedro Antonio Bazán, Fernando Segundo Soria, Juan Andrés Ferreira, Santiago Dulce, Patricio Robles, Juan Esteban Muro, Mariano Ponferrada, Juan Martinez, Rosa Fernández, Manuel Toro, Cesáreo Ahumada, José Manuel Ruiz. De la lectura del listado de participantes de la asamblea autonómica catamarqueña se desprende la ausencia absoluta de mujeres en esta importante convocatoria.

Bibliografía: Padre Antonio Larrouy, Manuel Soria. (1921). Autonomia catamarqueña. Catamarca. Sarquis.

viernes, 26 de agosto de 2016

Un Héroe Desconocido

Pocos saben de su existencia. Para muchos será un nombre anónimo. Un verdadero desconocido.
Con quince años, ingresó al Regimiento de Granaderos a Caballo en 1816, en Mendoza

Daguerrotipo de Dn. Eustoquipo Frías
No hizo el Cruce, pero sí participó de la Campaña del Sur de Chile. En 1821 partió al Perú con la Expedición Libertadora.

Hizo casi toda la Campaña del Perú bajo las órdenes del Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle.
Estuvo en "Nasca", "Cerro de Pasco" y "Callao".

Fue uno de los 96 Granaderos a Caballo que vencieron a más de 400 realistas en la elegante osadía de "Riobamba".

Las cumbres del "Pichincha" también lo conocieron.
Estuvo en "Junín", siendo uno de los 120 elegidos que se bañaron de Gloria ese día de agosto de 1824.

A las órdenes de Alejo Bruix, fue una de las ochenta lanzas que brillaron bajo el violento sol peruano de un lejano 9 de diciembre de 1824, en un lugar llamado "Ayacucho". Era uno de los últimos ochenta Granaderos sobrevivientes de toda la Gesta Libertadora que pelearon en aquella Batalla épica, la última de la Guerra de Independencia Americana. Su sangre regó aquel suelo sagrado, manada de una herida en el muslo.

Vuelto al país, siendo el Portaestandarte del Regimiento de Granaderos a Caballo, partió a la Guerra contra el Brasil. Se batió con bravura en "Ombú" bajo las órdenes del inmortal Olavarría.
Héroe en "Ituzaingó", en donde ganó sus galones de Capitán.

Era lavallista, y cuando Lavalle se alzó en contra de Dorrego, unió su espada a la del "León de Riobamba".

A fines de 1830, ya derrotado Lavalle, y cuando se estaba organizando la campaña contra la Liga del Interior, fue convocado para la misma. Pero escribió al gobernador Rosas, pidiéndole su pase a retiro, ya que:

"...pertenezco al partido contrario al de V.E. y mis sentimientos tal vez me obliguen a traicionarle, y para no dar un paso que me desagrada, suplico a V.E. se digne concederme el retiro...."

Siguió luchando con distinta suerte en el bando Unitario.

El 1852, se unió al Ejército Grande de Urquiza, y su espada desenvainó en "Caseros".
También estuvo presente en "Pavón".

Cuando llegó la Guerra de la Triple Alianza, volvió a ofrecer sus servicios, pero no fue aceptado a causa de su avanzada edad.

Murió de casi 90 años, en 1891, en la Ciudad de Buenos Aires.
Ya viejito, su generosa memoria sirvió a Mitre para ilustrar la Campaña Libertadora. Sus recuerdos sirvieron para construir la Historia de la Independencia Americana.
Ya en el final de sus días, una vez le preguntó el Presidente Carlos Pellegrini si conservaba alguna de sus espadas usadas en las campañas de la libertad, y él le contestó con voz pausada:

"No, aunque he cuidado mucho mis armas, porque la Patria era pobre y yo también. El sable que me regaló Necochea en Mendoza, lo rompí en Junín. Ya estaba algo sentido...."

Era Salteño, nacido en Cachi, en 1801.

