domingo, 25 de junio de 2017

Los secretos detrás de la puerta: la masonería moderna celebra 200 años en el Perú y 300 en el mundo

De cómo una cofradía de albañiles se convirtió en una fraternidad iniciática que tuvo un papel decisivo en la divulgación de las ideas liberales en el mundo.

Hermano masón en el Museo de la Gran Logia del Perú, donde se conservan retratos de próceres, insignias del siglo XIX y las múltiples medallas que identifican a cada hermandad. (Foto: Alessandro Currarino)
El camarote del barco se mecía levemente como un adormecido péndulo. En el centro de la minúscula habitación, un hombre con los ojos vendados se alistaba para hacer un juramento. Era la medianoche del 24 de junio de 1816 y Tomás de Iriarte —hijo del célebre fabulista— trataba de retener en su mente cada frase, cada palabra para apuntarla después en su diario. Confesó ser un hombre libre y de honor, y, cuando le quitaron las vendas, su sorpresa fue mayor. A su lado estaban ocho de sus mejores amigos. Ahora todos pertenecían a la hermandad. Era la última ceremonia a bordo, y el acto terminó con una cena abundante. Se fueron a dormir antes de despuntar el alba. Tenían que seguir un largo viaje hacia el ansiado virreinato del Perú.


Estos tripulantes de la fragata Venganza llegaron a Arica cinco meses después, el 12 de noviembre. Un grupo partió hacia Santiago y otro, hacia Lima. Eran hombres de armas enviados por el rey Fernando VII para restaurar el orden perdido, para enderezar a los ariscos criollos americanos hacia el antiguo régimen y evitar el colapso del sistema colonial. Sin embargo, ellos no eran totalmente fidelistas, sino que, más bien, tenían un espíritu liberal. Buscaban formar en el Nuevo Mundo su propio reino y, con el pacto sellado en alta mar, estos tripulantes habían abrazado ya otros ideales: los de una fraternidad antigua, de orígenes místicos y esotéricos, que los convertía en hombres nuevos. Se habían transformado en francmasones, y habían puesto a su logia un nombre que era también un deseo: “La Paz Americana del Sud”.

Meses después, en Lima, estos hombres formarían parte de encuentros clandestinos con criollos peruanos que se reunían de manera furtiva para discutir y leer a los enciclopedistas franceses. Eran tertulias que se sucedían con regularidad en casas de aristócratas, como la del marqués José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, en el barrio de Santa Teresa, o en la mítica Casa de Pilatos, ubicada en la calle de los Milagros, a solo unas cuadras de la Plaza Mayor. A mediados de julio de 1817, los miembros de esta logia ultramarina se unieron con sus pares peruanos y formaron la primera fraternidad masónica documentada en estas tierras. Le pusieron de nombre el santo y seña que usaban para identificarse entre ellos: “Paz y Perfecta Unión”. Luego, nombraron como hermano mayor a Riva Agüero.

En esos agitados días, muchos peruanos participaron en sociedades patrióticas clandestinas y buscaron propiciar un acontecimiento que creían podía terminar de derrumbar el régimen español en América: el arribo a Lima del ejército libertador del sur, encabezado por José de San Martín. Los hermanos de Paz y Perfecta Unión también se abocaron a esta tarea.

Doscientos años después, en Surco, el gran maestro de la Gran Logia Masónica del Perú, el notario César Bazán Naveda, reconstruye con cierta emoción la historia de los primeros masones en nuestro país. Está sentado en una oficina espaciosa, con paredes enchapadas de madera en las que resaltan varias imágenes de la Virgen María. Resulta difícil creer que hace tres siglos los masones fueron perseguidos por la Iglesia católica. “Eran otros tiempos —comenta—. En la Edad Media y Moderna, los reyes eran absolutistas, creían que su poder dependía de Dios y por eso eran ungidos por el papa. Pero en el siglo XVIII nació el libre pensamiento, la historia cambió, y se cuestionó el absolutismo. Los reyes recurrieron al apoyo de la Iglesia, y esta dictó bulas contra esas organizaciones que buscaban el cambio del statu quo, entre ellos, los masones”.

Bazán Naveda recuerda las persecuciones de la Inquisición al cirujano francés Diego de La Granja (o Lagrange), a quien denunciaron por tener estampas masónicas, o las tradiciones de Ricardo Palma, que evidencian la existencia de logias en Lima desde el siglo XVII. Por ejemplo, en “La casa de Pilatos”, Palma cuenta, con tono legendario, el origen del nombre de esta mansión construida en 1590 a partir de un hecho sucedido en agosto de 1635. Entonces —relata el tradicionista— “un mozo truhan que llevaba alcoholizados los aposentos de la cabeza” pasó por ahí a medianoche y, al ver luces en los altos, pensó que se trataba de alguna fiesta, por lo que decidió entrar. Subió las escaleras de piedra y se encontró con un espectáculo insólito. A través de una ventana vio a uno de los hombres más acaudalados de la ciudad, el portugués Manuel Bautista Pérez, quien estaba sentado en un dosel, y dirigía un extraño discurso a cien compatriotas suyos. En el lugar había un crucifijo de tamaño natural y, cuando Bautista terminó de hablar, los concurrentes se dirigieron al Cristo y uno a uno le fueron dando “fuertes ramalazos”.

Aterrado, el muchacho fue a poner la denuncia al Santo Oficio, que horas después “echó la zarpa encima” a los más de cien portugueses. Pérez y diez de sus compatriotas terminaron quemados en la hoguera. Por eso —concluye Palma— a dicha casa se la llamó “de Pilatos”, quien también mandó a azotar a Jesús. ¿Eran masones? El tradicionista no lo dice con esas palabras, pero el extraño ritual aludía, sin duda, a una logia o hermandad.

El caso de Palma resulta curioso porque en su juventud este se hizo masón. Un dato que siempre su familia trató de ocultar y que —como apunta el estudioso Ismael Pinto— incluso un exhaustivo biógrafo como Luis Alberto Sánchez pasó por alto. Palma ingresó en la logia del Callao “Concordia Universal” el 4 de julio de 1855, cuando tenía 22 años. Se sabe que llegó al grado de maestro.

Pero más allá de estos hechos, la masonería en el Perú pasó de la clandestinidad en la época virreinal —cuando era acusada de herejía y de conspirar contra el rey— a formar parte de las logias patrióticas, durante la Independencia, y luego a ser gradualmente aceptada en las primeras décadas de la República. “Para nosotros el año de 1817 es importante porque en ese momento se formó la primera logia de la que tenemos documentación”, afirma Bazán Naveda. En la mitad del siglo XIX, las logias instaladas en Lima ya practicaban dos de los ritos más tradicionales de la hermandad: el llamado escocés, antiguo y aceptado, y el de York. Ambos estilos —con sus colores rojo y azul, sus palabras de pase y ceremonias iniciáticas— se han asentado en nuestro país desde entonces.

El 25 de marzo de 1882 —otra fecha clave—, en esa Lima ocupada por las tropas chilenas, las ocho logias existentes en la capital se unieron y formaron la Gran Logia del Perú

Para entender la masonería hay que retroceder en el tiempo y el espacio. Etimológicamente, la palabra masón quiere decir ‘albañil’, y su origen resulta legendario: está conectado con los constructores del templo del rey Salomón, edificado en siete años y seis meses, en el monte María, en Jerusalén, donde se supone se encontraba el Arca de la Alianza, el máximo símbolo de la cultura hebrea. Esto ha conectado a los masones con los patriarcas del Antiguo Testamento, desde Adán —el primero de todos—, que enseño la Geometría y el arte de la construcción a sus hijos, hasta llegar a Noé y su descendencia, que fue salvada del diluvio gracias a este conocimiento, como se explica en las Constituciones de James Anderson, el libro que en 1723 fijó las obediencias y linderos (landmarks) de la orden.

De ahí nace la idea de una hermandad iniciática que difunde su saber por el Oriente, y que construye ciudades en Sinar y Asiria, y que llega a Egipto “160 años después del diluvio”, según Anderson. Ahí ayudará a los faraones a levantar las pirámides y luego partirá con los hebreos hacia la Tierra Prometida bajo la guía del gran maestro Moisés.

“No es ninguna exageración creer que el origen de la masonería operativa data de la construcción del templo de Salomón […] Si no, ¿cómo explicar que los caballeros de las cruzadas volvieran a Europa diciendo que poseían el secreto de una fraternidad a la que estaban ligados por un juramento? Y, además, ¿cómo es posible que en todos los tiempos los arquitectos de Oriente se llamaran a sí mismos ‘Hijos de Salomón’, y utilizaran como el emblema el sello de los triángulos entrelazados?”, se pregunta el argentino Pedro J. Cócaro. Este saber, los misterios del arte de la construcción, atravesaron el Asia Menor a través de gremios o sociedades cerradas, formadas por aprendices y maestros. Así entraron a Europa por Constantinopla, y se extendieron por Grecia y Roma.

El español Yván Pozuelos, uno de los investigadores actuales más importantes de la historia de la masonería, comenta a través del correo electrónico: “Los masones de la Edad Media y Moderna fueron arquitectos, aparejadores, artistas, y en general trabajaron en la construcción de una red de catedrales y edificios civiles en toda Europa. Y, con el tiempo, debido al mecenazgo, se permitió la entrada en estas logias a personas ricas y poderosas, ajenas a la profesión”.