Sus venerables reliquias duermen el sueño de los justos en la Catedral de Salta, en el Panteón de las Glorias del Norte.

¿Su nombre? Teniente General Eustoquio Frías, Granadero de San Martín.
Daguerrotipo del Teniente General Eustoquio Frías de poco antes de su muerte. Su pecho entorchado de cordones y medallas atestiguan el valor del Héroe.

Fuente: Granaderos Bicentenario

jueves, 25 de agosto de 2016

El Archivo Histórico Municipal de Elche permite hacer genealogía a través de internet

Es una propuesta que lanzan para aprovechar las vacaciones y las posibilidades que la digitalización de miles de documentos permite



La digitalización de las colecciones y fondos depositados y custodiados en el Archivo Histórico Municipal de Elche ha hecho que estén accésibles a cualquier persona que quiera bucear en la cantidad de datos y acontecimientos que se esconden tras estos documentos. Precisamente desde el archivo se ha hecho una propuesta este verano a los ciudadanos que consiste en invitarles a buscar información sobre su árbol genealógico aprovechando que se puede consultar toda la inforamción necesaria sobre nacimientos, matrimonios, defunciones etc. Esa consulta se puede hacer a través de internet pero el personal del archivo se ofrece a dar unas primeras indicaciones de cómo se debe iniciar la búsqueda.

El archivo ha sido lugar de investigación y estudio para expertos pero con las nuevas tecnologías se abre a todas las personas que quieran explorar estos fondos documentales.

Fuente: CadenaSER

martes, 23 de agosto de 2016

¿Quién mató a Moctezuma II, los mexicas o los españoles?

En otra ocasión he comentado cómo los grandes magnicidios quedan, generalmente, en la duda de quién o quiénes fueron los autores y las razones que llevaron a la muerte del dignatario (Matos, 2011). Esta vez vamos a referirnos a la muerte de Moctezuma II, quien gobernó los destinos de Tenochtitlan entre 1502 y 1520 d.C., deceso que ocurrió en este último año a raíz del asedio de los mexicas a los españoles guarecidos en el palacio de Axayácatl. Dos versiones conocemos del fatal acontecimiento: por un lado, la de cronistas españoles como Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, quienes achacan la muerte de Moctezuma a los indígenas, y por el otro, la de cronistas de estirpe indígena como Fernando Alvarado Tezozómoc y Francisco de San Antón Chimalpahin, que, por el contrario, dicen que fue muerto por los españoles.

Empecemos por transcribir lo que nos dice Cortés en su segunda carta de Relación, en donde de manera muy parca se refiere a la muerte del tlatoani mexica:

Y el dicho Muteczuma... dijo que le sacasen a las azoteas de la fortaleza, y que él hablaría a los capitanes de aquella gente, y les haría que cesase la guerra. E yo lo hice sacar, y en llegando a un pretil que salía fuera de la fortaleza, queriendo hablar a la gente que por allí combatía, le dieron una pedrada los suyos en la cabeza, tan grande, que de allí a tres días murió; e yo le fice sacar así muerto a dos indios de los que estaban presos, e a cuestas lo llevaron a la gente, y no sé lo que dél se hicieron... (Cortés, s/f, p. 233).

Leamos ahora cómo relata Díaz del Castillo la muerte del dirigente mexica, poniendo en boca de Moctezuma las siguientes palabras:

“Yo tengo creído que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la guerra, porque ya tienen alzado otro señor y se han propuesto no dejaros salir de aquí con vida; y así creo que todos vosotros habéis de morir”.

Montezuma se puso a un pretil de una azotea con muchos de nuestros soldados que le guardaban, y les comenzó a hablar con palabras muy amorosas que dejasen la guerra y que iríamos de México. Muchos principales y capitanes mexicanos bien le conocieron, y luego mandaron que callasen sus gentes y no tirasen varas, piedras ni flechas. Cuatro de ellos se llegaron en parte que Montezuma les podía hablar, y ellos a él, y llorando le dijeron: “¡Oh, señor y nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro mal y daño y de vuestros hijos y parientes! Hacémoos saber que ya hemos levantado a un pariente vuestro por señor”. Allí le nombró, que se decía Cuitláhuac, señor de Iztapalapa...