Por eso, en la Inglaterra de inicios del siglo XVIII, la masonería era un saber compartido por aristócratas, condes y duques. Sin embargo, los símbolos de la albañilería quedaron. Entre los más importantes figuran la escuadra y el compás, que representan la fusión entre la materia y espíritu. En ese momento los masones no eran más constructores de edificios. Se habían transformado en arquitectos del espíritu, en librepensadores en una Europa en cisma por los conflictos entre católicos y protestantes. Ese es el contexto del 24 de junio de 1717, cuando cuatro fraternidades masónicas inglesas se reunieron en una taberna para crear la Gran Logia de Londres y Westminster.

Estas logias se replicarán por toda Europa y alentarán la creación de nuevas hermandades en Francia y España, donde se producirán disidencias y cismas. ¿Qué une y qué diferencia a estas logias? Le preguntamos a Yván Pozuelos: “Digamos que son diferentemente iguales”, responde. “Esta expresión de dos términos contradictorios puede resumir la cuestión. A la francesa y española se les achaca que son ‘políticas’, pues no cumplirían con el precepto fundacional que establecía que en las logias no se debería hablar ni de política ni de religión; y a la inglesa se le cuestionaría el hecho de no respetar la supuesta esencia del mismo texto acerca de la libertad de conciencia. Es un debate de masones para masones, y ya lleva 300 años”, agrega.

“En el momento que se funda la masonería, los únicos que podían manifestar su voluntad eran los hombres. Esa tradición se ha venido observando siempre dentro de las logias”, explica el gran maestro César Bazán Naveda, quien dice que esa línea se ha mantenido en el Perú y nunca se ha discutido si las mujeres pueden ser parte de la hermandad. En nuestro país existe una Gran Logia Femenina, pero es una institución paralela que no es “regular”, de acuerdo a la jerga masónica.

“La orden para nosotros es como nuestra madre”, dice Francisco Sialer, un economista jubilado que actualmente se encarga de la administración del Museo de la Fraternidad, ubicado en el gran templo de San Isidro, y que lleva el nombre de Jorge Basadre, quien tuvo un paso fugaz por la orden. El recinto no solo está poblado de fotografías de héroes y próceres, sino que tiene una narrativa particular para contar la historia peruana de acuerdo con los personajes masones que participaron en ella: desde quienes usaron palabras o símbolos que los identificaron como tales —incluso Santos Atahualpa, que fundó una especie de hermandad en la selva— hasta otros héroes que sí se inscribieron en la masonería, como Grau, Bolognesi y Alfonso Ugarte, o incluso presidentes, como Leguía, Odría y Lindley (director de la Junta de Gobierno entre marzo y julio de 1963).

Sialer lleva 43 años en la hermandad. Y, mientras muestra una escultura en la que se ve a un hombre desnudo que parece modelar su propio cuerpo con un mazo, una regla y un cincel, explica: “Estas herramientas representan el trabajo del aprendiz. Todos somos como piedras que se deben tallar. Algunos pueden llegar a ser una obra de arte; otros, los basamentos de un edificio. En el primer grado la persona debe trabajar con el mazo y el cincel: el primero simboliza la perseverancia y la fuerza, y el segundo es la educación. Los dos deben funcionar juntos para conseguir modelar el material. Aquí no hay secretos: el artista y la obra somos nosotros mismos”, agrega con una sonrisa. En la página web de la hermandad se lee una frase que podría complementar lo dicho por Sialer: “Buscamos hombres buenos para hacerlos mejores”.

Una de las definiciones más antiguas de la masonería señala que “es un sistema moral velado con alegorías e ilustrado por medio de símbolos” y que su fin es “el mejoramiento de la humanidad”. Gran parte de esta simbología masónica ha sido estudiada con especial ahínco por el investigador peruano Jorge Yzaga Contreras, quien llegó a la masonería luego de interesarse por la literatura colonial. Él ha escrito dos volúmenes que revelan el lenguaje masónico en sendos textos de la época previa a la Independencia: en “El elogio al virrey Jáuregui”, pronunciado por José Baquíjano y Carrillo, en 1781, el cual terminó siendo un duro cuestionamiento al régimen absolutista, y en un pequeño volumen editado con ocasión de las fiestas que se ofrecieron al propio Baquíjano cuando fue nombrado consejero de Estado de las Cortes de Cádiz. “En estos escritos hay un lenguaje velado, un simbolismo característico de la masonería”, afirma Yzaga, con entusiasmo.