Párrafos adelante continúa así:

No bien hubieron acabado el razonamiento, cuando tiran tanta piedra y vara, que los nuestros que lo arrodelaban, como vieron que entretanto que hablaba con ellos nos daban guerra, se descuidaron un momento en rodelarle de presto, y le dieron tres pedradas, una en la cabeza, otra en un brazo y otra en una pierna; y puesto que le rogaban que se curase y comiese y le decían sobre ello buenas palabras, no quiso, antes cuando no nos catamos vinieron a decir que era muerto (Díaz del Castillo, 1943, pp. 15-16).



Vemos concordancia en el relato de los dos cronistas soldados en cuanto al motivo de la muerte del tlatoani y la manera en que ocurrió. Veamos ahora la posición de los cronistas indígenas, si bien hay que aclarar que sus escritos son muy posteriores y quizá parte de la tradición oral. Empecemos con la Relación del origen de los indios que habitan esta Nueva España según sus historias:

...y yendo á buscar al gran Rey Motecuczuma dizen que le hallaron muerto á puñaladas, que le mataron los españoles á él y á los demás principales que tenían consigo la noche que se huyeron, y este fué el desastrado y afrentoso fin de aquel desdichado Rey... (Códice Ramírez, 1980, p. 91).

Alvarado Tezozómoc relata en su Crónica Mexicáyotl:

En el año 2-pedernal, “1520 años”, fue cuando murió el señor Moteuczoma Xocoyotl, rey de Tenochtitlan, hijo de Axayacatzin; reinó diez y nueve años; a los tres los mataron los españoles (Tezozómoc, 1975, p. 149).

Finalmente, acudimos a las Relaciones de Chalco-Amaquemecan de Chimalpahin:

En el mes de Tecuilhuitontli, los españoles dieron muerte al Moteuhcmatzin, haciéndolo estrangular y después de eso huyeron aprovechando las sombras de la noche (Chimalpahin, 1965, p. 236).

A lo anterior habría que sumar pictografías como el Códice Moctezuma, en el que se aprecia al emperador con soga al cuello asomándose por la azotea para calmar los ánimos; frente a él está un personaje muerto con una espada española clavada en el pecho, lo que podría significar la muerte del gobernante (Batalla Ro- sado, 1996).

¿Qué sacamos en conclusión de todo esto? Hay dos datos que considero de la mayor importancia: Bernal Díaz señala que al asomarse Moctezuma le hablaron con gran acatamiento y cesaron de tirar proyectiles, lo que implica el respeto que se le tenía; el otro, cuando acto seguido se le comunica a Moctezuma que había sido depuesto del cargo de tlatoani y se nombra como señor de México a su hermano Cuitláhuac.

Esto último resulta relevante, ya que al perder el poder no era de ya de utilidad para los españoles y la guerra iba a continuar. Por lo tanto, más bien se convertía en una carga que en una ayuda. De ser así, sus horas estarían contadas...

lunes, 22 de agosto de 2016

Grande a pesar de todo

por Luis Horacio Yanicelli

Siempre hubo, hay y habrá personas de todas las calidades humanas. Almas exquisitas de bondad, prácticas y pragmáticas, idealistas, canallas y violentas, altruistas y egoístas, en fin. Bien se suele decir “Hay de todo en la viña del Señor”. 

Belgrano en su vasto recorrido por la geografía de las entonces Provincias del Río de la Plata, ha tenido experiencias que confirman la reflexión inicial de estas líneas.

Pedro Ríos en "Tamborcito Tacuarí"
El Tamborcito de Tacuarí, cuyo nombre era Pedro Ríos y tenía 13 años de edad cunado cayó ne combate el 9 de marzo de 1811, no fue otra cosa que la niñez inocente sumando su angelical coraje a aquella quijotesca campaña del Gral. Belgrano al Paraguay. Batiendo el parche de su tambor alimentó las raíces de la patria naciente la sangre de un niño. 