Entre esas alegorías, el investigador destaca dos: el ojo de la previsión y las dos columnas. “El primero es el símbolo del Gran Arquitecto del Mundo (que veneran todos los masones), que en ritos como el escocés es representado al interior del delta o triángulo luminoso, y las columnas caracterizan el oficio de los constructores”.

Le hacemos notar que el ojo de la previsión aparece también reproducido en el billete de un dólar. “Ese billete fue elaborado, a fines del siglo XVIII, cuando George Washington era presidente, y se sabe que él era masón”, responde. “Incluso cuando pone la primera piedra de la capital que lleva su nombre, aparece con el mandil de la hermandad”. “Es más —agrega—, se cree que el Capitolio y el Obelisco forman un triángulo y apuntan hacia arriba, hacia la estrella Arturo, otro símbolo masónico”.

"Ese billete fue elaborado, a fines del siglo XVIII, cuando George Washington era presidente, y se sabe que él era masón”
“Somos iniciáticos porque guardamos conocimientos que nos transfieren nuestros antecesores y esotéricos porque el saber es también místico. No solo es científico; es también revelación”, afirma el gran maestro Bazán Naveda.

En el Perú existen 214 logias masónicas y se van a abrir dos más en julio. Tienen alrededor de cinco mil hermanos activos —“los que pagan sus cotizaciones y asisten regularmente a las reuniones”, precisa Bazán Naveda— y están repartidos en todo el país. Esta institución, a pesar de que lleva la insignia de la fraternidad, no ha estado, sin embargo, libre de pugnas. La última de estas crisis ocurrió en 1998, cuando los líos por la sucesión al cargo de gran maestro llegaron hasta el Poder Judicial.

Antes de despedirse, Bazán Naveda comenta con algo de resignación: “Gracias a Dios esos problemas ya han sido superados. Nuestra institución no ha estado exenta de los problemas cotidianos que ocurren en el Perú”.

¿Participaron en la Independencia?
La participación de las logias masónicas en la Independencia de la América española ha provocado siempre cierto escepticismo entre los historiadores. “Lo que sucede es que se ha escrito gran parte de esta historia sin pruebas documentales. Con este triste panorama, decidimos abrir en el 2009 una revista científica digital —Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña— para revertir esa tendencia, y, con los trabajos presentados, el rol de la masonería y de los masones en las independencias va disminuyendo en importancia”, dice el historiador Yván Pozuelos, a través del correo electrónico. ¿Fueron Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar masones? Pozuelos se muestra también cauto: “El proceso histórico de las independencias iberoamericanas requirió de una madurez necesaria para su realización, y se me antoja muy reductor el conferirle una autoría masónica solo por el hecho de tener a algunos de sus líderes en logias. ¿Tenían espíritu masónico? ¿Eran moralmente masónicos? Quienes lo sostengan están, por el momento, en el relato literario”

Fuentes: elcomercio.pe

Un bizarro manuscrito de ocultismo y rituales mágicos del siglo XVIII

The Wellcome Libraryy posee en su biblioteca un bizarro manuscrito del último cuarto del siglo XVIII sobre ocultismo y rituales mágicos. Su título es Compendium rarissimum totius Artis Magicae sistematisatae per celeberrimos Artis huius Magistros, lo que traducido sería El más raro sumario de todo el Arte de la Magia elaborado por los más famosos Maestros de este Arte.



Se trata de un volumen escrito en latín y alemán que incluye 31 acuarelas del Diablo y sus diabólicos sirvientes y varias páginas que tratan sobre magia e incluye símbolos rituales, cabalísticos y ocultistas.

Aunque en la portada de incluye como fecha de redacción 1057, esto ha sido una treta de su autor, pues ha sido estimado en 1775. En esa misma portada encontramos el título dentro de una cartela en la que se pueden ver calaveras, esqueletos y huesos cruzados. Y no pasa desapercibido el aviso de advertencia “Noli me tangere”: “No me toques”.

Es una suerte que The Wellcome Library haya puesto a disposición tanto del gran público como de los investigadores en el mundo de lo oculto este manuscrito, que puede consultarse online y descargarse en PDF.

Extraña que tras las persecuciones y procesos de brujería abiertos en los siglos XVI y XVII, que en Europa se demoraron hasta 1782, fecha de la última ejecución en Suiza, alguien se atreviera a redactar este Compendium Artis Magicae, que a todas luces es una obra realmente atrevida e impactante.

Estas acuarelas muestran monstruos míticos grecorromanos como quimeras, hidra y cancerbero, junto con dioses fenicios Astaroth, demonios bíblicos como Satán o Belcebú, además de otras figuras sin duda horripilantes.

En el folio 30 vº encontramos una descripción de la jerarquía demoníaca en la obra. Los cuatro Reyes: serían Lucifer, Leviathan, Satan y Belial; los ocho Duques: Astaroth, Magoth, Asmodai, Belzebub, Oriens, Baimon, Aritton y Amaimo; y los doce sujetos: Morech, Nabhi, Tirama, Nudaton, Zagrion, Carufur, Rigalon, Zugula, Ramaison, Kilik, Sumuran y Aloggiell.

Los iniciados estarán familiarizados tanto con estos nombres, ya mencionados en El Libro de Abramelin publicado en 1727 en Colonia. Incluso conocerán la mayoría de los sellos que representan a estos demonios o a los signos astrológicos. Lo que es bizarro es esa invocación final y lo relativo al pacto en nigromancia entre demonios y hombres que vemos en el folio 31 vº.

Sin duda alguna, se trata de un manuscrito apasionante.

Fuente:LBV

sábado, 24 de junio de 2017

Se ha descubierto el auténtico significado de las líneas de Nazca

Las líneas de Nazca son unos geoglifos famosos en todo el mundo, y las estructuras en espiral que hay cerca ayudan a explicar el motivo de su construcción.



Este artículo se publicó originalmente en Motherboard, nuestra plataforma dedicada a la ciencia y la tecnología.

Imagina asomarte por la ventana de un avión y ver un colibrí de 365 metros tallado en la tierra. Ahora imagina que te das cuenta de que el diseño fue tallado en algún momento entre los años 1 y 700 d. C. Así es como el mundo occidental conoció por primera vez las líneas de Nazca.

Ubicadas en la región meridional del desierto de Perú, las líneas de Nazca son enormes dibujos hechos en el suelo, también conocidos como geoglifos. Se llaman así por la civilización antigua que vivió en la región: los nazca. Las líneas van desde espirales hasta intrincados diseños como monos, llamas y flores. Algunos de los dibujos alcanzan los 365 metros —es decir, más de tres campos de fútbol— lo que significa que se ven mejor desde arriba, desde un avión o un satélite



Pero las crearon mucho antes que los aviones y los satélites, lo que ha causado que generaciones de eruditos se preguntaran el motivo de su creación, en particular si los nazca no podían disfrutar la obra en todo su esplendor. Gracias a las imágenes por satélite, los científicos creen que tienen una buena hipótesis para el misterio que ocultan las líneas. Estaban relacionadas con el recurso más valioso del desierto: el agua.

"Fueron capaces de usar el agua subterránea para la irrigación y los acueductos para beneficiar su actividad agrícola; así fue como los nazca pudieron transformar el desierto en un jardín", dijo Rosa Lasaponara, investigadora del Consejo Nacional de Investigación de Roma.

Lasaponara coescribió un estudio el año pasado que utilizó imágenes de satélite para investigar algunas de las inusuales estructuras halladas en el paisaje cerca de las líneas de Nazca: agujeros en forma de espiral llamados puquios. Las imágenes permitieron a los investigadores ver debajo de la superficie e identificar canales subterráneos de agua que conectaban estos agujeros en espiral, y se dieron cuenta de que eran parte de un avanzado y antiguo sistema de acueductos.

El agua subterránea se conducía a través de los canales a las partes de la región en las que los nazca vivían y cultivaban. El agua era propulsada en parte por estos puquios espirales, que hacían que el viento pasara por los canales subterráneos para empujar el agua por el sistema.

Es un descubrimiento inmenso, porque le da credibilidad a una teoría que muchos científicos ya tenían sobre las líneas de Nazca: eran ceremoniales y estaban relacionadas con el agua. Debido a que las estructuras cercanas formaban parte de un sistema de agua sofisticado, tiene sentido que los diseños ritualistas se hicieran para marcar la ubicación del agua y/o dar gracias por disponer de agua.

"Está muy claro que los puquios y las líneas de Nazca tienen el mismo significado, porque el agua era la forma de sobrevivir en el ambiente desértico", dijo Lasaponara. "Por eso, las líneas de Nazca eran una manera de dar gracias a los dioses".

Algunas personas todavía no están satisfechas con esta explicación y creen que estos diseños son mensajes enviados a antiguos extraterrestres o que los nazca inventaron globos aerostáticos prehistóricos para evaluar su trabajo. Pero Dylan Thuras, el cofundador de Atlas Obscura, un sitio dedicado a las maravillas ocultas del mundo, dijo que estas teorías están tratando de usar un punto de vista muy moderno para explicar un misterio antiguo.

"Si lo ves solo desde una perspectiva, que son diseños tallados que deben verse desde arriba, te acabarás obsesionando completamente preguntándote cómo lograron hacerlas", dijo Thuras. "Pero si entiendes su relación con las fuentes de agua, no parece tan imposible".