Monumento en homanaje a doña Gregoria Pérez de Denis
en Paraná, Entre Ríos
En Santa Fé, se encontró con Dña. Gregoria Ignacia Pérez de Denis, mujer de buena posición, la que ofreció todos sus bienes sin más, para financiar el Ejército al mando del alma mas noble que haya tenido la fundación de la Patria. Doña Gregoria no había podido entrevistarse con Belgrano cuando este en 1810 había parado en el Convento de Santo Domingo de Santa Fe, entonces le envió una carta que la remitió por medio de su hijo y en la misma le expresaba al Fundador de nuestra Nacionalidad: “La viuda de Don Juan Ventura Denis logra el honor de saludar a V.E. ya que no lo hizo cuando V.E. se hallaba en esta ciudad, por la cortedad de su genio y por no poderse introducir el los claustros de regulares para poner a la orden y disposición de su excelencia sus haciendas, casas y criados…” y continúa detallando los bienes que entrega a la causa libertaria, aclarando que eso es “…sin nada a cambio.”

Intento de detención y engrillamiento al Gral. Belgrano en Tucumán
Y por otra parte, como la contra cara de una moneda, se encontró un 19 de noviembre de 1819 en Tucumán, con un brutal salvaje, ciego y violento como el Coronel Abraham Gonzalez, oriundo de la Banda Oriental que al General ya enfermo y en cama, pretendió engrillarlo y que, de no ser por la enérgica oposición del médico amigo del enfermo Dr. Joseph Redhead hubiese llevado a cabo semejante barbaridad. 

En su camino final a Buenos Aires en el mes de febrero de 1820, en una posta cordobesa cuando ya casi sin poder caminar y permanentemente acostado en un catre viajaba en un coche llamó al maestro de postas para saludarle y hablarle, conoció allí el General Belgrano la cara de la grosería y desconsideración. El rústico sujeto respondió que si quería verlo el General que viniese a él.    

He narrado estos hechos puntuales porque la reflexión que me ocupa hoy es vinculada a la idea equivocada de un pasado con gente toda buena y desprendida, tenemos la creencia que Belgrano, San Martín y en general nuestros Padres Fundadores de la Patria, eran personas que ya en los tiempos de su protagonismo, eran correspondidos con respeto, reconocimiento y admiración. Y no, la realidad de los días de aquellos hombres no fue un lecho de rosas, sino todo lo contrario, tuvieron que remaren un mar de incomprensión e ingratitud no exento de groserías y violencias como las que hemos comentado mas arriba.     Fueron grandes, porque a pesar de todas las contrariedades las superaron, porque fueron consecuentes con lo que creían y pensaban. Ellos fueron vidas consagradas al servicio de un proyecto de país independiente donde empeñaron sin cortapisas todo el esfuerzo del que eran capaces. Y lo hicieron en un mundo tan virtuoso y tan miserable como el actual. como el de ayer  y como el de todos lo tiempos.     

Hoy los buenos ciudadanos, no tenemos pretextos para no comprometernos con la realidad procurando difundir a nuestro modo, el pensamiento ejemplar de hombres como San Martín, Belgrano y tantos que nos dieron como valor cultural central el de la libertad individual y la independencia nacional.     

Por ser imitables y paradigmáticos, es que los denominamos próceres y no por ser sus nombres empleados en nominaciones de plazas, avenidas y escuelas. Sus vidas consagradas, la altura de su empresa, la capacidad de compromiso y la energía con que llevaron adelante su acción, son las ejemplaridades que debemos cultivar, para nosotros, para nuestro hijos y para nuestra posteridad.

FuenteLuis Horacio Yanicelli

sábado, 20 de agosto de 2016

El médico Pedro Carrasco, Congresal de 1816

Juró su banca como diputado por Cochabamba. 

Dr. Pedro Buenaventura Carrasco
El Soberano Congreso no celebró sesión el 18 de agosto de 1816. En la del día antes, se había incorporado, con el juramento de ley, el diputado por Cochabamba doctor Pedro Buenaventura Carrasco. Esto, luego del informe de la comisión que examinó sus títulos, y que fue aprobado tras una detenida discusión.

El doctor Carrasco, cochabambino de origen, tenía entonces 36 años. Era médico y venía de una distinguida familia. Residió en su juventud en Lima y posiblemente allí se doctoró en Medicina. Tenía también título en Teología, por la Universidad de Charcas. Estaba en Buenos Aires al ocurrir las Invasiones Inglesas, y en esas jornadas fue cirujano del Regimiento de Patricios. En 1808, ante el Real Protomedicato, rindió y aprobó los exámenes para adquirir el título de “cirujano latino”.

Poco después, regresó al Alto Perú, nombrado Teniente de

Protomédico en el distrito de Cochabamba. Actuó resueltamente en las insurrecciones de 1809 y 1810. Cuando el ejército patriota al mando de Juan José Castelli triunfó en Suipacha, marchó a Potosí como representante del gobernador, para felicitar a aquel jefe. Castelli lo nombró, en 1811, Ministro Tesorero de las Reales Cajas de Cochabamba. En 1812, sirvió a las órdenes de Manuel Belgrano, en la segunda campaña al Alto Perú. Desempeñó igualmente la importante misión de conducir armamentos con destino a los patriotas de Salta y de Jujuy.

Elegido diputado por Cochabamba al Congreso, se lo incorporó el 17 “con la calidad de ‘por ahora’ y hasta la evacuación del enemigo de la provincia de Cochabamba”.

Fuente: LaGaceta

jueves, 18 de agosto de 2016

Remedios de Escalada de San Martín. Los orígenes vascos de la esposa del Libertador de Argentina, Chile y Perú

María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciano Escalada de la Quintana nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797. Hija del matrimonio compuesto por Antonio José Escalada Sarría y Tomasa Francisca de la Quintana Aoiz Riglos y Larrazábal. Los otros hijos de la parejea fueron: Manuel José, Mariano y María Nieves.

Por línea materna, Remedios desciende de Tomasa de la Quintana y Aoiz, quien también nació en la mencionada ciudad el 1º de octubre de 1768 y falleció en 1841. Su padre fue José Ignacio de la Quintana y Riglos (Buenos Aires, 1736-1820), hijo de Nicolás Ventura de la Quintana Echeverría, nacido en Bilbao, Vizcaya, en 1693.

José Ignacio de la Quintana y Riglos, abuelo de Remedios, se casó con Petronila de Aoiz Larrazábal, quien fue hija de Pablo de Aoiz de la Torre nacido en Tafalla, Navarra, en 1709; y Tomasa de Larrazábal Avellaneda. Pablo de Aoiz es hijo de Miguel de Aoiz Garayo y Casilda de la Torre Aburrea.

Por línea paterna es hija de Antonio José Escalada Sarriá (1754-1821), quien desciende del castellano Manuel de Escalada Bustillo de Ceballos y la chilena María Luisa Sarria Lea, que es hija de Francisca Lea Plaza y Sebastián Antonio Sarria, quien fue hijo de Antonio de Sarria, natural de Vera de Bidasoa, Gipuzkoa.

Su vida y casamiento con San Martín
Remedios vivió su infancia en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, en el seno de una familia con buen pasar económico y reconocimiento social. Su padre era un próspero comerciante que fue también Canciller de la Real Audiencia, por lo que la niña se crió en contacto con las familias tradicionales y ricas de la sociedad porteña. Sus padrinos fueron su tío Francisco Antonio de Escalada y María del Carmen Sobremonte –hija del futuro Virrey–.