Fuente: Vice.com

Las pinturas rupestres de los Wondjuna de Kimlberley (Australia)

En la mitología de los aborígenes australianos, los wondjina fueron espíritus de la lluvia y las nubes quienes pintaron sus imágenes en las paredes de ciertas cuevas. Estos personajes antropomóficos carecían de boca (existía la creencia que las lluvias nunca cesarían si la tuvieran), la parte superior ensanchada y enormes cabezas con rostros semejantes a calaveras con ojos y nariz. Sus cabezas están aparentemente rodeadas por plumas o auras luminosas. Los "wondjinas" tienen en común colores de negro, rojo y amarillo sobre un fondo blanco.


La región de Kimberley es una zona remota, muy poco poblada y visitada, cuenta con grandes ríos y magníficos paisajes de tonos rojizos.

En ese lugar existen unas pinturas rupestres de gran tamaño que llegan a medir hasta seis metros de altura. Sus rostros son blancos y sus cabezas son grandes y están rodeadas por uno o dos semicírculos.



Los aborígenes nombraron a estas figuras como “wandjinas“, y aseguran que no fueron realizadas por sus antepasados, sino por los propios seres a los que representan las pinturas rupestres, seres que descendieron a la Tierra en tiempos remotos.

Los “wandjinas” fueron los seres que trajeron a la civilización y prosperidad al igual que otros dioses de otras culturas, su símbolo era una serpiente.



En estas pinturas aparecen figuras de seres que llevan sandalias (los aborígenes siempre han ido descalzos), y el número de dedos de las manos y de los pies varía de 3 a 7.

De todas las figuras, destaca la representación de un hombre vestido con una túnica de color rosa y un círculo doble rodeando su cabeza. También aparece con una especie de inscripción con 6 letras o números escritos en un alfabeto totalmente desconocido.

Pero no es únicamente el aspecto de estas figuras lo que llama la atención, sino sus orígenes y sus leyendas.

Se sabe la antigüedad de las pinturas rupestres gracias al análisis de los fósiles hallados por encima de la superficie. En su momento, las pinturas con forma humanoide o “wandjinas” se dataron con una antigüedad que supera los 17.000 años.

Se pensó que no se podría datar la antigüedad de las pinturas debido a que la prueba del carbono 14 sólo es válida para material orgánico, y las pinturas de los “wandjinas” estaban realizadas con pigmentos de base mineral.

Fue por casualidad que el arqueólogo Grahame Walsh, viera un nido de avispas fosilizado encima de uno de los “wandjinas” mientras observaba dichas pinturas.

Walsh viajó a Kimberley en 1996 junto a Richard Roberts, un geólogo especializado en la lectura de los granos de arena mediante luminiscencia óptica, para poder analizar el avispero fosilizado y así tener una fecha aproximada de la edad de las pinturas.

Antes del análisis realizado por Walsh y Roberts, los arqueólogos habían estimado que la edad de las pinturas era de unos 5.000 años. Después del análisis se dató que los avisperos tenían 17.000 años. Walsh y Roberts dedujeron que la edad de las pinturas deberían ser más antiguas que los nidos.

La datación de las herramientas descubiertas se fijó en unos 100.000 años y los restos fósiles se dataron con una antigüedad de 200.000 años, contradiciendo así lo que la ciencia dice sobre los primeros pobladores en Australia y su aparición que tenía como máximo de entre los 65.000 y 70.000 años de antigüedad.




viernes, 23 de junio de 2017

El secreto más controvertido sobre el origen de Francisco Pizarro: ¿era hijo de su abuelo?

Francisca González Alonso se negó a apellidar Pizarro a su hijo Francisco durante su bautizo. Bien sabía esta madre soltera que para criar a su hijo recién nacido no iba a contar con la ayuda del padre, un joven soldado de Trujillo, ni la de su familia de hidalgos. Y es que la sociedad extremeña de la época podía ser despiadada con las madres solteras y los niños bastardos, incluso con este, que iba a terminar siendo el conquistador del Perú.

La familia de Francisca era apodada «los Roperos», porque además de labrar sus tierras y cuidar sus animales se dedicaban al arreglo y venta de ropas. Sin embargo, a la muerte del padre de la joven la empresa familiar debió irse a pique y Francisca hubo de entrar a trabajar como criada en el convento de San Francisco El Real, situado en la Puerta de Coria de Trujillo. Trabajando ya como criada, Francisca mantuvo un encuentro sexual con el soldado, también de la localidad, Gonzalo Pizarro que le cambiaría la vida.