José de San Martín llegó a Buenos Aires el 9 de marzo de 1912. Inmediatamente se le reconoció el grado de Teniente Coronel y se le encomendó la creación del regimiento de Granaderos a Caballo, que tan destacado papel jugaría en la Guerra de la Independencia. Tomó contacto con la familia Escalada a pocos días de su arribo, y conoció a Remedios –que tenía apenas 15 años, casi 20 menos que el militar argentino– en una reunión social. Luego de apenas unos meses de novios se casaron el 12 de septiembre de 1812 en una sencilla ceremonia en la Catedral de Buenos Aires, siendo los padrinos Carlos María de Alvear y su esposa Carmen Quintanilla. Sus cuñados, Manuel y Mariano Escalada se incorporaron al ejército libertador que haría la campaña a Chile y fueron destacados guerreros de la independencia.

El matrimonio era casi una obligación moral para San Martín en ese momento, y una forma de vincularse a la sociedad local, cuando aun muchos dudaban del auténtico deseo independentista de este militar recién llegado, que había combatido en el ejército español contra Napoleón, y recibiera la medalla de héroe por su participación destacada en la Batalla de Bailen.

Luego de la Batalla de San Lorenzo, en la cual San Martín derrotó a las tropas españolas en el Monasterio San Carlos al mando del capitán Juan Antonio Zabala el 3 de febrero de 1813, le tocó hacerse cargo del Ejército del Norte para detener el avance realista desde el Alto Perú –actual Bolivia–, y debe abandonar el hogar familiar.

A fines de 1914 se estableció en Mendoza –designado Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo– para preparar la epopeya del cruce de la cordillera de Los Andes.

Su estancia en Mendoza y fallecimiento en Buenos Aires
Remedios se trasladó hasta allí y construyeron juntos el hogar familiar, y fue donde nació la única hija que tuvieron, Mercedes Tomasa, en 1816.

Colaboró con la empresa libertadora en la medida de sus posibilidades, instando y organizando la entrega de las joyas personales de las damas mendocinas, que contribuyeron a paliar los gastos en equipamiento del ejército. También con sus propias manos colaboró en la confección y el bordado de la bandera estandarte que acompañaría al regimiento en todas sus batallas.

Cuando San Martín inició la empresa libertadora, pidió a Remedios –aquejada de tuberculosis–, que volviera a su casa materna con la pequeña Merceditas, donde sería bien cuidada y atendida por sus padres Antonio José Escalada Sarría y Tomasa Francisca de la Quintana Aoiz.

Al poco tiempo, y por razones de salud, fue a vivir a una quinta suburbana. Allí mismo falleció el 3 de agosto de 1823, sin contar a su lado con la presencia de su esposo que se encontraba en Mendoza, y que regresó a Buenos Aires en el mes de noviembre. Tenía apenas 25 años. Su sobrina, Trinidad Demaría, diría luego: ‘Murió como una santa pensando en San Martín’. Él, inmediatamente arribado, hizo construir un mausoleo en el Cementerio de la Recoleta, donde descansan sus restos hasta la actualidad. Hizo inscribir el siguiente epitafio: ‘Aquí yace Remedios de Escalada; esposa y amiga del General San Martín’. 



Remedios de Escalada era distinta a las mujeres de su época en el rol social que le tocaría cumplir. Era la esposa del General San Martín, el Jefe del Ejército de los Andes que llevaría adelante las campañas de liberar Argentina, Chile y Perú. Fue una mujer abnegada y entregada al papel que la historia le deparó, no muy feliz por cierto, pero que supo asumir con estoicismo.

Remedios de Escalada de la Quintana fue una argentina de estirpe vasca que brilló por mérito propio. Se casó muy joven y murió muy joven, y en los años de matrimonio poco fue el tiempo que pasó junto a su esposo, y sufriendo los padecimientos de una enfermedad incurable que la llevaría a la tumba. Cuando se casó con San Martín sabía lo que le deparaba el destino, y aun así aceptó el desafío. 

Fuente: Euskonews