Las circunstancias de la relación

Gonzalo procedía de la rama trujillana de los Pizarro, familia cuyo prestigio era creciente en Extremadura por su participación en la Reconquista. Como explica la historiadora María del Carmen Martín Rubio en su libro «Francisco Pizarro, el hombre desconocido», el escudo familiar reflejaba a dos osos intentando alcanzar las piñas de un pino sobre un suelo de pizarro, y de ahí el apellido. Desde joven el hidalgo se mostró inclinado por la vida militar de sus ancestros y pronto se sumó a los ejércitos de los Reyes Católicos durante la guerra que mantuvieron contra las fuerzas del Rey de Portugal, aliadas con la candidata al trono castellano Juana La Beltraneja. Y precisamente Gonzalo y Francisca se encontraron durante las fiestas en Trujillo para agasajar a Isabel «La Católica» y celebrar la huida de Juana La Beltraneja del alcázar de la ciudad.

El historiador José Antonio del Busto emplaza entre el 20 de junio y el 4 de julio de 1478 el encuentro sexual del que nacería Francisco. Si bien se desconocen las circunstancias, se sospecha que fue a consecuencia de un galanteo breve o una relación fugaz, no así de una relación amorosa que se prolongara en el tiempo. Gonzalo frecuentaba el convento porque una tía suya era monja allí, de tal manera que había visto a la criada en otras ocasiones. El ambiente festivo fue la excusa para acercarse a ella y mantener relaciones sexuales en esos días. En cualquier caso, la actitud de total indiferencia del padre hacia la embarazada ha planteado incluso que pudiera ser una relación no consentida en el fragor de las celebraciones; una violación de la que no quisiera acordarse el soldado.

Repudiada por Gonzalo, Francisca quedó señalada en todo Trujillo. Al conocerse su estado de gestación las monjas la cesaron en su trabajo en el convento y tuvo que regresar al hogar materno. El pequeño Francisco se crió en la casa de Juan Cascos –segundo marido de su abuela– y creció en un ambiente rural del que, con intención de desprestigiar al conquistador, llevó a algunos cronistas a decir de forma poco precisa que se dedicó a cuidar cerdos en su mocedad. Finalmente, la madre abandonaría Trujillo junto a su hijo y se casaría en una localidad a pocos kilómetros de Sevilla con Martín de Alcántara. Allí nació su segundo hijo, Francisco Martín de Alcántara, catorce años mayor que Francisco y con el que mantendría toda su vida, incluso en las Indias, una estrecha relación.



El bastardo de Trujillo tuvo una infancia humilde y una educación escasa (no aprendió a escribir ni leer), de tal modo que su vida parecía orientada a trabajar en el campo. No obstante, en la mente de aquel joven ilegítimo nunca se borró la estampa paterna del hidalgo bravo que servía, por entonces, al Gran Capitán en Italia. Antes de viajar por primera vez al Nuevo Mundo, Francisco también sirvió a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba en Nápoles y Sicilia. Se desconoce si el futuro conquistador combatió en algún momento junto a su padre en este escenario, pues ambos participaron en 1495 en distintas fases de esta primera campaña italiana. Así y todo, el viaje del natural de Trujillo a América en 1499 puso un océano de por medio entre padre e hijo y evitó que pudieran coincidir en más ocasiones.

Y si el padre fuera el abuelo...

Gonzalo se casó el 29 de julio de 1503 con una prima suya llamada Isabel de Vargas, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos. Su vida familiar fue escasa, dada su intensa carrera militar, y abundantes fueron los hijos ilegítimos. En su testamento reconoció hasta a seis de estos hijos bastardos, entre ellos dos que procreó con una molinera de la Zarza. No así al conquistador Francisco Pizarro, al que por alguna razón desconocida nunca reconoció ni quiso conocer.

¿No quería reconocer a Francisco porque le avergonzaba las circunstancias de su gestación? ¿Creía que Francisca era de origen judío? ¿Mostró al menos interés por conocer al muchacho?

Cuando Gonzalo Pizarro reconoció en su testamento a sus nueve hijos, entre legítimos e ilegítimos, lo cierto es que Francisco tenía ya 45 años y desde hace 20 años residía en América. Es decir, no se sabía nada de él. Esa pudo ser la razón por la que no le reconoció, además del bajo estatus de su madre, puesto que otras de sus amantes con mejor situación social si recibieron ayuda por su parte. Pero lo que resulta más improbable, en opinión de la historiadora María del Carmen Martín Rubio, es que Francisca tuviera orígenes judíos, dado que en la Probanza de Nobleza que se le realizó a Francisco Pizarro con motivo de su ingreso en la Orden de Santiago quedó acreditado que ambas ramas de su familia pertenecían a cristianos viejos de la ciudad.

En este sentido, la teoría más arriesgada es la que plantea el historiador Roberto Barletta Villarán, quien sostiene que el niño pudo nacer como consecuencia de una relación secreta del padre de Gonzalo, es decir, el abuelo del niño, con Francisca La Ropera. Hernando Alonso Pizarro, regidor de la ciudad, mantuvo según esta hipótesis una aventura a sus 40 años con la joven, de la que habría nacido el futuro conquistador. El principal indicio es que, en contraste con la desidia de Gonzalo hacia el niño, el abuelo ordenó que Francisco fuera a su casa en una ocasión, donde le abrazó secretamente y luchó para darle el apellido familiar.

Fuente: ABC.es

Descubren cementerio de 1.200 años de antigüedad en Nicaragua

Un sitio arqueológico de 1.200 años de antigüedad, con osamentas humanas y vasijas de cerámica, fue encontrado en la capital nicaragüense, donde existía un cementerio precolombino, dijeron este martes los investigadores del sitio.


El sitio fue hallado en la zona donde se levanta el nuevo Estadio Nacional de béisbol y contiene vestigios de entierros, urnas funerarias de cerámica, así como restos humanos, según expertos citados por el estatal Canal 6 de televisión.

Una osamenta muestra el cráneo con alguna dentadura y extremidades, aunque ya no están los restos correspondientes a manos y pies.

Los materiales encontrados por obreros que hacían excavaciones para la instalación de la estación eléctrica de iluminación del estadio, “corresponden a un contexto funerario de 800 a 350 años después de Cristo”, explicó la directora de Arqueología del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Ivonne Miranda.

También se han encontrado objetos que datan del mismo período, en las ciudades de Masaya y Granada (sureste) y Rivas (sur), explicó.

“Esto permite comprender un poco mejor cómo fue la dispersión de estos materiales en un mismo espacio de tiempo (...) y tratar de rescatar la identidad cultural de los antiguos pobladores de Managua”, comentó la especialista.

El hallazgo arqueológico también “nos sirve (para saber) cómo era el comportamiento de nuestras sociedades prehispánicas”, señaló Miranda.

El estudio de las urnas está a cargo del INC junto al Centro Arqueológico de Documentación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y la Alcaldía de Managua.

Las piezas arqueológicas serán trasladadas al Palacio Nacional de la Cultura para el análisis de laboratorio, según Miranda.

Los terrenos donde se encontró este cementerio estuvieron deshabitados durante muchos años y en sus cercanías se localizan la Universidad de Ingeniería y una urbanización de militares que fue construida en la década de 1990

Fuente: elcolombiano.com

jueves, 22 de junio de 2017

La estatua romana de mármol que ha aparecido bajo una calle del casco de Toledo

Han aparecido tanto el torso como parte de sus extremidades y estaba bajo la calle Navarro Ledesma, en la plaza de Amador de los Ríos

Se la mostramos tal y como ha sido descubierta. Es  una estatua romana de mármol, de aproximadamente un metro de longitud, y se trata de un personaje masculino, desnudo, y del que por el momento han aparecido tanto el torso como parte de sus extremidades, tal y como ha anunciado el Consorcio de Toledo y como les mostramos tanto en un video como en fotografías. Figura que revela “una buena factura técnica”.

La estatua ha “renacido” en el entorno del criptopórtico que está situado bajo la calle Navarro Ledesma, en el complejo romano de la plaza de Amador de los Ríos, en pleno casco histórico de la capital regional, gracias a los trabajos arqueológicos que está llevando a cabo el Consorcio de la ciudad. Y a falta de los pertinentes estudios técnicos, “hay que destacar el material con el que fue realizado, en consonancia con la importancia que este núcleo de la ciudad tuvo en época romana”.
Una estatua romana de mármol que se suma al entorno criptopórtico

Un descubrimiento que se suma al entorno criptopórtico romano que se presentó en febrero y que originó la lógica expectación, que encastillalamancha.es tituló “La galería romana de más de 2.000 años que se escondía en el centro de Toledo”. Bien, pues esta escultura “se suma al complejo puzzle del Toletum romano, en cuyo análisis y configuración historiográfica el Consorcio ha tenido la voz cantante desde su creación, hace más de 15 años”.

La estatua, que les muestra encastillalamancha.es, será presentada próximamente “en sociedad” por el Consorcio una vez que sea excavada por completo.

E insisten en que “aunque la mayor parte de sus conclusiones, trasladadas a una completa planimetría de la ciudad romana, tienen que ver con estructuras y materiales arqueológicos, especialmente los relacionados con infraestructuras hidráulicas. También sería posible destacar la aparición de otros restos estatuarios en el pasado, como el personaje togado descubierto en 2008 en unas obras de la calle de la Plata y que el Consorcio subvencionaba”.




Fuente: castillalamancha.es